{"id":10758,"date":"2018-02-01T20:27:44","date_gmt":"2018-02-01T23:27:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=10758"},"modified":"2019-11-20T10:23:24","modified_gmt":"2019-11-20T13:23:24","slug":"problemas-de-la-guerra-civil-segunda-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=10758","title":{"rendered":"Problemas de la guerra civil (Segunda parte)"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>Problemas de la guerra civil (Segunda parte)<\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Trotsky<\/em><\/strong><\/p>\n<p>(CONFERENCIAS PRONUNCIADAS EN LA SOCIEDAD DE CIENCIAS MILITARES DE MOSC\u00da DURANTE EL MES DE JULIO DE 1924)<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La calma antes de la tempestad<\/strong><\/p>\n<p>Queda a\u00fan cierta cuesti\u00f3n, de valor considerable para inteligencia del desarrollo de la guerra civil, que debe tratarse de una u otra manera en nuestro futuro reglamento.<\/p>\n<p>Quien estuviese al corriente de las discusiones que han seguido a los acontecimientos de Alemania en 1923 observar\u00e1, seguro, la explicaci\u00f3n que se ha dado de la derrota. \u201cSu principal causa [se ha dicho] es que, en el momento decisivo, carec\u00eda totalmente de ardor combativo el proletariado alem\u00e1n. Las masas no quisieron batirse, y la mejor prueba de ello est\u00e1 en que ni por asomo reaccionaron ante la ofensiva fascista. De modo que, dada esta actitud, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda hacer el partido?&#8230;\u201d Tal fue la conclusi\u00f3n lanzada a vuelo por nuestros compa\u00f1eros Brandler, Talheimer y otros.<\/p>\n<p>De primera intenci\u00f3n, parece irrefutable el argumento. Sin embargo, el \u201cmomento decisivo\u201d de 1923 no se acord\u00f3 de un d\u00eda al siguiente. Fue resultado de todo el per\u00edodo anterior de luchas cuya violencia iba constantemente agrav\u00e1ndose. Caracterizan de un extremo a otro el a\u00f1o en cuesti\u00f3n las batallas que tuvo que librar el proletariado alem\u00e1n. Entonces, \u00bfc\u00f3mo perdi\u00f3 de pronto la clase obrera alemana toda su combatividad en v\u00edsperas de su octubre? No se explica. Asimismo no se puede por menos de preguntarse si es exacto que los obreros alemanes no quisieran batirse.<\/p>\n<p>Esta pregunta nos retrotrae a nuestra propia experiencia de octubre. Releyendo los peri\u00f3dicos, el per\u00edodo que precedi\u00f3 a la revoluci\u00f3n de aquel mes, aunque no sean m\u00e1s que los del partido mismo, vemos a los compa\u00f1eros que impugnaban la idea de la insurrecci\u00f3n arg\u00fcir precisamente el poco entusiasmo de las clases obreras por la batalla. Hoy casi se antoja incre\u00edble esto. Sin embargo, tal fue el principal argumento que invocaban. As\u00ed, pues, nos encontr\u00e1bamos en una situaci\u00f3n an\u00e1loga. Durante todo el a\u00f1o 1917 hab\u00eda estado en la brecha el proletariado ruso; m\u00e1s, cuando se plante\u00f3 la cuesti\u00f3n de tomar el poder, se elevaron voces afirmando que no quer\u00edan batirse las masas obreras. Y efectivamente, en v\u00edsperas de octubre se hab\u00eda atenuado un poco el movimiento. \u00bfPor obra del azar? \u00bfNo convendr\u00e1 mejor discernir en ello determinada \u201cley\u201d hist\u00f3rica? A mi juicio, no cabe duda de que un fen\u00f3meno de este g\u00e9nero debe de tener ciertas causas generales. En la naturaleza se llama este fen\u00f3meno \u201cla calma que precede a la tempestad\u201d. Estoy muy cerca de creer que no ofrece otro sentido en el momento de una revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante el curso de un per\u00edodo definido, aumenta la combatividad del proletariado y toma las