{"id":5012,"date":"2015-05-24T13:34:32","date_gmt":"2015-05-24T16:34:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=5012"},"modified":"2019-11-19T23:07:58","modified_gmt":"2019-11-20T02:07:58","slug":"la-tarea-del-rescate-de-la-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=5012","title":{"rendered":"La tarea del rescate de la revoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h1>Siglo XX y dial\u00e9ctica hist\u00f3rica<\/h1>\n<p><strong><span style=\"font-size: 14pt;\"><a href=\"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/12-Siglo-XX.pdf\">Ver en .pdf<\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<p>* Con la colaboraci\u00f3n en el ordenamiento de los textos de Eric Simmoneti<\/p>\n<p><em>\u201cEl escepticismo, aunque es muy natural, conduce, sin embargo, a una conclusi\u00f3n err\u00f3nea, pues deja de lado la buena voluntad de la Historia, as\u00ed como otras veces nos hemos inclinado a ignorar su mala voluntad, la cual se ha demostrado tan cruelmente ahora con el destino que le ha cabido a la internacional\u201d<\/em> (Le\u00f3n Trotsky, <em>La guerra y la Internacional<\/em>).<\/p>\n<p><strong>Introducci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>El texto que estamos presentando es una edici\u00f3n de una serie de art\u00edculos realizados el a\u00f1o pasado a prop\u00f3sito de la necesidad de volver a proponer la historia del siglo XX para la recuperaci\u00f3n de la conciencia hist\u00f3rica de las nuevas generaciones. Ocurre que el pasaje de un siglo a otro marc\u00f3 un quiebre respecto de la continuidad de la experiencia de los explotados y oprimidos, sometidos al discurso de que lo que existe es lo \u00fanico posible y s\u00f3lo queda adaptarse a las actuales condiciones de vida bajo el capitalismo.<\/p>\n<p>Si esto es lo que ocurre entre los trabajadores en general, se puede decir que entre las nuevas generaciones militantes se vive una suerte de cretinismo hist\u00f3rico en el sentido que no se conoce, realmente, la historia del siglo XX. No se sabe que esa \u201cera de los extremos\u201d, sobre todo en su primera mitad, <em>fue la \u00e9poca de las m\u00e1s grandes revoluciones (y contrarrevoluciones) en la historia de la humanidad<\/em>, una experiencia de la cual se deben sacar conclusiones estrat\u00e9gicas. El propio marxismo revolucionario debe adecuar sus concepciones a la luz de esa experiencia, que mostr\u00f3 que el curso hist\u00f3rico no es mec\u00e1nico ni lineal; que no hay nada autom\u00e1tico que nos pueda conducir al socialismo.<\/p>\n<p>Nuestra corriente internacional viene insistiendo desde su fundaci\u00f3n en las dram\u00e1ticas inercias causadas por el abordaje unilateral del marxismo en la segunda posguerra; m\u00e1s precisamente, hemos criticado la idea de que era posible la transici\u00f3n al socialismo sin que la clase obrera estuviera al frente del poder.<\/p>\n<p>El siglo XX ha sido una desmentida radical de esto; es m\u00e1s, en condiciones de una \u00e9poca revolucionaria, cada derrota de la clase obrera dio lugar a inmensos fen\u00f3menos contrarrevolucionarios como el nazismo y el stalinismo. Las interpretaciones liberales a la moda, que clasifica bajo el t\u00e9rmino com\u00fan de \u201ctotalitarismo\u201d toda la experiencia del siglo pasado no son m\u00e1s que una ideolog\u00eda interesada que busca sacar del horizonte hist\u00f3rico toda perspectiva emancipatoria.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n del pensamiento del marxismo revolucionario debe hacerse en este nuevo siglo sobre la base de una mirada estrat\u00e9gica de la experiencia del siglo XX, reubicando en el centro de su apuesta hist\u00f3rica una <em>transformaci\u00f3n social comandada por la clase obrera<\/em>; tarea para la cual es m\u00e1s imprescindible que nunca la construcci\u00f3n de nuestros partidos revolucionarios.<\/p>\n<p>Al servicio de esta tarea se plantea, entonces, el presente texto, con la pretensi\u00f3n de ser un aporte a la formaci\u00f3n marxista de las nuevas generaciones militantes.<\/p>\n<ol>\n<li><strong> La Primera Guerra Mundial como momento fundador de una \u00e9poca revolucionaria <\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El a\u00f1o pasado se cumpli\u00f3 un siglo desde el inicio de la Primera Guerra Mundial. El 28 de julio de 1914, con la declaraci\u00f3n de guerra del imperio Austro-h\u00fangaro a Serbia, daba comienzo la primera gran conflagraci\u00f3n de la era capitalista: \u201cEl primer acto de \u2018guerra total\u2019 en la era democr\u00e1tica y en la sociedad de masas fue la Gran Guerra, en la cual murieron 13 millones de personas. Fue el hecho fundador del siglo XX\u201d (Traverso 2003: 77).<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, entonces, que muchos analistas se interroguen acerca de la situaci\u00f3n del mundo en este aniversario. M\u00e1s a\u00fan cuando el panorama internacional est\u00e1 cruzado por rebeliones y conflictos incluso militares crecientes. La \u201cRevoluci\u00f3n de los Paraguas\u201d en Hong Kong fue uno de los acontecimientos m\u00e1s rutilantes del a\u00f1o pasado, pero se puede agregar el refer\u00e9ndum por la independencia en Escocia, la guerra civil en Ucrania, las luchas fratricidas y la intervenci\u00f3n militar imperialista en Siria e Irak, as\u00ed como otros conflictos que plantean entre signos de pregunta la estabilidad mundial.<\/p>\n<p>El cent\u00e9simo aniversario de la primera guerra opera, as\u00ed, como catalizador de una inquietud creciente acerca de la estabilidad del mundo actual, hoy cuestionada cuando la in\u00e9dita <em>pax americana<\/em> que se vivi\u00f3 en las \u00faltimas d\u00e9cadas se erosiona a ojos vista. Se vive una lenta desintegraci\u00f3n del viejo orden mundial sin que se sepa qu\u00e9 vendr\u00e1 a reemplazarlo.<\/p>\n<p><strong>1.1 De ayer a hoy <\/strong><\/p>\n<p>Con la I Guerra Mundial acontec\u00eda no solamente una guerra in\u00e9dita por su car\u00e1cter y magnitud: comenzaba una \u00e9poca de crisis, guerras y revoluciones con el capitalismo puesto en cuesti\u00f3n a lo largo de varias d\u00e9cadas. La guerra fue seguida por la revoluci\u00f3n. Al arrancar de sus casas a la flor y nata de las j\u00f3venes generaciones, al segar la vida de millones, al sumarlos al tumulto de la conflagraci\u00f3n, a su destrucci\u00f3n, a sus traumatismos, al repudio por los poderes constituidos que los enviaron a tal carnicer\u00eda, no pod\u00eda m\u00e1s que introducir una enorme convulsi\u00f3n en todo el cuerpo social (ver al respecto <em>La Gran Guerra 1914-1918<\/em>, de Marc Ferro).<\/p>\n<p>Al finalizar la guerra, el fuego de la revoluci\u00f3n se expand\u00eda por toda Rusia, llevando al poder a la clase obrera y alcanzando vastas porciones de Europa (en primer lugar, Alemania), Asia y otros rincones del planeta, en lo que nos detendremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Luego de una primera oleada revolucionaria, el capitalismo pareci\u00f3 estabilizarse. Pero la ilusi\u00f3n durar\u00eda poco. A finales de 1929 comenzaba la crisis econ\u00f3mica m\u00e1s dram\u00e1tica del sistema: la <em>Gran Depresi\u00f3n<\/em>. Fueron m\u00e1s de diez a\u00f1os de crisis continua (con sus alzas y bajas coyunturales), de la cual no se pudo salir por el expediente del mero mecanismo econ\u00f3mico: hizo falta una segunda guerra, con 50 millones de muertos, la producci\u00f3n en masa para la industria militar y la destrucci\u00f3n del capital acumulado para que el capitalismo levantara nuevamente cabeza.<\/p>\n<p>A la salida de esta nueva conflagraci\u00f3n mundial, EE.UU. lograba resolver el problema de la hegemon\u00eda imperialista que no se hab\u00eda solucionado con la primera. El estancamiento de las trincheras en el frente occidental reflej\u00f3 que la relaci\u00f3n de fuerzas entre potencias industrializadas era demasiado pareja; la ex URSS aparec\u00eda como el pa\u00eds heroico de la resistencia contra el nazismo (y como la alternativa al capitalismo). Sin embargo, el dram\u00e1tico costo de 26 millones de muertos que sufri\u00f3 (hubieran sido muchos menos de no mediar la gesti\u00f3n burocr\u00e1tica del stalinismo; ver al respecto nuestro trabajo \u201cCausas y consecuencias del triunfo de la URSS sobre el nazismo\u201d) dejaron al pa\u00eds hist\u00f3ricamente hipotecado: nunca logr\u00f3 recuperarse del todo de la guerra. Un criterio que se establece, sencillamente, viendo la evoluci\u00f3n poblacional del pa\u00eds afectada ya en los a\u00f1os 30 por la hambruna en Ucrania y las purgas stalinistas.<\/p>\n<p>El mundo pareci\u00f3 estar dominado por un orden bipolar. En el fondo, la potencia hegem\u00f3nica era s\u00f3lo una: EE.UU. Los acuerdos firmados en Yalta y Potsdam entre los Aliados (EE.UU., la ex URSS e Inglaterra) son observados hoy con envidia por m\u00e1s de una canciller\u00eda imperialista debido a la estabilidad (relativa) que le otorgaron a los asuntos internacionales. Lo anterior no quita que las d\u00e9cadas posteriores a la segunda guerra no hayan estado marcadas por agudos conflictos entre ambos bloques, como el puente a\u00e9reo sobre Berl\u00edn (1949), la construcci\u00f3n del Muro de Berl\u00edn (1961), la crisis de los misiles en Cuba (1962), por marcar s\u00f3lo algunas de las m\u00e1s agudas.<\/p>\n<p>Bajo el cors\u00e9 de estos acuerdos la revoluci\u00f3n se desplaz\u00f3 a la periferia del sistema, ocurriendo la m\u00e1s grande en China (1949), que llev\u00f3 la expropiaci\u00f3n del capitalismo a un tercio del globo. Pero el capitalismo qued\u00f3 estabilizado en el centro del mundo, dando lugar as\u00ed a tres d\u00e9cadas de in\u00e9dito crecimiento econ\u00f3mico: los \u201cTreinta Gloriosos\u201d. En esta estabilizaci\u00f3n, el stalinismo cumpli\u00f3 un rol de primer orden, entregando las situaciones revolucionarias que se desencadenaron sobre el final de la guerra en Grecia (donde el Partido Comunista controlaba el 90% del pa\u00eds y cedi\u00f3 el poder a la burgues\u00eda por imposici\u00f3n de Stalin), Italia y Francia.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n econ\u00f3micamente plet\u00f3rica se agotar\u00eda andando las d\u00e9cadas. Con la llegada de los a\u00f1os 70 se vivir\u00eda una nueva crisis econ\u00f3mica mundial, la segunda m\u00e1s grave del siglo pasado. Tuvo lugar acompa\u00f1ada de un ascenso de las luchas obreras y estudiantiles representadas por el Mayo franc\u00e9s: una oleada que barri\u00f3 Europa occidental, Latinoam\u00e9rica y el sudeste asi\u00e1tico, sin olvidar los levantamientos antiburocr\u00e1ticos en Berl\u00edn (1953), Hungr\u00eda (1956), Checoslovaquia (1968), Polonia (1980) y m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>La crisis y esta oleada de luchas caracterizaron los a\u00f1os 70 hasta que a finales de esa d\u00e9cada comenz\u00f3 a ense\u00f1orearse el neoliberalismo. Esto ocurri\u00f3 a partir de dram\u00e1ticas derrotas de los trabajadores en Inglaterra bajo la Thatcher, en EE.UU. bajo Reagan, y en el Cono Sur latinoamericano bajo las dictaduras militares, entre otros procesos.<\/p>\n<p>La culminaci\u00f3n de esta contraofensiva de reafirmaci\u00f3n capitalista fue la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn. El sistema lograba recuperar la explotaci\u00f3n directa en el tercio del globo donde hab\u00eda sido expropiado; tambi\u00e9n reforzar las relaciones de dependencia y semicolonizaci\u00f3n en el mundo emergente, al tiempo que impon\u00eda un deterioro duradero en las condiciones de explotaci\u00f3n de los trabajadores. Se acababa el pleno empleo y la precarizaci\u00f3n laboral pasaba a ser la condici\u00f3n com\u00fan de existencia de las nuevas generaciones.<\/p>\n<p>Con el neoliberalismo y la ca\u00edda de la ex URSS vino la afirmaci\u00f3n del \u201cmundo unipolar\u201d: el dominio no cuestionado de los Estados Unidos en los a\u00f1os 90. Tambi\u00e9n la extensi\u00f3n <em>urbi et orbi<\/em> de la democracia burguesa \u2013con sus elementos contradictorios como el car\u00e1cter de conquistas populares de las libertades democr\u00e1ticas- como instancia universal de mediaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En el terreno de las relaciones entre los estados se abr\u00eda un per\u00edodo marcado por una estabilizaci\u00f3n reaccionaria de las relaciones entre las clases, la hegemon\u00eda global de los EE.UU., as\u00ed como una ola de legitimaci\u00f3n del capitalismo a partir de la \u201cmuerte\u201d de su oponente \u201csocialista\u201d. El corolario intelectual de este per\u00edodo era la idea de un fil\u00f3sofo del Departamento de Estado yanqui, Francis Fukuyama, de que \u201cla historia hab\u00eda terminado\u201d y, con ella, el socialismo, la clase obrera, toda perspectiva emancipatoria.<\/p>\n<p>Pero el sue\u00f1o de un \u201ccapitalismo eterno\u201d dur\u00f3 poco. Andando d\u00e9cada y media del nuevo siglo, el sistema aparece minado en varios puntos y se abre una sensaci\u00f3n general de incertidumbre acerca del futuro: la crisis econ\u00f3mica mundial, la crisis del \u201corden geopol\u00edtico\u201d y la continuidad de un ciclo de rebeliones populares que, con sus alzas y bajas, muestra el retorno de las grandes masas a la liza pol\u00edtica, son algunos de los factores que minan esa estabilidad, am\u00e9n de los conflictos abiertamente militares en puntos sensibles del globo, como el caso de Ucrania.<\/p>\n<p><strong>1.2 La estabilidad amenazada<\/strong><\/p>\n<p>Arranquemos por la econom\u00eda. Mucho se ha escrito a prop\u00f3sito de c\u00f3mo definir el evento que vive la econom\u00eda mundial. Se trata de una crisis persistente que amenaza convertirse en un per\u00edodo de bajo crecimiento: un estancamiento secular.<\/p>\n<p>Pa\u00fal Krugman hab\u00eda definido la crisis como una \u201cGran Recesi\u00f3n\u201d. Pero vista su larga duraci\u00f3n, sumado a que expresa un baj\u00f3n tenaz en la din\u00e1mica del crecimiento econ\u00f3mico mundial, quiz\u00e1 la mejor manera de caracterizarla sea como una \u201cPeque\u00f1a Depresi\u00f3n\u201d para diferenciarla de la Gran Depresi\u00f3n de los a\u00f1os 30 del siglo pasado, m\u00e1s grave que la actual.<\/p>\n<p>Es verdad que como contrapeso ha estado el extraordinario crecimiento de China (y el \u201cmundo emergente\u201d). Pero aqu\u00ed hay un matiz, ya que China viene reduciendo sus \u00edndices de crecimiento del incre\u00edble 12% anual de a\u00f1os atr\u00e1s al m\u00e1s modesto 7% actual. Esto presiona a la baja en los precios de las materias primas, deprimiendo la tendencia del crecimiento de los pa\u00edses emergentes en la \u00faltima d\u00e9cada y acabando con el ciclo de precios altos de commodities.<\/p>\n<p>La crisis econ\u00f3mica del capitalismo no solamente ha mellado su dinamismo; tambi\u00e9n plantea un gran signo de interrogaci\u00f3n acerca de su legitimidad como generador de expectativas de progreso. Por la sencilla raz\u00f3n de que la joven generaci\u00f3n ve sus perspectivas de vida <em>peores<\/em> que las de sus padres y abuelos.<\/p>\n<p>Sin embargo, las novedades m\u00e1s rutilantes se vienen ubicando \u00faltimamente en el campo geopol\u00edtico. Se vive un declive relativo de la hegemon\u00eda norteamericana. Este debilitamiento tiene sus ra\u00edces en el terreno econ\u00f3mico (Estados Unidos ya no representa el 50% del producto mundial como lo hac\u00eda a la salida de la segunda guerra, sino algo en torno al 20%) y se eleva al plano geopol\u00edtico. El sheriff del mundo no tiene capacidad para resolver por s\u00ed solo los problemas del mundo. La situaci\u00f3n del globo semeja as\u00ed la de un hormiguero que alguien ha pateado con las hormigas saliendo disparadas sin que nadie les ponga orden ni concierto.<\/p>\n<p><em>El desaf\u00edo hegem\u00f3nico que en los hechos plantea China es el principal asunto geopol\u00edtico mundial<\/em>, aunque la agenda geopol\u00edtica se haya enriquecido y llenado de otros actores en los \u00faltimos a\u00f1os: desde Rusia, que bajo Putin le puso un freno al proceso de semicolonizaci\u00f3n que se anunciaba en los a\u00f1os 90, pasando por pa\u00edses con arsenales at\u00f3micos como Pakist\u00e1n e India, o mismo Alemania que es la patrona en la UE y varias otras potencias emergentes regionales.<\/p>\n<p>Esto plantea una serie de problemas de definici\u00f3n. Hay sectores de la izquierda que creen ver en el ascenso de China el de una \u201cpotencia benigna\u201d que vendr\u00eda a \u201cemancipar a los pueblos\u201d (postura defendida por el ge\u00f3grafo marxista Giovanni Arrighi en su <em>Adam Smith en Pek\u00edn<\/em>). Nada m\u00e1s alejado de la realidad. China, una sociedad devenida en capitalista de Estado por un curso completamente parad\u00f3jico que no podemos explicar aqu\u00ed, tiende a moverse en la arena internacional como una suerte de \u201cimperialismo en construcci\u00f3n\u201d.1 Si hace alguna concesi\u00f3n es en aras de ese desarrollo: sus patrones de relacionamiento, la matriz de sus inversiones e intercambio en el terreno del comercio internacional son similares a los del resto de los imperialismos.<\/p>\n<p>Es verdad que China no logra a\u00fan autonom\u00eda en materia de investigaci\u00f3n y desarrollo, y hay que ver si puede convertirse en un imperialismo \u201ctradicional\u201d o no. Esto depender\u00e1 de muchas circunstancias, en primer lugar, del mantenimiento de su relativamente fr\u00e1gil estabilidad social interna; ver la rebeli\u00f3n juvenil masiva que se vivi\u00f3 el a\u00f1o pasado en Hong Kong a prop\u00f3sito del derecho al voto universal, libre y soberano en la isla.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 de esto, es evidente que el orden geopol\u00edtico internacional est\u00e1 mutando y que en la experiencia del capitalismo estas mutaciones nunca fueron pac\u00edficas<em>. <\/em>Esta situaci\u00f3n es la que repropone el fantasma de las guerras y conflagraciones. No se debe apreciar esto de una manera mec\u00e1nica; nadie espera una gran guerra en el futuro pr\u00f3ximo. Pero si es verdad que se est\u00e1n viviendo varios conflictos militares localizados que marcan esta coyuntura: Ucrania, Siria, Irak, Libia, etc\u00e9tera, arman un rompecabezas donde se entrecruzan reivindicaciones y demandas desde abajo con los intereses de las distintas potencias que meten presi\u00f3n desde arriba.