{"id":11660,"date":"2018-08-16T20:15:41","date_gmt":"2018-08-16T23:15:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=11660"},"modified":"2019-11-20T10:20:59","modified_gmt":"2019-11-20T13:20:59","slug":"marx-la-crisis-y-los-grundrisse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=11660","title":{"rendered":"Marx, la crisis y los Grundrisse"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Marx<\/strong><strong>, la crisis y los Grundrisse<\/strong><\/h2>\n<p><em>Presentamos a continuaci\u00f3n, como parte de la celebraci\u00f3n de los 200 a\u00f1os del nacimiento de Marx, un texto muy educativo de Marcello Musto, donde da cuenta de las vicisitudes de la vida personal e intelectual del gran pensador alem\u00e1n durante fines de la d\u00e9cada de 1850 y principios de 1860. El autor es italiano y uno de los m\u00e1s prominentes j\u00f3venes investigadores de la obra de Marx. Hemos tomado el art\u00edculo del sitio Marxismo Critico. Dado su extensi\u00f3n, lo publicaremos en dos partes.<\/em><\/p>\n<p><strong>M<\/strong><strong>arcello Musto<\/strong><\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: <strong>Jos\u00e9 M\u00aa Fdez. Criado<\/strong><\/p>\n<p>Equipo de traducci\u00f3n de Red Roja<\/p>\n<p>Marx escribi\u00f3 los Grundrisse durante su exilio en Londres, en uno de los momentos m\u00e1s dif\u00edciles de su vida, al tiempo que arreciaba la primera crisis financiera mundial. <em>\u201cLos capitalistas que tanto chillan contra el \u2018derecho al trabajo\u2019 exigen ahora por doquier [\u2026] el \u2018derecho al beneficio\u2019, en detrimento de la comunidad\u201d, <\/em>escrib\u00eda Marx a Engels en 1857<\/p>\n<p>En 1848 Europa es sacudida por numerosas insurrecciones populares inspiradas en los principios de libertad pol\u00edtica y justicia social. La debilidad de un movimiento obrero que acababa de nacer, el abandono por parte de la burgues\u00eda de los ideales que al principio compart\u00eda con ella, la represi\u00f3n militar y la vuelta de la prosperidad econ\u00f3mica, llevan por todas partes a la derrota de estas insurrecciones, de manera que la reacci\u00f3n vuelve a coger las riendas del poder. Marx apoya los movimientos revolucionarios a trav\u00e9s del diario <em>Neue Rheinische Zeitung: Organ der Demokratie <\/em>[Nueva Gaceta Renana: \u00d3rgano de la Democracia], del que \u00e9l es fundador y redactor en jefe. En las columnas de este peri\u00f3dico, Marx prosigue una labor intensa de agitaci\u00f3n apoyando la causa de los insurgentes e incitando al proletariado a proclamar \u201cla revoluci\u00f3n social y republicana\u201d1. Durante este periodo vive entre Bruselas, Par\u00eds y Colonia, pasa por Berl\u00edn, Viena, Hamburgo y muchas otras ciudades alemanas, estableciendo por todos estos lugares contactos para desarrollar las luchas en curso. Fue a causa de esta incesante actividad militante por lo que fue detenido primero en B\u00e9lgica y despu\u00e9s en Prusia y mediante un decreto de expulsi\u00f3n, siendo Luis Napole\u00f3n Bonaparte presidente de la Rep\u00fablica, el gobierno franc\u00e9s le obliga a salir de Par\u00eds. Marx decide trasladarse a Inglaterra cruza el canal de la Mancha en el verano de 1849, con 31 a\u00f1os de edad, y se instala en Londres.<\/p>\n<p>Convencido al principio de que no iba a ser m\u00e1s que una breve estancia, all\u00ed se quedar\u00e1 para el resto de sus d\u00edas, como un ap\u00e1trida.<\/p>\n<p><strong>C<\/strong><strong>i<\/strong><strong>t<\/strong><strong>a con la revoluci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Los primeros a\u00f1os de su exilio ingl\u00e9s est\u00e1n marcados por la m\u00e1s negra miseria y las enfermedades que provocaron la muerte de tres de sus hijos. Aunque Marx nunca conoci\u00f3 la abundancia, esta fase representa sin lugar a dudas el peor momento de su existencia. De diciembre de 1850 a septiembre de 1856, vive con su familia en un apartamento de dos habitaciones en el n\u00famero 28 de Dean Street, en el Soho, uno de los barrios m\u00e1s