m\u00e1s diversas formas: huelgas, manifestaciones, colisiones con la polic\u00eda. A la saz\u00f3n empiezan las masas a tener conciencia de su fuerza. Ya basta, para darles una satisfacci\u00f3n pol\u00edtica, la amplitud progresiva del movimiento. Acrecen su entusiasmo cualquier manifestaci\u00f3n nueva y cualquier \u00e9xito en el dominio, pol\u00edtico y econ\u00f3mico. Pero pronto se extingue este per\u00edodo. La experiencia de las multitudes se enriquece a la vez que su organizaci\u00f3n se desarrolla. En el campo opuesto, tambi\u00e9n el enemigo evidencia que no est\u00e1 decidido a ceder el puesto sin combate. De ah\u00ed resulta que se torna m\u00e1s cr\u00edtico, m\u00e1s profundo, m\u00e1s angustioso el estado de \u00e1nimo revolucionario de las masas. Buscan \u00e9stas, sobre todo si han notado faltas y sufrido reveses, una direcci\u00f3n segura; quieren poseer la certidumbre de que van a batirse, de que se sabr\u00e1 conducirlas y de que en la batalla decisiva pueden descontar la victoria. Este tr\u00e1nsito del optimismo casi ciego a una conciencia m\u00e1s precisa de las dificultades por obviar es lo que engendra esa pausa revolucionaria que corresponde, hasta cierto punto, a una crisis en el estado de \u00e1nimo de las masas.<\/p>\n<p>Siempre que el resto de la situaci\u00f3n se preste a ello s\u00f3lo el partido pol\u00edtico puede disipar semejante crisis, m\u00e1xime por la impresi\u00f3n que produzca de estar decidido en verdad a dirigir la insurrecci\u00f3n. Entretanto, la grandeza hist\u00f3rica del objetivo por alcanzar, que comporta la conquista del poder, suscita inevitables vacilaciones dentro del partido inclusive, especialmente, entre sus esferas directivas, sobre las cuales se concentrar\u00e1 en seguida la responsabilidad del acto. De modo que constituyen dos fen\u00f3menos simult\u00e1neos, siquiera se hallen lejos de ser equivalentes: el retraimiento de las masas antes de la batalla y el titubeo de los caudillos. Por eso se oye decir que no aspiran ellas a pelear, que sus disposiciones son m\u00e1s bien pasivas, al rev\u00e9s, y que en tales condiciones implica una aventura empujarlas a la insurrecci\u00f3n. Huelga a\u00f1adir que cuando prepondera semejante estado de \u00e1nimo, no puede por menos de quedar vencida una revoluci\u00f3n. Y despu\u00e9s de la derrota, provocada por el propio partido, nadie impide contarle a todo el mundo que era imposible la insurrecci\u00f3n porque no la quer\u00edan las masas.<\/p>\n<p>Debe examinarse esta cuesti\u00f3n a fondo. Fundament\u00e1ndose en la experiencia adquirida, conviene aprender a aprovechar el momento en que el proletariado se diga a s\u00ed mismo: \u201cya no cabe esperar nada de las huelgas, de las manifestaciones y otras protestas. Ahora se trata de batirse. Estoy presto a hacerlo, porque no tiene m\u00e1s salida la situaci\u00f3n; pero, puesto que se impone la batalla, hay que librarla con el concurso de todas nuestras fuerzas y bajo una direcci\u00f3n segura&#8230;\u201d. En este instante ofrece la situaci\u00f3n una gravedad extrema. Es el desequilibrio m\u00e1s completo: una bola en el v\u00e9rtice de un cono. El menor choque puede hacerla caer a un lado o a otro. Merced a la firmeza y a la resoluci\u00f3n de la direcci\u00f3n del partido, en Rusia la bola ha seguido la l\u00ednea que conduc\u00eda a la victoria. En Alemania, la pol\u00edtica del partido ha derribado la bola en el sentido de la derrota.