{"id":10792,"date":"2018-02-08T19:44:31","date_gmt":"2018-02-08T22:44:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=10792"},"modified":"2019-11-19T23:06:45","modified_gmt":"2019-11-20T02:06:45","slug":"clausewitz-y-el-marxismo-revolucionario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=10792","title":{"rendered":"Clausewitz y el marxismo revolucionario"},"content":{"rendered":"<p>Guerra, pol\u00edtica y partido<\/p>\n<p><strong>Clausewitz y el marxismo revolucionario\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong><em>\u201cLa revoluci\u00f3n proletaria no puede triunfar sin un partido, por fuera de un partido, contra un partido o con un sustituto para un partido. Esa es la principal ense\u00f1anza de los diez \u00faltimos a\u00f1os\u201d<\/em><\/strong> (Le\u00f3n Trotsky,<em> Lecciones de Octubre<\/em>).<\/p>\n<p>Roberto S\u00e1enz<\/p>\n<p>El desborde ocurrido en las jornadas del 14 y 18 de diciembre ha puesto sobre la mesa la discusi\u00f3n sobre las relaciones entre guerra y pol\u00edtica. A pesar de su campa\u00f1a contra los \u201cviolentos\u201d, el \u00fanico violento fue el gobierno: reprimiendo una concentraci\u00f3n de masas sobre el fondo del repudio masivo a la ley antijubilatoria, era inevitable que su acci\u00f3n represiva desatara una dura respuesta de los sectores movilizados.<\/p>\n<p>La \u201cgimnasia\u201d del enfrentamiento a la represi\u00f3n dej\u00f3 un sinn\u00famero de ense\u00f1anzas. Entre ellas, una central: las relaciones entre lucha pol\u00edtica y lucha f\u00edsica: <strong>el pasaje de la lucha pol\u00edtica a la acci\u00f3n directa<\/strong>.<\/p>\n<p>Esta problem\u00e1tica ha sido abordada por el marxismo sobre todo a partir de la Revoluci\u00f3n Rusa. Si bien con antecedentes en los estudios de Marx y Engels, y tambi\u00e9n los debates en la socialdemocracia alemana (que tuvo como gran protagonista a Rosa Luxemburgo), fueron Lenin y Trotsky los que le dieron vuelo a las investigaciones sobre las relaciones entre ambos \u00f3rdenes sociales<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>La fuente b\u00e1sica de los marxistas ha sido siempre Karl von Clausewitz, oficial del ej\u00e9rcito prusiano, que a comienzos del siglo XIX y resumiendo la experiencia de los ej\u00e9rcitos napole\u00f3nicos, escribi\u00f3 su cl\u00e1sico tratado <em>De la Guerra<\/em> que hasta hoy expresa uno de los abordajes m\u00e1s profundos de dicho evento.<\/p>\n<p>Clausewitz iniciaba su estudio con una sentencia que <strong>romp\u00eda con el sentido com\u00fan de la \u00e9poca,<\/strong> cuando se\u00f1alaba que la guerra no es una esfera social aut\u00f3noma sino \u201cla continuidad de la pol\u00edtica bajo otras formas\u201d, formas violentas.<\/p>\n<p>Lenin y Trotsky recuperar\u00edan sus definiciones d\u00e1ndoles terrenalidad en la experiencia misma de la revoluci\u00f3n: en el evento por antonomasia del pasaje de la pol\u00edtica a la lucha f\u00edsica: la ciencia y arte de la insurrecci\u00f3n: <strong>el momento en que se rompe el <em>continuum<\/em> de la historia con la intervenci\u00f3n de las masas comandadas por el partido revolucionario<\/strong>, que se hacen del poder y cambian la historia.<\/p>\n<p>Si, en definitiva, la lucha pol\u00edtica es una lucha de partidos, la insurrecci\u00f3n como evento m\u00e1ximo de traducci\u00f3n de la pol\u00edtica al enfrentamiento f\u00edsico, <strong>no tiene otra alternativa que ser comandado por un partido<\/strong>. Volveremos sobre esto.<\/p>\n<p>A la insurrecci\u00f3n de Octubre le seguir\u00eda la experiencia de Trotsky al frente del Ej\u00e9rcito Rojo durante la guerra civil; las ense\u00f1anzas desprendidas de dicho evento.<\/p>\n<p>A partir de la experiencia, y de la elaboraci\u00f3n te\u00f3rica desprendida de la misma, se fue forjando un <em>corpus<\/em> de conceptos, donde un lugar no menor lo ocupan las categor\u00edas de estrategia y t\u00e1ctica; la estrategia, que tiene que ver con el conjunto total de los enfrentamientos que llevan al triunfo en la confrontaci\u00f3n; la t\u00e1ctica, relacionada con los momentos parciales de dicho enfrentamiento: los momentos espec\u00edficos donde se pone a prueba la estrategia misma; estrategia que, como dec\u00eda Clausewitz, <strong>debe entrar en el combate con el ej\u00e9rcito y corregirse a la luz de sus desarrollos<\/strong>.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que esta elaboraci\u00f3n tenga que ver con el pasaje de la pol\u00edtica a la guerra: con aquel momento donde los enfrentamientos se sustancian<strong> en el lenguaje de la lucha f\u00edsica<\/strong>; lucha f\u00edsica que, de todas maneras, siempre est\u00e1 comandada por la pol\u00edtica: \u201cBajo el influjo de Sharnhorst, Clausewitz se interes\u00f3 por la visi\u00f3n hist\u00f3rica de la guerra (\u2026) y llega a la temprana conclusi\u00f3n de que la pol\u00edtica es el \u2018alma\u2019 de la guerra\u201d (Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez Vega, <em>Carl von Clausewitz. Guerra, pol\u00edtica y filosof\u00eda<\/em>).