pobres y m\u00e1s ruinosos de la capital. En oto\u00f1o de 1856, el matrimonio Marx, sus tres hijas Jenny, Laura y Eleanor, junto con su fiel sirvienta H\u00e9l\u00e8ne Demuth considerara parte de la familia, se instalan en la zona norte de Londres, en el n\u00famero 9 de Grafton Terrace, donde los alquileres eran m\u00e1s baratos. Despu\u00e9s de la muerte del t\u00edo y de la madre de Jenny von Westphalen, su esposa, la doble herencia le permiti\u00f3 detener el c\u00edrculo vicioso de la deuda, la recuperaci\u00f3n en el monte de piedad de algunos vestidos y efectos personales, as\u00ed como cambiar de vivienda. El edificio en el que los Marx habitan hasta 1864 se encontraba en una zona de reciente urbanizaci\u00f3n, sin v\u00edas adecentadas que la unieran al centro y sumida por la noche en la plena oscuridad. Sin embargo, la familia vive en una verdadera casa, m\u00ednimo requisito para tener \u201cal menos una apariencia de respetabilidad\u201d2.<\/p>\n<p>Durante el a\u00f1o 1856, Marx abandona completamente sus estudios de econom\u00eda pol\u00edtica, pero el resurgimiento de la crisis financiera internacional cambia completamente la situaci\u00f3n. En una atm\u00f3sfera de gran incertidumbre, que se transforma en p\u00e1nico general para acabar provocando quiebras por todas partes, Marx siente que hay que pasar a la acci\u00f3n y, en previsi\u00f3n de los desarrollos futuros de la recesi\u00f3n, escribe a Friedrich Engels: \u201cno creo que podamos quedar como espectadores por m\u00e1s tiempo\u201d3. \u00c9ste \u00faltimo, por su parte, est\u00e1 desbordante de optimismo y describe a su amigo el futuro escenario: \u201cEsta vez va a ser un juicio final sin precedentes, toda la industria europea est\u00e1 arruinada, todos los mercados est\u00e1n saturados [\u2026], todas las clases acomodadas est\u00e1n siendo arrastradas a la ruina, va a haber una bancarrota completa de la burgues\u00eda, guerra y anarqu\u00eda en grado sumo. Yo tambi\u00e9n creo que todo se cumplir\u00e1 a lo largo de 1857\u201d4.<\/p>\n<p>Al cabo de una d\u00e9cada marcada por el reflujo del movimiento revolucionario y en el curso de la cual ellos no pudieron jugar un papel activo en el contexto pol\u00edtico europeo, los dos amigos volvieron a intercambiarse mensajes de confianza en el futuro. La cita con la revoluci\u00f3n, tanto tiempo esperada, parec\u00eda ya muy pr\u00f3xima y ofrece a Marx una prioridad urgente: retomar la redacci\u00f3n de su \u201cEconom\u00eda\u201d y acabarla lo m\u00e1s pronto posible.<\/p>\n<p><strong>A pesar de las miserias y las enfermedades<\/strong><\/p>\n<p>Para dedicarse a su obra con tal denuedo, Marx tendr\u00e1 necesidad de un poco de tranquilidad, pero su situaci\u00f3n personal, a\u00fan extremadamente precaria, no le da tregua. Empleados todos sus recursos en el nuevo alojamiento, se encuentra ya desde el primer momento sin dinero para pagar el alquiler. Entonces le cuenta a Engels, que en ese momento vive y trabaja en Manchester, todas las vejaciones de su nueva situaci\u00f3n: \u201c[Estoy] sin perspectivas y con unos gastos familiares en aumento. No s\u00e9 en absoluto qu\u00e9 debo hacer y, a la verdad, me encuentro en una situaci\u00f3n m\u00e1s desesperada que hace cinco a\u00f1os. Pensaba que hab\u00eda superado esta mierda, pero no es verdad\u201d5. La carta sorprende tan profundamente a Engels, convencido como estaba de que, despu\u00e9s del cambio de vivienda, la situaci\u00f3n de su amigo estaba ya estabilizada, que ese mismo mes de enero de 1857 le envi\u00f3 el dinero recibido de su padre por Navidad para comprar un caballo destinado a su gran pasi\u00f3n: la caza del zorro. En cualquier caso, durante aquellos a\u00f1os, como durante todo el resto de su vida, Engels no escatim\u00f3 su ayuda a Marx y a su familia. Preocupado por la situaci\u00f3n, adem\u00e1s de enviar a Marx cinco libras esterlinas al mes, le ruega que se dirija a \u00e9l en caso de que surjan nuevas dificultades.