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La pol\u00edtica y la actividad militar<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 car\u00e1cter infundiremos a esta obra: pol\u00edtico o militar? La haremos a partir del punto en que la pol\u00edtica se torna una cuesti\u00f3n de actividad militar, y la enfocar\u00e1 bajo tal aspecto. A primera vista, puede ello parecer contradictorio, porque no es la pol\u00edtica la que est\u00e1 al servicio de la insurrecci\u00f3n, sino la insurrecci\u00f3n al servicio de aqu\u00e9lla. En realidad, no hay contradicciones. La insurrecci\u00f3n sirve en conjunto, sin duda, a los m\u00f3viles principales de la pol\u00edtica proletaria. Pero, cuando se ha desencadenado la insurrecci\u00f3n, debe subordin\u00e1rsele toda la pol\u00edtica del momento.<\/p>\n<p>El tr\u00e1nsito de la pol\u00edtica a la actividad militar y la conjunci\u00f3n de ambas alternativas crean, por lo general, grandes dificultades. Cualquiera sabe que siempre es el m\u00e1s d\u00e9bil el punto de sutura. Aqu\u00ed mismo hemos podido darnos cuenta. Siguiendo un m\u00e9todo al rev\u00e9s, un compa\u00f1ero ha demostrado cu\u00e1n dif\u00edcil resulta combinar la pol\u00edtica y la actividad militar. Luego ha venido otro compa\u00f1ero a agravar el error de su antecesor. De creer al primero de los dos, Lenin neg\u00f3 en 1918 la importancia del Ej\u00e9rcito Rojo, con el pretexto de que nuestra salvaci\u00f3n dimanaba de la lucha que pon\u00eda en pugna a los dos imperialismos rivales. Seg\u00fan el segundo, se dir\u00eda que desempe\u00f1amos \u201cel papel de tercer ladr\u00f3n\u201d. Ahora bien: jam\u00e1s pronunci\u00f3 ni hubiera podido pronunciar Lenin semejante lenguaje.<\/p>\n<p>Claro que si hubi\u00e9ramos tenido que hab\u00e9rnosla con una Alemania victoriosa al llegar la Revoluci\u00f3n de Octubre, no habr\u00eda dejado de aplastarnos, aun cuando hubi\u00e9ramos dispuesto de un ej\u00e9rcito de tres millones de hombres, porque ni en 1918 ni en 1919 hubi\u00e9ramos conseguido hallar fuerzas capaces de medirse con ej\u00e9rcitos alemanes triunfantes. A este respecto, supuso nuestra mejor l\u00ednea de protecci\u00f3n, efectivamente, la lucha entre los dos campos imperialistas. Pero habr\u00edamos podido encontrar cien veces la muerte entre las filas de esta lucha si no hubi\u00e9ramos tenido en 1918 nuestro embri\u00f3n de Ej\u00e9rcito Rojo.<\/p>\n<p>\u00bfSe resolvi\u00f3 el problema de Kaz\u00e1n porque Inglaterra y Francia paralizaban a Alemania? Si nuestros soldados rojos no lo hubieran defendido si hubieran abierto el camino de Mosc\u00fa a los mercenarios del ej\u00e9rcito blanco se nos habr\u00eda degollado, y con raz\u00f3n. \u00a1Bonito papel de \u201ctercer ladr\u00f3n\u201d&#8230; degollado habr\u00edamos hecho entonces!<\/p>\n<p>Lenin se situaba en el punto de vista pol\u00edtico cuando dec\u00eda: \u201cNo exager\u00e9is vuestra importancia. Represent\u00e1is un factor en la complejidad de las fuerzas; pero no sois la \u00fanica, ni siquiera nuestra principal fuerza. En realidad, nos mantenemos gracias a la guerra europea, que paraliza a los dos imperialismos rivales. Con todo no se deduce de lo anterior que negara \u201cla importancia del Ej\u00e9rcito Rojo\u201d. Si aplic\u00e1ramos este m\u00e9todo de razonamiento a los problemas interiores de la revoluci\u00f3n sacar\u00edamos conclusiones muy curiosas.