<\/p>\n<p><strong>La guerra como continuidad de la pol\u00edtica <\/strong><\/p>\n<p>Desde Clausewitz guerra y pol\u00edtica son esferas estrechamente relacionadas. Lenin y Trotsky retomaron esta definici\u00f3n del gran estratega militar alem\u00e1n de comienzos del siglo XIX. Se apoyaron en Engels, que ya a mediados del siglo XIX le hab\u00eda comentado a Marx el \u201cagudo sentido com\u00fan\u201d de los escritos de Clausewitz. Tambi\u00e9n Franz Mehring, historiador de la socialdemocracia alemana y uno de los aliados de Rosa Luxemburgo, se hab\u00eda interesado por la historia militar y reivindicaba a Clausewitz.<\/p>\n<p>Por otra parte, hacia finales de la II Guerra Mundial, en el pin\u00e1culo de su prestigio, Stalin rechaz\u00f3 a Clausewitz con el argumento de que la opini\u00f3n favorable que ten\u00eda Lenin acerca de \u00e9ste se deb\u00eda a que \u201cno era especialista en temas militares\u201d\u2026<\/p>\n<p>Pierre Naville se\u00f1alar\u00eda que el Frente Oriental y el triunfo militar del Ej\u00e9rcito Rojo sobre la Wehrmacht, <strong>hab\u00eda confirmado la tesis contraria<\/strong>: la validez de Clausewitz y lo central de sus intuiciones militares; entre otras, la importancia de las estrategias defensivas en la guerra.<\/p>\n<p>Seg\u00fan su famosa definici\u00f3n, para Clausewitz \u201cla guerra es la continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios\u201d. Quedaba as\u00ed establecida una relaci\u00f3n entre guerra y pol\u00edtica que el marxismo hizo suya. La guerra es <strong>una forma de las relaciones sociales<\/strong> cuya l\u00f3gica est\u00e1 inscripta en las relaciones entre los Estados, pero que el marxismo ubic\u00f3, por car\u00e1cter transitivo, <strong>en la formaci\u00f3n de clase de la sociedad<\/strong>. La guerra, dec\u00eda Clausewitz, debe ser contemplada \u201ccomo parte de un todo\u201d, <strong>y ese todo es la pol\u00edtica<\/strong>, cuyo contenido, para el marxismo, es la lucha de clases.<\/p>\n<p>Con agudeza, el te\u00f3rico militar alem\u00e1n sosten\u00eda que la guerra deb\u00eda ser vista como un<strong> \u201celemento de la contextura social\u201d<\/strong>, que es otra forma de designar un conflicto de intereses solucionado de manera sangrienta, a diferencia de los dem\u00e1s conflictos.<\/p>\n<p>Esto no quiere decir que la guerra no tenga sus propias especificidades, <strong>sus propias leyes,<\/strong> que requieren de un an\u00e1lisis cient\u00edfico de sus determinaciones y caracter\u00edsticas. Desde la Revoluci\u00f3n Francesa, pasando por las dos guerras mundiales y las revoluciones del siglo XX, <strong>la ciencia y el arte de la guerra se enriquecieron enormemente<\/strong>. Tenemos presentes las guerras bajo el capitalismo industrializado y las sociedades pos-capitalistas como la ex URSS, y el constante revolucionamiento de la ciencia y la t\u00e9cnica guerrera.<\/p>\n<p>Las relaciones entre t\u00e9cnica y guerra son de gran importancia; ya Marx hab\u00eda se\u00f1alado que muchos desarrollos de las fuerzas productivas ocurren primero en el terreno de la guerra y se generalizan despu\u00e9s a la econom\u00eda civil.<\/p>\n<p>Las dos guerras mundiales fueron subproducto del capitalismo industrial contempor\u00e1neo: la puesta en marcha de medios de destrucci\u00f3n masivos, el involucramiento de las grandes masas, la aplicaci\u00f3n de los \u00faltimos desarrollos de la ciencia y la t\u00e9cnica a la producci\u00f3n industrial y a las estrategias de combate (Traverso).<\/p>\n<p>Esto dio lugar a toda la variedad imaginable en materia de guerra de posiciones y de maniobra: con cambios de frente permanentes y de magnitud, con la aparici\u00f3n de la aviaci\u00f3n, los medios acorazados, los submarinos, la guerra qu\u00edmica y nuclear y un largo etc\u00e9tera<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n, cabe volver a recordar lo se\u00f1alado por Trotsky a partir de su experiencia en la guerra civil: no hay que atarse r\u00edgidamente a ninguna de las formas de la lucha: <strong>la ofensiva y la defensa son caracter\u00edsticas que dependen de las circunstancias<\/strong>. Y, en su generalidad, la experiencia de la guerra ha consagrado la vigencia de las ense\u00f1anzas de Clausewitz, que merecen un estudio profundo por parte de la nueva generaci\u00f3n militante.<\/p>\n<p><strong>La pol\u00edtica como \u201cguerra de clases\u201d <\/strong><\/p>\n<p>Ahora bien, si la guerra es la continuidad de la pol\u00edtica por otros medios, a esta f\u00f3rmula le cabe <strong>cierta reversibilidad<\/strong>: \u201cSi la guerra puede ser definida como la continuidad de la pol\u00edtica por otros medios, [la pol\u00edtica] deviene, rec\u00edprocamente, <strong>la continuidad de la guerra fuera de sus l\u00edmites por sus propios medios<\/strong>. Ella tambi\u00e9n es un arte del tiempo quebrado, de la coyuntura, del momento propicio para arribar a tiempo \u2018al centro de la ocasi\u00f3n\u201d (Bensa\u00efd, <em>La pol\u00edtica como arte estrat\u00e9gico<\/em>).<\/p>\n<p>De ah\u00ed que muchos de los conceptos de la guerra se vean aplicados a la pol\u00edtica, ya que \u00e9sta es, como la guerra, <strong>un campo para hacer valer determinadas relaciones de fuerza<\/strong>. Sin duda, las relaciones de fuerza pol\u00edticas se hacen valer mediante <strong>un complejo de relaciones mayor y m\u00e1s rico que el de la violencia desnuda<\/strong>, pero en el fondo en el terreno pol\u00edtico tambi\u00e9n se trata de vencer la resistencia del oponente.