<\/p>\n<p>Ahora bien, el papel de Engels no se limita al de donante. En la profunda soledad que abruma a Marx por aquellos a\u00f1os, Engels, por medio de una intensa correspondencia, es el \u00fanico interlocutor en una confrontaci\u00f3n intelectual: \u201cAntes que nada, yo tengo que tener tu opini\u00f3n\u201d6; es el \u00fanico amigo en quien puede confiar en sus momentos de des\u00e1nimo: \u201cEscr\u00edbeme pronto porque tus cartas me van a ser necesarias para devolverme el \u00e1nimo. La situaci\u00f3n es s\u00f3rdida\u201d7. Es tambi\u00e9n el camarada con el que puede compartir el gusto por el sarcasmo que le inspiran los acontecimientos: \u201cEnvidio a esa gente que sabe hacer cabriolas. Tiene que ser un medio magn\u00edfico para quitarse de la cabeza la rabia y la basura burguesa\u201d8\u00a0.<\/p>\n<p>De hecho, la precariedad se hace cada vez m\u00e1s apremiante. El \u00fanico ingreso en el presupuesto de Marx, aparte de la ayuda que le proporciona Engels, son las remuneraciones que le da el <em>New York Tribune<\/em>, el diario angl\u00f3fono m\u00e1s le\u00eddo por entonces. Pero los acuerdos firmados con el peri\u00f3dico (dos libras esterlinas por art\u00edculo) cambian con la crisis econ\u00f3mica que ha alcanzado tambi\u00e9n, de rebote, al peri\u00f3dico americano. Aunque Marx sea, junto con el viajero y escritor americano Bayard Taylor, el \u00fanico corresponsal en Europa que no fue despedido, su participaci\u00f3n se redujo, de dos, a un art\u00edculo por semana y \u2013\u201caunque en la \u00e9poca de prosperidad no me dieron ni un c\u00e9ntimo de m\u00e1s\u201d9 \u2013 su retribuci\u00f3n qued\u00f3 reducida a la mitad. Marx comenta el asunto en un tono divertido: \u201cHe aqu\u00ed una iron\u00eda del destino, verse uno mezclado personalmente con estas malditas crisis.\u201d10 De todos modos, asistir al hundimiento financiero es para \u00e9l un espect\u00e1culo incomparable: \u201c\u00a1Qu\u00e9 bonito ver a los capitalistas, que chillan contra el \u2018derecho al trabajo\u2019, exigir ahora \u2018el apoyo p\u00fablico\u2019 de los gobiernos, y [\u2026] hacer valer en realidad \u2018el derecho al beneficio\u2019 en detrimento de la comunidad.\u201d11; y a pesar de su inquietud, comunica a Engels: \u201cAunque indigente, desde 1849 nunca me he sentido tan a gusto que con este <em>crack<\/em>.\u201d12<\/p>\n<p>El nacimiento de un nuevo proyecto editorial hace que la situaci\u00f3n sea menos desesperada. El director del <em>New York Tribune<\/em>, Charles Dana, le invita a participar en la redacci\u00f3n de la enciclopedia <em>The New American Cyclopedia<\/em>. La necesidad de dinero le empuja a aceptar pero, para poder dedicar m\u00e1s tiempo a sus investigaciones, le conf\u00eda a Engels una buena parte de la tarea. En el reparto del trabajo entre los dos amigos, de julio de 1857 a noviembre de 1860, Engels redacta los art\u00edculos de car\u00e1cter militar \u2013 la mayor\u00eda de los previstos \u2013 mientras que Marx recopila varios bocetos biogr\u00e1ficos: aunque la remuneraci\u00f3n de solo dos d\u00f3lares por p\u00e1gina era muy baja, permite no obstante aliviar el desastroso presupuesto de Marx. Por eso Engels le invita a que le pida a Dana que le encargue el mayor n\u00famero posible de art\u00edculos: \u201cPodemos f\u00e1cilmente aportar tanto de esta s\u00f3lida ciencia que en compensaci\u00f3n bien podemos ganar un s\u00f3lido oro californiano\u201d13; al tiempo que Marx en la redacci\u00f3n de sus art\u00edculos, sigue el principio: \u201cser lo menos conciso posible, mientras podamos hacerlo sin cansarnos\u201d14.