<\/p>\n<p>Deteng\u00e1monos particularmente en el extremo de la organizaci\u00f3n de formaciones de combate. Un partido comunista, cuya existencia es m\u00e1s o menos ilegal, encarga a su organismo militar clandestino la misi\u00f3n de formar centurias. \u00bfQu\u00e9 representan, en el fondo, algunas decenas de centurias constituidas as\u00ed con relaci\u00f3n al problema de la conquista del poder? Desde un punto de vista social, hist\u00f3rico, la cuesti\u00f3n del poder se decide merced a la composici\u00f3n de la sociedad, al papel del proletariado en la producci\u00f3n, a su madurez pol\u00edtica, al grado de desorganizaci\u00f3n del Estado burgu\u00e9s y a causas an\u00e1logas. Realmente, no act\u00faan sino en \u00faltimo t\u00e9rmino todos estos factores y, en cambio, puede el final de la lucha depender directamente de la existencia de esas decenas de centurias. Constituyen una probabilidad de \u00e9xito las condiciones sociales y pol\u00edticas favorables a la toma del poder; pero no garantizan de modo autom\u00e1tico la victoria, sino que permiten llegar hasta el l\u00edmite donde la pol\u00edtica cede el paso a la insurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Repetimos a\u00fan que la lucha civil no es la continuaci\u00f3n violenta de la lucha de clases. En cuanto a la insurrecci\u00f3n, es la continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios. De ah\u00ed que no quepa comprenderla sino con arreglo a sus medios. No hay posibilidad de medir la pol\u00edtica con la vara de la guerra, lo mismo que no la hay de medir la guerra con la vara \u00fanica de la pol\u00edtica, aunque no sea m\u00e1s que por lo que al tiempo ata\u00f1e. Comporta \u00e9sta una cuesti\u00f3n especial que vale la pena de que la trate en serio nuestro futuro reglamento de la guerra civil. Durante el per\u00edodo de preparaci\u00f3n revolucionaria, medimos el tiempo con la vara pol\u00edtica, es decir, por a\u00f1os; meses o semanas. Durante el per\u00edodo de insurrecci\u00f3n, lo medimos por horas o d\u00edas. No en balde se arguye que en \u00e9poca de guerra un mes y a veces un solo d\u00eda equivalen a un a\u00f1o. En abril de 1917, Lenin aconsejaba: \u201cPacientemente, infatigablemente, explicar a los obreros\u2026\u201d. Y a fines de octubre, no quedaba ya tiempo de dar explicaciones a quien no hubiese comprendido todav\u00eda. Era menester pasar a la ofensiva; poni\u00e9ndose al frente de quienes se hubiesen percatado. En octubre, la p\u00e9rdida de una sola jornada habr\u00eda podido reducir a cero el trabajo de varios meses, incluso de a\u00f1os de preparaci\u00f3n revolucionaria.<\/p>\n<p>Recuerdo un tema de maniobra que dimos hace alg\u00fan tiempo en nuestra Academia Militar. Se trataba de resolver si deb\u00edamos evacuar en seguida la regi\u00f3n de Bielostok, cuya posici\u00f3n la hac\u00eda insostenible, o mantenernos en ella con la esperanza de que se insurreccionase este centro obrero. Huelga a\u00f1adir qu\u00e9 no se puede zanjar seriamente una cuesti\u00f3n de tal g\u00e9nero sino sobre la base de datos precisos y reales. La maniobra militar no dispone de estos datos, puesto que todo es convencional en ella. Pero en principio se concretaba la controversia a dos medidas de tiempo, relativas a la guerra y otra a la pol\u00edtica revolucionaria. \u00bfCu\u00e1l de ambas medidas, en igualdad de condiciones, se impone durante la guerra? La de la guerra. Dicho de otro modo: era dudoso que se sublevara Bielostok en el transcurso de unos d\u00edas, y aun admitiendo que se efectuase la sublevaci\u00f3n, descontaba, restaba por saber qu\u00e9 har\u00eda el proletariado insurrecto sin armas ni preparaci\u00f3n militar; pero era muy posible que se diezmaran dos o tres divisiones en los dos o tres d\u00edas que permanecieran dentro de posiciones insostenibles a la espera de una insurrecci\u00f3n que, hasta en el caso de producirse, muy bien podr\u00eda no modificar de modo radical la situaci\u00f3n militar.