<\/p>\n<p>En todo caso, la pol\u00edtica como arte ofrece <strong>m\u00e1s pliegues, sutilezas y complejidades que la guerra<\/strong>, como se\u00f1alar\u00eda Trotsky, que agregaba que la guerra (y ni hablar cuando se trata de la guerra civil, su forma m\u00e1s cruenta), debe ser peleada ajust\u00e1ndose a sus propias leyes, so pena de sucumbir: \u201cClausewitz se opone a las concepciones absolutistas de la guerra [que la ve\u00edan como una suerte de ceremonia y de juego] y enfatiza el <strong>\u2018elemento brutal\u2019 <\/strong>que toda guerra contiene\u201d (Vega, <em>\u00eddem<\/em>).<\/p>\n<p>De all\u00ed que se pueda definir a la pol\u00edtica (metaf\u00f3ricamente) como <strong>continuidad <\/strong>de la \u201cguerra\u201d que cotidianamente se sustancia entre las clases sociales explotada y explotadora. As\u00ed, la pol\u00edtica es una manifestaci\u00f3n de la guerra de clases que recorre la realidad social bajo la explotaci\u00f3n capitalista. Esta figura puede ayudar a apreciar la <strong>densidad <\/strong>de lo que est\u00e1 en juego, <strong>superando la mirada a veces ingenua de las nuevas generaciones. <\/strong><\/p>\n<p>Nada de esto significa que tengamos una concepci\u00f3n <strong>militarista <\/strong>de las cosas. Todo lo contrario: el militarismo es una concepci\u00f3n <strong>reduccionista<\/strong> que pierde de vista <strong>el espesor de la pol\u00edtica revolucionaria,<\/strong> y que deja de lado a las grandes masas, reemplazadas por la t\u00e9cnica y el herramental de guerra, a la hora de los eventos hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>Es caracter\u00edstico del militarismo hacer primar<strong> la guerra sobre la pol\u00edtica<\/strong>, algo com\u00fan tanto a las pol\u00edticas de las potencias imperialistas como a las formaciones guerrilleras peque\u00f1o-burguesas de los a\u00f1os 70: <strong>perd\u00edan de vista a las grandes masas como actores y protagonistas de la historia<\/strong>.<\/p>\n<p>Tal era la posici\u00f3n del general alem\u00e1n de la I Guerra Mundial, Erich von Ludendorff, autor de la obra <em>La guerra total<\/em> (1935), donde criticaba a Clausewitz desde una posici\u00f3n <strong>reduccionista<\/strong> que pon\u00eda en el centro de las determinaciones a la categor\u00eda de \u201cguerra total\u201d, a la que independizaba de la pol\u00edtica negando el concepto clausewitziano de \u201cguerra absoluta\u201d, que necesariamente se ve <strong>limitado <\/strong>por las determinaciones pol\u00edticas.<\/p>\n<p>A su modo de ver <em>De la guerra<\/em> era \u201cel resultado de una evoluci\u00f3n hist\u00f3rica hoy anacr\u00f3nica y desde todo punto de vista sobrepasada\u201d (Dar\u00edo de Benedetti, <em>\u00eddem<\/em>).<\/p>\n<p>Para Ludendorff y los te\u00f3ricos del nazismo, lo \u201coriginario\u201d era el \u201cestado de guerra permanente\u201d; la pol\u00edtica, solamente uno de sus instrumentos. De ah\u00ed que se considerara la paz simplemente como \u201cun momento transitorio entre dos guerras\u201d.<\/p>\n<p>En esa apelaci\u00f3n a la \u201cguerra total\u201d las masas, el <em>Volk<\/em>, eran vistas como un instrumento pasivo: <strong>pura carne de ca\u00f1\u00f3n en la contienda<\/strong>: \u201cLudendorff olvida el factor humano, las fuerzas morales seg\u00fan Clausewitz, como factor decisivo de toda movilizaci\u00f3n (\u2026) [apela a] un verdadero proceso de <strong>cosificaci\u00f3n<\/strong>, que permite una total disposici\u00f3n de medios para su alcance\u201d (de Benedetti, <em>\u00eddem<\/em>).<\/p>\n<p>Pero lo cierto es lo contrario: si la guerra no es m\u00e1s que la continuidad de la pol\u00edtica por medios violentos, es la segunda la que fija los objetivos de la primera: \u201cEn el siglo XVIII a\u00fan predominaba la concepci\u00f3n primitiva seg\u00fan la cual la guerra es algo independiente, sin vinculaci\u00f3n alguna con la pol\u00edtica, e, inclusive, se conceb\u00eda la guerra como lo primario, considerando la pol\u00edtica m\u00e1s bien como un medio de la guerra; tal es el caso de un estadista y jefe de campo como fue el rey Federico II de Prusia. Y en lo que se refiere a los ep\u00edgonos del militarismo alem\u00e1n, los Ludendorff y Hitler, con su concepci\u00f3n de la \u2018guerra total\u2019, <strong>simplemente invirtieron la teor\u00eda de Clausewitz en su contrario antag\u00f3nico<\/strong>\u201d (AAVV, <em>Clausewitz en el pensamiento marxista<\/em>).<\/p>\n<p>Con esta suerte de \u201canalog\u00eda\u201d entre la pol\u00edtica y la guerra lo que buscamos es dar cuenta de la <strong>\u00edntima conflictividad de la acci\u00f3n pol\u00edtica<\/strong>; superar toda visi\u00f3n ingenua o parlamentarista de la misma. La pol\u00edtica es un terreno de disputa<strong> excluyente<\/strong> donde se afirman los intereses de la burgues\u00eda o de la clase obrera. No hay conciliaci\u00f3n posible entre las clases en sentido \u00faltimo; esto le confiere todos los rasgos de <strong>guerra implacable<\/strong> a la lucha pol\u00edtica.