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que en muchos casos no sea f\u00e1cil orientarse desde un punto de vista de clase, y que sea un esfuerzo de apreciaci\u00f3n saber de qu\u00e9 lado de la barricada combatir, ante la difuminaci\u00f3n de los contornos sociales que se vive en muchos de estos conflictos. No es el caso de Palestina, evidentemente, pero s\u00ed de Ucrania, un verdadero laberinto que desaf\u00eda a la izquierda revolucionaria a no perder su independencia pol\u00edtica. Por no hablar de casos como Siria e Irak, marcados por elementos de enfrentamientos fratricidas, de barbarie y el abierto intervencionismo imperialista, todo lo cual hace muy dif\u00edcil la pelea por una alternativa desde los trabajadores.<\/p>\n<p><strong>1.3 Memoria e historia <\/strong><\/p>\n<p>Existen, sin embargo, procesos marcados por la irrupci\u00f3n desde abajo donde las cosas se presentan m\u00e1s claramente. Hablamos de las rebeliones populares que vienen caracterizando el mundo desde la Plaza Tahrir en Egipto hasta Puerta del Sol en Madrid, pasando por la Plaza Taksim en Estambul y las jornadas de rebeld\u00eda en Brasil a mediados del 2013.<\/p>\n<p>Esta rebeld\u00eda plantea elementos de importancia. El primero y m\u00e1s general es que <em>repropone la acci\u00f3n colectiva de las grandes masas, como una suerte de espectro de la revoluci\u00f3n social<\/em> supuestamente sacado de la agenda hist\u00f3rica a finales del siglo pasado. No pod\u00eda ser as\u00ed: mientras persista el acicate de la explotaci\u00f3n y la opresi\u00f3n, las nuevas generaciones se pondr\u00e1n nuevamente de pie. Adem\u00e1s, al calor de este ciclo de rebeliones populares lo que hay es un recomienzo de la experiencia hist\u00f3rica de lucha de amplias capas de las masas oprimidas; experiencia de un valor sin igual que plantea su maduraci\u00f3n hacia instancias de mayor radicalidad.<\/p>\n<p>Son marcados los l\u00edmites de este nuevo ciclo: de ah\u00ed que lo caractericemos como de rebeliones y no de revoluciones. Est\u00e1 marcado por un car\u00e1cter <em>popular<\/em> general, donde no es todav\u00eda la clase trabajadora la que le da su impronta a los asuntos. Al mismo tiempo, tampoco se avanza en la constituci\u00f3n de <em>organismos independientes<\/em> ni, menos que menos, grandes partidos revolucionarios (aunque hay progresos a nivel de organizaciones de vanguardia en pa\u00edses como la Argentina o Grecia). Faltan todav\u00eda varios pasos hacia una radicalizaci\u00f3n de las nuevas generaciones.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se cruzan, entonces, algunos conceptos que venimos trabajando como los de \u201cconciencia hist\u00f3rica\u201d y \u201cconciencia pol\u00edtica\u201d, sobre los que volveremos abajo. Todos los observadores atentos marcan c\u00f3mo <em>la conciencia de las nuevas generaciones se encuentra escindida respecto de las anteriores<\/em>. Los acontecimientos del siglo XX han quedado atr\u00e1s, y, de manera general, las nuevas generaciones no se sienten conectadas con ellos. Esta falta de perspectivas en relaci\u00f3n al pasado se traduce en una visi\u00f3n del futuro \u2013o, m\u00e1s bien, una falta de visi\u00f3n\u2013 donde se vive en una suerte de \u201ceterno presente\u201d: una crisis de toda otra alternativa: \u201cTestigos exhibidos en tiempos anteriores como ejemplo de h\u00e9roes, como los resistentes que tomaron las armas para combatir contra el fascismo, perdieron su aura o simplemente cayeron en el olvido devorados por el \u2018fin del comunismo\u2019 que, eclipsado de la historia con sus mitos, arrastr\u00f3 consigo en su ca\u00edda las utop\u00edas y las esperanzas que hab\u00eda encarnado\u201d (E. Traverso: <em>El pasado, instrucciones de uso<\/em>).<\/p>\n<p>Un problema adicional es que esta falta de conciencia hist\u00f3rica \u2013concepto sugerido por Amos Funkenstein\u2013 tiene graves consecuencias a la hora de la conciencia pol\u00edtica. Es que si se cree que el mundo \u201cdescremado\u201d actual es el \u00fanico posible, cuando esto se traduce a la conciencia pol\u00edtica es dif\u00edcil escapar del <em>posibilismo<\/em>, que es actualmente la condici\u00f3n com\u00fan de la conciencia entre amplios sectores y donde se apoya el oportunismo de izquierda.<\/p>\n<p>No se trata, solamente, de la carga material de la conciencia reivindicativa, de la dificultad de elevarse al terreno pol\u00edtico, de lo que constri\u00f1e la necesidad a la hora de una conciencia m\u00e1s general que se eleve a los asuntos universales (problema magistralmente estudiado por Lenin). Tambi\u00e9n est\u00e1 el problema de que esa conciencia (que vuela a ras del suelo de las necesidades inmediatas) no podr\u00e1 despegar si al elevar la mirada no aparece la dimensi\u00f3n de la temporalidad, del futuro, de una alternativa, de que las cosas podr\u00edan ser diferentes a lo que son hoy. Toda conciencia pol\u00edtica tiene elementos de cierto renunciamiento a las adquisiciones del presente en favor de las perspectivas futuras. Pero ese \u201crenunciamiento\u201d ser\u00e1 materialmente imposible sin visualizar, aun difusamente, la posibilidad de que las cosas cambien.<\/p>\n<p>Cabe la pregunta, finalmente, de c\u00f3mo definir la situaci\u00f3n del mundo hoy. En general, es mucho m\u00e1s sencillo hacerlo cuando ocurre un acontecimiento que por su universalidad ata\u00f1e al conjunto del globo: una gran guerra, una crisis econ\u00f3mica mundial, una oleada revolucionaria internacional y otros hechos por el estilo. De ah\u00ed que Lenin pudiera definir la situaci\u00f3n como revolucionaria cuando se desencaden\u00f3 la Primera Guerra Mundial, por el cataclismo universal que supuso para las clases sociales del orbe europeo y m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Hoy no existe un acontecimiento tan radical, \u00fanico, que pueda dar lugar a una definici\u00f3n as\u00ed. La crisis econ\u00f3mica mundial que sigue barriendo el mundo es, hasta cierto punto, un hecho de estas caracter\u00edsticas y ha logrado impactar sobre amplios sectores, pero no ha alcanzado la magnitud de una gran guerra, tampoco llegado a los niveles de la gran depresi\u00f3n de los a\u00f1os 30.<\/p>\n<p>De todos modos, a sabiendas de que es una exageraci\u00f3n, quiz\u00e1 la definici\u00f3n m\u00e1s correcta hoy es que se vive <em>una lenta pero persistente desintegraci\u00f3n del orden mundial<\/em>; parece estar debilit\u00e1ndose el orden mundial caracter\u00edstico de las \u00faltimas d\u00e9cadas para alumbrar un per\u00edodo de mayor inestabilidad y polarizaci\u00f3n en las relaciones entre estados y clases.<\/p>\n<p>La estabilidad capitalista de las \u00faltimas d\u00e9cadas aparece minada. Y, junto con esto, una nueva generaci\u00f3n est\u00e1 haciendo sus primeras armas, condici\u00f3n material irreemplazable para que una oleada de radicalizaci\u00f3n mundial de los explotados y oprimidos barra el mundo en cuanto los acontecimientos se extremen.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Bajo el hierro de una era de los extremos <\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>\u201c<\/em><em>La guerra es el m\u00e9todo por el cual el capitalismo, en la cumbre de su desarrollo, busca la soluci\u00f3n de sus insalvables contradicciones. A este m\u00e9todo, el proletariado debe oponerle su propio m\u00e9todo: el de la revoluci\u00f3n social\u201d <\/em>(Le\u00f3n Trotsky, <em>La guerra y la Internacional<\/em>).<\/p>\n<p>Un siglo ha transcurrido desde el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, una carnicer\u00eda industrializada sin antecedentes cuya caracter\u00edstica principal fue el enfrentamiento entre potencias imperialistas por el reparto del mundo. No nos interesa aqu\u00ed hacer un repaso historicista, sino proponer algunos n\u00facleos de debate significativos para este presente a comienzos del siglo XXI donde se vive, como hemos se\u00f1alado, una lenta pero persistente desintegraci\u00f3n del orden mundial consagrado a finales de la Segunda Guerra Mundial y reafirmado detr\u00e1s de la hegemon\u00eda indiscutida de los EE.UU. en los a\u00f1os 90.<\/p>\n<p><strong>2.1 Los peligros que entra\u00f1a la ascensi\u00f3n de China<\/strong><\/p>\n<p>Lo primero a resaltar acerca de la Primera Guerra Mundial es c\u00f3mo su desencadenamiento inaugur\u00f3 una \u00e9poca de crisis, guerras y revoluciones. Sobre la relaci\u00f3n entre guerra y revoluci\u00f3n nos dedicaremos m\u00e1s adelante; lo que nos interesa aqu\u00ed es la conexi\u00f3n entre crisis hegem\u00f3nica y grandes conflagraciones. La raz\u00f3n de nuestro inter\u00e9s es evidente: se vive una situaci\u00f3n que tiene algunas analog\u00edas respecto del escenario de crisis hegem\u00f3nica caracter\u00edstico de cien a\u00f1os atr\u00e1s. El lento declive de los EE.UU. se est\u00e1 combinando con la ascensi\u00f3n de China a primera econom\u00eda mundial, a la par de un desplazamiento del centro de gravedad de la econom\u00eda mundial hacia el \u00e1rea del Pac\u00edfico.<\/p>\n<p>Adelant\u00e9monos a se\u00f1alar que en China tanto el nivel de productividad de su econom\u00eda como el ingreso per c\u00e1pita, est\u00e1 enormemente por detr\u00e1s no solamente de los EE.UU., sino de la totalidad de las econom\u00edas del centro imperialista. Adem\u00e1s, la medici\u00f3n que indica el paso a primera potencia econ\u00f3mica (seg\u00fan el PBI medido por capacidad de consumo) es un \u00edndice que podr\u00eda modificarse todav\u00eda. En t\u00e9rminos de potencia econ\u00f3mica real, China permanece detr\u00e1s de Estados Unidos y subordinado a \u00e9l en muchos aspectos (el caso de las inversiones en investigaci\u00f3n y desarrollo, entre otros).<\/p>\n<p>Sin embargo, esto no puede ocultar una radical novedad: habi\u00e9ndose transformado (a la salida de la Segunda Guerra Mundial) Inglaterra y Francia en potencias de segundo orden; estando Alemania cruzada todav\u00eda por el s\u00edndrome de su papel en las dos guerras mundiales, lo mismo que Jap\u00f3n respecto de la segunda; habiendo sido la ex URSS puesta de rodillas a partir de su estallido en 1991 y convertida Rusia de una potencia industrial de segundo orden (basada en los recursos naturales y la industria armament\u00edstica), todas las miradas se focalizan hoy en la ascensi\u00f3n de China.<\/p>\n<p>Se trata de una ascensi\u00f3n que parece hoy imparable, pero cuya din\u00e1mica est\u00e1 en debate debido a los desequilibrios dram\u00e1ticos que entra\u00f1a su crecimiento: \u201cChina no es un \u2018pa\u00eds emergente\u2019, sino una potencia emergida. No es un \u2018subimperialismo\u2019 que vela por el orden en su regi\u00f3n, sino un imperialismo \u2018en proceso de construcci\u00f3n\u2019. La nueva burgues\u00eda china quiere jugar en la cancha de los m\u00e1s grandes. El \u00e9xito de su proyecto todav\u00eda no est\u00e1 asegurado, ni mucho menos, pero esa ambici\u00f3n es la que dicta su pol\u00edtica internacional y regional, econ\u00f3mica y militar\u201d (Pierre Rousset, \u201cChina: un imperialismo en construcci\u00f3n\u201d, www.europe-solidarie.org).<\/p>\n<p>El caso chino se destaca por la paradoja de su evoluci\u00f3n. Cuna de una gran civilizaci\u00f3n hist\u00f3rica que se mantuvo al margen del curso central de los acontecimientos en el \u201cmundo occidental\u201d, sometida de manera creciente a partir de su derrota en la Guerra del Opio por parte de Inglaterra (mediados del siglo XIX), independizada formalmente con la revoluci\u00f3n burguesa de 1911, su unidad e independencia nacional vino a ser rescatada por la revoluci\u00f3n anticapitalista de 1949.<\/p>\n<p>Fueron esas dos conquistas obtenidas por la v\u00eda anticapitalista las que vinieron a crear las condiciones para su despegue capitalista: una verdadera revoluci\u00f3n industrial y la extensi\u00f3n universal de la producci\u00f3n de mercanc\u00edas que se vivi\u00f3 a partir del giro instrumentado por Deng Xiao Ping a finales de los a\u00f1os 70. La inmensa reserva de mano de obra campesina de ese multitudinario pa\u00eds es lo que posibilit\u00f3 una <em>revoluci\u00f3n industrial tard\u00eda<\/em> que aunada al bajo costo de la mano de obra fabril, llev\u00f3 a la transformaci\u00f3n del gigante asi\u00e1tico en el \u201ctaller del mundo\u201d en las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>El dinamismo de su crecimiento en la \u00faltima d\u00e9cada \u2013multiplicando con mucho el de los pa\u00edses imperialistas tradicionales: del 8 al 12% vs. 1 al 2%\u2013 am\u00e9n de un comportamiento m\u00e1s \u201casertivo\u201d en los asuntos en su propia regi\u00f3n, es lo que plantea el debate acerca de las posibilidades de una evoluci\u00f3n \u201cpac\u00edfica\u201d de su ascensi\u00f3n: \u201cEn Asia oriental, China ha emprendido un pulso con Jap\u00f3n (\u2026) y con ello desaf\u00eda a EE.UU.: puesto que ya es miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y posee oficialmente el arma nuclear, reclama el pleno reconocimiento como potencia. (\u2026) Esta resuelta pol\u00edtica regional cuenta asimismo con una vertiente militar y territorial muy agresiva, que subraya hasta qu\u00e9 punto la <em>pax sinica<\/em> se caracteriza por una gran desigualdad. Para nutrir un nacionalismo de gran potencia capaz de llenar el vac\u00edo ideol\u00f3gico que dej\u00f3 la crisis del mao\u00edsmo, para dar legitimidad al r\u00e9gimen, para apropiarse de las riquezas mar\u00edtimas y tambi\u00e9n para asegurarse el acceso de su flota al oc\u00e9ano Pac\u00edfico y a los estrechos del sudeste asi\u00e1tico, Pek\u00edn ha declarado suya casi la totalidad del Mar de China, nombre que evidentemente rechazan los dem\u00e1s pa\u00edses ribere\u00f1os (\u2026). Ninguna potencia quiere iniciar actualmente una guerra abierta en Asia oriental, pero de provocaci\u00f3n en provocaci\u00f3n no cabe descartar posibles resbalones\u201d (\u00eddem).<\/p>\n<p>Es aqu\u00ed donde se deben introducir las ense\u00f1anzas de la Primera Guerra Mundial, que inaugur\u00f3 una lucha de 30 a\u00f1os por la hegemon\u00eda mundial imperialista que s\u00f3lo se iba a resolver (y aun as\u00ed de modo parcial hasta la ca\u00edda de la ex URSS) con la derrota de Alemania y Jap\u00f3n a la salida de la segunda guerra, y la ascensi\u00f3n definitiva de EE.UU. al lugar de primera potencia mundial.<\/p>\n<p>El problema es que no hay reglamento ni derecho internacional que regule la ascensi\u00f3n de unas potencias y la ca\u00edda de otras. Aqu\u00ed vale la intuici\u00f3n de Carl Schmitt (agudo polit\u00f3logo vinculado al nazismo), cuando se\u00f1alaba que tanto en el terreno nacional como el internacional, el hecho antecede el derecho; es decir, las relaciones pol\u00edticas y de hegemon\u00eda remiten a relaciones de fuerza entre estados y clases. Que se resolvieran pac\u00edficamente o no depend\u00eda, en definitiva, de lo equilibradas o no que est\u00e9n, de si hay margen para alg\u00fan acomodamiento o no. Traverso subraya este an\u00e1lisis de Schmitt en referencia a la crisis del derecho p\u00fablico europeo \u201cnacido con la Reforma y muerto en los espasmos de las guerras totales de nuestra \u00e9poca\u201d.<\/p>\n<p>No otra cosa dec\u00eda Trotsky en <em>La guerra y la Internacional<\/em> (1915), al se\u00f1alar que \u201cel poder es el padre del derecho\u201d y recordaba que Bethmann-Hollweb (canciller alem\u00e1n de esa \u00e9poca) hab\u00eda declarado que \u201cla necesidad no reconoce leyes\u201d, al justificar el desencadenamiento de la guerra.<\/p>\n<p><strong>2.2 El imperio universal de la democracia burguesa comienza a agrietarse<\/strong><\/p>\n<p>La crisis hegem\u00f3nica que se est\u00e1 viviendo remite a las ense\u00f1anzas de la primera guerra: \u00bfc\u00f3mo hacer para dar lugar a las ambiciones de las potencias emergentes en un mundo siempre \u201climitado\u201d? Si no queremos consagrar la vulgaridad de que toda lucha hegem\u00f3nica deber\u00eda conducir a una conflagraci\u00f3n, s\u00ed es real que cuando el problema de la hegemon\u00eda se plantea sobre la mesa, el enfrentamiento no puede ser excluido como posibilidad. No otra cosa es lo que afirmaba Rosa Luxemburgo: \u201cLos amigos burgueses de la paz creen que la paz mundial y el desarme pueden realizarse en el marco del orden social imperante, mientras que nosotros, que nos basamos en la concepci\u00f3n materialista de la historia y en el socialismo cient\u00edfico, estamos convencidos de que el militarismo desaparecer\u00e1 del mundo \u00fanicamente con la destrucci\u00f3n del Estado de clase capitalista\u201d (<em>Utop\u00edas pacifistas<\/em>).<\/p>\n<p>La se\u00f1al de alerta que est\u00e1 dando el mundo de hoy es que lentamente madura un potencial conflicto hegem\u00f3nico alrededor de la relaci\u00f3n entre EE.UU. y China. Esto ocurre, por ahora, de manera sutil, mediada y con una perspectiva de largo plazo que depende de varias variables; no es un curso ineluctable de las cosas. En primer lugar, de la situaci\u00f3n interna de ambos pa\u00edses, siendo en el caso de China cualitativamente m\u00e1s d\u00e9bil que la de EE.UU., sin duda alguna; un factor cuya solidez es determinante para cualquier conflagraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es cierto que varios conflictos hegem\u00f3nicos del siglo pasado se resolvieron sin guerras. Por ejemplo, el de EE.UU. y la ex URSS en la segunda posguerra, que se solucion\u00f3 \u201cnaturalmente\u201d a partir del derrumbe de la segunda; o la relaci\u00f3n de \u201casociaci\u00f3n privilegiada\u201d que estableci\u00f3 Inglaterra con EE.UU., proceso iniciado a partir de fines del siglo XIX o comienzos del XX. Incluso el caso franc\u00e9s tuvo un condimento de aceptaci\u00f3n de su status subordinado despu\u00e9s de la derrota, poco honorable, frente a la Alemania nazi en 1940.<\/p>\n<p>Pero el caso de China es muy distinto: lo que presiona es un ascenso econ\u00f3mico, y de ah\u00ed que en la actualidad se vea como el escenario de mayores conflictos potenciales en t\u00e9rminos de hegemon\u00eda.<\/p>\n<p>Esto nos lleva al punto que queremos desarrollar: \u00bfc\u00f3mo un conflicto hegem\u00f3nico puede dar lugar a un trastorno de todo orden que conduzcan a grandes guerras, las que a su vez, por la conmoci\u00f3n que significan, pueden abrir la din\u00e1mica hacia la revoluci\u00f3n?<\/p>\n<p>Adelant\u00e9monos a se\u00f1alar que \u00e9ste no es, todav\u00eda, el rasgo dominante del mundo hoy. La coyuntura internacional est\u00e1 dominada por elementos de polarizaci\u00f3n y m\u00faltiples \u201cpeque\u00f1as guerras\u201d. Pero se trata de conflictos m\u00e1s o menos localizados en los que, de todas maneras, en el caso <em>a priori<\/em> m\u00e1s grave como el de Ucrania, ninguno de sus actores principales (EE.UU., UE y Rusia) quiere realmente escalar.