<\/p>\n<p>A pesar de todos estos esfuerzos, el estado de las finanzas no mejora nada en absoluto. Se hace incluso tan insostenible que, asaltado por unos acreedores que \u00e9l compara con \u201clobos fam\u00e9licos\u201d15\u00a0y falt\u00e1ndole hasta el carb\u00f3n para protegerse del fr\u00edo invernal, Marx comunica a Engels en enero de 1858: \u201cSi la situaci\u00f3n sigue as\u00ed, prefiero estar seis pies bajo tierra mejor que continuar vegetando de esta manera. Ser continuamente un genio para los otros y, m\u00e1s aun, estar constantemente atormentado por las m\u00e1s mezquinas miserias, a largo plazo es insostenible\u201d16. En estas circunstancias, reserva las reflexiones m\u00e1s amargas para la esfera afectiva: \u201cEn privado yo me digo que llevo la vida m\u00e1s agitada que se pueda imaginar. [\u2026] Para los que tienen aspiraciones m\u00e1s altas, no existe mayor estupidez que casarse y entregarse as\u00ed a los achaques de la vida dom\u00e9stica\u201d17.<\/p>\n<p>La pobreza no es el \u00fanico espectro que acosa a Marx. Durante este periodo, como durante gran parte de su existencia atormentada, sufre diferentes males. En marzo de 1857, el excesivo trabajo nocturno le causa una inflamaci\u00f3n en los ojos; en abril padece dolores dentales, mientras que en mayo sufre repetidamente ataques de h\u00edgado que intenta dominar \u201catiborr\u00e1ndose de medicamentos\u201d. Muy debilitado, incapaz de trabajar durante tres semanas, escribe a Engels: \u201cPara no perder todo el tiempo, he adquirido, a falta de otra cosa mejor, el dominio del dan\u00e9s\u201d; en cualquier caso \u201cseg\u00fan las promesas del m\u00e9dico, espero volver a ser un hombre la semana que viene. De momento, sigo amarillo como un membrillo y de muy mal humor\u201d18.<\/p>\n<p>Muy pronto, un acontecimiento bastante m\u00e1s grave iba a caer sobre la familia Marx. A principios de julio, Jenny da a luz a su \u00faltimo hijo, pero el beb\u00e9, muy fr\u00e1gil, muere inmediatamente despu\u00e9s del parto. Afectado por este nuevo duelo, Marx le suelta de golpe a Engels: \u201cEn s\u00ed, esta muerte no es una desgracia. Sin embargo [\u2026] las circunstancias que han provocado este final han sido de naturaleza a suscitar aquel otro recuerdo desgarrador [probablemente la muerte de Edgar (1847-1855), el otro hijo anteriormente perdido]. Es imposible hablar de esto por carta\u201d19. Engels, muy conmovido por estas palabras, responde: \u201cTienes que estar muy mal para expresarte as\u00ed. T\u00fa, t\u00fa s\u00ed puedes aceptar estoicamente la muerte del peque\u00f1o, pero tu mujer podr\u00e1 hacerlo m\u00e1s dif\u00edcilmente.\u201d20<\/p>\n<p>El escenario se complica\u00a0 a\u00fan m\u00e1s cuando Engels cae enfermo y, afectado por una fiebre glandular, no puede trabajar durante todo el verano. En ese momento, Marx conoce verdaderamente serias dificultades. Como los art\u00edculos de su amigo que ten\u00eda que enviar a la enciclopedia empiezan a fallar, simula, para ganar tiempo, que hab\u00eda enviado un paquete de manuscritos a Nueva York, pero que el correo los hab\u00eda extraviado. A pesar de lo cual, la presi\u00f3n a la que est\u00e1 sometido no cesa. Cuando los acontecimientos ligados a la revuelta de los Cipayos en India se agravan cada vez m\u00e1s, el <em>New York Tribune <\/em>espera el an\u00e1lisis de su experto, ignorando que los art\u00edculos tocantes a las cuestiones militares en realidad eran escritos por Engels. Marx, obligado por los acontecimientos a asegurar \u201cel \u00ednterin del ministerio de la Guerra\u201d21, aventur\u00f3 la tesis seg\u00fan la cual los ingleses deber\u00edan batirse en retirada al comienzo de la estaci\u00f3n de lluvias. Informa a Engels de su elecci\u00f3n de este modo: \u201cEs posible que yo d\u00e9 una mala impresi\u00f3n, pero siempre podr\u00e9 salir airoso con un poco de dial\u00e9ctica. Por supuesto que he formulado mis palabras con idea de estar en lo cierto, incluso en caso contrario.\u201d22. De todos modos Marx no subestima este conflicto y, reflexionando sobre los efectos inducidos por el mismo, declara: \u201cCon la sangr\u00eda de hombres y de lingotes que eso va a costar a los ingleses, India es nuestra mejor aliada\u201d23.