<\/p>\n<p>Sabido es que la mayor\u00eda del Comit\u00e9 Central del Partido Comunista Ruso, y yo con ella, hab\u00eda adoptado, contra la minor\u00eda, a cuya cabeza se hallaba el compa\u00f1ero Lenin, la decisi\u00f3n de no concertar la paz, aunque corri\u00e9ramos riesgo de ver a los alemanes pasar a la ofensiva. \u00bfQu\u00e9 sentido ten\u00eda esta decisi\u00f3n? Algunos compa\u00f1eros esperaban ut\u00f3picamente una guerra revolucionaria. Otros, entre los cuales me contaba yo, estimaban necesario tantear al obrero alem\u00e1n, con el objeto de saber si se opondr\u00eda al k\u00e1iser en la hip\u00f3tesis de que atacara a la revoluci\u00f3n este \u00faltimo. \u00bfEn qu\u00e9 consist\u00eda el error que comet\u00edamos? En el riesgo excesivo que corr\u00edamos. Para sacudir la apat\u00eda del obrero alem\u00e1n, se habr\u00edan requerido semanas, meses inclusive, en tanto que los ej\u00e9rcitos alemanes no necesitar\u00edan sino unos d\u00edas para avanzar hasta Dwinsk, Minsk y Mosc\u00fa.<\/p>\n<p>Larga es la medida de la pol\u00edtica revolucionaria, mientras que la medida de la guerra es corta. Quien no se penetre de esta verdad tras de estudiar, meditar y profundizar previamente la experiencia pasada, se arriesga a cometer faltas y faltas por lo que respecta a la conjunci\u00f3n de la pol\u00edtica revolucionaria y la actividad militar, o sea a lo que nos confiere mayor superioridad sobre el enemigo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Necesidad de plantear los problemas de la guerra civil con una claridad m\u00e1xima<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un compa\u00f1ero nos ha retrotra\u00eddo a la cuesti\u00f3n de saber qu\u00e9 g\u00e9nero de reglamento planeamos, si de la insurrecci\u00f3n o de la guerra civil. \u201cNo debemos apuntar demasiado lejos (nos ha dicho este compa\u00f1ero), porque entonces se limitar\u00eda nuestra tarea a coincidir en general con las tareas de la Internacional Comunista.\u201d Nada menos cierto, y quien se expresa demuestra que confunde la guerra civil, en la acepci\u00f3n propia del t\u00e9rmino, con la lucha de clases.<\/p>\n<p>Si tomamos el de Alemania como caso de estudio, podemos, por ejemplo, comenzar examinando con provecho los acontecimientos de marzo de 1921. Luego viene el largo per\u00edodo de reagrupaci\u00f3n de fuerzas bajo las consignas del frente \u00fanico. Es evidente que ning\u00fan reglamento de guerra civil corresponde a este per\u00edodo. A partir de enero de 1923 y de la ocupaci\u00f3n del Ruhr, aparece otra vez una situaci\u00f3n revolucionaria que se agrava bruscamente en junio del mismo a\u00f1o, cuando se derrumba la pol\u00edtica de resistencia pasiva practicada por la burgues\u00eda alemana y cruje por todas partes el aparato estatal burgu\u00e9s. Este nuevo per\u00edodo es el que debemos estudiar de modo minucioso, pues por un lado nos da un ejemplo cl\u00e1sico de la manera como se desarrolla y madura una situaci\u00f3n revolucionaria y, por otro lado, un ejemplo no menos cl\u00e1sico de una revoluci\u00f3n abortada.<\/p>\n<p>En 1923 tuvo Alemania su guerra civil; pero no sobrevino la insurrecci\u00f3n que deb\u00eda coronarla y resolverla. El resultado fue una situaci\u00f3n revolucionaria verdaderamente excepcional, irremediablemente comprometida, y una burgues\u00eda quebrantada, consolidada de nuevo en el poder. \u00bfPor qu\u00e9? Porque en el momento propicio no se continu\u00f3 la pol\u00edtica por los medios insurreccionales que impon\u00eda la l\u00f3gica. Es innegable que ofrece una estabilidad muy dudosa la reafirmaci\u00f3n del r\u00e9gimen burgu\u00e9s que sigui\u00f3 en Alemania al aborto de la revoluci\u00f3n proletaria. Tranquilic\u00e9monos, porque todav\u00eda tendremos all\u00ed, a plazo m\u00e1s o menos largo, una nueva situaci\u00f3n revolucionaria. Pero claro est\u00e1 que el mes de agosto de 1924 fue muy diferente del mes de agosto de 1923. Y si cerr\u00e1ramos los ojos ante la experiencia que se deduce de estos acontecimientos, si no la aprovech\u00e1ramos para instruirnos, si pas\u00e1ramos con pasividad por alto faltas como las que se cometieron, podr\u00edamos contar con ver repetirse la cat\u00e1strofe alemana de 1923, y ser\u00eda inmenso para el movimiento obrero el peligro que de ello emanar\u00eda.