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica revolucionaria, no la reformista u electoralista, tiene esa base material: <strong>la oposici\u00f3n irreconciliable entre las clases,<\/strong> como destacara Lenin. Lo que no obsta para que los revolucionarios tengamos la obligaci\u00f3n de utilizar la palestra parlamentaria, hacer concesiones y pactar compromisos.<\/p>\n<p>Pero la utilizaci\u00f3n del parlamento, o el uso de las maniobras, debe estar presidida por una concepci\u00f3n clara acerca de ese car\u00e1cter <strong>irreconciliable <\/strong>de los intereses de clase, so pena de una visi\u00f3n <strong>edulcorada <\/strong>de la pol\u00edtica, emparentada no con las experiencias de las grandes revoluciones hist\u00f3ricas, sino con los tiempos posmodernos y \u201cdestilados\u201d de la democracia burguesa y el \u201cfin de la historia\u201d que, como se\u00f1alara Bensa\u00efd, pretenden reducir a cero la idea misma de estrategia.<\/p>\n<p><strong>Cr\u00edtica del militarismo <\/strong><\/p>\n<p>El criterio principista de tipo estrat\u00e9gico que preside al marxismo revolucionario es que todas las t\u00e1cticas y estrategias deben estar al servicio de la autodeterminaci\u00f3n revolucionaria de la clase obrera, de su emancipaci\u00f3n. Sobre la base de las lecciones del siglo XX, <strong>debe ser condenado el sustituismo social de la clase obrera<\/strong> como estrategia y m\u00e9todo para lograr los objetivos emancipatorios del proletariado.<\/p>\n<p>El sustituismo como estrategia, simplemente, <strong>no es admisible para los socialistas revolucionarios<\/strong>. Toda la experiencia del siglo XX atestigua que si no est\u00e1 presente la clase obrera, su vanguardia, sus organismos de lucha y poder, sus programas y partidos, si no es la clase obrera con sus organizaciones la que toma el poder, la revoluci\u00f3n no puede progresar de manera <strong>socialista<\/strong>: queda congelada en el estadio de la estatizaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n, lo que, a la postre, no sirve a los objetivos de la acumulaci\u00f3n socialista sino de la burocracia.<\/p>\n<p>Un ejemplo vivido por los bolcheviques a comienzos de 1920 fue la respuesta al ataque desde Polonia decidida por el dictador Pilsudsky en el marco de la guerra civil, ataque que desat\u00f3 una contraofensiva del Ej\u00e9rcito Rojo que atraves\u00f3 la frontera rusa y lleg\u00f3 hasta Varsovia. Durante unas semanas domin\u00f3 el entusiasmo que \u201cdesde arriba\u201d, militarmente, se pod\u00eda extender la revoluci\u00f3n. Uno de los principales actores de este empuje fue el talentoso y joven general Tujachevsky (asesinado por Stalin en las purgas de los a\u00f1os 30<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>).<\/p>\n<p>Esta acci\u00f3n fue explotada por la dictadura polaca de Pilsudsky como \u201cun avasallamiento de los derechos nacionales polacos\u201d, y no logr\u00f3 ganar el favor de las masas obreras y mucho menos campesinas, <strong>por lo que termin\u00f3 en un redondo fracaso. <\/strong><\/p>\n<p>Trotsky, que con buen tino se hab\u00eda opuesto a la misma<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>, sac\u00f3 la conclusi\u00f3n que una intervenci\u00f3n militar en un pa\u00eds extranjero desde un Estado obrero, puede ser un punto de apoyo secundario y\/o auxiliar en un proceso revolucionario, <strong>nunca la herramienta fundamental<\/strong>: \u201cEn la gran guerra de clases actual la intervenci\u00f3n militar desde afuera puede cumplir un papel <strong>concomitante, cooperativo, secundario<\/strong>. La intervenci\u00f3n militar puede acelerar el desenlace y hacer m\u00e1s f\u00e1cil la victoria, pero s\u00f3lo cuando las condiciones sociales y la conciencia pol\u00edtica est\u00e1n maduras para la revoluci\u00f3n. La intervenci\u00f3n militar tiene el mismo efecto que los <strong>f\u00f3rceps de un m\u00e9dico<\/strong>; si se usan en el momento indicado, pueden acortar los dolores del parto, pero si se usan en forma prematura, <strong>simplemente provocar\u00e1n un aborto<\/strong>\u201d (en E. Wollenberg, <em>El Ej\u00e9rcito Rojo<\/em>, p. 103).<\/p>\n<p>De ah\u00ed que toda la pol\u00edtica, la estrategia y las t\u00e1cticas de los revolucionarios deban estar al servicio de la <strong>organizaci\u00f3n, politizaci\u00f3n y elevaci\u00f3n de la clase obrera a clase dominante<\/strong>; que no sea admisible su sustituci\u00f3n a la hora de la revoluci\u00f3n social por otras capas explotadas y oprimidas \u00a0aparatos pol\u00edticos y\/o militares ajenos a la clase obrera misma (otra cosa son las alianzas de clases explotadas y oprimidas imprescindibles para tal empresa).