<\/p>\n<p><strong>Durant<\/strong><strong>e la redacci\u00f3n de los Grundrisse<\/strong><\/p>\n<p>Miseria, problemas de salud y privaciones de todo tipo: los <em>Grundrisse <\/em>fueron escritos en este contexto tr\u00e1gico. No son el producto de investigaciones de un pensador acomodado, protegido por la tranquilidad burguesa, sino la obra de un autor que vive en condiciones muy dif\u00edciles y que, sostenido \u00fanicamente por la convicci\u00f3n de que su trabajo se ha hecho necesario en aquel momento ante el estado de avance de la crisis econ\u00f3mica, encuentra as\u00ed la fuerza de sacarlo adelante.<\/p>\n<p>Durante el oto\u00f1o de 1857, Engels sigue teniendo un discurso optimista sobre el curso de los acontecimientos: \u201cel <em>crack <\/em>americano es enorme y va a durar mucho tiempo. [\u2026] El comercio est\u00e1 de nuevo por tierra por tres o cuatro a\u00f1os, ahora tenemos una posibilidad\u201d24; y contin\u00faa dando \u00e1nimos a Marx: \u201cen 1848 dec\u00edamos: ha llegado nuestra hora, y en cierto sentido s\u00ed hab\u00eda llegado, pero ahora va en serio, en adelante se trata ya de vida o muerte\u201d25. Por otra parte, sin albergar duda alguna sobre el estallido de la revoluci\u00f3n, los dos amigos desean que no estalle antes de que toda Europa est\u00e9 contaminada por la crisis y los votos por \u2018el a\u00f1o del tumulto\u201926 fueron trasladados a 1858. Como demuestra una carta de Jenny von Westphalen al amigo de la familia Conrad Schramme, el hundimiento general produjo efectos positivos en Marx: \u201cImag\u00ednese usted lo euf\u00f3rico que est\u00e1 el Moro*. Su capacidad y su facilidad para el trabajo de antes han vuelto y por ende el buen humor y la serenidad de esp\u00edritu\u201d27.<\/p>\n<p>Efectivamente, Marx emprende un periodo de intensa actividad intelectual entre los art\u00edculos para el <em>New York Tribune<\/em>, el trabajo para <em>The New American Cyclopedia<\/em>, el proyecto, inacabado, de escribir un panfleto sobre la crisis en curso y, por supuesto, los <em>Grundrisse<\/em>. Pero los esfuerzos emprendidos se tornan excesivos incluso para sus renovadas fuerzas y la ayuda de Engels se hace de nuevo indispensable. A principios de 1858, una vez \u00e9ste restablecido de su enfermedad, Marx le pide que vuelva a escribir los art\u00edculos para la Enciclopedia: \u201cA veces pienso que si pudieras enviar cada dos d\u00edas peque\u00f1os trozos, podr\u00eda servir tal vez de freno a las francachelas que, conociendo como conozco Manchester y para los malos tiempos que corren, me parecen inevitables y no te vienen nada bien [\u2026] porque yo tengo que terminar como sea los otros trabajos que me llevan todo el tiempo. \u00a1Que me caiga la casa encima si miento!\u201d28<\/p>\n<p>Engels acepta la en\u00e9rgica exhortaci\u00f3n de Marx y le informa de que, despu\u00e9s de las vacaciones, \u201csiente la necesidad de una vida m\u00e1s tranquila y activa\u201d29. Pero el principal problema de Marx, es siempre la falta de tiempo. Recurrentemente se queja de ello a su amigo: \u201cCada vez que estoy en el [British] <em>Museum<\/em> [que por entonces albergaba tambi\u00e9n la Biblioteca Nacional], tengo tal mont\u00f3n de cosas que controlar que la hora de cierre (a partir de ahora s\u00f3lo dan cuatro horas) se me echa encima antes de poder echar una ojeada. Despu\u00e9s, el trayecto de vuelta. As\u00ed es como se pierde tanto tiempo.\u201d30. A los problemas pr\u00e1cticos se a\u00f1aden los de naturaleza te\u00f3rica: \u201cEstoy [\u2026] desgraciadamente atado por errores en c\u00e1lculo, a tal punto que, desesperado, me puse de nuevo a estudiar \u00e1lgebra. La aritm\u00e9tica siempre me ha resultado extra\u00f1a pero, gracias al \u00e1lgebra, me vuelvo a poner en pie\u201d31. En fin, que la redacci\u00f3n de los <em>Grundrisse <\/em>se retrasa debido a los escr\u00fapulos que le impone tener que buscar continuamente nuevas pruebas que den validez a sus tesis. En febrero presenta a Ferdinand Lasalle el estado de sus investigaciones de este modo: \u201cTe quiero decir c\u00f3mo voy con la econom\u00eda. El trabajo ya lo tengo redactado. Efectivamente, desde hace unos meses ya tengo el texto definitivo en mis manos. Pero las cosas toman su tiempo ya que hay temas que durante muchos a\u00f1os han sido objeto principal de las pertinentes investigaciones y que, cuando llegas al momento de arreglar cuentas con ellos, muestran constantemente nuevos aspectos y exigen nuevas reflexiones\u201d.