<\/p>\n<p>Por eso no podemos tolerar, en este dominio menos que en cualquier otro, la deformaci\u00f3n de nociones esenciales. Hemos visto ensayar aqu\u00ed a compa\u00f1eros objeciones de un escepticismo incoherente respecto al momento de la insurrecci\u00f3n. Estos compa\u00f1eros no hacen sino demostrar as\u00ed que no saben plantear como marxistas la cuesti\u00f3n insurreccional sobre el plano del arte militar. Aducen, a guisa de argumento para apoyo de sus tesis, que es imposible sujetarse de antemano, a una decisi\u00f3n anticipada entre el embrollo de una situaci\u00f3n en extremo compleja y variable. Pero, si debiera uno atenerse a tales lugares comunes, habr\u00eda que renunciar desde luego a los planes y fechas de las operaciones militares, porque tambi\u00e9n acaece en la guerra que cambie brusca e inopinadamente la situaci\u00f3n. Jam\u00e1s se realiza en la proporci\u00f3n de ciento por ciento un plan de operaciones militares, y aun conviene estimarse muy compensado si alcanza la proporcionalidad del 25 por 100 durante su ejecuci\u00f3n. Pero merecer\u00eda la camisa de fuerza el jefe militar que se basase en esto para negar de manera general la utilidad de un plan de campa\u00f1a. En cualquier caso, recomiendo atenerse, como al m\u00e1s justo y l\u00f3gico sobre el particular, al m\u00e9todo siguiente: formulemos primero las reglas generales de nuestro reglamento de la guerra civil y veamos luego lo que de ellas se puede suprimir o reservar. Sin embargo, si empezamos con supresiones, reservas, desviaciones, dudas y titubeos, no sacaremos conclusiones nunca.<\/p>\n<p>Un compa\u00f1ero ha impugnado la observaci\u00f3n que yo hab\u00eda hecho acerca del organismo militar del partido en per\u00edodo de preparaci\u00f3n revolucionaria durante la insurrecci\u00f3n y despu\u00e9s de la conquista del poder. Seg\u00fan este compa\u00f1ero, no debiera tolerarse la existencia de destacamentos de partidarios, siendo necesarias s\u00f3lo las formaciones militares regulares. \u201cLos destacamentos de partidarios (nos ha dicho) son organizaciones ca\u00f3ticas&#8230;\u201d. Al o\u00edr estas palabras, poco me ha faltado para desesperar. Porque, \u00bfa qu\u00e9 conduce tal arrogancia doctrinaria? Si los destacamentos de partidarios son organizaciones ca\u00f3ticas, hay que reconocer que, desde el mismo punto de vista meramente formal, tambi\u00e9n la revoluci\u00f3n es un caos.<\/p>\n<p>No obstante, en el primer per\u00edodo revolucionario, estamos obligados de modo ineludible a apoyarnos exclusivamente en destacamentos de esta \u00edndole. Se nos objeta que deben constituirse por el mismo tipo estos destacamentos. Estamos en absoluto de acuerdo si con ello se quiere decir que en la guerra de partidarios no debe desde\u00f1arse ninguno de los elementos de orden y de m\u00e9todo accesibles a tal g\u00e9nero de guerra. Pero si so\u00f1\u00e1is con un organismo militar jerarquizado, centralizado y constituido antes de que se efect\u00fae la insurrecci\u00f3n, os entreg\u00e1is a una utop\u00eda que, de pretender infundirle cuerpo y vida, estar\u00eda en peligro de resultar falsa.