<\/p>\n<p>El mundo de hoy no es uno en cuya base est\u00e9n planteadas crisis econ\u00f3micas catastr\u00f3ficas, una crisis hegem\u00f3nica que se precipite en lo inmediato ni, mucho menos, guerras mundiales y revoluciones abiertas. Es, m\u00e1s bien, un mundo en el que la lenta disoluci\u00f3n del orden mundial tiene lugar bajo las formas pol\u00edticas consagradas de la democracia capitalista y la diplomacia internacional, en medio de un ciclo de rebeliones populares que expresa un recomienzo hist\u00f3rico en la experiencia de los explotados y oprimidos.<\/p>\n<p>Esta evoluci\u00f3n de los asuntos menos catastr\u00f3fica, todav\u00eda, que cien a\u00f1os atr\u00e1s es el fundamento para que los desarrollos no se extremen. M\u00e1s all\u00e1 de la econom\u00eda vienen los desarrollos en materia de las relaciones entre estados y la lucha de las clases. En ambos planos se observa a\u00fan un lento desarrollo.<\/p>\n<p>La hegemon\u00eda de los EE.UU. se debilita a ojos vista (los problemas del gobierno de Obama son un reflejo de esto). Hay algo que caracteriza a todos los gobiernos imperialistas, por nombrar un solo elemento: se pone en marcha una determinada intervenci\u00f3n militar pero no se admite costo humano; es el posmodernismo caracterizando a las fuerzas armadas imperialistas. Un ejemplo de esto en un pa\u00eds sometido a una suerte de \u201cguerra civil de bolsillo\u201d es c\u00f3mo el ej\u00e9rcito de Kiev, Ucrania, desplegado en el este del pa\u00eds para doblegar a los rebeldes secesionistas, se disuelve al tomar contacto con su oponente. No es el caso, evidentemente, de Medio Oriente, donde los enfrentamientos son en serio y con miles de muertos. Pero marca, sin embargo, <em>un signo de \u00e9poca que todav\u00eda es actual: la sangre no termina de llegar al r\u00edo<\/em>, mundialmente hablando.<\/p>\n<p>Es verdad que los problemas de legitimaci\u00f3n de la intervenci\u00f3n militar han sido complejos en el pa\u00eds del norte. No por casualidad EE.UU. intervino con retraso en ambas guerras mundiales; hay que lograr convencer a la poblaci\u00f3n de que se est\u00e1 ante un peligro inminente para \u201cla seguridad colectiva de la naci\u00f3n\u201d para que est\u00e9n dispuestos a entregar la cuota de sangre que toda gran guerra significa. De ah\u00ed que tampoco se deba hacer una evaluaci\u00f3n epid\u00e9rmica del poder militar de Estados Unidos, de lejos la principal potencia militar.<\/p>\n<p>Del terreno militar podemos pasar al pol\u00edtico: las relaciones entre las clases aparecen mediadas y no se vive un momento de polarizaci\u00f3n de clases sino, m\u00e1s bien, de recomienzo de la experiencia hist\u00f3rica de los explotados y oprimidos.<\/p>\n<p>Esta definici\u00f3n es de enorme importancia estrat\u00e9gica para la caracterizaci\u00f3n del actual per\u00edodo hist\u00f3rico y las tareas planteadas. Corrientes como la mayor\u00eda de la IV mandelista militan en un pesimismo hist\u00f3rico que no les permite ver la inflexi\u00f3n que est\u00e1 ocurriendo entre el momento de mayor retroceso de los a\u00f1os 90 y el curso actual de los asuntos. A la vez, <em>la idea de recomienzo da cuenta y explica que el grado de radicalizaci\u00f3n pol\u00edtica sea por ahora menor al que caracteriz\u00f3 al siglo pasado<\/em>.<\/p>\n<p><strong>2.3 Cuando la clase obrera vest\u00eda uniforme<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201c<\/em><em>Todo el mundo est\u00e1 harto de esta porquer\u00eda gloriosa\u201d <\/em>(carta de Karl Liebknecht a su compa\u00f1era desde el Frente Oriental)<\/p>\n<p>A comienzos del siglo pasado las condiciones maduraban para la \u00e9poca revolucionaria que la Primera Guerra Mundial vendr\u00eda a abrir. Entre 1890 y 1910 se hab\u00eda vivido un gran florecimiento econ\u00f3mico. Pero la desigualdad social y el car\u00e1cter no resuelto de las relaciones entre los estados imperialistas, llevaron su competencia al paroxismo.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed cabe una reflexi\u00f3n antes de proseguir. En cada momento hist\u00f3rico de la evoluci\u00f3n del capitalismo, la frontera entre las fuerzas productivas mundializadas y el car\u00e1cter nacional de los estados se ha corrido pero nunca solucionado. La actual mundializaci\u00f3n de las fuerzas productivas y la divisi\u00f3n del trabajo internacionalizada que conlleva no tienen parang\u00f3n con cien a\u00f1os atr\u00e1s. Y, sin embargo, la camisa de fuerzas de los estados nacionales pervive y eso es lo que plantea, a mediano plazo, la posibilidad de renovadas conflagraciones. Lo que se\u00f1alara Trotsky hace un siglo: \u201cLa tendencia natural de nuestro sistema econ\u00f3mico busca romper los l\u00edmites del Estado. El globo entero, la tierra y el mar, la superficie y tambi\u00e9n la plataforma submarina, se han convertido en un gran taller econ\u00f3mico, cuyas diversas partes est\u00e1n reunidas inseparablemente entre s\u00ed (\u2026). La presente guerra, es en el fondo, una sublevaci\u00f3n de las fuerza productivas contra la forma pol\u00edtica de la naci\u00f3n y el Estado\u201d (<em>La guerra y la Internacional<\/em>).<\/p>\n<p>Cien a\u00f1os atr\u00e1s, la lucha entre potencias por el aprovisionamiento de las materias primas y el lugar de exportaci\u00f3n de productos manufacturados era mucho m\u00e1s r\u00fastica que la de hoy: se necesitaba el control militar de esos territorios, algo que no es la caracter\u00edstica del imperialismo actual y que se transform\u00f3 en t\u00f3nica mundial: independencia pol\u00edtica m\u00e1s o menos formal combinada con la dependencia econ\u00f3mica. Una dependencia, de todas formas, organizada de manera distinta por cuanto la divisi\u00f3n del trabajo es m\u00e1s compleja que entonces, con cadenas productivas distribuidas en varios pa\u00edses. S\u00ed es similar en su configuraci\u00f3n en lo que hace a investigaci\u00f3n y desarrollo y ramas de punta, que se focalizan en el norte del mundo.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n b\u00e1sica para el desencadenamiento de la primera guerra fue, entonces, esta desigual distribuci\u00f3n del mundo como denunciara Lenin y que la llegada a potencias imperialistas fue m\u00e1s tard\u00eda en unos pa\u00edses que en otros. No fue casual que Alemania reclamara su cuota parte en el reparto a comienzos del siglo XX, ya que logr\u00f3 su unificaci\u00f3n nacional bajo Bismarck reci\u00e9n en 1866. Marc Ferro describe bien esta b\u00fasqueda de Alemania de su \u201clugar bajo el sol\u201d: el recurrente tema del derecho a su \u201cespacio vital\u201d para desarrollarse como imperialismo llevar\u00eda al desencadenamiento no de una sino de dos guerras mundiales sucesivas, algo que tambi\u00e9n subraya Traverso cuando explica la genealog\u00eda del nazismo por oposici\u00f3n al concepto de que su raz\u00f3n de ser hubiera sido s\u00f3lo \u201cideol\u00f3gica\u201d.<\/p>\n<p>Europa se precipit\u00f3 a la guerra. La historia de su desencadenamiento ha sido contada mil veces, y s\u00f3lo nos interesa subrayar aqu\u00ed la convulsi\u00f3n dram\u00e1tica que signific\u00f3 para la poblaci\u00f3n. Muchos historiadores recalcan el inicial car\u00e1cter \u201cnacional imperialista\u201d de la movilizaci\u00f3n. En agosto de 1914 se vivi\u00f3 un verdadero fervor patri\u00f3tico entre los j\u00f3venes movilizados al frente de guerra, que rayaba con la m\u00e1s inconsciente ingenuidad: \u201cLa existencia que llevamos no nos satisface, porque si bien poseemos todos los elementos de una vida bella, no podemos organizarlos en una acci\u00f3n inmediata que nos tomase en cuerpo y alma y nos arrojara fuera de nosotros mismos. Esta acci\u00f3n s\u00f3lo la permitir\u00eda un hecho: la guerra\u201d (Ferro 2014: 36).<\/p>\n<p>Subraya Ferro en otro texto que \u201cll\u00e1mense campesinos o provincianos, la guerra les promet\u00eda durante algunas semanas lo que su existencia cotidiana no pod\u00eda darles: una aventura extraordinaria. La mayor parte de ellos nunca se hab\u00eda subido a un tren; no conoc\u00eda la gran ciudad y a la edad de 20 a\u00f1os se imaginaba que regresar\u00eda al poco tiempo, con coronas de laurel por sus victorias\u201d. Trotsky se\u00f1alar\u00e1, en tiempo real, el mismo hecho: el torrente movilizador hab\u00eda \u201cdespertado\u201d a las capas m\u00e1s atrasadas de los trabajadores. Pero era un despertar que, a diferencia de la revoluci\u00f3n social (que se realizaba en su propio provecho), era puesto al servicio de los intereses m\u00e1s reaccionarios de la sociedad.<\/p>\n<p>La guerra imperialista vestida de colores patri\u00f3ticos signific\u00f3 una dram\u00e1tica presi\u00f3n para las fuerzas de la Segunda Internacional, que capitul\u00f3 de manera ignominiosa: \u201cEl partido cede, vende precipitadamente su alma internacionalista y, movido por el instinto de autoconservaci\u00f3n, se transforma en partido patriota\u201d se\u00f1alar\u00eda Robert Michels con veta pesimista. Trotsky marcar\u00eda lo mismo, pero con otra perspectiva, evidentemente: \u201cNo es el socialismo el que se ha venido abajo, sino su temporal hist\u00f3rica forma externa. La idea revolucionaria comienza a vivir nuevamente, arrojando su viejo y r\u00edgido caparaz\u00f3n. Este caparaz\u00f3n est\u00e1 hecho de seres humanos, de toda una generaci\u00f3n de socialistas que se han petrificado en abnegaci\u00f3n y en trabajos de agitaci\u00f3n y organizaci\u00f3n, o durante un per\u00edodo de varias d\u00e9cadas de reacci\u00f3n pol\u00edtica y han ca\u00eddo dentro de los h\u00e1bitos y opiniones del oportunismo nacional o posibilismo\u201d. Y en tono casi literario, agregaba sobre el esp\u00edritu que deb\u00eda prevalecer entre los revolucionarios en aquello aciagos momentos: \u201cMantendremos claras nuestras imaginaciones entre esta infernal m\u00fasica de la muerte, mantendremos nuestra esclarecida visi\u00f3n\u201d (Trotsky, cit.).<\/p>\n<p>Ese fervor iba a durar poco; estaba condenado a perecer m\u00e1s temprano que tarde. Un preanuncio de esto fue la fraternizaci\u00f3n que se vivi\u00f3 en la Navidad de 1914 entre los soldados franceses, ingleses y alemanes que se encontraban de cada lado de las trincheras del frente occidental: \u00a1saliendo de sus posiciones se dispusieron a conmemorar, en conjunto, tan sagrada fecha! \u00a1Un ejemplo de fraternizaci\u00f3n extraordinario! Fue un s\u00edmbolo de c\u00f3mo el fervor patri\u00f3tico pod\u00eda ceder a un sentido de solidaridad de clase, de pertenencia com\u00fan de todos los \u201ctrabajadores-soldados\u201d a una misma cofrad\u00eda internacional: la de los explotados y oprimidos por el sistema capitalista.<\/p>\n<p>Los mandos se dedicaron a acallar r\u00e1pidamente estos sentimientos. Pero de todos modos, andando las masacres indescriptibles de la guerra: Ypres, Verd\u00fan, Somme, Chemin des Dames y un largo etc\u00e9tera, se fueron abriendo paso las primeras manifestaciones de rebeld\u00eda que alcanzaron su punto culminante con la desintegraci\u00f3n del ej\u00e9rcito zarista en 1917 y los crecientes motines en el ej\u00e9rcito franc\u00e9s, acallados a sangre y fuego por Petain (el jefe de la pro nazi Rep\u00fablica de Vichy en la Francia ocupada en la segunda guerra), que pas\u00f3 por las armas a 45 soldados ese a\u00f1o: Sobre el car\u00e1cter de la guerra, veamos lo se\u00f1alado por Traverso: \u201cTodos los testigos de la Primera Guerra Mundial han descrito esta dimensi\u00f3n mec\u00e1nica de la guerra. La batalla se transform\u00f3 en una masacre planificada. Un ejemplo emblem\u00e1tico en este sentido es la batalla del Somme en Francia (1916), donde el enemigo se deshumaniz\u00f3 porque era invisible detr\u00e1s de las l\u00edneas del frente y la muerte no era infligida por un enemigo de carne y hueso, viviente, sino que era causada por m\u00e1quinas, por los bombardeos de los aviones y la artiller\u00eda, por las ametralladoras, por las armas qu\u00edmicas de gas, etc\u00e9tera. La muerte perdi\u00f3 su car\u00e1cter \u00e9pico: ya no era \u2018la muerte en el campo de honor\u2019, seg\u00fan la f\u00f3rmula cl\u00e1sica, sino que se hab\u00eda transformado en una muerte an\u00f3nima, de masa, en el marco de un proceso de exterminio industrial [de ah\u00ed los monumentos erigidos al \u201csoldado desconocido\u201d, agrega m\u00e1s adelante, que dieron lugar a grandiosas manifestaciones luego de la guerra en Francia, Italia y otros pa\u00edses]\u201d (<em>Memoria y conflicto. Las violencias en el siglo XX<\/em>).<\/p>\n<p>En la misma l\u00ednea que el autor italiano, Ferro pinta la vivencia de la guerra de trincheras: \u201cCon sus avanzadas, sus islotes, sus barreras y cierres formados por montones de cad\u00e1veres, ning\u00fan campo de batalla hab\u00eda conocido nunca pareja promiscuidad de vivos y muertos. Al llegar el relevo, el horror sub\u00eda a la garganta y se\u00f1alaba a cada uno el implacable destino de enterrarse vivo en el suelo para defenderlo y de, una vez muerto, seguir defendi\u00e9ndolo y quedarse en \u00e9l para siempre\u201d (<em>La Gran Guerra<\/em>).<\/p>\n<p>Bajo la presi\u00f3n de esa experiencia, de esa masacre, naci\u00f3 la revoluci\u00f3n. La Revoluci\u00f3n Rusa, evidentemente, pero tambi\u00e9n la alemana con la ca\u00edda del Kaiser (noviembre 1918), el levantamiento espartaquista (enero 1919) y la Rep\u00fablica sovi\u00e9tica de Baviera (abril mayo de 1919); por no olvidar la ef\u00edmera rep\u00fablica sovi\u00e9tica de Hungr\u00eda (primera mitad de 1919), la experiencia de los consejos obreros en el norte de Italia y un largo etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Pero la derrota en la guerra fue caldo de cultivo, tambi\u00e9n, para el surgimiento del nacionalismo extremo, los \u201ccuerpos francos\u201d, las camisas negras, el fascismo y el nazismo: \u201cEn estos hombres est\u00e1 viva una fuerza elemental que subraya, pero a la vez espiritualiza, la ferocidad de la guerra: el gusto por el peligro en s\u00ed mismo, el caballeresco af\u00e1n de salir airoso de un combate. En el transcurso de cuatro a\u00f1os, el fuego fue fundiendo una estirpe de guerreros cada vez m\u00e1s pura, cada vez m\u00e1s intr\u00e9pida\u201d (J\u00fcnger 2013: 148).2<\/p>\n<p>La guerra mundial pari\u00f3 la revoluci\u00f3n y la contrarrevoluci\u00f3n: una verdadera \u201cera de los extremos\u201d, como la llam\u00f3 Eric Hobsbawm, que caracterizar\u00eda al mundo europeo en la primera mitad del siglo pasado.<\/p>\n<p><strong>2.4 El curso no lineal de la historia<\/strong><\/p>\n<p>Deteng\u00e1monos algo en la bancarrota de la Segunda Internacional. La historia es ampliamente conocida; s\u00f3lo queremos subrayar un elemento metodol\u00f3gico, por as\u00ed decirlo: la visi\u00f3n fatalista, mecanicista de los asuntos, como reflejo intelectual de una \u00e9poca. La idea subyacente, apoyada en el curso emp\u00edrico de los asuntos, era que todo marchaba bien, que el capitalismo ten\u00eda inscrito en su naturaleza una irremediable perspectiva de progreso. Las cosas iban para adelante, los trabajadores fortalec\u00edan sistem\u00e1ticamente sus posiciones, la democracia burguesa estaba llamada a extenderse, lo mismo que los progresos de los socialistas en su seno. Se trataba de un curso evolutivo y sin rupturas de la clase obrera hacia la cima: \u201cEl irresistible y r\u00e1pido progreso del proletariado en su conjunto, pese a algunas derrotas muy duras, se hace tan evidente que nada puede poner en duda la seguridad de su victoria\u201d (K. Kautsky, citado por Valerio Arcary en \u201cCien a\u00f1os de la Primera Guerra Mundial: imperialismo contempor\u00e1neo y socialdemocracia alemana en perspectiva hist\u00f3rica\u201d).<\/p>\n<p>El ba\u00f1o de sangre indescriptible de la guerra vino a hundir estas expectativas. El capitalismo es un r\u00e9gimen de opresi\u00f3n basado en la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre, marcado por contradicciones mortales, que pueden en determinado momento aparecer atenuadas, pero que son tan estructurales, hacen de manera tan caracter\u00edstica a su naturaleza, que tarde o temprano van a emerger. Rosa Luxemburgo condenaba en su \u00e9poca la \u201cutop\u00eda pacifista\u201d de pensar que estas contradicciones se pudieran resolver sin sangre. Podr\u00e1n ser temporalmente mediatizadas o desplazadas, pero el pron\u00f3stico de \u201csocialismo o barbarie\u201d ha tenido en el \u00faltimo siglo tal ratificaci\u00f3n, que obliga a evitar todo sue\u00f1o ingenuo acerca de la marcha del sistema y de la lucha por acabar con el mismo; \u201cel imperio del presente es el peor de los impresionismos\u201d, dice correctamente Arcary.<\/p>\n<p>Est\u00e1 inscrito en el ADN del sistema que tarde o temprano se reabrir\u00e1 la \u00e9poca de las grandes crisis, guerras y revoluciones; para eso hay que prepararse. \u00c9se es el alerta y la ense\u00f1anza que deja la Primera Guerra Mundial a las j\u00f3venes generaciones revolucionarias de hoy: \u201cNosotros, revolucionarios marxistas, no tenemos raz\u00f3n para desesperar. La \u00e9poca en la cual estamos ahora entrando ser\u00e1 nuestra \u00e9poca\u201d (Trotsky, <em>La guerra y la Internacional<\/em>).<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> La Revoluci\u00f3n Rusa en su tiempo hist\u00f3rico<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>\u201cLa historia no registra otro cambio de frente tan radical\u201d<\/em> (Le\u00f3n Trotsky, <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em>)<\/p>\n<p>Acerc\u00e1ndonos al cent\u00e9simo aniversario de la Revoluci\u00f3n Rusa, nos interesa desarrollar en este breve ensayo una somera reflexi\u00f3n sobre el libro de Trotsky acerca de ella, una obra que reflexiona de manera magistral acerca de la historia viva de la revoluci\u00f3n, tal como fue se\u00f1alado por muchos autores, y que contiene un sinn\u00famero de ense\u00f1anzas para los revolucionarios.<\/p>\n<p><strong>3.1 El rol de la personalidad en la historia <\/strong><\/p>\n<p>Lo primero que salta a la vista en el texto es que dibuja un enorme fresco de la revoluci\u00f3n. Trotsky logra casi la perfecci\u00f3n en presentarla como lo que realmente fue: una obra colectiva de millones de hombres y mujeres que, en el volc\u00e1n de los acontecimientos, se vieron arrojados a sacar conclusiones cada vez m\u00e1s radicalizadas acerca de las v\u00edas para resolver los asuntos.<\/p>\n<p>Alcanza leer el texto para comprobar la idiotez insigne de tantos autores que han repetido en las \u00faltimas d\u00e9cadas la cantinela de que se trat\u00f3 de un \u201cgolpe de Estado\u201d (F. Furet y compa\u00f1\u00eda). La radical falsedad de este aserto queda demostrada en la <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em> hasta por c\u00f3mo muestra que la mayor\u00eda de sus giros y clivajes tomaron desprevenidos a los que estaban llamados a dirigirlos.