<\/p>\n<p>En la misma carta, Marx se queja, una vez m\u00e1s, de las condiciones a las que est\u00e1 condenado. Obligado a emplear una gran parte de su jornada a redactar art\u00edculos period\u00edsticos, afirma: \u201cYo no soy ya el amo sino el esclavo de mi tiempo. No me queda ya m\u00e1s que la noche y, muy a menudo, ataques y reca\u00eddas de mi mal de h\u00edgado perturban tambi\u00e9n estos trabajos nocturnos\u201d32. Efectivamente, la enfermedad vuelve a golpearle violentamente. En enero de 1858 previene a Engels de que va a cuidarse durante tres semanas: \u201cAbus\u00e9 demasiado del trabajo de noche, en realidad manteni\u00e9ndome a base de limonadas, por un lado, y de inmensas cantidades de tabaco, por otro\u201d33. En marzo, \u201ctiene de nuevo problemas\u201d con su h\u00edgado: \u201cEl trabajo nocturno continuado y las innumerables peque\u00f1as preocupaciones durante el d\u00eda, debidas a mi situaci\u00f3n financiera y dom\u00e9stica, me arrastran muy a menudo, estos \u00faltimos tiempos, a continuas reca\u00eddas\u201d34. En abril, de nuevo declara: \u201cMe encuentro tan mal a causa de mi problema de bilis, que esta semana no he podido ni pensar, ni leer, ni escribir, ni hacer nada salvo los art\u00edculos para el Tribune. Por supuesto, no puedo dejarlos porque, en lo que pueda, tengo que cumplir con mis deudas para evitar la ruina\u201d35.<\/p>\n<p>Durante todo este tiempo, Marx ha renunciado completamente a sus relaciones pol\u00edticas organizadas y a las relaciones privadas: a los pocos amigos que le quedan les cuenta que vive \u201ccomo un ermita\u00f1o\u201d36, o que \u201clas pocas amistades que tengo las veo raramente lo que, a fin de cuentas, no es una gran p\u00e9rdida\u201d37. Lo que estimula sus esperanzas y le empuja a proseguir en su trabajo es, aparte los \u00e1nimos continuos de Engels, la recesi\u00f3n econ\u00f3mica y su difusi\u00f3n a escala mundial: \u201cAl fin y al cabo, la crisis ha horadado como un viejo topo\u201d38. La correspondencia con Engels manifiesta los entusiasmos suscitados por el desarrollo de los acontecimientos. En enero, despu\u00e9s de haber le\u00eddo en el <em>M<\/em><em>anchester Guardian <\/em>las noticias llegadas de Par\u00eds, exclama: \u201cParece que todo va mejor de lo esperado\u201d39, y a finales de marzo, comentando la evoluci\u00f3n de los hechos, a\u00f1ade: \u201cEn Francia el caos progresa de lo mejor del mundo. Es poco probable que la calma dure m\u00e1s all\u00e1 del verano\u201d40. Y es que unos meses antes hab\u00eda afirmado con pesimismo: \u201cDespu\u00e9s de las experiencias de estos \u00faltimos a\u00f1os, el desprecio por las masas como por los individuos debe de haberse enraizado en todo ser pensante de manera que el <em>odi profanum vulgus et arceo <\/em>ha llegado a ser una regla de vida casi impuesta. A pesar de ello, se trata de estados de \u00e1nimo de filisteos, que ser\u00e1n barridos a la primera tempestad\u201d41; sin embargo en mayo sostiene con satisfacci\u00f3n: \u201cEn su conjunto, este tiempo es agradable. Parece que la historia est\u00e1 tomando un nuevo empuje y los signos de la disoluci\u00f3n completa son deliciosos para cualquier esp\u00edritu poco inclinado a la conservaci\u00f3n del actual estado de cosas\u201d42.<\/p>\n<p>Engels no le va a la zaga a su amigo en el entusiasmo. Cuenta, con gran fervor, a Marx que el d\u00eda de la ejecuci\u00f3n de Felice Orsini, el dem\u00f3crata italiano autor del atentado fallido contra Napole\u00f3n III, se produjo en Par\u00eds una gran manifestaci\u00f3n obrera de protesta: \u201cEn tanto que se aproxima la gran convulsi\u00f3n, es hermoso acudir a una llamada de este g\u00e9nero y o\u00edr a centenares de miles de hombres responder: \u00a1presente!