<\/p>\n<p>El criterio de la autodeterminaci\u00f3n y centralidad de la clase obrera en la revoluci\u00f3n social, <strong>es un principio innegociable<\/strong>. Y no s\u00f3lo es un principio: hace a la estrategia misma de los socialistas revolucionarios en su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Otra cosa es que las relaciones entre masas, partidos y vanguardia sean complejas,<strong> no admitan mecanicismos<\/strong>. Habitualmente los factores activos son la amplia vanguardia y las corrientes pol\u00edticas, mientras que las grandes masas se mantienen pasivas y s\u00f3lo entran en liza cuando se producen grandes conmociones, algo que, como dec\u00eda Trotsky, era signo inequ\u00edvoco de toda verdadera revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ocurre una inevitable <strong>dial\u00e9ctica <\/strong>de sectores adelantados y atrasados en el seno de la clase obrera a la hora de la acci\u00f3n pol\u00edtica; no se debe buscar el \u201cm\u00ednimo com\u00fan denominador\u201d adapt\u00e1ndose a los sectores atrasados sino, por el contrario, ganar la confianza de los sectores m\u00e1s avanzados para empujar juntos a los m\u00e1s atrasados.<\/p>\n<p>Incluso m\u00e1s: puede haber circunstancias de descenso en las luchas del proletariado y el partido -m\u00e1s a\u00fan si est\u00e1 en el poder- verse obligado a ser una suerte de <strong>nexo o \u201cpuente\u201d<\/strong> entre el momento actual de pasividad y un eventual resurgimiento de las luchas en un per\u00edodo pr\u00f3ximo. No tendr\u00e1 otra alternativa que \u201csustituir\u201d, <strong>transitoriamente,<\/strong> la acci\u00f3n de la clase obrera en defensa de sus intereses inmediatos e hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>Algo de esto afirmaba Trotsky que le hab\u00eda ocurrido al bolchevismo a comienzos de los a\u00f1os 20, luego de que la clase obrera y las masas quedaran exhaustas a la salida de la guerra civil<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Pero el criterio es que aun \u201csustituy\u00e9ndola\u201d, se deben defender los intereses inmediatos e hist\u00f3ricos de la clase obrera. Y esta \u201csustituci\u00f3n\u201d s\u00f3lo puede ser <strong>una situaci\u00f3n transitoria impuesta por las circunstancias,<\/strong> so pena de transformarse en otra cosa<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.<\/p>\n<p>Ya la teorizaci\u00f3n del sustituismo social de la clase obrera en la revoluci\u00f3n socialista pone las cosas en otro plano: es una justificaci\u00f3n de la acci\u00f3n de una direcci\u00f3n burocr\u00e1tica y\/o peque\u00f1oburguesa que, si bien puede terminar yendo m\u00e1s lejos de lo que ella preve\u00eda en el camino del anticapitalismo, <strong>nunca podr\u00e1 sustituir a la clase obrera al frente del poder<\/strong>. Porque esto amenaza que se terminen imponiendo los intereses de una burocracia y no los de la clase obrera (como ocurri\u00f3 en el siglo XX).<\/p>\n<p><strong>Quebrar el movimiento inercial \u00a0<\/strong><\/p>\n<p>De lo anterior se desprende otra cuesti\u00f3n: la apelaci\u00f3n a los m\u00e9todos de lucha de la clase obrera en contra del terrorismo individual o de las minor\u00edas que empu\u00f1an las armas en \u201crepresentaci\u00f3n\u201d del conjunto de los explotados y oprimidos.<\/p>\n<p>En el siglo pasado han habido muchas experiencias: el caso de las formaciones guerrilleras latinoamericanas, y del propio Che Guevara, que <strong>exclu\u00edan por definici\u00f3n los m\u00e9todos de lucha de masas <\/strong>en beneficio de los \u201ccojones\u201d: una \u201cherramienta central\u201d de la revoluci\u00f3n, porque la clase obrera estaba, supuestamente, \u201caburguesada\u201d\u2026<\/p>\n<p>Un caso similar fue el del PCCh bajo Mao. La pelea contra el sustituismo social de la clase obrera tiene que ver con que los revolucionarios no \u201cinventamos nada\u201d: no creamos artificialmente los m\u00e9todos de pelea y los organismos de lucha y poder. M\u00e1s bien ocurre lo contrario: buscamos hacer consciente su acci\u00f3n, generalizar esas experiencias e incorporarlas al acervo de ense\u00f1anzas de la clase obrera.<\/p>\n<p>Esta era una preocupaci\u00f3n caracter\u00edstica de Rosa Luxemburgo, que insist\u00eda en la necesidad de<strong> aprender de la experiencia real de la clase obrera,<\/strong> contra el conservadurismo pedante y de aparato de la vieja socialdemocracia.<\/p>\n<p>Vale destacar tambi\u00e9n la ubicaci\u00f3n de Lenin frente al surgimiento de los soviets en 1905. Los \u201cbolcheviques de comit\u00e9\u201d, demasiado habituados a pr\u00e1cticas sectarias y conservadoras, se negaban a entrar en el Soviet de Petrogrado porque \u00e9ste \u201cno se declaraba bolchevique\u201d&#8230; Lenin insist\u00eda que la orientaci\u00f3n deb\u00eda ser \u201cSoviets y partido\u201d, no contraponer de manera pedante y ultimatista, unos y otros.<\/p>\n<p>Sobre la cuesti\u00f3n del armamento popular rechazamos las formaciones militares que act\u00faan en sustituci\u00f3n de la clase obrera, as\u00ed como el terrorismo individual, y por las mismas razones. Pero debemos dejar a salvo no s\u00f3lo la formaci\u00f3n de ej\u00e9rcitos revolucionarios como el Ej\u00e9rcito Rojo, evidentemente, tambi\u00e9n experiencias como la formaci\u00f3n de milicias obreras y populares o las dependientes de las organizaciones revolucionarias.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo fue el caso del POUM y los anarquistas en la Guerra Civil espa\u00f1ola, m\u00e1s all\u00e1 del centrismo u oportunismo de su pol\u00edtica. Y podr\u00edan darse circunstancias similares en el futuro que puedan ser englobadas bajo la orientaci\u00f3n del <strong>armamento popular<\/strong>.