<\/p>\n<p>Cuando con el auxilio de un organismo militar clandestino, tengo que apoderarme de una ciudad (m\u00f3vil parcial del conjunto de un plan para la toma del poder en el pa\u00eds), divido mi tarea en objetivos particulares (ocupaci\u00f3n de edificios gubernamentales, estaciones, correo, tel\u00e9grafo, imprentas) y conf\u00edo la ejecuci\u00f3n de cada una de estas misiones a los jefes de los peque\u00f1os destacamentos iniciados de antemano en los fines que se les han asignado. No debe contar cada destacamento m\u00e1s que consigo mismo, debiendo poseer su propia intendencia, puesto que, si no, podr\u00eda ocurrir que, despu\u00e9s de haberse apoderado de la casa de correos, por ejemplo, careciera totalmente de v\u00edveres.<\/p>\n<p>Cualquier tentativa de centralizar y jerarquizar estos destacamentos llevar\u00eda de manera ineluctable a la burocratizaci\u00f3n, que en \u00e9poca de guerra es doble de temible que en \u00e9poca normal: primero, porque har\u00eda creer con enga\u00f1o a los jefes de destacamentos que era forzoso que los mandara alguien, cuando, por el contrario, conviene inculcarles la seguridad de que disponen de la m\u00e1s amplia libertad de acci\u00f3n y de la mayor iniciativa; segundo, porque la burocratizaci\u00f3n, ligada al sistema jer\u00e1rquico, quitar\u00eda a los destacamentos sus elementos mejores, en gracia a las necesidades de todas clases de los estados mayores. Desde el primer momento insurreccional, quedar\u00edan \u00e9stos suspensos entre cielo y tierra, mientras los destacamentos, aguardando \u00f3rdenes superiores, estar\u00edan condenados a la inactividad y a p\u00e9rdidas de tiempo que har\u00edan seguro el fracaso de la insurrecci\u00f3n. Tales son las razones por las cuales debe condenarse como un prejuicio antirrealista el desd\u00e9n de los militares profesionales hacia las organizaciones \u201cca\u00f3ticas\u201d de partidarios.<\/p>\n<p>Asimismo, despu\u00e9s de la toma del poder en los principales centros del pa\u00eds, pueden los destacamentos de partidarios desempe\u00f1ar un papel eficac\u00edsimo en campa\u00f1a ordinaria. Basta recordar el apoyo que prestaron al Ej\u00e9rcito Rojo y a la revoluci\u00f3n operando a la zaga de las tropas alemanas en Ucrania y a la zaga de las tropas de Koltchak en Siberia. Sin embargo, queda sentado como regla, en definitiva, que al punto pone el poder revolucionario manos a la obra para incorporar los mejores destacamentos de partidarios y sus elementos m\u00e1s seguros al sistema de un organismo militar regular. En otros t\u00e9rminos, sin duda se tornar\u00edan estos destacamentos factores de desorden susceptibles de degenerar en bandas armadas al servicio de los elementos de la peque\u00f1a burgues\u00eda anarquizante e insubordinados contra el Estado proletario. De ello tenemos no pocos ejemplos.<\/p>\n<p>Bien es verdad que tambi\u00e9n hubo h\u00e9roes entre los partidarios rebeldes al organismo militar regular. Se han citado los nombres de Siverss y Kikvids\u00e9. Por mi parte, podr\u00eda enumerar otros muchos. Siverss y Kikvids\u00e9 combatieron y murieron heroicamente. Y hoy, aureolados por el resplandor de sus inmensos m\u00e9ritos, ante la mirada de la revoluci\u00f3n, palidecen hasta el punto de desaparecer tales o cuales aspectos negativos de su actividad de partidarios. Pero en aquel momento era indispensable proceder contra cuanto de negativo hubiera en ellos. S\u00f3lo a tal costa pod\u00edamos llegar a organizar el Ej\u00e9rcito Rojo y a ponerlo en condiciones de alcanzar victorias decisivas.