\u201d43. Adem\u00e1s en funci\u00f3n de los posibles desarrollos revolucionarios, estudia la importancia num\u00e9rica de las tropas francesas y advierte a Marx que, para vencer, ser\u00e1 necesario formar sociedades secretas en el ej\u00e9rcito o bien, que har\u00e1 falta, como en 1848, una toma de posici\u00f3n antibonapartista de la burgues\u00eda. Finalmente predice que la secesi\u00f3n de Hungr\u00eda y de Italia, as\u00ed como las insurrecciones eslavas, golpear\u00e1n duramente a Austria, viejo basti\u00f3n reaccionario, a lo que se a\u00f1adir\u00e1 un contragolpe generalizado de la crisis en todas las grandes ciudades y regiones industriales. En suma, que est\u00e1 convencido de que \u201cdespu\u00e9s de la crisis habr\u00e1 una convulsi\u00f3n violenta\u201d44. Guiado por este optimismo, Engels retoma sus ejercicios de equitaci\u00f3n, pero esta vez con un objetivo suplementario; efectivamente, escribe a Marx: \u201cAyer salt\u00e9 con mi caballo un terrapl\u00e9n y una valla de cinco pies y unas pulgadas: el salto m\u00e1s grande de mi vida [\u2026] Cuando volvamos a Alemania ya tenemos algo que demostrar a la caballer\u00eda prusiana. Les va a ser dif\u00edcil a esos caballeros seguirme\u201d45. Marx le responde con unas felicitaciones ir\u00f3nicas: \u201cBravo por tus proezas ecuestres. Pero cuidado no hagas saltos demasiado peligrosos, porque vas a tener pronto una ocasi\u00f3n m\u00e1s importante para romperte el cuello. No creo que sea la equitaci\u00f3n la especialidad en la que t\u00fa seas m\u00e1s necesario en Alemania\u201d46.<\/p>\n<p>La vida de Marx se complica. En marzo, Lasalle le comunica que el editor Franz Duncker de Berl\u00edn ha aceptado publicar la obra en fasc\u00edculos pero, parad\u00f3jicamente, esta buena noticia se transforma en un nuevo factor desestabilizador. Una nueva fuente de fastidios se a\u00f1ade a otra: la ansiedad. Como informa el en\u00e9simo informe m\u00e9dico dirigido a Engels, escrito en esta ocasi\u00f3n por Jenny von Westphalen: \u201cLa bilis y el h\u00edgado le causan nuevos problemas [\u2026]. La inquietud moral y la agitaci\u00f3n contribuyen en mucho a la degradaci\u00f3n de su estado. Despu\u00e9s de firmar el contrato con el editor, esta agitaci\u00f3n se vuelve por supuesto cada vez m\u00e1s fuerte y crece de d\u00eda en d\u00eda, porque cada vez tiene m\u00e1s dificultad para terminar su trabajo\u201d47.<\/p>\n<p>Durante todo el mes de abril, Marx sufre el ataque de h\u00edgado m\u00e1s violento que jam\u00e1s ha tenido y no puede trabajar. S\u00f3lo se centra en los art\u00edculos que tiene que enviar al <em>New York Tribune<\/em>, indispensables para sobrevivir, y est\u00e1 obligado, por a\u00f1adidura, a dictarlos a su mujer que se presta \u201ccomo secretaria\u201d48. Cuando logra volver a tomar la pluma, informa a Engels que la causa de su silencio se deb\u00eda simplemente a su \u201cincapacidad para escribir\u201d, que se manifiesta \u201cno s\u00f3lo en sentido literario, sino en sentido literal de la palabra\u201d. Y a\u00f1ade que \u201cla angustia continua de ponerse a trabajar e, inmediatamente, de nuevo la incapacidad de hacerlo, han contribuido a agravar el mal\u201d. Su estado de todos modos es cr\u00edtico: \u201cNo estoy en disposici\u00f3n de trabajar. Si me pongo a escribir durante dos horas, tengo que meterme en la cama durante dos d\u00edas muerto de dolor. Espero, por todos los diablos, que esta situaci\u00f3n termine en dos semanas. No ha podido caerme en peor momento. Evidentemente, durante el invierno, abus\u00e9 en mi trabajo de noche. <em>Hinc illae lacrimae<\/em>\u201d49.<\/p>\n<p>Intenta entonces rebelarse contra la enfermedad, pero despu\u00e9s de haber tomado grandes dosis de medicaci\u00f3n, y sin haber experimentado la m\u00ednima mejor\u00eda, vuelve al m\u00e9dico y \u00e9ste le prescribe un cambio de aires durante una semana y \u201cdejar durante un tiempo el trabajo intelectual\u201d50. Decide entonces reunirse con Engels anunci\u00e1ndole: \u201ccolgu\u00e9 mi deber\u201d51. Por supuesto que, acto seguido, durante los veinte d\u00edas que pas\u00f3 en Manchester, retoma la redacci\u00f3n del \u201cCap\u00edtulo sobre el capital\u201d y escribe las \u00faltimas p\u00e1ginas de los <em>Grundrisse<\/em>.