<\/p>\n<p>Esto se observa en el relato que hace Trotsky de la Revoluci\u00f3n de Febrero, que por la din\u00e1mica de los acontecimientos llev\u00f3 a algunos de sus \u201cdirigentes\u201d (los liberales burgueses y los reformistas \u201csocialistas\u201d) a afirmar una cosa un d\u00eda y lo opuesto al siguiente: no eran ellos los que hablaban por su boca, sino la revoluci\u00f3n. Incluso a los propios bolcheviques les cost\u00f3 ajustarse al curso de los acontecimientos que se desarrollaban frente a sus ojos, poni\u00e9ndose al frente de las masas reci\u00e9n en oportunidad de la toma del poder en Octubre. No lo decimos nosotros: lo se\u00f1ala Trotsky en m\u00e1s de una oportunidad. Es un cl\u00e1sico que cuando se aceleran los tiempos revolucionarios, las masas en su lucha desbordan por la izquierda, incluso, a las organizaciones revolucionarias, que deben hacer ingentes esfuerzos por ponerse a tono.<\/p>\n<p>Lenin hace su aparici\u00f3n en la obra reci\u00e9n cuando uno ha recorrido un par de centenares de p\u00e1ginas. Esto refleja algo real: m\u00e1s all\u00e1 de que Trotsky se\u00f1alara que en febrero no todo estuvo librado a la pura espontaneidad (fueron los obreros formados por el Partido Bolchevique los que en cierta forma la dirigieron), la realidad es que como direcci\u00f3n centralizada, como punto de referencia pol\u00edtico de conjunto, el Partido Bolchevique todav\u00eda iba a la zaga de los acontecimientos.<\/p>\n<p>Trotsky mismo, como personaje hist\u00f3rico, ingresa en su propia obra 60 p\u00e1ginas despu\u00e9s que Lenin. Pero el autor da cuenta de que su papel no es para nada determinante sino hasta casi el momento mismo de la toma del poder; ah\u00ed s\u00ed, para todo el mundo, ser\u00e1 la revoluci\u00f3n de Lenin y Trotsky. Trotsky defendi\u00f3 junto a Lenin la necesidad de la toma del poder por parte de los bolcheviques; de ah\u00ed el famoso texto en que el segundo dice del primero que \u201cdesde su ingreso al partido, no ha habido mejor bolchevique que \u00e9l\u201d.<\/p>\n<p>En todo caso, esto \u00faltimo es anecd\u00f3tico: lo importante es seguir el registro de c\u00f3mo Trotsky logra insertar los personajes relevantes (\u00e9l y Lenin) en la cadena de los acontecimientos hist\u00f3ricos, evitando todo subjetivismo.<\/p>\n<p>Lo anterior en nada menoscaba el factor subjetivo en la hist\u00f3rica; al contrario: se complementan dial\u00e9cticamente. Y con los desarrollos, ese factor (el partido y su direcci\u00f3n) fue haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s imprescindible. Sin Lenin, dice Trotsky, dif\u00edcilmente la Revoluci\u00f3n de Octubre hubiese ocurrido. Ese factor devino tan determinante que se transform\u00f3 en el \u201cser o no ser\u201d de la revoluci\u00f3n. La clase obrera no hubiera tomado el poder sin Lenin; era el \u00fanico que pod\u00eda dirigir al Partido Bolchevique en ese momento.<\/p>\n<p>Pero ese factor subjetivo pudo hacerse valer porque se insert\u00f3 en la cadena objetiva de los acontecimientos; sin ella, ser\u00eda intrascendente. Se establece as\u00ed una dial\u00e9ctica de factores en el curso de la revoluci\u00f3n, donde sin las condiciones objetivas creadas por las circunstancias no se tendr\u00eda desarrollo alguno y, a la vez, en el punto culminante, el factor subjetivo, incluso la personalidad del dirigente, cobra una dimensi\u00f3n hist\u00f3rica gigantesca: \u201c\u00bfPuede afirmar nadie con seguridad que, sin \u00e9l, el partido habr\u00eda encontrado su senda? Nosotros no nos atrever\u00edamos en modo alguno a afirmarlo. Lo decisivo, en estos casos, es el factor tiempo, y cuando la hora ha pasado, es harto dif\u00edcil echar una ojeada al reloj de la historia (\u2026). El papel de la personalidad cobra aqu\u00ed ante nosotros proporciones verdaderamente gigantescas. Lo que ocurre es que hay que saber comprender ese papel, asignando a la personalidad el puesto que le corresponde como eslab\u00f3n de la cadena hist\u00f3rica\u201d (\u00eddem: 264).<\/p>\n<p><strong>3.2 La transformaci\u00f3n de la sociedad bajo el mando de la clase obrera<\/strong><\/p>\n<p>Hay otro \u00e1ngulo que queremos destacar. Su historia de la revoluci\u00f3n es una historia comparada de las grandes revoluciones hist\u00f3ricas. Uno puede observar comparaciones sistem\u00e1ticas de la Revoluci\u00f3n Rusa con la francesa y la inglesa (incluso con el caso de Alemania y otros pa\u00edses de llegada tard\u00eda a su formaci\u00f3n como estados burgueses). Trotsky tiene una enorme panor\u00e1mica en su cabeza, logra una gran s\u00edntesis hist\u00f3rica. Su \u00e1ngulo de mira es simple: \u00bfqu\u00e9 clase social hist\u00f3rica, en las condiciones del mundo actual, puede llevar adelante las transformaciones que demanda la situaci\u00f3n? La respuesta es evidente cuando hablamos de Le\u00f3n Trotsky: la clase obrera.<\/p>\n<p>Lenin hab\u00eda insistido en que toda verdadera revoluci\u00f3n era una revoluci\u00f3n popular, es decir, de masas, dejando abierto para Rusia c\u00f3mo ser\u00eda la alianza de los campesinos y los obreros a tales efectos. Rosa, por su parte, hab\u00eda se\u00f1alado que la revoluci\u00f3n socialista era la primera revoluci\u00f3n en la historia que las grandes mayor\u00edas llevaban adelante en su propio beneficio. Esto romp\u00eda con el patr\u00f3n hist\u00f3rico de las revoluciones anteriores, incluso la francesa: una gran revoluci\u00f3n popular pero con la mayor\u00eda haciendo la revoluci\u00f3n en beneficio de una nueva minor\u00eda, la burgues\u00eda ascendente.<\/p>\n<p>Por su parte, y para fundamentar el rol de la clase obrera en Rusia, Trotsky se interrogaba hasta qu\u00e9 punto una clase social pod\u00eda resolver los problemas de otra en los pa\u00edses que llegaban rezagados al desarrollo hist\u00f3rico. Buscaba romper con el esquematismo menchevique de que la revoluci\u00f3n burguesa s\u00f3lo pod\u00eda ser encabezada por la burgues\u00eda. Pero su planteamiento iba m\u00e1s lejos, incluso, que el de Lenin: consideraba que llevado al poder por obra de la revoluci\u00f3n burguesa, el proletariado comenzar\u00eda a tomar medidas que afectar\u00edan en el derecho de propiedad, transformando la revoluci\u00f3n en socialista.<\/p>\n<p>Esto es demasiado conocido para repetirlo aqu\u00ed; se trata de una mec\u00e1nica social y pol\u00edtica a la que Trotsky infunde su enorme riqueza en la <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em>: \u201cDesde los artesanos acomodados y los campesinos independientes que formaban el ej\u00e9rcito de Cromwell hasta los proletarios industriales de Petesburgo, pasando por los <em>sans culottes<\/em> de Par\u00eds, la revoluci\u00f3n hubo de modificar profundamente su mec\u00e1nica social, sus m\u00e9todos, y con \u00e9stos tambi\u00e9n, naturalmente, sus fines\u201d (Trotsky 2012: 38).<\/p>\n<p>Todo el cap\u00edtulo dedicado a las <em>Tesis de Abril<\/em> de Lenin y la batalla que tuvo que dar para producir el giro a la izquierda del partido est\u00e1 informado por su concepci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n Permanente y el planteo de que Lenin \u201cno hab\u00eda obrado correctamente\u201d al no modificar su concepci\u00f3n de \u201cdictadura democr\u00e1tica de los obreros y campesinos\u201d hasta un momento \u201cpeligrosamente tard\u00edo\u201d: el partido se encontr\u00f3 desarmado ante el curso original de los acontecimientos.<\/p>\n<p>El capitulo se completa con la cr\u00edtica de Trotsky al esquematismo en el marxismo: la reducci\u00f3n de la realidad a esquemas preconcebidos. Y cita a Lenin (aunque lo critica m\u00e1s arriba) para afirmar lo opuesto, que \u201cconcretamente las cosas han sucedido de un modo distinto al que podr\u00eda esperarse, de un modo m\u00e1s original, m\u00e1s peculiar, m\u00e1s variado. Ignorar, olvidar este hecho, equivaldr\u00eda a confundirse con los \u2018viejos bolcheviques\u2019, que ya m\u00e1s de una vez han desempe\u00f1ado en la historia de nuestro partido un triste papel, repitiendo las f\u00f3rmulas aprendidas de memoria en vez de estudiar las caracter\u00edsticas peculiares de la nueva realidad viviente\u201d (\u00eddem: 391).<\/p>\n<p>Como digresi\u00f3n se\u00f1alemos que la en t\u00e9rminos generales correcta idea de que una clase social puede llevar adelante las tareas de otra (sobre todo en materia de la revoluci\u00f3n burguesa) fue malinterpretada por el trotskismo de la segunda posguerra. Trotsky hab\u00eda demostrado c\u00f3mo en la Revoluci\u00f3n Rusa la peque\u00f1a burgues\u00eda se hab\u00eda revelado como una nulidad completa; a decir verdad, los elementos dominantes de esa clase eran los del campesinado (un crisol de clases distintas); la peque\u00f1a burgues\u00eda urbana era muy d\u00e9bil, no hab\u00eda tenido tiempo para desarrollarse. Esta nulidad carec\u00eda de programa propio independiente y se ve\u00eda obligada a seguir los pasos del burgu\u00e9s o del proletario para lograr sus fines (la propiedad de la tierra).<\/p>\n<p>A finales de los a\u00f1os 30, en <em>El Programa de Transici\u00f3n<\/em>, Trotsky se\u00f1alar\u00eda que, excepcionalmente, la peque\u00f1a burgues\u00eda podr\u00eda \u201cir m\u00e1s lejos de lo que estaba dispuesta\u201d expropiando al capitalismo en condiciones de grandes crisis, cat\u00e1strofe econ\u00f3mica o guerras. Y, efectivamente, esto ocurri\u00f3 en la segunda posguerra por intermedio de un campesinado dirigido por el stalinismo, que acab\u00f3 con los capitalistas en el pa\u00eds m\u00e1s habitado del mundo: China (sin olvidarnos de Yugoslav\u00eda, Cuba y Vietnam, adem\u00e1s de la expropiaci\u00f3n inducida desde arriba por el Ej\u00e9rcito Rojo en los pa\u00edses del Este europeo).<\/p>\n<p>Pero lo que la historia vino a revelar es que hasta ah\u00ed llegaban los l\u00edmites del \u201csustituismo\u201d en la transici\u00f3n al socialismo. Lo que est\u00e1 en juego en la revoluci\u00f3n socialista es la transformaci\u00f3n de la sociedad. Tomar el poder es una cosa; ya transformar la sociedad es algo mucho m\u00e1s complejo: la construcci\u00f3n de una nueva sociedad, socialista, s\u00f3lo puede ser una obra colectiva que involucre a capas crecientes de la poblaci\u00f3n explotada y oprimida. No se puede resolver s\u00f3lo desde arriba. No era casual que Lenin se\u00f1alara en sus \u00faltimos a\u00f1os de vida, sobre la base de toda la experiencia en el poder, que la tarea principal de la revoluci\u00f3n deb\u00eda ser \u201cense\u00f1ar a las cocineras a conducir los asuntos del Estado\u201d.<\/p>\n<p>Se lleg\u00f3 as\u00ed a una paradoja: una afirmaci\u00f3n que en Trotsky era utilizada para fundamentar el rol del proletariado en la futura Revoluci\u00f3n Rusa se termin\u00f3 usando para un fin opuesto: justificar que la transici\u00f3n socialista podr\u00eda ser obra de otro sector social que no el proletariado. Las resultantes hist\u00f3ricas de este proceso est\u00e1n demasiado a la vista para que nos detengamos en ellas: \u201cEl fen\u00f3meno de la pir\u00e1mide inversa fue pronto evidente. No era ya la base la que llevaba y empujaba a la c\u00faspide, sino la voluntad de la c\u00faspide la que se esforzaba por arrastrar a la base. De ah\u00ed la mec\u00e1nica de sustituci\u00f3n\u201d (Daniel Bensa\u00efd, \u201cLas cuestiones de Octubre\u201d).<\/p>\n<p><strong>3.3 Un proceso en c\u00e1mara r\u00e1pida<\/strong><\/p>\n<p>Desde el punto de vista del an\u00e1lisis de la l\u00f3gica de clases de la revoluci\u00f3n, el estudio de la obra del gran revolucionario ruso es de una fuerza enorme: demuestra c\u00f3mo la pol\u00edtica revolucionaria puede mover monta\u00f1as y obrar milagros. Y ni hablar cuando las condiciones se extreman. Su punto de vista de la revoluci\u00f3n permanente permea y vive en todos los acontecimientos revolucionarios. Es m\u00e1s: esta obra de historia (aunque es mucho m\u00e1s que eso) s\u00f3lo viene a ser otra comprobaci\u00f3n f\u00e1ctica de la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n socialista sustentada por Trotsky.<\/p>\n<p>Pero lo que queremos subrayar aqu\u00ed es otra cosa: la distorsi\u00f3n que puede introducir esta obra respecto de la din\u00e1mica de los acontecimientos en otros escenarios que no sean los de la Revoluci\u00f3n Rusa.<\/p>\n<p>Se trata de algo que, quiz\u00e1, alg\u00fan lector desprevenido pueda no comprender: \u00bfpor qu\u00e9 aquellas fuerzas sociales y pol\u00edticas que en 1917 aparecieron como caricaturas, en otro contexto son un duro hueso de roer? Porque ni la burgues\u00eda (liberal o no), ni el reformismo \u201csocialista\u201d (y, menos que menos, el stalinismo), se mostraron en ninguna otra experiencia hist\u00f3rica tan in\u00fatiles como en el caso ruso.<\/p>\n<p>Trotsky se maneja en todo el texto con una fina iron\u00eda hist\u00f3rica: deja en rid\u00edculo a todas las fuerzas pol\u00edticas ajenas a la clase obrera (es decir, a todos los actores pol\u00edticos no bolcheviques) y lo hace muy bien, porque demuestra en su texto como, realmente, en su comportamiento, la mayor\u00eda de los actores burgueses y reformistas terminan como rid\u00edculas caricaturas, como personajes pat\u00e9ticos; basta para esto con pensar en una figura como Kerensky.3 Pero el hecho es que no todos los actores sociales y pol\u00edticos enemigos de los trabajadores ha sido caricaturas cuando uno hecha una ojeada a la historia de la lucha de clases del \u00faltimo siglo; m\u00e1s bien, lo que ha ocurrido ha sido lo contrario.<\/p>\n<p>La clave est\u00e1 en que <em>la combinaci\u00f3n de condiciones reunidas en la Revoluci\u00f3n Rusa ha sido inigualable hasta ahora en otros lugares<\/em>. Un pa\u00eds sometido a una guerra mundial, una burgues\u00eda que no llega a constituirse pol\u00edticamente de manera plena, un zarismo en decadencia completa dominado por un personaje como Rasput\u00edn. Trotsky tiene algunas de las p\u00e1ginas m\u00e1s bellas de su primer tomo explicando c\u00f3mo los factores objetivos deven\u00edan, incluso, en psicol\u00f3gicos, d\u00e1ndoles toda su potencialidad: \u201cConfiamos en que nuestro estudio pondr\u00e1 de relieve, en parte al menos, d\u00f3nde termina en la personalidad lo personal \u2013por lo general, mucho antes de lo que a primera vista parece\u2013 y como muchas veces las \u2018caracter\u00edsticas singulares\u2019 de una persona no son m\u00e1s que el rastro que dejan en ella las leyes objetivas\u201d (Trotsky 2012: 69).<\/p>\n<p>Pero si las condiciones objetivas eran tales, lo notorio es que coincidieron con una maduraci\u00f3n excepcional de los factores subjetivos: una clase obrera relativamente peque\u00f1a pero muy concentrada y en crecimiento (Trotsky la pondera para 1917 en unas 25 millones de almas, incluyendo sus familias), que se afirmaba en los principales centros neur\u00e1lgicos de la producci\u00f3n industrial, joven y din\u00e1mica; la fuerza social central de un amplio movimiento socialista en el cual los bolcheviques logran establecer su hegemon\u00eda. En s\u00edntesis: un conjunto de condiciones objetivas y subjetivas que se condensan en 1917 y que en ning\u00fan otro lugar han logrado semejante grado de maduraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En ausencia de este grado de condensaci\u00f3n de condiciones, de una situaci\u00f3n revolucionaria con todas las de la ley, lo que queda es una realidad en la que <em>la burgues\u00eda y las direcciones reformistas son much\u00edsimo m\u00e1s fuertes y dif\u00edciles de derrotar que su caricatura rusa<\/em>.<\/p>\n<p>Mucho se ha hablado de esto. Incluso haciendo comparaciones que quiz\u00e1 no sean del todo pertinentes, como todo el debate de Gramsci acerca de las diferencias entre la revoluci\u00f3n en Occidente y Oriente, tal vez demasiado sesgado. A nuestro juicio, no es tan sencillo que se verifique semejante combinaci\u00f3n de factores objetivos y subjetivos que den lugar a una revoluci\u00f3n socialista seg\u00fan la experiencia cl\u00e1sica de Octubre.<\/p>\n<p>Personajes que, como Kerensky y su banda, aparecieron en la escena hist\u00f3rica como figuras de opereta, en otras circunstancias y otros lugares se transformaron en figuras hist\u00f3ricas. Veamos, si no, los casos de un Per\u00f3n, un Nasser, un C\u00e1rdenas, la socialdemocracia en general, las burocracias sindicales, los partidos comunistas, etc\u00e9tera (incluso el mismo Stalin, que goz\u00f3 de gran apoyo popular entre amplios sectores, multiplicado luego del triunfo en la II Guerra Mundial sobre los nazis).<\/p>\n<p>Si se trata de la naturaleza de clase de estos personajes, son an\u00e1logos a sus contrapartes rusos. Pero no es igual su capacidad de transformarse en fen\u00f3menos hist\u00f3ricos; ya que marcaron durante d\u00e9cada la historia de sus sociedades en general y de la clase obrera en particular (a diferencia de un Kerensky exilado de por vida en EE.UU.). Es cierto que promediando la segunda mitad del siglo XXI estos fen\u00f3menos tienden a debilitarse, pero siguen siendo enemigos poderosos.<\/p>\n<p>Siendo as\u00ed las cosas, educar\u00edamos mal a nuestra militancia si le hici\u00e9ramos creer que la din\u00e1mica de los acontecimientos es semejante en todos los per\u00edodos hist\u00f3ricos, que la revoluci\u00f3n siempre est\u00e1 \u201ca la vuelta de la esquina\u201d: \u201cLa gran fortuna del pueblo ruso y de toda la humanidad es que en 1917 confluyeron ambos, accidente y necesidad, para llevar la lucha de los obreros y los campesinos a su desenlace adecuado. Esto no siempre fue as\u00ed en las d\u00e9cadas ulteriores\u201d (Novack 1975: 91).<\/p>\n<p>Lo que Trotsky desarrolla en su <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em> es la din\u00e1mica de una de las m\u00e1s grandes revoluciones en la historia de la humanidad; m\u00e1s veloz, incluso, que la de la Revoluci\u00f3n Francesa, a la que le llev\u00f3 varios a\u00f1os radicalizarse. Una din\u00e1mica que nada descarta se vuelva a repetir en las revoluciones que est\u00e1n en el porvenir, pero que conviene <em>comprender en su relativa excepcionalidad para entender, tambi\u00e9n, por qu\u00e9 nuestra lucha es una pelea hist\u00f3rica y no inmediatista<\/em>.