<\/p>\n<p>Agreguemos algo m\u00e1s vinculado a la guerra de guerrillas. En Latinoam\u00e9rica, en la d\u00e9cada del 70, las formaciones foquistas o guerrilleras, rurales o urbanas, reemplazaban con sus \u201cacciones\u201d la lucha pol\u00edtica revolucionaria (las acciones de masas y la construcci\u00f3n de partidos de la clase obrera).<\/p>\n<p>Sin embargo, este rechazo a la guerra de guerrillas como estrategia pol\u00edtica,<strong> no significa descartarla como t\u00e1ctica militar<\/strong>. Si es verdad que se trata de un m\u00e9todo de lucha habitualmente vinculado a sectores provenientes del campesinado (o de sectores m\u00e1s o menos \u201cdesclasados\u201d), bajo condiciones extremas de ocupaci\u00f3n militar del pa\u00eds por fuerzas imperialistas, no se debe descartar la eventualidad de poner en pie formaciones de este tipo \u00edntimamente vinculadas a la clase trabajadora. Esto con un car\u00e1cter de <strong>fuerza auxiliar<\/strong> similar a una suerte de milicia obrera, y siempre subordinada al m\u00e9todo de lucha principal, que es la lucha de masas<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n<p>Pasemos ahora a las alianzas de clases y la hegemon\u00eda que debe alcanzar la clase obrera a la hora de la revoluci\u00f3n. Si la centralidad social en la revoluci\u00f3n corresponde a la clase obrera, <strong>\u00e9sta debe tender puentes hacia el resto de los sectores explotados y oprimidos<\/strong>.<\/p>\n<p>Para que la revoluci\u00f3n triunfe, debe transformarse en una <strong>abrumadora mayor\u00eda social<\/strong>. Y esto se logra cuando la clase obrera logra elevarse a los intereses generales y a tomar en sus manos las necesidades de los dem\u00e1s sectores explotados y oprimidos.<\/p>\n<p>Es aqu\u00ed donde el concepto de alianza de clases explotadas y oprimidas se transforma en uno an\u00e1logo: <strong>hegemon\u00eda<\/strong>. La hegemon\u00eda de la clase obrera a la hora de la revoluci\u00f3n socialista corresponde al convencimiento de los sectores m\u00e1s atrasados, de las capas medias, del campesinado, de que la salida a la crisis de la sociedad ya no puede provenir de la mano de la burgues\u00eda, sino solamente del proletariado.<\/p>\n<p>Este problema es cl\u00e1sico a toda gran revoluci\u00f3n. Si la Revoluci\u00f3n Francesa de 1789 logr\u00f3 triunfar es porque desde su centro excluyente, Par\u00eds, <strong>logr\u00f3 arrastrar tras de s\u00ed al resto del pa\u00eds<\/strong>. Algo que no consigui\u00f3 la Comuna de Par\u00eds cien a\u00f1os despu\u00e9s, lo que determin\u00f3 su derrota. El mismo d\u00e9ficit tuvo el levantamiento espartaquista de enero de 1919 en Alemania, derrotado a sangre y fuego porque el interior campesino y peque\u00f1o-burgu\u00e9s no logr\u00f3 ser arrastrado. Multitudinarias movilizaciones ocurr\u00edan en Berl\u00edn enfervorizando a sus dirigentes (sobre todo a Karl Liebknecht; Rosa era consciente de que se iba al desastre), mientras que en el interior el ej\u00e9rcito alem\u00e1n se iba reforzando y fortaleciendo con el apoyo del campesinado y dem\u00e1s sectores conservadores.<\/p>\n<p>Precisamente en esa apreciaci\u00f3n fundaba Lenin la ciencia y el arte de la insurrecci\u00f3n: en una previsi\u00f3n que deb\u00eda responder a un an\u00e1lisis lo m\u00e1s <strong>cient\u00edfico<\/strong> posible, pero tambi\u00e9n a elementos intuitivos, acerca de qu\u00e9 pasar\u00eda una vez que el proletariado se levantase en las ciudades.<\/p>\n<p>El proletariado se pone de pie y toma el poder en la ciudad capital. Pero la clave de la insurrecci\u00f3n, y la revoluci\u00f3n misma, reside en si logra arrastrar activamente o, al menos, logra un apoyo pasivo, t\u00e1cito, o incluso la \u201cneutralidad amistosa\u201d (Trotsky), de las otras clases explotadas y oprimidas en el interior.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que alianza de clases, hegemon\u00eda y ciencia y arte de la insurrecci\u00f3n tengan un punto de encuentro en el logro de la mayor\u00eda social de la clase obrera a la hora de la toma del poder.<\/p>\n<p>Una apreciaci\u00f3n que requerir\u00e1 de todas las capacidades de la organizaci\u00f3n revolucionaria en el momento decisivo, y que es la mayor prueba a la que se puede ver sometido un partido digno de tal nombre: \u201cTodas estas cartas [se refiere a las cartas de Lenin a finales de septiembre y comienzos de octubre de 1917], donde cada frase estaba forjada sobre el yunque de la revoluci\u00f3n, presentan un inter\u00e9s excepcional para caracterizar a Lenin y apreciar el momento. Las inspira el sentimiento de indignaci\u00f3n contra la actitud<strong> fatalista, expectante, socialdem\u00f3crata, menchevique <\/strong>hacia la revoluci\u00f3n, que era considerada como <strong>una especie de<\/strong> <strong>pel\u00edcula sin fin<\/strong>. Si en general el tiempo es un factor importante de la pol\u00edtica, su importancia se <strong>centuplica<\/strong> en la \u00e9poca de guerra y de revoluci\u00f3n. No es seguro que se pueda hacer ma\u00f1ana lo que puede hacerse hoy (\u2026).