<\/p>\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n<p>1 Karl Marx, La burgues\u00eda y la contrarrevoluci\u00f3n<\/p>\n<p>2 Jenny Marx, Umrisse eines bewegten Lebens. Seg\u00fan la esposa de Marx, este cambio se hizo absolutamente necesario \u201cya que todos se iban haciendo filisteos, nosotros ya no pod\u00edamos vivir como bohemios\u201d<\/p>\n<p>3 Marx a Engels, 26\/09\/1856<\/p>\n<p>4 Engels a Marx, despu\u00e9s del 26\/09\/1856<\/p>\n<p>5 Marx a Engels, 20\/01\/1857<\/p>\n<p>6 Marx a Engels, 2\/04\/1858<\/p>\n<p>7 Marx a Engels, 18\/03\/1857<\/p>\n<p>8 Marx a Engels, 23\/01\/1857<\/p>\n<p>9 Marx a Weydemeyer, 1\/02\/1859<\/p>\n<p>10 Marx a Engels, 31\/10\/1857<\/p>\n<p>11 Marx a Engels, 8\/12\/1857<\/p>\n<p>12 Marx a Engels, 13\/11\/1857<\/p>\n<p>13 Marx a Engels, 22\/04\/1857<\/p>\n<p>14 Marx a Engels, 22\/02\/1858. Aunque contienen algunas reflexiones interesantes, los art\u00edculos para la Enciclopedia fueron rechazados por Engels como \u201ctrabajos puramente alimentarios [\u2026] que se pueden enterrar sin remordimientos\u201d; carta de Engels a Hermenn Schl\u00fcter de 28\/01\/1891<\/p>\n<p>15 Marx a Engels, 8\/12\/1857<\/p>\n<p>16 Marx a Engels, 28\/01\/1858<\/p>\n<p>17 Marx a Engels, 22\/02\/1858<\/p>\n<p>18 Marx a Engels, 22\/05\/1857<\/p>\n<p>19 Marx a Engels, 18\/07\/1857<\/p>\n<p>20 Engels a Marx, 11\/07\/1857<\/p>\n<p>21 Marx a Engels, 14\/01\/1858<\/p>\n<p>22 Marx a Engels, 15\/08\/1857<\/p>\n<p>23 Marx a Engels, 14\/01\/1858<\/p>\n<p>24 Engels a Marx, 29\/10\/1857<\/p>\n<p>25 Engels a Marx, 15\/11\/1857<\/p>\n<p>26 Engels a Marx, 31\/12\/1857<\/p>\n<p>27 Jenny Marx a Schramme, 8\/12\/1857. [*\u2018Moro\u2019: Sus hijas lo consideraban un amigo y lo trataban como un compa\u00f1ero; no lo llamaban \u00abpadre\u00bb sino \u00abMohr\u00bb (\u2018moro\u2019 en alem\u00e1n) debido a su tez morena y su cabello y barbas negros como el azabache. N.delT.]<\/p>\n<p>28 Marx a Engels, 5\/01\/1858<\/p>\n<p>29 Engels a Marx, 6\/01\/1858<\/p>\n<p>30 Marx a Engels, 1\/02\/1858<\/p>\n<p>31 Marx a Engels, 11\/01\/1858<\/p>\n<p>32 Marx a Lasalle, 22\/02\/1858<\/p>\n<p>33 Marx a Engels, 14\/01\/1858<\/p>\n<p>34 Marx a Engels, 29\/03\/1858<\/p>\n<p>35 Marx a Engels, 2\/04\/1858<\/p>\n<p>36 Marx a Lasalle, 21\/12\/1857<\/p>\n<p>37 Marx a Schramm, 8\/12\/1857<\/p>\n<p>38 Marx a Engels, 22\/02\/1858<\/p>\n<p>39 Marx a Engels, 23\/01\/1858<\/p>\n<p>40 Marx a Engels, 29\/03\/1858<\/p>\n<p>41 Marx a Lasalle, 22\/02\/1858. La cita \u201codio al vulgo ignorante y me protejo de \u00e9l\u201d es del poeta latino Horacio; Odas, libro III, 1.<\/p>\n<p>42 Marx a Lasalle, 31\/05\/1858<\/p>\n<p>43 Marx a Engels, 17\/03\/1858<\/p>\n<p>44 Engels a Marx, 17\/03\/1858<\/p>\n<p>45 Engels a Marx, 11\/02\/1858<\/p>\n<p>46 Marx a Engels, 14\/02\/1858<\/p>\n<p>47 Jenny Marx a Engels, 9\/04\/1858<\/p>\n<p>48 Marx a Engels, 23\/04\/1857<\/p>\n<p>49 Marx a Engels, 29\/04\/1858. La cita \u2018de ah\u00ed estas l\u00e1grimas\u2019 es de la obra Andrya (166 a. C.), acto I, escena 1, del dramaturgo latino Terencio<\/p>\n<p>50 Marx a Lasalle, 31\/05\/1858<\/p>\n<p>51 Marx a Engels, 1\/05\/1858<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marx, la crisis y los Grundrisse Presentamos a continuaci\u00f3n, como parte de la celebraci\u00f3n de los 200 a\u00f1os del nacimiento de Marx, un texto muy educativo de Marcello Musto, donde da cuenta de las vicisitudes de la vida personal e intelectual del gran pensador alem\u00e1n durante fines de la d\u00e9cada de 1850 y principios de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":11091,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1368],"tags":[1814],"class_list":{"0":"post-11660","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-historia-y-teoria","8":"tag-edicion-132"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.6 - 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