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> El curso parad\u00f3jico de la cuesti\u00f3n jud\u00eda<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>\u201c<\/em><em>Era imperativo que a todos los golpeados, a toda la gente maltratada, se les mostrara y se les dijera que a pesar de todo todav\u00eda pod\u00edamos levantar nuestras cabezas\u201d <\/em>(Marek Edelman, <em>El levantamiento del Ghetto de Varsovia<\/em>).4<\/p>\n<p>Meses despu\u00e9s de que el Estado de Israel descargara una nueva y cobarde ofensiva sobre la poblaci\u00f3n indefensa de la Franja de Gaza, publicamos elementos de un trabajo mayor que estamos elaborando a prop\u00f3sito de la \u201ccuesti\u00f3n jud\u00eda\u201d, que supo estar en el centro de los debates del movimiento socialista del siglo pasado y que fue \u201cresuelta\u201d de manera tan reaccionaria como parad\u00f3jica \u2013una poblaci\u00f3n oprimida, transformada en opresora\u2013 con la creaci\u00f3n del estado sionista.<\/p>\n<p><strong>4.1 Una cuesti\u00f3n progresista<\/strong><\/p>\n<p>La historia de la cuesti\u00f3n jud\u00eda tiene que ver con la de una parte de la poblaci\u00f3n (a comienzos del siglo pasado, sobre todo la de los pa\u00edses de Europa oriental), que viv\u00eda en condiciones de extrema opresi\u00f3n. La poblaci\u00f3n jud\u00eda, estigmatizada durante siglos por motivos religiosos, \u201craciales\u201d o econ\u00f3micos, era hacia donde iban direccionadas las culpas por las condiciones de explotaci\u00f3n de amplios sectores de masas por parte de diversos gobiernos y poderes.<\/p>\n<p>Mucho se debati\u00f3 y escribi\u00f3 acerca del tema, literatura que tuvo textos cl\u00e1sicos partiendo de <em>La cuesti\u00f3n jud\u00eda<\/em> de Marx, de 1843 y llegando a <em>La concepci\u00f3n materialista de la cuesti\u00f3n jud\u00eda<\/em>, del joven dirigente trotskista Abraham Le\u00f3n, masacrado en Auschwitz en 1944, sobre el filo de la finalizaci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial. Le\u00f3n, que tuvo a su cargo la reorganizaci\u00f3n del Secretariado Internacional de la IV Internacional a comienzos de la II Guerra Mundial, compartiendo tareas con Ernest Mandel, escribi\u00f3 este texto brillante con escasos 26 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Lo primero que se debe decir acerca de la \u201ccuesti\u00f3n jud\u00eda\u201d es que a comienzos del siglo pasado era una cuesti\u00f3n progresista que interesaba a todos los que se plantaran desde el punto de vista de la emancipaci\u00f3n humana, a todos los que entre las corrientes socialistas buscaban enlazarla con las luchas y reivindicaciones de la clase obrera.<\/p>\n<p>Claros indicativos exist\u00edan acerca de esta vinculaci\u00f3n. El caso Dreyfus en Francia \u2013un coronel jud\u00edo del Estado Mayor que hab\u00eda sido falsamente acusado de haber vendido informaci\u00f3n a Alemania\u2013, dividi\u00f3 al pa\u00eds por la mitad, llevando a Jean Jaur\u00e8s, el principal dirigente socialista franc\u00e9s de dicha \u00e9poca, a sumarse en una campa\u00f1a de masas por su libertad. Rosa Luxemburgo critic\u00f3 a Jaur\u00e8s por hacerlo de manera acr\u00edtica: carec\u00eda de un programa independiente que apuntara a la destrucci\u00f3n del ej\u00e9rcito burgu\u00e9s. Sin embargo, reivindic\u00f3 que Jaur\u00e8s tomara en sus manos el problema, a diferencia de Jules Guesde, otro dirigente socialista reconocido del per\u00edodo, que en una posici\u00f3n sectaria afirmaba que se trataba de un enfrentamiento \u201cinterburgu\u00e9s\u201d.<\/p>\n<p>En la otra punta de Europa, y despu\u00e9s de la derrota de la Revoluci\u00f3n de 1905 en Rusia, arreciaban los llamados \u201cpogromos\u201d (asesinatos masivos de poblaci\u00f3n jud\u00eda en manos de bandas reaccionarias como las Centurias Negras) alentados por el zarismo; Lenin llamar\u00eda a la autodefensa com\u00fan con las armas en la mano entre los obreros jud\u00edos y no jud\u00edos para derrotarlos.<\/p>\n<p>Se trataba, esta claro, de una causa progresista, m\u00e1s all\u00e1 del debate acerca de la naturaleza de esta opresi\u00f3n: si constitu\u00eda \u201cuna cuesti\u00f3n nacional\u201d o si se pod\u00eda resolver por la asimilaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n jud\u00eda a la sociedad, aportando, en todo caso, sus propias tradiciones. Un debate nada sencillo y con fuertes matices seg\u00fan la zona de Europa en la cual se planteara.<\/p>\n<p>En Europa occidental y Europa central, las ideas asimilacionistas parec\u00edan tener gran predicamento; en Europa oriental exist\u00eda una cultura jud\u00eda espec\u00edfica vinculada a un idioma propio, el Yiddish (muy emparentado con el alem\u00e1n, pero con una mezcla con t\u00e9rminos hebreos), que a priori daba m\u00e1s sustento a una idea \u201cnacional\u201d de resoluci\u00f3n de las cosas. Esta perspectiva era defendida por el Bund jud\u00edo, una suerte de partido socialista de masas de car\u00e1cter reformista que representaba, sobre todo, a los sectores de la clase obrera jud\u00eda marcada por una serie de rasgos espec\u00edficos: trabajar en sectores industriales de baja composici\u00f3n org\u00e1nica del capital, tener como feriado los s\u00e1bados y no los domingos, lo que, por lo tanto, hac\u00eda que sus patrones fueran jud\u00edos tambi\u00e9n, etc.<\/p>\n<p>El Bund jud\u00edo fue combatido por Lenin no porque \u00e9ste rechazara su lucha contra la opresi\u00f3n de la poblaci\u00f3n de este origen (Lenin, en otra diferencia con la degradaci\u00f3n stalinista que lleg\u00f3 a tener rasgos antisemitas, denunciaba como buen marxista la opresi\u00f3n contra los jud\u00edos), sino por los rasgos federativos de esa organizaci\u00f3n, que pretend\u00eda ser no la representante del partido en el seno de los trabajadores de origen jud\u00edo, sino la representante de esos trabajadores en el seno del partido revolucionario.<\/p>\n<p>De cualquier manera, y fuera cual fuere la respuesta que hab\u00eda que dar al problema, lo que nos interesa destacar aqu\u00ed es que en su origen se trataba de una cuesti\u00f3n progresista que requer\u00eda de una respuesta desde la clase obrera y los socialistas revolucionarios.<\/p>\n<p><strong>4.2 El surgimiento del sionismo<\/strong><\/p>\n<p>Aqu\u00ed entra el problema del sionismo, la respuesta burguesa e imperialista a la cuesti\u00f3n jud\u00eda. Esta posici\u00f3n surgi\u00f3 entre los que ve\u00edan el problema jud\u00edo como una cuesti\u00f3n \u201cnacional\u201d (tanto entre los sectores burgueses como los socialistas que ten\u00edan este enfoque). Entre los \u201csocialistas nacionalistas\u201d hab\u00eda, por as\u00ed decirlo, dos sensibilidades. El Bund jud\u00edo tend\u00eda hacia posiciones nacionales pero \u201cextraterritoriales\u201d. Es decir: opinaba que el problema deb\u00eda resolverse en los pa\u00edses donde los trabajadores jud\u00edos habitaban \u2013en esa \u00e9poca, mayormente, en los pa\u00edses de Europa oriental\u2013 y no prestarse a proyectos de colonizaci\u00f3n de poblaciones ind\u00edgenas. Su idea nacional \u201cextraterritorial\u201d ten\u00eda que ver con que no reivindicaban un estado propio sino derechos como \u201cnaci\u00f3n\u201d, que no es exactamente lo mismo: el respeto a su idioma, costumbres, derechos civiles y pol\u00edticos iguales al resto de la poblaci\u00f3n, sus propias escuelas y asociaciones culturales y dem\u00e1s. Sin embargo, entre los que ten\u00edan la posici\u00f3n de que el problema jud\u00edo ten\u00eda rasgos de \u201ccuesti\u00f3n nacional\u201d, surgi\u00f3 una diferenciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como digresi\u00f3n, se\u00f1alemos primero que Lenin, Rosa y Trotsky no ten\u00edan esta posici\u00f3n; su enfoque iba para el lado de la asimilaci\u00f3n a partir de un enfoque cosmopolita y no \u201cexclusivista\u201d (Rosa afirmar\u00eda sentirse \u201cen casa en todo el ancho mundo, all\u00ed donde hay nubes, p\u00e1jaros y l\u00e1grimas\u201d).5 La idea de la asimilaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n jud\u00eda era compartida, mayormente, por el tronco principal del movimiento socialista, que consideraba al problema jud\u00edo como un residuo del feudalismo, y que realizada la revoluci\u00f3n burguesa \u2013como en el caso de Francia a finales del siglo XVIII y sus leyes emancipadoras del juda\u00edsmo\u2013 el problema jud\u00edo se tender\u00eda a reabsorber pac\u00edficamente, asimil\u00e1ndose en la sociedad como un todo. La historia del siglo XX, con el nazismo, vino a demostrar que esto ser\u00eda m\u00e1s complejo. De ah\u00ed que en los a\u00f1os 30, y ante la realidad no prevista del nazismo, Trotsky vino a matizar su posici\u00f3n, como subproducto no de un curso \u201cnatural y evolutivo\u201d de las cosas, sino de la barbarie capitalista que signific\u00f3 el hitlerismo.<\/p>\n<p>Volvamos a nuestra argumentaci\u00f3n. Por un lado corrientes como el Bund exig\u00edan una soluci\u00f3n nacional \u201cextraterritorial\u201d, que tend\u00eda de todos modos a una deriva federalista, y que con la emergencia de la Revoluci\u00f3n Rusa tendi\u00f3 a disolverse dentro del partido comunista, dando lugar a expresiones como el Kombund: los \u201cbundistas comunistas\u201d. El Bund jud\u00edo sobrevivi\u00f3 como tal en Polonia hasta el estallido de la II Guerra Mundial, transform\u00e1ndose en una organizaci\u00f3n de masas reformista, pero con desarrollo destacado en los a\u00f1os 30, teniendo posteriormente importante participaci\u00f3n en el heroico levantamiento del gueto de Varsovia.<\/p>\n<p>Por otro lado, a partir de finales del siglo XIX fue surgiendo la corriente llamada sionista, cuya posici\u00f3n era tambi\u00e9n que el problema jud\u00edo era un problema nacional, pero que se deb\u00eda resolver d\u00e1ndose un territorio propio, no importaba pisando las cabezas de qui\u00e9n (ver al respecto los trabajos de nuestro compa\u00f1ero Roberto Ram\u00edrez, especialmente su libro sobre Palestina). En la cabeza de sus ide\u00f3logos, la idea se correspond\u00eda con los proyectos de colonizaci\u00f3n de los pueblos \u201cabor\u00edgenes\u201d propias del imperialismo de fin del siglo XIX, imperialismos a disposici\u00f3n de los cuales se puso la idea terminando de cristalizar sus planes en Palestina (se lleg\u00f3 a hablar tambi\u00e9n de la Argentina, entre otros pa\u00edses).<\/p>\n<p>No es aqu\u00ed el lugar d\u00f3nde hacer una historia del sionismo y todas sus caracter\u00edsticas, ramas y expresiones (burguesas y \u201csocialistas\u201d como la de Martin Buber, luego entusiasta defensor del Estado de Israel); s\u00f3lo cabe subrayar que se trat\u00f3 desde sus or\u00edgenes de una corriente que <em>revert\u00eda de una manera reaccionaria y opresora una cuesti\u00f3n que era, en su base, progresiva<\/em>, y que requer\u00eda para su resoluci\u00f3n no oprimir a otro pueblo (\u00a1la aberraci\u00f3n inaudita del sionismo!), sino hacer de la cuesti\u00f3n jud\u00eda parte de las causas emancipadoras m\u00e1s generales.<\/p>\n<p><strong>4.3 La tragedia del nazismo<\/strong><\/p>\n<p>A lo largo de muchas d\u00e9cadas la cuesti\u00f3n jud\u00eda estuvo asociada a la cuesti\u00f3n de la clase obrera, a la causa del socialismo. Esto es lo que explica, tambi\u00e9n, que muchos militantes y dirigentes de la izquierda socialista tuvieran origen jud\u00edo en la medida en que a \u00e9stos los sensibilizaba su situaci\u00f3n de oprimidos y encontraban en el movimiento revolucionario una alternativa y un puesto de lucha junto a la clase trabajadora (ver de Enzo Traverso <em>El final de la modernidad jud\u00eda. Historia de un giro conservador<\/em>). De ah\u00ed que la suerte de ambos movimientos y ambas luchas se entrecruzara en muchos momentos, siendo un ejemplo m\u00e1ximo de esto la pelea contra el nazismo.<\/p>\n<p>Hay que entender el operativo del nazismo a este respecto. Se necesitaba un relato que desplazara la conciencia de la lucha de clases, la pelea entre obreros y burgueses, ante corrientes como la bolchevique que estaban en la cima de su proyecci\u00f3n hist\u00f3rica con la Revoluci\u00f3n Rusa. Y este relato alternativo, \u201cnacional\u201d, de \u201cconciliaci\u00f3n de clases\u201d, el nazismo lo encontr\u00f3 explotando los sentimientos de la conciencia popular, pero no de clase, que identificaba a los jud\u00edos con los usureros, los prestamistas, los comerciantes. \u00c9se hab\u00eda sido el rol econ\u00f3mico de muchos de los integrantes de esta religi\u00f3n durante gran parte de la Edad Media, lo que hab\u00eda llegado a identificarlos popularmente como una suerte de \u201cchupasangres\u201d de los campesinos y dem\u00e1s sectores oprimidos.<\/p>\n<p>Esto qued\u00f3 en la conciencia popular de amplios sectores, sobre todo en los pueblos medianos y chicos de Europa oriental, aun cuando la poblaci\u00f3n jud\u00eda hab\u00eda sido ya desplazada de estas funciones, o \u00e9stas fueran menores frente a la verdadera explotaci\u00f3n proveniente de la gran burgues\u00eda en ascenso, mayormente de origen no jud\u00edo, y de la cual el nazismo pretend\u00eda quitar el foco de las furias populares.<\/p>\n<p>En su b\u00fasqueda de desplazar la referencia de clase, en su objetivo de lograr la \u201cunidad nacional\u201d de explotados y explotadores, el nazismo supo encontrar estas profundas pasiones, que ten\u00edan ra\u00edces en la cultura <em>v\u00f6lkisch<\/em> (cultura \u201cpopular-conservadora\u201d alemana), que pon\u00eda al jud\u00edo en esa posici\u00f3n detestable y detestada: \u201cEs falso (\u2026) acusar al gran capital de crear el antisemitismo. Se sirvi\u00f3 del antisemitismo elemental de las masas peque\u00f1oburguesas y lo convirti\u00f3 en llave maestra de la ideolog\u00eda fascista. Por medio del mito del \u2018capitalismo jud\u00edo\u2019, el gran capital trata de monopolizar a su provecho el odio anticapitalista de las masas\u201d (Le\u00f3n 2010: 240).6 De ah\u00ed que el nazismo identificara al \u201cjud\u00edo-bolchevique\u201d como enemigo, como unificando las dos causas que eran obviamente distintas pero a la vez, efectivamente, se encontraban en alg\u00fan punto entrelazadas.<\/p>\n<p>El ascenso del nazismo en Alemania a comienzos de 1933 signific\u00f3 la m\u00e1s grande derrota de la clase obrera en toda su historia, la m\u00e1s terrible capitulaci\u00f3n del stalinismo, as\u00ed como una tragedia sin nombre para la poblaci\u00f3n jud\u00eda de Alemania, Austria, Polonia, los pa\u00edses B\u00e1lticos, Ucrania, Bielorrusia y Rusia. La b\u00fasqueda de \u201cespacio vital\u201d para el imperialismo alem\u00e1n se llev\u00f3 a cabo, en el Este, bajo la divisa de la liquidaci\u00f3n del bolchevismo y de los jud\u00edos, redundando en una historia que es conocida: 27 millones de soldados, obreros y campesinos muertos en el Frente Oriental y seis millones de jud\u00edos de todo origen social, am\u00e9n de los gitanos y otras poblaciones menores.<\/p>\n<p><strong>4.4 La gesta heroica del gueto de Varsovia<\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cFue una lucha para afirmar la dignidad jud\u00eda, o m\u00e1s simplemente la dignidad humana, frente al exterminio\u201d<\/em> (E. Traverso, <em>Understanding the Nazi Genocide. Marxism after Auschwitz<\/em>).<\/p>\n<p>As\u00ed se llega a la Segunda Guerra Mundial, sobre todo a junio de 1941 cuando Hitler desata la Operaci\u00f3n Barbarroja (la invasi\u00f3n a Rusia) arrasando con tres millones de soldados del Ej\u00e9rcito Rojo (desorganizado por Stalin luego de las purgas militares de 1938) en los primeros seis meses de la contienda. Casi simult\u00e1neamente, en la famosa Conferencia de Wannsee a comienzos de 1942, se decide la \u201csoluci\u00f3n final\u201d. Ante los problemas de log\u00edstica creados por la guerra, el poder nazi consider\u00f3 que \u201cno ten\u00eda ninguna otra alternativa\u201d (primeramente se hab\u00eda pensado en desplazar la poblaci\u00f3n jud\u00eda a\u2026 Madagascar) que el asesinato en masa de la poblaci\u00f3n jud\u00eda. All\u00ed comienza la fase final del asesinato de seis millones de personas, procedimiento que se fue radicalizando conforme Hitler iba perdiendo la guerra, y que lleg\u00f3 a situaciones aberrantes como el asesinato de medio mill\u00f3n de jud\u00edos h\u00fangaros en 1944.7<\/p>\n<p>En esta cat\u00e1strofe presentada como \u201ctragedia\u201d u \u201cholocausto\u201d, es decir, como algo pasivo que no se pod\u00eda enfrentar, los llamados \u201cConsejos Jud\u00edos\u201d cumplieron un papel vergonzoso en aceptar mansamente, primero, la guetificaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n de ese origen, y, luego, su \u201centrega en cuotas\u201d para ser enviados a los campos de concentraci\u00f3n. Se trata de un tema conocido pero soslayado por el sionismo y la \u201chistoria oficial\u201d en Israel. Hanna Arendt, insospechable de posiciones de izquierda \u2013a decir verdad, milit\u00f3 desde joven en el sionismo\u2013, denunci\u00f3 este rol siniestro de los consejos jud\u00edos en oportunidad de su cobertura del juicio en Israel a Adolf Eichmann en su obra <em>Eichmann en Jerusal\u00e9n<\/em>. Arendt maneja el agudo concepto de \u201cbanalidad del mal\u201d para describir el mecanismo burocr\u00e1tico y \u201cdesinteresado\u201d \u2013en el sentido de una sorprendente \u201cincapacidad para pensar\u201d por s\u00ed mismos\u2013 con que la mayor\u00eda de los bur\u00f3cratas nazis administraron el genocidio. Traverso, a la vez que reivindica la agudeza de Arendt, le enrostra su incapacidad para ver la \u201cdimensi\u00f3n social de la opresi\u00f3n\u201d, l\u00edmite general de su pensamiento mayormente liberal de izquierda: Arendt rechazar\u00e1 por pol\u00edticamente \u201cpeligrosa\u201d toda idea de emancipaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Volviendo a los consejos, integrados por las grandes figuras jud\u00edas de cada ciudad o regi\u00f3n de origen burgu\u00e9s, no se les ocurri\u00f3 otra cosa que \u201crespetar las leyes\u201d (\u00a1aunque fueran leyes nazis!) en vez de optar por los m\u00e9todos tradicionales de lucha de los explotados y oprimidos, la acci\u00f3n directa, por m\u00e1s dif\u00edcil que fuera en esas condiciones (\u00e9sta era una alternativa no s\u00f3lo m\u00e1s digna, sino incluso m\u00e1s realista que morir sin luchar).8<\/p>\n<p>Es ah\u00ed donde entra la enorme haza\u00f1a del gueto de Varsovia. Entre el 19 de abril y el 8 de mayo de 1943, 700 j\u00f3venes combatientes mantuvieron a raya fuerzas nazis infinitamente superiores, llevando a cabo una de las gestas de resistencia m\u00e1s heroicas de la II Guerra Mundial. Su principal dirigente, Mordekhai Anielewicz, ten\u00eda s\u00f3lo 22 a\u00f1os y se suicid\u00f3 para no caer en manos de las fuerzas nazis.<\/p>\n<p>No era casual que estuvieran influenciados por militantes originados en el Bund jud\u00edo o el partido comunista, aunque tambi\u00e9n por la organizaci\u00f3n juvenil sionista Hashomer Hatzair, que, de todos modos, ten\u00eda rasgos izquierdistas en aquella \u00e9poca (Abraham Le\u00f3n y Mandel militaron en ella en su adolescencia); incluso se sabe de la participaci\u00f3n de militantes trotskistas en el levantamiento, que habr\u00edan publicado una suerte de bolet\u00edn propio.