<\/p>\n<p>\u201cPero tomar el poder supone <strong>modificar el curso de la historia<\/strong>. \u00bfEs posible que tama\u00f1o acontecimiento deba depender de un intervalo de veinticuatro horas? Claro que s\u00ed. Cuando se trata de la insurrecci\u00f3n armada, los acontecimientos no se miden por el kil\u00f3metro de la pol\u00edtica, sino por el metro de la guerra. Dejar pasar algunas semanas, algunos d\u00edas; a veces un solo d\u00eda sin m\u00e1s, equivale, en ciertas condiciones, a la rendici\u00f3n de la revoluci\u00f3n, a la capitulaci\u00f3n (\u2026).<\/p>\n<p>\u201cDesde el momento en que el partido empuja a los trabajadores por la v\u00eda de la insurrecci\u00f3n, <strong>debe extraer de su acto todas las consecuencias necesarias<\/strong>. <em>\u00c0 la guerre comme \u00e0 la guerre<\/em> [en la guerra como en la guerra]. Bajo sus condiciones, m\u00e1s que en ninguna otra parte, <strong>no se pueden tolerar las vacilaciones y las demoras<\/strong>. Todos los plazos son <strong>cortos<\/strong>. Al perder tiempo, aunque no sea m\u00e1s que por unas horas, se le devuelve a las clases dirigentes algo de confianza en s\u00ed mismas y se les quita a los insurrectos una parte de su seguridad, pues esta confianza, esta seguridad, <strong>determina la correlaci\u00f3n de fuerzas que decide el resultado de la insurrecci\u00f3n<\/strong>\u201d (Trotsky, <em>Lecciones de Octubre<\/em>).<\/p>\n<p><strong>El partido como factor decisivo de las relaciones de fuerzas \u00a0\u00a0\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Veremos someramente ahora el problema del partido como factor organizador permanente y como factor esencial de la insurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El partido no agrupa a los trabajadores por su condici\u00f3n de tales sino solamente aqu\u00e9llos que han avanzado a la comprensi\u00f3n de que la soluci\u00f3n a los problemas pasa por la revoluci\u00f3n socialista: <strong>el partido agrupa a los revolucionarios y no a los trabajadores en general<\/strong> (cuya abrumadora mayor\u00eda es de ideolog\u00eda burguesa, reformista y no revolucionaria).<\/p>\n<p>Quienes se agrupan bajo un mismo programa constituyen un partido. Pero si sus militantes no construyen el partido, no lo construye nadie: el partido es lo menos objetivo y espont\u00e1neo que hay respecto de las formas de la organizaci\u00f3n obrera: <strong>requiere de un esfuerzo consciente y adicional, con leyes propias<\/strong>.<\/p>\n<p>Un problema muy importante es el de la combinaci\u00f3n de los intereses del movimiento en general y los del partido en particular a la hora de la intervenci\u00f3n pol\u00edtica. Un error habitual es sacrificar unos en el altar de los otros.<\/p>\n<p>En el caso de las tendencias m\u00e1s burocr\u00e1ticas, lo que se sacrifica son los intereses generales de los trabajadores en funci\u00f3n de los del propio aparato. Ya Marx sosten\u00eda que los comunistas s\u00f3lo se caracterizaban por ser los que, en cada caso, hac\u00edan valer los intereses generales del movimiento.<\/p>\n<p>Pero es tambi\u00e9n una concepci\u00f3n falsa creer que los intereses del partido nunca valen; que s\u00f3lo vale el inter\u00e9s \u201cgeneral\u201d, sacrificando ingenuamente los intereses del propio partido.<\/p>\n<p>As\u00ed se hace imposible construir el partido, <strong>cuya mec\u00e1nica de construcci\u00f3n es la menos \u201cnatural\u201d.<\/strong> Precisamente por esto hay que aprender a sostener ambos intereses: las condiciones generales de la lucha y la construcci\u00f3n del partido a partir de ellas. Adem\u00e1s, hay que saber evaluar qu\u00e9 inter\u00e9s es el que est\u00e1 en juego en cada caso. Nunca se puede correr detr\u00e1s de toda lucha, de todo acontecimiento; no hay partido que lo pueda hacer.<\/p>\n<p>Pero cuando se trata de organizaciones de vanguardia, <strong>hay que elegir<\/strong>. Hay que jerarquizar considerando el peso del hecho objetivo, y tambi\u00e9n las posibilidades del partido de responder y construirse en esa experiencia.<\/p>\n<p>Esto significa que no siempre la agenda partidaria se ordena alrededor de la agenda \u201cobjetiva\u201d de la realidad. Hay que considerar la agenda de la propia organizaci\u00f3n a la hora de construirse, <strong>sus propias iniciativas<\/strong>: \u201cLa observaci\u00f3n m\u00e1s importante que se puede hacer a prop\u00f3sito de todo an\u00e1lisis concreto de la correlaci\u00f3n de fuerzas es que estos an\u00e1lisis <strong>no pueden ni deben ser an\u00e1lisis en s\u00ed mismos<\/strong> (a menos que se escriba un cap\u00edtulo de historia del pasado), sino que s\u00f3lo adquieren significado si sirven para justificar una actividad pr\u00e1ctica, <strong>una iniciativa de voluntad<\/strong>. Muestran cu\u00e1les son los puntos de menor resistencia donde puede aplicarse con mayor fruto la fuerza de la voluntad; sugieren las operaciones t\u00e1cticas inmediatas; indican c\u00f3mo se puede plantear mejor una campa\u00f1a de agitaci\u00f3n pol\u00edtica, qu\u00e9 lenguaje entender\u00e1n mejor las multitudes, etc. <strong>El elemento decisivo de toda situaci\u00f3n es la fuerza permanentemente organizada y dispuesta desde hace tiempo<\/strong>, que se puede hacer avanzar cuando se considera que una situaci\u00f3n es favorable (<strong>y s\u00f3lo es favorable en la medida en que esta fuerza existe y est\u00e1 llena de ardor combativo<\/strong>); por esto, la tarea esencial es la de procurar sistem\u00e1tica y pacientemente formar, desarrollar, hacer cada vez m\u00e1s homog\u00e9nea, m\u00e1s compacta y m\u00e1s consciente de s\u00ed misma esta fuerza [es decir, el partido]\u201d (Gramsci, <em>La pol\u00edtica y el Estado moderno<\/em>, pp. 116-7).