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s aconsejo prevenirse contra cierta confusi\u00f3n terminol\u00f3gica, pues de ordinario disimula cierta confusi\u00f3n de nociones. Al mismo tiempo, aconsejo prevenirse contra los errores que puedan cometerse neg\u00e1ndose a plantear la cuesti\u00f3n insurreccional de guisa franca y valerosa, con pretexto de que la situaci\u00f3n var\u00eda y se modifica de continuo. Al parecer, esta conducta se asemeja de un modo extra\u00f1o a la dial\u00e9ctica, y a la postre se la toma por tal de buena gana. En realidad, no lo es ni por asomo. El pensamiento dial\u00e9ctico equivale a un resorte, y los resortes est\u00e1n hechos de acero templado. Nada en absoluto deciden ni ense\u00f1an las dudas y las reservas. Cuando se pone de relieve con luminosidad la idea esencial, pueden por l\u00f3gica agruparse alrededor suyo las reservas y las restricciones. Ateni\u00e9ndose \u00fanicamente a las reservas, el resultado, en teor\u00eda, ser\u00e1 la confusi\u00f3n, y en la pr\u00e1ctica, el caos. Pero confusi\u00f3n y caos no tienen la menor concomitancia con la dial\u00e9ctica. Por lo general, una pseudo dial\u00e9ctica de esta \u00edndole suele ocultar sentimientos socialdem\u00f3cratas o est\u00fapidos con respecto a la revoluci\u00f3n, cual si se tratara de algo que se lleva a cabo fuera de nosotros. En tales circunstancias, no hay posibilidad de concebir la insurrecci\u00f3n como un arte. Y queremos estudiar la teor\u00eda de ese arte precisamente.<\/p>\n<p>Deben meditarse, madurarse y formularse todas las cuestiones que hemos suscitado, convirti\u00e9ndose en parte integrante de nuestra instrucci\u00f3n y educaci\u00f3n militares. Es indiscutible cu\u00e1nto se relacionan estas cuestiones con los problemas de defensa de la Rep\u00fablica de los Soviets. Contin\u00faan nuestros enemigos ergotizando que el Ej\u00e9rcito Rojo asume la tarea presunta de provocar artificialmente movimientos revolucionarios en los dem\u00e1s pa\u00edses con objeto de hacerlos triunfar por la fuerza de sus bayonetas. In\u00fatil arg\u00fcir que nada tiene de com\u00fan esta caricatura con la pol\u00edtica que proseguimos. Por encima de todo, nos hallamos interesados en el mantenimiento de la paz, seg\u00fan hemos probado con nuestra actitud, con las concesiones que hemos hecho en los tratados y con la reducci\u00f3n progresiva de los efectivos de nuestro ej\u00e9rcito. Pero estamos lo bastante imbuidos de realismo revolucionario para darnos cuenta con claridad de que a\u00fan procurar\u00e1n nuestros enemigos tocarnos con sus armas. Y aunque nos sentimos lejos de la idea de forzar con medidas militares artificiales el desarrollo de la revoluci\u00f3n, abrigamos, en cambio, la certeza de que a la guerra de los Estados capitalistas contra la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica seguir\u00e1n violentas conmociones sociales, primicias de la guerra civil, en los pa\u00edses de nuestros enemigos.<\/p>\n<p>Debemos saber combinar la guerra defensiva que se impondr\u00e1 a nuestro Ej\u00e9rcito Rojo con la guerra civil en el campo enemigo. A tal fin debe convertirse el reglamento de la guerra civil en uno de los elementos imprescindibles de un tipo superior al manual militar revolucionario.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Problemas de la guerra civil (Segunda parte) Trotsky (CONFERENCIAS PRONUNCIADAS EN LA SOCIEDAD DE CIENCIAS MILITARES DE MOSC\u00da DURANTE EL MES DE JULIO DE 1924)\u00a0 La calma antes de la tempestad Queda a\u00fan cierta cuesti\u00f3n, de valor considerable para inteligencia del desarrollo de la guerra civil, que debe tratarse de una u otra manera en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":10731,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1368],"tags":[1752,502],"class_list":{"0":"post-10758","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-historia-y-teoria","8":"tag-edicion-105","9":"tag-revolucion-rusa"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.2 - 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