<\/p>\n<p><strong>4.5 De oprimidos a opresores<\/strong><\/p>\n<p>Terminada la segunda guerra, seis millones de jud\u00edos no exist\u00edan m\u00e1s: pr\u00e1cticamente la poblaci\u00f3n jud\u00eda entera de Europa oriental, donde eran fuertes en sus filas el pensamiento y las tradiciones socialistas. Esta tragedia liquid\u00f3 el Bund jud\u00edo as\u00ed como, paralelamente, la burocratizaci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n Rusa hab\u00eda terminado por liquidar el car\u00e1cter obrero del primer Estado proletario y al partido comunista como alternativa real.<\/p>\n<p>Es en estas condiciones que el sionismo se impone definitivamente. En 1948 es declarada la fundaci\u00f3n del Estado de Israel (apoyada por Stalin); simult\u00e1neamente, se desata la primera guerra contra la poblaci\u00f3n palestina y los pa\u00edses \u00e1rabes circundantes, masacre y desplazamiento mediante de su originaria poblaci\u00f3n palestina. Una verdadera limpieza \u00e9tnica que en la tradici\u00f3n palestina se llama la <em>Nakba<\/em> (en \u00e1rabe, cat\u00e1strofe o desastre).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, entonces, se cierra un c\u00edrculo y de la manera m\u00e1s reaccionaria y contrarrevolucionaria posible: <em>la cuesti\u00f3n jud\u00eda, de progresista que era, inter\u00e9s del conjunto de los explotados y oprimidos, une su suerte con el imperialismo<\/em>, con el colonialismo, con la opresi\u00f3n de otro pueblo. Una \u201csoluci\u00f3n\u201d burguesa al asunto que no ha dejado de derramar sangre desde ese a\u00f1o hasta ahora, creando un estado de opresores que se asienta \u2013armado hasta los dientes\u2013 en la opresi\u00f3n de la poblaci\u00f3n palestina originaria, y que no tendr\u00e1 soluci\u00f3n hasta que no se logre una Palestina socialista donde palestinos y jud\u00edos puedan convivir libremente. Pero para esto, habr\u00e1 primeramente que acabar con el Estado de Israel y buscar la manera de que esto ocurra desde un movimiento socialista refundado de los oprimidos y explotados del mundo \u00e1rabe. Una tarea muy dif\u00edcil, que no podr\u00e1 ver la luz m\u00e1s que acompa\u00f1ando un renacimiento del movimiento obrero y socialista en todo el mundo.<\/p>\n<p>En todo caso, el ocaso de la cuesti\u00f3n jud\u00eda como cuesti\u00f3n progresista en la segunda mitad del siglo XX hace parte de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn y la burocratizaci\u00f3n de las revoluciones del siglo XX, y \u201cesta mutaci\u00f3n de la judeidad no hace sino seguir un desplazamiento m\u00e1s general del eje del mundo occidental (\u2026) tras la derrota hist\u00f3rica del comunismo y de las revoluciones del siglo XX\u201d (Traverso, <em>El final de la modernidad jud\u00eda<\/em>).<\/p>\n<p>La tarea del relanzamiento de la revoluci\u00f3n socialista aut\u00e9ntica en este nuevo siglo deber\u00e1 ayudar, tambi\u00e9n, a emancipar a la poblaci\u00f3n palestina de su opresi\u00f3n sionista y en darle a la cuesti\u00f3n jud\u00eda una soluci\u00f3n progresista hermanada con la causa del proletariado.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> El valor de la Oposici\u00f3n de Izquierda<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>\u201cS\u00ed, por nuestra concepci\u00f3n de la revoluci\u00f3n socialista pasamos por experiencias tremendas y aterradoras. Pero ni la taiga, ni la tundra, ni nuestra vida dif\u00edcil quebrantaron con su aliento helado nuestra voluntad de luchar hasta el final\u201d <\/em>(<em>Samizdat. Voces an\u00f3nimas de la oposici\u00f3n sovi\u00e9tica<\/em>).<\/p>\n<p>Queremos dedicarnos aqu\u00ed a uno de los puntos m\u00e1s heroicos de la tradici\u00f3n que reivindicamos: la experiencia de la Oposici\u00f3n de izquierda en la URSS. Una experiencia desconocida entre las nuevas generaciones, que plantea una lucha por no perder la memoria hist\u00f3rica de los revolucionarios. Lucha que tiene el valor agregado, adem\u00e1s, de plantarse frente a tanto posmodernismo ambiente, y que nos plantea establecer primero el concepto de tradici\u00f3n partidaria.<\/p>\n<p><strong>5.1 La tradici\u00f3n partidaria <\/strong><\/p>\n<p>Este concepto remite a la vinculaci\u00f3n de nuestra actividad con la de las generaciones precedentes. Las corrientes revolucionarias nos reivindicamos de las experiencias de lucha, batallas, sacrificios, desarrollos pol\u00edticos y organizativos m\u00e1s altos de la clase obrera en sus dos siglos de historia. Desde las primeras luchas de los ludditas (1815) y los cartistas (1830) en Inglaterra, pasando por las experiencias de peleas semiindependientes de la clase obrera en las revoluciones de 1830 y 1848, la heroica experiencia de la Comuna de Par\u00eds (1871), la fundaci\u00f3n de la I Internacional (1864), los M\u00e1rtires de Chicago, el d\u00eda de la mujer trabajadora, los primeros a\u00f1os de la II Internacional, hasta llegar a la Revoluci\u00f3n Rusa (1917) y a la III Internacional en su \u00e9poca revolucionaria (1919-1923). Todo esto entra en nuestra tradici\u00f3n, as\u00ed como la heroica pelea de la Oposici\u00f3n de Izquierda, la fundaci\u00f3n de la IV Internacional por parte de Trotsky (1938), la lucha de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht durante la Revoluci\u00f3n alemana. A esto se puede agregar la larga lista de militantes trotskistas asesinados bajo el nazismo y el stalinismo durante la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n<p>En s\u00edntesis: cuando hablamos de la tradici\u00f3n de los revolucionarios, se trata de los hilos de continuidad con las experiencias, ense\u00f1anzas y luchas de las generaciones que nos precedieron, que reivindicamos como parte de una causa com\u00fan, y que hace a la amplitud de miras que nunca debemos perder en nuestra actividad.<\/p>\n<p><strong>5.2 Las c\u00e1rceles como \u00faltimo reducto de la democracia obrera <\/strong><\/p>\n<p>Nos interesa referirnos aqu\u00ed a un momento de gran importancia en la tradici\u00f3n que defendemos: la heroica batalla de la Oposici\u00f3n de izquierda contra la burocratizaci\u00f3n del primer Estado obrero en la historia.<\/p>\n<p>Podemos establecer algunas etapas. La batalla comienza a partir de la \u201cDeclaraci\u00f3n de los 46\u201d (1923), que es un documento firmado por importantes figuras del Partido Bolchevique alertando acerca de la acumulaci\u00f3n de graves problemas en materia de democracia partidaria y el curso general del pa\u00eds. Andando el camino, se produce la primera campa\u00f1a contra Le\u00f3n Trotsky y el \u201ctrotskismo\u201d sustanciada por la \u201cTroika\u201d formada por Stalin, Kamenev y Zinoviev. El tr\u00edo lanza un brutal ataque contra Trotsky denunciando el supuesto car\u00e1cter \u201cantileninista\u201d de la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n permanente, a la cual Trotsky responde inmediatamente con obras como <em>Lecciones de Octubre<\/em> (1924).<\/p>\n<p>Entre 1926 y 1927 se produce la experiencia de la \u201cOposici\u00f3n Unificada\u201d a partir de la ruptura de Zinoviev y Kamenev con Stalin, y la unificaci\u00f3n de los dos primeros con Trotsky. Stalin se al\u00eda en ese momento con Bujarin, aunque romper\u00e1 con \u00e9l en oportunidad del giro \u201cizquierdista\u201d en 1929; Bujarin formar\u00e1 a partir de all\u00ed la llamada Oposici\u00f3n de derecha. Cuando la expulsi\u00f3n de la oposici\u00f3n unificada del partido a finales de 1927 (en medio de un congreso partidario), Zinoviev y Kamenev capitulan inmediatamente y la Oposici\u00f3n de Izquierda adquiere su fisonom\u00eda definitiva.<\/p>\n<p>A comienzos de 1929, Trotsky es expulsado definitivamente de la URSS. Pero a mediados de ese a\u00f1o vendr\u00e1 el gran acontecimiento bisagra en la vida de los bolcheviques leninistas. En un giro aparentemente a \u201cizquierda\u201d de Stalin hacia la industrializaci\u00f3n acelerada del pa\u00eds y la colectivizaci\u00f3n forzosa de la producci\u00f3n agraria, se desata la m\u00e1s dram\u00e1tica crisis en el seno de la oposici\u00f3n izquierdista en su historia.<\/p>\n<p>Una fracci\u00f3n encabezada por Preobrajensky, Smilga y Radek (eminentes dirigentes de la oposici\u00f3n izquierdista junto con Trotsky), hace un llamado a la capitulaci\u00f3n bajo la justificaci\u00f3n que el giro significaba que Stalin hab\u00eda pasado a \u201caplicar el programa de la Oposici\u00f3n de Izquierda\u201d.<\/p>\n<p>En medio de esta crisis, la Oposici\u00f3n de Izquierda se derrumba num\u00e9ricamente: de 8.000 miembros cae hasta 1.000 integrantes en medio de una gran desmoralizaci\u00f3n. Se trataba de una verdadera crisis existencial que puso en cuesti\u00f3n la raz\u00f3n de ser de la misma como tendencia revolucionaria (volveremos sobre esto m\u00e1s abajo). Pasado este momento de aguda crisis, los bolcheviques leninistas recuperar\u00edan sus filas hasta alcanzar 4.000 militantes a comienzos de los a\u00f1os 30; el n\u00facleo revolucionario se mantendr\u00eda firme todo a lo largo de la d\u00e9cada hasta su destrucci\u00f3n f\u00edsica final.<\/p>\n<p>Para que se tenga una idea de d\u00f3nde se reclutaba la Oposici\u00f3n de Izquierda, se\u00f1alemos que era una \u201corganizaci\u00f3n de vanguardia\u201d que se nutr\u00eda, principalmente, en el destierro dentro de la propia URSS. Una organizaci\u00f3n que actuaba en la clandestinidad, con poca o nula actividad p\u00fablica, pero que animaba verdaderas \u201cuniversidades populares\u201d de debate y discusi\u00f3n bajo las dur\u00edsimas condiciones de detenci\u00f3n: \u00a1la \u00faltima expresi\u00f3n de \u201cdemocracia obrera\u201d bajo la burocratizaci\u00f3n de la URSS!<\/p>\n<p>La Oposici\u00f3n de Izquierda no era el \u00fanico n\u00facleo oposicionista de izquierda, pero s\u00ed el mejor organizado y el m\u00e1s coherente pol\u00edticamente de todas las tendencias que se encontraban a izquierda de Stalin. Otras corrientes animaban este espacio como los Decistas (viejo grupo fundado en 1919), as\u00ed como un amplio arco iris de matices y grupos izquierdistas y ultraizquierdistas.<\/p>\n<p>Las c\u00e1rceles estaban pobladas, tambi\u00e9n, por integrantes de la Oposici\u00f3n de derecha bujarinista, restos del menchevismo, de los socialistas revolucionarios y otros grupos reformistas y contrarrevolucionarios que hab\u00edan militado en la trinchera opuesta a la Revoluci\u00f3n de octubre y apoyado el gobierno provisional de Kerensky.<\/p>\n<p><strong>5.3 La cr\u00edtica del objetivismo <\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cEl marxismo positivista de la Segunda y Tercera Internacional, que consideraba el socialismo como una batalla ganada de antemano ineluctablemente inscrita en el \u2018progreso de la historia\u2019 y cient\u00edficamente asegurada por la fuerza de sus \u2018leyes\u2019, ha sido desmentida radicalmente en el siglo XX\u201d<\/em> (Enzo Traverso, \u201cLa memoria de Auschwitz y del comunismo. El \u2018uso p\u00fablico\u2019 de la historia\u201d).<\/p>\n<p>Refir\u00e1monos ahora a los argumentos del debate dentro de la Oposici\u00f3n de Izquierda en 1929, que remite a una tem\u00e1tica a la que ya nos hemos dedicado en otras oportunidades: la relaci\u00f3n entre el \u201cqu\u00e9\u201d de las tareas que se deben llevar adelante para la revoluci\u00f3n y el socialismo, el \u201cqui\u00e9n\u201d del sujeto que las lleva a cabo y el \u201cc\u00f3mo\u201d (es decir, los m\u00e9todos).<\/p>\n<p>Desde el exilio en Alma Ata, Trotsky se\u00f1alaba que no se trataba solamente de \u201cqu\u00e9 medidas est\u00e1 tomando Stalin\u201d, sino \u201cc\u00f3mo y qui\u00e9n las llevar\u00eda a cabo\u201d: si es el aparato burocr\u00e1tico o la clase obrera y el partido bajo un r\u00e9gimen de democracia obrera reestablecido. Christian Rakovsky, principal dirigente de la Oposici\u00f3n de Izquierda dentro del pa\u00eds, incluso va m\u00e1s lejos se\u00f1alando que no se estaba frente a un giro a la izquierda de alg\u00fan tipo, sino frente a un conjunto de medidas que en ausencia de la clase obrera (de la democracia en el seno del partido), vendr\u00edan a reforzar los puntos de apoyo de la burocracia.<\/p>\n<p>El debate se sustanci\u00f3 contra las posiciones capituladoras de Preobrajensky. Apoyado en una lectura objetivista de los acontecimientos, crey\u00f3 ver en Stalin la \u201cconfirmaci\u00f3n\u201d de sus tesis econ\u00f3micas. La supuesta \u201cley del plan\u201d (identificada por \u00e9l en 1926) tendr\u00eda su propia \u201cl\u00f3gica objetiva\u201d: una l\u00f3gica independiente de qui\u00e9n dirigiera la planificaci\u00f3n como tal; la clase o la burocracia, lo mismo daba. Esta supuesta \u201cley econ\u00f3mica\u201d habr\u00eda \u201cobligado\u201d a Stalin a operar el giro a la izquierda. Un giro que al colectivizar el campo y dar paso a la industrializaci\u00f3n del pa\u00eds, deber\u00eda resultar en un \u201cfortalecimiento\u201d de las posiciones del proletariado, como cuenta Brou\u00e9: \u201cLa teor\u00eda seg\u00fan la cual la industrializaci\u00f3n y la colectivizaci\u00f3n tendr\u00edan como consecuencia autom\u00e1tica reforzar el \u2018n\u00facleo proletario\u2019 del partido, comprometiendo definitivamente, m\u00e1s temprano que tarde, a este \u00faltimo, en la v\u00eda de la reforma\u201d (ver nuestro trabajo \u201cLa dial\u00e9ctica de la transici\u00f3n: plan, mercado y democracia obrera\u201d, SoB 25).<\/p>\n<p>Rakovsky se ubic\u00f3 en el campo opuesto a Preobrajensky. Lo hizo con un enfoque alternativo al economicismo que caracterizaba al sector capitulador. Le espet\u00f3 a Preobrajensky que hab\u00eda perdido de vista que Marx hab\u00eda criticado los enfoques que ve\u00edan a la historia como \u201chaci\u00e9ndose sola\u201d; una Historia que fuera a realizar sus designios ineluctablemente, por fuera de las luchas sociales y pol\u00edticas vivas. Rakovsky insist\u00eda que en ausencia del restablecimiento de la democracia partidaria, las medidas que estaba tomando Stalin no pod\u00edan significar el retorno de la URSS a la v\u00eda revolucionaria: \u201cLa \u00fanica manera justa de abordar el problema es desde el punto de vista pol\u00edtico: no se trata de hacer una filosof\u00eda de la historia (\u2026). Lenin ya hab\u00eda se\u00f1alado que para hacer una apreciaci\u00f3n global era necesario tener una actitud pol\u00edtica, porque la pol\u00edtica no es otra cosa que la econom\u00eda y el Estado concentrados\u201d (\u201cUn homenaje cr\u00edtico a un gran revolucionario. Las \u2018Cartas de Astrak\u00e1n\u2019 de Christian Rakovsky\u201d. Luis Paredes, en www.socialismo-o-barbarie.org).<\/p>\n<p><strong>5.4 Una de las p\u00e1ginas m\u00e1s gloriosas de la lucha revolucionaria <\/strong><\/p>\n<p>Luego de este debate la Oposici\u00f3n de Izquierda se consolid\u00f3; no volvi\u00f3 a tener una \u201ccrisis existencial\u201d de esta magnitud. Fuera de la URSS, la labor de Trotsky fue dando resultados y la IV Internacional fue fundada en 1938; la continuidad del marxismo revolucionario hab\u00eda quedado garantizada.<\/p>\n<p>Pero la situaci\u00f3n concreta de la Oposici\u00f3n en la URSS fue deterior\u00e1ndose cada vez m\u00e1s. El cerco de Stalin sobre los \u201ctrotskistas\u201d se hizo cada vez m\u00e1s estrecho, acorralando uno a uno a sus principales dirigentes. La asunci\u00f3n de Hitler en Alemania marc\u00f3 el giro final hacia la capitulaci\u00f3n para Rakovsky y otros oposicionistas famosos como el publicista Sosnovsky. Trotsky dijo: \u201cStalin caz\u00f3 a Rakovsky con la ayuda de Hitler\u201d. Y fue as\u00ed. Luego de su heroica resistencia con una salud quebrantada (desterrado a lugares con hasta 50 grados bajo cero), de un intento fallido de evasi\u00f3n y en medio del aislamiento m\u00e1s completo, termin\u00f3 capitulando bajo el argumento que la ascensi\u00f3n de Hitler planteaba un terreno completamente nuevo \u201cdejando de lado los desacuerdos anteriores\u201d.<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos, de todas maneras, que Brou\u00e9 insiste, sobre la base de una detallada documentaci\u00f3n, que en realidad Rakovsky simul\u00f3 una capitulaci\u00f3n como t\u00e1ctica para intentar restablecer los v\u00ednculos con sectores oposicionistas en la URSS, lo que arroja una luz muy distinta sobre el caso (Ver <em>Comunistas contra Stalin<\/em>, su \u00faltima obra).<\/p>\n<p>En cualquier caso, en los campos de detenci\u00f3n stalinista hab\u00eda nacido una nueva generaci\u00f3n oposicionista de izquierda; una nueva camada obrera y estudiantil que a golpe de huelgas de hambre y m\u00e9todos heroicos de resistencia, le plant\u00f3 cara a la burocracia asesina. Nombres como Dingeltedt, Solntsev, Boris Eltsin, Pevzner, Man Nevelson, Sermuks, Pankratov, Iakovin, Mussia Magid, Maria M. Joff\u00e9, los hermanos Tsintsadze y muchos otros son algunos de los que formaron parte de esta nueva camada.<\/p>\n<p>El acelerado grado de burocratizaci\u00f3n de la URSS trajo todo tipo discusiones: acerca del car\u00e1cter de la URSS, de su defensa incondicional, los problemas de la democracia socialista, la problem\u00e1tica del partido. Serge lo reflejaba al llegar a Occidente luego de ser liberado en 1936 de las garras de Stalin: \u201cSomos muy pocos en este momento: algunos centenares, unos quinientos (\u2026). Entre nosotros no hay gran unidad de puntos de vista. Eltsin dec\u00eda \u2018Es la GPU la que fomenta nuestra unidad\u2019. Dos grandes tendencias nos dividen, aproximadamente por la mitad: los que creen que hay que revisar todo, que fueron cometidos errores desde el inicio de la Revoluci\u00f3n de Octubre, y los que consideran el bolchevismo como inatacable desde sus inicios. Los primero se inclinan a considerar que en las cuestiones de organizaci\u00f3n usted ten\u00eda raz\u00f3n junto con Rosa Luxemburgo, en algunos casos en relaci\u00f3n con Lenin en otra \u00e9poca. En este sentido existe un trotskismo cuyas ra\u00edces vienen de lejos (\u2026). Nos dividimos tambi\u00e9n por la mitad en relaci\u00f3n con los problemas de la democracia sovi\u00e9tica y la dictadura (fuimos los primeros partidarios de la m\u00e1s amplia democracia partidaria en el marco de la dictadura; mi impresi\u00f3n es que \u00e9sta es la tendencia m\u00e1s fuerte). En las \u2018c\u00e1rceles de aislamiento\u2019 y en otros lugares, pueden encontrarse ahora, sobre todo, los oposicionistas trotskistas de 1930-33. Una sola autoridad subsiste: la suya. Usted posee all\u00ed una situaci\u00f3n moral incomparable, de devoci\u00f3n absoluta\u201d (V\u00edctor Serge, citado por Pierre Brou\u00e9 en <em>Los trotskistas en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica<\/em>).