<\/p>\n<p>En s\u00edntesis: el an\u00e1lisis de la correlaci\u00f3n de fuerzas ser\u00eda \u201cmuerto\u201d, pedante, pasivo, si no tomara en consideraci\u00f3n que el partido es, debe ser, <strong>un factor fundamental en dicha correlaci\u00f3n de fuerzas<\/strong>; el factor que puede terminar inclinando la balanza; el que munido de una pol\u00edtica correcta, y apoy\u00e1ndose en un determinado \u201cparalelogramo de fuerzas\u201d, <strong>puede mover monta\u00f1as<\/strong>.<\/p>\n<p>La figura del \u201cparalelogramo de fuerzas\u201d nos fue sugerida por la carta de Engels a Jos\u00e9 Bloch (1890). Engels colocaba dicho paralelogramo como subproducto de determinaciones puramente \u201cobjetivas\u201d. Sin embargo, a la cabeza de dicho \u201cparalelogramo\u201d <strong>se puede y debe colocar el partido<\/strong> para irrumpir en la historia: romper la inercia con el plus \u201csubjetivo\u201d que a\u00f1ade el partido: \u201c(\u2026) la historia se hace de tal modo, que el resultado final siempre deriva de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida; son, pues, innumerables fuerzas que se entrecruzan las unas con las otras, <strong>un grupo infinito de paralelogramos de fuerzas<\/strong>, de las que surge una resultante -el acontecimiento hist\u00f3rico- (\u2026)\u201d.<\/p>\n<p>El partido que sepa colocarse a la cabeza de dicho \u201cparalelogramo\u201d, que haya logrado construirse, que sepa hacer pesar fuerzas materiales en dicho punto decisivo, <strong>podr\u00e1 mover monta\u00f1as<\/strong>: romper el c\u00edrculo infernal del \u201ceterno retorno de lo mismo\u201d abriendo una nueva historia.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00ed<\/strong>a<\/p>\n<p>AAVV, <em>Clausewitz en el pensamiento marxista<\/em>, Pasado y Presente.<\/p>\n<p>Dar\u00edo de Benedetti,<em> La teor\u00eda militar entre la Kriegsideologie y el Modernismo Reaccionario<\/em>, Cuadernos de Marte, mayo 2010.<\/p>\n<p>Daniel Bensa\u00efd, <em>La politique comme art strat\u00e9gique<\/em>, Archives personnelles, \u00c2out 2007, npa2009.org.<\/p>\n<p>Engels, <em>Carta a Jos\u00e9 Bloch<\/em>, Londres 21\/2 de septiembre de 1890, Marxist Internet Archive.<\/p>\n<p>Antonio Gramsci, <em>La pol\u00edtica y el Estado moderno<\/em>, Planeta-Agostini, Barcelona, 1985.<\/p>\n<p>Le\u00f3n Trotsky, <em>Lecciones de Octubre<\/em>, Kislovodsk, 15 de septiembre de 1924, Marxist Internet Archive.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez Vega, <em>Carl von Clausewitz. Guerra, pol\u00edtica y filosof\u00eda<\/em>, Editorial Almagesto, Buenos Aires, 1993.<\/p>\n<p>Wollenberg, <em>El Ej\u00e9rcito Rojo.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> De Lenin se conoce un cuaderno de comentarios sobre <em>De la Guerra<\/em>; Trotsky \u201cmech\u00f3\u201d muchas de sus reflexiones estrat\u00e9gicas con referencias al te\u00f3rico alem\u00e1n, am\u00e9n de tener sus propios <em>Escritos militares<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Ver nuestro texto <em>Causas y consecuencias del triunfo de la URSS sobre el nazismo<\/em>, en <a href=\"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\">www.socialismo-o-barbarie.org<\/a>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Tujachevsky estaba enrolado en la fallida \u201cteor\u00eda de la ofensiva\u201d. Trotsky estaba en contra de la misma: la condenaba por <strong>r\u00edgida, militarista y ultraizquierdista<\/strong>. Ver las <em>Antinomias de Antonio Gramsci<\/em> (un valioso texto del marxista ingl\u00e9s Perry Anderson de los a\u00f1os 70).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> En este caso se dio una sorprendente \u201cinversi\u00f3n\u201d (en relaci\u00f3n a los errores) bajo el poder bolchevique: en general, fue Lenin el que dio en la tecla en las disputas con Trotsky. Pero en este caso las cosas se dieron invertidas: mientras Lenin se arremolinaba entusiasta sobre los mapas siguiendo la ofensiva, Trotsky manifestaba sus reservas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Ver al respecto nuestros textos sobre el bolchevismo en el poder.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Ver al respecto <em>El \u00faltimo combate de Lenin<\/em> de Moshe Lewin.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> En todo caso, el siglo XX ha dado lugar a un sinn\u00famero de ricas experiencias militares en el terreno de la revoluci\u00f3n, las que requieren de un estudio ulterior.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guerra, pol\u00edtica y partido Clausewitz y el marxismo revolucionario\u00a0 \u201cLa revoluci\u00f3n proletaria no puede triunfar sin un partido, por fuera de un partido, contra un partido o con un sustituto para un partido. 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