<\/p>\n<p>Era inevitable que todo estuviera en discusi\u00f3n dado el aislamiento y las tremendas condiciones de detenci\u00f3n en que se encontraban estos militantes; m\u00e1s aun, frente al fen\u00f3meno original de la burocratizaci\u00f3n de la m\u00e1s grande revoluci\u00f3n en la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>En las c\u00e1rceles se pod\u00eda tener, evidentemente, gran agudeza acerca del grado al que hab\u00eda llegado la degeneraci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n de Octubre. Pero tambi\u00e9n pesaba la dificultad de poner en correspondencia ese proceso degenerativo respecto del proceso m\u00e1s global, internacional, de la lucha de clases, que estaba viviendo la ascensi\u00f3n del nazismo. \u00c9sta fue la s\u00edntesis que intent\u00f3 Trotsky desde su exilio en obras inmensas como <em>La revoluci\u00f3n traicionada<\/em>, donde buscaba analizar el fen\u00f3meno de la burocratizaci\u00f3n sin perder de vista el \u00e1ngulo de la defensa incondicional de la URSS.<\/p>\n<p>La Oposici\u00f3n de Izquierda bull\u00eda en discusiones. Esto fue as\u00ed hasta que, literalmente, los bolcheviques leninistas fueran fusilados. Una \u201csoluci\u00f3n final\u201d (como la califica agudamente Brou\u00e9, en expl\u00edcito paralelismo con el nazismo) llevada a cabo en correspondencia con los \u00faltimos juicios de Mosc\u00fa: durante las grandes purgas de 1936 a 1938 fueron detenidas 8 millones de personas y asesinadas unas 700.000, la flor y nata de la generaci\u00f3n revolucionaria.<\/p>\n<p>A partir de ese momento, literalmente, no quedaron m\u00e1s militantes oposicionistas de izquierda en la URSS: \u201cLa huelga de hambre iniciada el 27 de octubre de 1936 dur\u00f3 132 d\u00edas. Todos los medios fueron empleados para quebrarla: alimentaci\u00f3n forzada y suspensi\u00f3n de calefacci\u00f3n con temperaturas de 50 grados bajo cero. Los huelguistas resistieron. Bruscamente, en el inicio de 1937, las autoridades penitenciarias cedieron ante una orden proveniente desde Mosc\u00fa: todas las reivindicaciones fueron satisfechas y los huelguistas fueron alimentados progresivamente bajo control m\u00e9dico. 35 hombres y mujeres, bolcheviques leninistas, fueron llevados a la tundra, alineados a lo largo de fosas preparadas y ametrallados (\u2026). D\u00eda tras d\u00eda, las ejecuciones continuaron de la misma manera a lo largo de dos meses. El hombre que fue encargado por Stalin para la \u2018soluci\u00f3n final\u2019 de los problemas de la Oposici\u00f3n de Izquierda se llamaba Kachketin\u201d (Brou\u00e9, cit.).<\/p>\n<p>La lucha de la Oposici\u00f3n de Izquierda qued\u00f3 inscripta as\u00ed entre las p\u00e1ginas m\u00e1s gloriosas y m\u00e1s tr\u00e1gicas del socialismo revolucionario. Es deber de las nuevas generaciones conocer esta historia heroica, as\u00ed como tomar nota que este cap\u00edtulo forma uno de los m\u00e1s importantes de nuestra tradici\u00f3n revolucionaria. Una tradici\u00f3n que ha dejado ense\u00f1anzas pol\u00edticas y metodol\u00f3gicas inmensas en materia del abordaje del marxismo por parte de nuestra corriente: \u201cKachketin, parado en una roca, daba la se\u00f1al a los verdugos. Todo era apagado, abatido, los c\u00e1nticos, los esp\u00edritus, las vidas. Se pisoteaban p\u00e1ginas de historias inconclusas. \u00bfCu\u00e1nto podr\u00edan dar ellos todav\u00eda a la revoluci\u00f3n, al pueblo, a la vida? Pero ya no estaban. Definitivamente y sin retorno posible\u201d (M.M. Joffe, <em>Una larga noche<\/em>, citado por Brou\u00e9, \u00eddem).<\/p>\n<p>Cabe a las nuevas generaciones recoger este legado, garantizar que estas vidas no hayan ca\u00eddo en vano, relanzando la lucha por el socialismo en este nuevo siglo.<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><strong> La significaci\u00f3n hist\u00f3rica de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn9<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Cada mes de noviembre, en el aniversario de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn, los medios de comunicaci\u00f3n del mundo vuelven a desempolvar el discurso de la victoria del Occidente capitalista en la Guerra Fr\u00eda contra los pa\u00edses no capitalistas, raz\u00f3n de m\u00e1s para detenernos en ese ensayo en dicho acontecimiento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>En primer lugar, hay que se\u00f1alar que no cay\u00f3 \u201cel comunismo\u201d ni \u201cel socialismo\u201d: Marx y Engels (y Lenin, y Trotsky) defin\u00edan al comunismo o socialismo como una fase de la historia en que la humanidad hab\u00eda conseguido abolir las clases sociales y los aparatos opresivos del Estado, sobre la base de una m\u00e1xima expansi\u00f3n del bienestar material y cultural de todos los individuos, asociado a la vez al m\u00e1ximo progreso t\u00e9cnico (que permite abolir el esfuerzo laboral y conquistar el m\u00e1ximo de tiempo libre). Es la sociedad la que debe terminar tomando en sus manos los asuntos p\u00fablicos.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que los pa\u00edses en los que se expropi\u00f3 el capitalismo el siglo pasado en ning\u00fan caso llegaron a ese estadio, m\u00e1s all\u00e1 de que la liquidaci\u00f3n de los capitalistas en un tercio del globo abriera una posibilidad hist\u00f3rica emancipadora que, lamentablemente, la clase obrera no pudo aprovechar en su primer embate durante el siglo pasado.<\/p>\n<p><strong>6.1 El fen\u00f3meno imprevisto de la burocratizaci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>En segundo lugar, lo que cay\u00f3 no eran tampoco \u201cEstados obreros\u201d ni, mucho menos, \u201cdictaduras del proletariado\u201d. La clase obrera de Europa del Este y de Rusia no ten\u00eda ni un miligramo del poder pol\u00edtico. En el caso de la segunda, lo hab\u00eda perdido desde fines de la d\u00e9cada del 1930, con las purgas sangrientas simbolizadas por los Juicios de Mosc\u00fa. Podemos discutir cu\u00e1n atr\u00e1s se remonta esto, as\u00ed como recordar que en los pa\u00edses del Este europeo (donde se expropi\u00f3 a los capitalistas a la salida de la Segunda Guerra Mundial) la clase obrera nunca detent\u00f3 el poder.<\/p>\n<p>El poder estaba en manos de una casta de bur\u00f3cratas que viv\u00edan como privilegiados. La clase obrera no dej\u00f3 de estar explotada econ\u00f3micamente, aunque por intermedio de relaciones y mecanismos distintos que bajo el capitalismo. La burgues\u00eda hab\u00eda sido expropiada, una conquista inmensa. Pero los medios de producci\u00f3n no quedaron bajo el control de los trabajadores. Esto dio lugar a los privilegios crecientes de la burocracia. La desigualdad social y cultural entre el obrero y el bur\u00f3crata se hizo cada vez mayor; Rakovsky explicaba esto en un texto tan inicial como brillante: \u201cCuando una clase social se hace cargo del poder, es una parte de ella la que deviene su agente. Es as\u00ed que surge la burocracia. En un Estado socialista donde la acumulaci\u00f3n capitalista est\u00e1 prohibida a los miembros del partido dominante, la diferenciaci\u00f3n que comienza por ser funcional deviene en social\u201d (<em>Los peligros profesionales del poder<\/em>). Este texto, escrito a finales de los a\u00f1os 20, presentar\u00eda muchas de las tendencias que se ir\u00edan haciendo evidentes en la ex URSS en los a\u00f1os siguientes y que conducir\u00edan a un lugar muy distinto al socialismo.<\/p>\n<p>Tras las huellas de su amigo, Le\u00f3n Trotsky escribir\u00eda <em>La revoluci\u00f3n traicionada<\/em>, otro texto brillante que por primera vez abordaba globalmente el fen\u00f3meno imprevisto de la burocratizaci\u00f3n de la m\u00e1s grande revoluci\u00f3n obrera de la historia.<\/p>\n<p>En todo caso, si en algo eran superiores estos reg\u00edmenes a los occidentales era en que la propiedad estaba estatizada. Esto permit\u00eda utilizar una porci\u00f3n de los recursos socialmente producidos para evitar que un sector considerable de la poblaci\u00f3n cayera bajo la l\u00ednea de miseria, al tiempo que expandir los servicios sociales a toda la poblaci\u00f3n y desarrollar, de manera planificada, las fuerzas productivas de la sociedad (planificaci\u00f3n que, lamentablemente, al quedar en manos de la burocracia, se transformar\u00eda en fuente de una acumulaci\u00f3n burocr\u00e1tica y de nuevas formas de irracionalidad econ\u00f3mica). Se impon\u00eda, al mismo tiempo, una fuerte presi\u00f3n a los Estados occidentales para que hicieran lo mismo, lo que fue la base \u201cideol\u00f3gica\u201d de los \u201cEstados de bienestar\u201d capitalistas.<\/p>\n<p>De cualquier manera, lo que cay\u00f3 en 1989 fue un conjunto de reg\u00edmenes burocr\u00e1ticos, la mayor\u00eda de los cuales hab\u00edan sido impuestos desde arriba por un Ej\u00e9rcito Rojo burocratizado hasta la m\u00e9dula despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial (con el agravante de constituirse sobre la opresi\u00f3n a las nacionalidades no rusas). Ninguno de ellos contaba con un apoyo mayoritario de la poblaci\u00f3n, ni mucho menos un apoyo activo o protag\u00f3nico. S\u00f3lo en la URSS el r\u00e9gimen hab\u00eda sido producto de una revoluci\u00f3n obrera y popular genuina, y aun en ese caso hab\u00eda sido usurpada hac\u00eda rato por la burocracia: \u201cLa memoria del stalinismo es profundamente heterog\u00e9nea, porque es a la vez memoria de la Revoluci\u00f3n y del Gulag, de la \u2018gran guerra patri\u00f3tica\u2019 y de la opresi\u00f3n burocr\u00e1tica\u201d (Traverso 2011: 48).<\/p>\n<p>Es por eso que en los pa\u00edses del Glacis (Europa oriental), la clase obrera no s\u00f3lo no defendi\u00f3 los \u201cmuros de Berl\u00edn\u201d sino que fue parte activa del derrocamiento de estos reg\u00edmenes que no consideraba como propios, sino m\u00e1s bien hostiles; se trat\u00f3, as\u00ed, de una movilizaci\u00f3n subjetivamente inmadura, pero enormemente progresiva.<\/p>\n<p><strong>6.2 El derrumbe del stalinismo<\/strong><\/p>\n<p>El muro de Berl\u00edn en s\u00ed mismo era una atrocidad que separaba artificialmente una naci\u00f3n, dividiendo familias y grupos sociales. Ni de un lado del muro ni del otro los trabajadores y el pueblo fueron consultados sobre la divisi\u00f3n de Alemania (Moreno hab\u00eda insistido en la derrota hist\u00f3rica que hab\u00eda significado la divisi\u00f3n de la clase obrera alemana, la m\u00e1s fuerte de Europa).<\/p>\n<p>Tanto en Alemania Oriental como en Hungr\u00eda y en Checoslovaquia los tanques sovi\u00e9ticos hab\u00edan aplastado a los movimientos nacionales, sociales y democr\u00e1ticos de las masas obreras y estudiantiles en las d\u00e9cadas anteriores. Las condiciones de opresi\u00f3n que se viv\u00edan en el Este, combinadas con un ya perceptible y creciente deterioro en el nivel de vida, detonaron una movilizaci\u00f3n democr\u00e1tica popular de masas que tir\u00f3 abajo el muro de Berl\u00edn as\u00ed como todos estos reg\u00edmenes dictatoriales, tanto en los pa\u00edses del Este europeo como en la ex URSS.<\/p>\n<p>Esa ca\u00edda de la burocracia stalinista (o post stalinista) fue un triunfo democr\u00e1tico. Pero la falta de una alternativa socialista real, la no valoraci\u00f3n de la propiedad estatal como una conquista (\u00a1debido a que no eran los trabajadores mismos los que la administraban y usufructuaban!), la falta de las m\u00e1s elementales libertades democr\u00e1ticas, am\u00e9n del espejo de la \u201cprosperidad\u201d occidental, hicieron que estos procesos fueran f\u00e1cilmente reconducidos hacia la vuelta al capitalismo: \u201cMientras los \u2018ossis\u2019 \u2013como se apodaba a quienes viv\u00edan en Alemania del Este\u2013 conduc\u00edas sus rudimentarios Trabant, vest\u00edan ropa triste y de mala calidad y beb\u00edan gaseosas sin marca, sus vecinos, los \u2018wessis\u2019, consum\u00edan Pepsi, usaban jeans Levi\u2019s y se mov\u00edan en BMW\u201d (Luisa Corradini, <em>La Naci\u00f3n<\/em>, 6-11-2014).<\/p>\n<p>Las mismas ex burocracias de las \u201crep\u00fablicas sovi\u00e9ticas\u201d trabajaron para el retorno del capitalismo y la propiedad privada cuando evaluaron que era necesario cambiar el rumbo como producto de la cat\u00e1strofe econ\u00f3mica y el rechazo creciente de las distintas nacionalidades a la opresi\u00f3n desde la ex URSS.<\/p>\n<p>El capitalismo fue restaurado por parte de una oligarqu\u00eda que quiso transformarse de \u201cpropietaria del Estado\u201d (\u201cla burocracia tiene al Estado como su propiedad\u201d, dec\u00eda Marx parafraseando a Hegel) en directa propietaria de empresas capitalistas, y quiso hacerlo sobre la base de una \u201cterapia de shock\u201d que los neoliberales recomendaron para aplastar r\u00e1pidamente la resistencia popular.<\/p>\n<p>En todo caso, para la clase obrera y la juventud de las \u201cdemocracias populares\u201d no quedaba otra alternativa porque no aparec\u00eda como posible otra salida a la crisis. Ese vac\u00edo de alternativas es lo que caracteriz\u00f3 a la restauraci\u00f3n capitalista y perme\u00f3 todo un ciclo hist\u00f3rico, marcando los l\u00edmites de una conciencia popular que ya no se forjaba en la lucha contra el capitalismo, sino que debi\u00f3 hacerlo en la pelea contra el \u201cEstado socialista\u201d, otro agudo se\u00f1alamiento anticipatorio de Rakovsky.<\/p>\n<p>En varios art\u00edculos de homenaje cuando la muerte de Mandel (1995) se se\u00f1ala c\u00f3mo estaba profundamente decepcionado por el final ignominioso de los estados no capitalistas; seguramente un an\u00e1lisis demasiado \u201cidealista\u201d de los mismos, abstra\u00eddo de las condiciones reales imperantes, le hab\u00eda dificultado comprender cu\u00e1nto hab\u00eda retrocedido la clase obrera en ellos.<\/p>\n<p>El 89 signific\u00f3 entonces la cristalizaci\u00f3n \u2013o el salto en calidad\u2013 de una situaci\u00f3n hist\u00f3rica: el agotamiento irreversible del stalinismo y los reg\u00edmenes burocr\u00e1ticos, tanto en sus aspectos econ\u00f3micos como pol\u00edticos, sociales y culturales. Una oleada de rebeliones populares barri\u00f3 a los pa\u00edses del Este europeo: ninguno de los reg\u00edmenes derrocados era reivindicable, ni posible de sostenerse hist\u00f3ricamente. Lo mismo puede decirse del r\u00e9gimen en la URSS, que caer\u00eda dos a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Si esto signific\u00f3, simult\u00e1neamente, un triunfo para el capitalismo, fue como producto de fen\u00f3menos anteriores que se fueron procesando en el tiempo: la derrota de la clase obrera rusa databa de los a\u00f1os 30. Y tuvo una suerte de efecto retardado como el mecanismo de una bomba de tiempo: una derrota que se hizo visible, en sus dram\u00e1ticos alcances, s\u00f3lo medio siglo despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Algo similar hab\u00eda ocurrido con las clases obreras del este: Berl\u00edn 1953, Hungr\u00eda 1956, Checoslovaquia 1967 y Polonia 1980 fueron las fechas en que el proletariado se levant\u00f3 contra la opresi\u00f3n burocr\u00e1tica y fue derrotado por los tanques stalinistas: \u201cEl trabajo de duelo y de apropiaci\u00f3n de un pasado prohibido dio lugar a una rehabilitaci\u00f3n masiva de la tradici\u00f3n nacional. La verg\u00fcenza ligada a la toma de conciencia del stalinismo fue reemplazada por el orgullo del pasado ruso (al que pertenecen tanto los zares como Stalin). Un fen\u00f3meno an\u00e1logo caracteriza a los pa\u00edses del ex imperio sovi\u00e9tico, donde la introducci\u00f3n de la econom\u00eda de mercado y el surgimiento de nuevos nacionalismos marginaliz\u00f3 por completo el recuerdo de las luchas por el \u2018socialismo con rostro humano\u2019\u201d (Traverso 2011: 48).<\/p>\n<p>Esto impidi\u00f3, evidentemente, la maduraci\u00f3n de una alternativa por la izquierda, desde la clase obrera, conjuntamente con el fen\u00f3meno ya se\u00f1alado de que la propiedad estatal de los medios de producci\u00f3n no fuera percibida (\u00a1porque no lo era!) como propia.<\/p>\n<p><strong>6.3 Hacia un recomienzo hist\u00f3rico <\/strong><\/p>\n<p>Se abri\u00f3 una verdadera crisis de alternativas se abri\u00f3, que dura hasta nuestros d\u00edas. Porque si en el largo plazo la ca\u00edda del stalinismo ha sido un fen\u00f3meno emancipador, en el corto y mediano plazo fue reconducida por el capitalismo como un triunfo sobre las perspectivas hist\u00f3ricas de la clase obrera, la perspectiva de poner en pie otro r\u00e9gimen social. La historia pareci\u00f3 as\u00ed \u201cconcluir\u201d. Y sin embargo, los efectos simult\u00e1neos de la crisis econ\u00f3mica capitalista y la crisis de hegemon\u00eda yanqui, sumados a las rebeliones populares que se est\u00e1n viviendo, est\u00e1n poniendo las cosas en un nuevo terreno: el de un recomienzo de la experiencia hist\u00f3rica de los explotados y oprimidos.<\/p>\n<p>En su cobertura period\u00edstica del aniversario de la ca\u00edda del muro, Luisa Corradini da una definici\u00f3n muy aguda del tiempo presente: habla de las \u201cpromesas incumplidas del nuevo amanecer\u201d que supuestamente habr\u00eda significado la ca\u00edda del muro, agregando: \u201cUn cuarto de siglo despu\u00e9s, no hace falta ser un ide\u00f3logo de izquierda o de derecha para reconocer que el mundo occidental tiene serios problemas\u201d.<\/p>\n<p>Tampoco implic\u00f3 una mejor\u00eda de las condiciones de vida de las masas en esos pa\u00edses. O por lo menos no categ\u00f3rica y homog\u00e9nea, sino que abri\u00f3 la puerta a un retroceso por la v\u00eda de la restauraci\u00f3n capitalista, donde todas las promesas liberales resultaron ser \u201cespejitos de colores\u201d: Europa del Este sigue siendo la pariente pobre de Europa Occidental, y su cantera de reclutamiento de mano de obra barata. Las privatizaciones y ajustes destruyeron las redes de seguridad social, tanto en el Este como en Occidente, dejando a millones de seres humanos a la intemperie. La fragmentaci\u00f3n geopol\u00edtica abri\u00f3 la caja de Pandora de los enfrentamientos inter\u00e9tnicos, religiosos, etc.<\/p>\n<p>Dicho lo anterior, hay que se\u00f1alar que la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn no puede considerarse como una tragedia hist\u00f3rica (como hacen los nost\u00e1lgicos del stalinismo y del tercermundismo nacionalista burgu\u00e9s). El muro ten\u00eda que caer porque su funci\u00f3n era \u00fanicamente opresiva, y su objetivo era sostener lo insostenible: el contraste del nivel de vida entre la RFA (Rep\u00fablica Federal Alemana) y la RDA (Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana) se\u00f1al\u00f3 como inviable el proyecto de esta \u00faltima. Salvo que este proceso hubiera sido parte de un verdadero proceso revolucionario, de la extensi\u00f3n de la revoluci\u00f3n socialista al resto de Europa, algo que nunca ocurri\u00f3. Fue, m\u00e1s bien, la imposici\u00f3n de una transformaci\u00f3n desde lo alto sobre una poblaci\u00f3n aut\u00f3ctona derrotada despu\u00e9s del desastre del nazismo: \u201cDiametralmente opuesta a una verdadera revoluci\u00f3n es el caso de la ex RDA: un verdadero \u2018engendro hist\u00f3rico\u2019. Es que en ella no hubo ning\u00fan tipo de revoluci\u00f3n. M\u00e1s bien, los cambios fueron forzados por la presencia del Ej\u00e9rcito Rojo stalinista. Est\u00e1 claro que el debate no es simple. Se derrot\u00f3 al invasor imperialista alem\u00e1n. Pero ning\u00fan tipo de socialismo puede surgir a punta de pistola de un ej\u00e9rcito que no dejaba de ser, en gran medida, de ocupaci\u00f3n\u201d (Roberto S\u00e1enz: \u201cLas huellas de la historia\u201d, www.socialismo-o-bargarie.org).<\/p>\n<p>1989 implic\u00f3 el comienzo de un nuevo ciclo hist\u00f3rico donde la conciencia de las nuevas generaciones tiene que remontar la herencia dejada por 60 a\u00f1os de deseducaci\u00f3n burocr\u00e1tica. Corrupci\u00f3n de la conciencia pol\u00edtica socialista que reemplaz\u00f3 las ense\u00f1anzas revolucionarias del siglo XIX, las primeras d\u00e9cadas del XX, la oleada revolucionaria del 17, etc., por un conjunto de telara\u00f1as mentales, expresadas en el culto a lo opresivo, en el fetichismo del aparato, en el sustituismo del sujeto revolucionario, en el criterio antisocialista de \u201cdar a la sociedad lo menos posible y sacar de ella lo m\u00e1s que se pueda\u201d (Lenin).<\/p>\n<p>Pero el 89 implic\u00f3 (e implica) tambi\u00e9n una oportunidad: la oportunidad de empezar a educar a la vanguardia obrera y juvenil en la verdadera perspectiva del socialismo, en recuperar las tradiciones revolucionarias aut\u00e9nticas actualiz\u00e1ndolas seg\u00fan el mundo en que vivimos hoy y las lecciones de la experiencia pasada. Proceso que se est\u00e1 viviendo lentamente con la acumulaci\u00f3n de experiencias de las actuales rebeliones populares, de los \u201cindignados\u201d de distintos pa\u00edses, de la joven generaci\u00f3n obrera que viene irrumpiendo, todav\u00eda fragmentariamente, en la escena pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Y que se est\u00e1 expresando, como tendencia hist\u00f3rica, en la acumulaci\u00f3n sostenida de las corrientes socialistas revolucionarias, es decir, del trotskismo, que se viene ganando un lugar indiscutido entre la vanguardia obrera y juvenil a nivel internacional.<\/p>\n<p>Ah\u00ed est\u00e1 la semilla del futuro, lo \u00fanico que puede sacar al mundo del cenagal al que lo lleva el capitalismo, en medio de la lenta disoluci\u00f3n del viejo orden mundial que augura la reapertura de una \u00e9poca de grandes crisis, guerras y revoluciones.<\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><strong> \u00bfQu\u00e9 tipo de estados puso en pie el stalinismo en Europa Oriental?<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201c<\/em><em>Toda la educaci\u00f3n partidaria [del stalinismo] se basaba no en el estudio creativo y voluntario del m\u00e9todo cr\u00edtico y antidogm\u00e1tico del marxismo, sino en la asimilaci\u00f3n obligatoria de textos. Convert\u00edan a los obreros en loros y charlatanes\u201d<\/em> (<em>La tragedia de Hungr\u00eda<\/em>, Peter Fryer).<\/p>\n<p>Nos interesa aqu\u00ed profundizar en algunos aspectos de la experiencia de la ex RDA y los dem\u00e1s pa\u00edses no capitalistas del Este, desarrollando algunos de sus rasgos que encierran claves acerca del car\u00e1cter de los estados puestos en pie por el stalinismo y tambi\u00e9n de su ignominiosa ca\u00edda posterior.<\/p>\n<p><strong>7.1 El comportamiento de un ej\u00e9rcito de ocupaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El stalinismo pele\u00f3 la Segunda Guerra Mundial en clave nacionalista; esto ti\u00f1\u00f3 sus relaciones con los dem\u00e1s estados de Europa oriental una vez finalizada la contienda. El escritor ruso Vasili Grossman tuvo la valent\u00eda de denunciar este estrecho enfoque en su momento. El ingreso del Ej\u00e9rcito Rojo en estos pa\u00edses (con toda la carga hist\u00f3rica que tuvo este acontecimiento), no ocurri\u00f3 verdaderamente en tanto que ej\u00e9rcito de liberaci\u00f3n: \u00a1permanecieron como ej\u00e9rcitos de ocupaci\u00f3n hasta la ca\u00edda del Muro! Esto dio lugar a una dram\u00e1tica contradicci\u00f3n: el \u201csocialismo\u201d que se construy\u00f3 en dichos pa\u00edses se levant\u00f3 a punta de bayoneta, desalentando los movimientos aut\u00f3nomos que la clase obrera estaba poniendo en pie cuando el derrumbe del nazismo.<\/p>\n<p>Tanto Grossman como Brou\u00e9 posteriormente hab\u00edan subrayado las esperanzas creadas por el triunfo en la guerra antinazi tanto en la URSS como en los pa\u00edses del este europeo: \u201cEl avance del ej\u00e9rcito ruso despert\u00f3 en la clase obrera de estos pa\u00edses toda una serie de esperanzas revolucionarias (\u2026) Los comit\u00e9s de liberaci\u00f3n yugoslavos (\u2026) dictan leyes sobre provincias enteras incluso antes de la llegada de las avanzadillas rusas (\u2026). Los obreros armados checos participan en la liberaci\u00f3n de Praga (\u2026) e instauran el control obrero dentro de las f\u00e1bricas. Los obreros de Varsovia participan en la insurrecci\u00f3n del verano de 1944 (\u2026). En todas las f\u00e1bricas alemanas del Este se constituyen consejos obreros que asumen la gesti\u00f3n de la empresa\u201d (Brou\u00e9 2007: 542). Esperanzas vanas que fueron aplastadas por la burocracia stalinista casi inmediatamente; apenas terminada la contienda Stalin volvi\u00f3 a apretar el torniquete en la ex URSS y los pa\u00edses muy contradictoriamente liberados del nazismo.<\/p>\n<p>No es casual, entonces, que visto el ej\u00e9rcito sovi\u00e9tico como uno de ocupaci\u00f3n, los levantamientos antiburocr\u00e1ticos que se sucedieron desde la d\u00e9cada del 50 en Alemania Oriental, Hungr\u00eda, Polonia y Checoslovaquia, hayan tenido marcados rasgos de autodeterminaci\u00f3n nacional. Peter Fryer, militante del PC brit\u00e1nico enviado a cubrir la revoluci\u00f3n h\u00fangara de 1956 (que luego de esta experiencia se pasar\u00e1 al trotskismo) subrayaba en tiempo real este sentimiento: \u201cUn odio ardiente contra Rusia y todo lo ruso se observa en los corazones de la gente\u201d (Fryer 1986).<\/p>\n<p>Era tambi\u00e9n el caso de Polonia: el reparto del pa\u00eds entre los nazis y Stalin a comienzos de la segunda guerra (mediante el escandaloso pacto Ribbentrop-Molotov) le otorg\u00f3 la supremac\u00eda de la resistencia a las formaciones nacionalistas burguesas polacas. Polonia es otra de las tragedias del siglo XX, donde la lucha por el socialismo se vio extremadamente distorsionada por el rol nefasto del stalinismo, incluyendo la liquidaci\u00f3n a finales de los a\u00f1os 30 del partido comunista polaco, todav\u00eda heredero de las tradiciones de Rosa Luxemburgo y Leo Jogiches.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed s\u00f3lo queremos subrayar la contradicci\u00f3n de que se hayan definido como \u201cestados socialistas\u201d u \u201cobreros\u201d sociedades donde las transformaciones econ\u00f3micas y sociales anticapitalistas se impusieron mediante un ej\u00e9rcito de ocupaci\u00f3n que nunca dej\u00f3 de tutelarlas: \u201cLa iniciativa creadora de la gente y sus deseos de impulsar el socialismo fueron sofocados. No eran consultados ni ten\u00edan parte en la administraci\u00f3n de sus propios asuntos. El sentimiento de que la ciudad y sus f\u00e1bricas pertenecieran al pueblo no exist\u00eda\u201d (\u00eddem).<\/p>\n<p>No solamente el Ej\u00e9rcito Rojo no se retir\u00f3 luego de derrotado el nazismo. Stalin lleg\u00f3 al extremo de cobrar pesadas reparaciones de guerra a todos los pa\u00edses recientemente \u201cliberados\u201d. Se verific\u00f3 una ceguera estrat\u00e9gica: mientras el imperialismo yanqui implementaba el Plan Marshall para ayudar al renacimiento capitalista alem\u00e1n, en la porci\u00f3n no capitalista de Europa el amo ruso practicaba una pol\u00edtica versallista (por el Tratado de Versalles, que le impuso enormes cargas a Alemania luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial) de reparaciones de guerra, apropi\u00e1ndose de parte de la base industrial de estos pa\u00edses: \u201cDe acuerdo con los t\u00e9rminos del armisticio de 1944, Hungr\u00eda fue obligada a entregarle a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica reparaciones por valor de 600 millones de d\u00f3lares. Adem\u00e1s, los h\u00fangaros fueron obligados a pagar todos los gastos del Ej\u00e9rcito Rojo estacionado y en tr\u00e1nsito por Hungr\u00eda (\u2026). Como en otros pa\u00edses de Europa Oriental, los rusos constituyeron en Hungr\u00eda sociedades mixtas. Esta maniobra le dio al Kremlin el control sobre la producci\u00f3n h\u00fangara de petr\u00f3leo, bauxita, carb\u00f3n, minerales, usinas, producci\u00f3n de maquinaria y autom\u00f3viles, etc\u00e9tera. Adem\u00e1s, los rusos \u2018invirtieron\u2019 en esas compa\u00f1\u00edas los valores que hab\u00edan despojado a Hungr\u00eda. Por ejemplo, en la Sociedad Mixta de Aviaci\u00f3n, las inversiones del Kremlin consistieron en los once mejores aeropuertos h\u00fangaros que el ej\u00e9rcito ruso hab\u00eda \u2018liberado\u2019 de los alemanes\u201d (<em>The Militant<\/em>, 21 de enero de 1957, citado por Nahuel Moreno en \u201cEl marco hist\u00f3rico de la revoluci\u00f3n h\u00fangara\u201d). Moreno agregaba que \u201c[el stalinismo] apret\u00f3 el torniquete hasta lograr un estado totalitario que si bien no liquid\u00f3 las conquistas econ\u00f3micas de la Revoluci\u00f3n de Octubre (\u2026), s\u00ed termin\u00f3 con el contenido leninista de tales conquistas: la libre y democr\u00e1tica intervenci\u00f3n de los trabajadores (\u2026). Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Rusia se ha transformado en un pa\u00eds que explota a otras naciones y a sus trabajadores\u201d (cit.).<\/p>\n<p>El capitalismo hab\u00eda sido expropiado, pero es evidente que en esas condiciones de ocupaci\u00f3n, la que ten\u00eda el control de los asuntos era la burocracia, y no una clase obrera que nunca lleg\u00f3 a detentar el poder.<\/p>\n<p><strong>7.2 \u00bfUn estado obrero erigido sobre un proletariado derrotado?<\/strong><\/p>\n<p>Donde m\u00e1s grave fue esta contradicci\u00f3n fue en la ex RDA (Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana). Le sum\u00f3 el traumatismo del nazismo. Culpabilizar a los alemanes por su \u201cresponsabilidad colectiva\u201d en la contienda (sin diferenciar explotadores y explotados) configur\u00f3 una canallada nacionalista, reaccionaria, antipopular y antiobrera. Un curso antisocialista que sirvi\u00f3 para redoblar el sometimiento de la clase obrera de este pa\u00eds; no para ayudarla a su emancipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay que subrayar otro aspecto que ya se\u00f1alamos arriba: haber dividido a la clase obrera m\u00e1s importante de Europa fue uno de los cr\u00edmenes mayores del stalinismo. A la derrota bajo el nazismo, el stalinismo la remach\u00f3 con la divisi\u00f3n del principal proletariado del continente.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que la unificaci\u00f3n alemana hay sido un hecho progresivo, m\u00e1s all\u00e1 de que fuera capitalizada por el capitalismo mediante la restauraci\u00f3n. Un hecho reconducido de manera reaccionaria entre otras razones porque en la ex RDA (como en el resto de los pa\u00edses de Europa Oriental) no hubo puntos de referencia independientes para que las masas se orientaran hacia la izquierda. Y no pod\u00eda haberlos: los trabajadores terminaron repudiando un Estado que no consideraban propio, m\u00e1s all\u00e1 de que hubiese dado lugar a conquistas econ\u00f3micas y sociales que se fueron degradando con el tiempo. A este desenlace contribuy\u00f3 que la propiedad estatizada, al carecer de todo contenido socialista, no fuera valorada como un punto de apoyo para un curso en sentido distinto.<\/p>\n<p>En estas condiciones, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda hablarse de \u201cestados obreros\u201d en el Este europeo? La ex RDA naci\u00f3 como un Estado burocr\u00e1tico basado en una poblaci\u00f3n que no vivi\u00f3 la ca\u00edda del nazismo como un triunfo propio (es sabido que como subproducto de los bombardeos aliados y del temor al Ej\u00e9rcito Rojo, la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n alemana apoy\u00f3 a Hitler hasta el final): \u201cUna verdadera \u2018revoluci\u00f3n social\u2019 ocurri\u00f3 en Alemania del Este, pero no fue como producto de un levantamiento popular desde abajo (\u2026) fue en gran medida una imposici\u00f3n desde arriba realizada por un relativamente peque\u00f1o Partido Comunista, masivamente facilitada por el hecho brutal de la ocupaci\u00f3n militar sovi\u00e9tica y por la derrota total y la profunda disrupci\u00f3n moral de la Alemania nazi\u201d (Fulbrooke 2008: 23).<\/p>\n<p>Agrega esta autora que \u201c[lo que caracterizaba en ese momento a la poblaci\u00f3n no eran sus] esperanzas ut\u00f3picas sino el miedo al comienzo de cada d\u00eda y la pelea por la supervivencia f\u00edsica y psicol\u00f3gica\u201d (\u00eddem). Rudolf Klemperer, un escritor jud\u00edo que se mantuvo en Alemania (Dresde) durante la guerra, se\u00f1alar\u00e1 la p\u00e9rdida de sentido de la historia de una poblaci\u00f3n que vivir\u00e1 \u201cal d\u00eda\u201d, traumatizada todav\u00eda por los acontecimientos. Sobre esta base era, evidentemente, muy dif\u00edcil erigir cualquier \u201cEstado obrero\u201d, por \u201cdeformado\u201d que fuera.<\/p>\n<p>El Estado no capitalista que se puso en pie en la parte oriental de Alemania dio lugar a determinadas concesiones sociales. Esto no evit\u00f3 una circunstancia de penuria permanente y r\u00e1pidamente demostr\u00f3 su inviabilidad como estado tal. De ah\u00ed el tempranero estallido de la clase obrera berlinesa en junio de 1953, aplastado a sangre y fuego por los tanques del Ej\u00e9rcito Rojo.<\/p>\n<p>Una d\u00e9cada despu\u00e9s vino la erecci\u00f3n del Muro de Berl\u00edn, \u00fanica \u201csoluci\u00f3n\u201d encontrada para frenar el continuo flujo poblacional que desangraba al pa\u00eds: \u201cLa zona sovi\u00e9tica estaba en una situaci\u00f3n mucho m\u00e1s dif\u00edcil que la RFA. M\u00e1s destruida por la guerra, m\u00e1s peque\u00f1a, con menor poblaci\u00f3n y con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica que no estaba en situaci\u00f3n de aportarle nada equivalente a un plan Marshall. Por el contrario, ensay\u00f3 cobrarse sobre esa peque\u00f1a porci\u00f3n de Alemania los pillajes y la devastaci\u00f3n terribles cometidos por los ej\u00e9rcitos alemanes en la URSS, de suerte que la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica pagara de manera redoblada su tributo por las consecuencias de la guerra. Para 1953, 3.400 f\u00e1bricas hab\u00edan sido desmontadas de la RDA. Lo mismo ocurri\u00f3 con las v\u00edas f\u00e9rreas. Pero eso no fue lo m\u00e1s grave. Lo peor fueron las partidas continuas y masivas de personas que migraban hacia el Oeste con su saber hacer y competencias\u201d (en \u201cAlemania: 20 a\u00f1os despu\u00e9s, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la unificaci\u00f3n?\u201d, C\u00edrculo Le\u00f3n Trotsky, 2010).<\/p>\n<p><strong>7.3 \u201cUna clase de loros y charlatanes\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Trotsky hab\u00eda dado pistas de c\u00f3mo abordar la problem\u00e1tica de los pa\u00edses ocupados por el Ej\u00e9rcito Rojo (cuando su an\u00e1lisis de la guerra con Finlandia y la ocupaci\u00f3n de Polonia a finales de 1939): \u201cPero, \u00bfno son actos revolucionarios socialistas la sovietizaci\u00f3n de Ucrania occidental y la Rusia Blanca (Polonia oriental), igual que el intento actual de sovietizar Finlandia? S\u00ed y no. M\u00e1s no que s\u00ed. Cuando el Ej\u00e9rcito Rojo ocupa una nueva provincia, la burocracia sovi\u00e9tica establece un r\u00e9gimen que garantiza su dominaci\u00f3n. La poblaci\u00f3n no tiene otra opci\u00f3n que la de votar s\u00ed en un plebiscito totalitario a las reformas ya efectuadas. Una \u2018revoluci\u00f3n\u2019 de este tipo es factible s\u00f3lo en un territorio ocupado militarmente, con una poblaci\u00f3n diversa y atrasada\u201d (\u201cLos astros gemelos Hitler-Stalin\u201d).<\/p>\n<p>Un tipo de \u201crevoluci\u00f3n\u201d similar ocurri\u00f3 en el Este europeo a la salida de la contienda. Fueron sociedades que, en ausencia de cualquier manifestaci\u00f3n de poder o soberan\u00eda de los trabajadores (tanto pol\u00edtica como econ\u00f3mica), no queda mejor categor\u00eda para identificarlas que como Estados burocr\u00e1ticos. Esto es, caracterizados por la expropiaci\u00f3n de la burgues\u00eda, pero con la clase obrera imposibilitada de aprovecharla a su favor.<\/p>\n<p>Este fen\u00f3meno, \u00edntimamente contradictorio, le plante\u00f3 al movimiento trotskista una dram\u00e1tica querella de definiciones, una m\u00e1s compleja que la otra. Era evidente que no se trataba de \u201cestados socialistas\u201d. Pero tampoco de \u201cestados obreros\u201d en el sentido aut\u00e9ntico de la palabra. Ya Trotsky hab\u00eda caracterizado a la URSS de los a\u00f1os 1930 como \u201cestado obrero degenerado\u201d. A la salida de la segunda posguerra, el trotskismo se inclin\u00f3 a caracterizar los nuevos estados donde hab\u00eda sido expropiada la burgues\u00eda (con revoluciones o no) como \u201cestados obreros deformados\u201d.<\/p>\n<p>Pero esta definici\u00f3n, a la luz de los acontecimientos hist\u00f3ricos, es particularmente cuestionable en pa\u00edses como los que estamos haciendo referencia: no s\u00f3lo no ocurrieron aut\u00e9nticas revoluciones (como s\u00ed fue el caso de China, Yugoslavia y Cuba), sino que las transformaciones ocurridas en materia de derecho de propiedad fueron impuestas mediante un ej\u00e9rcito de ocupaci\u00f3n que se dedic\u00f3 a mantener a raya a la clase obrera mediante un r\u00e9gimen totalitario: \u201cEstas controversias plantean varias preguntas sobre la estructura de la contrarrevoluci\u00f3n burocr\u00e1tica y sobre la caracterizaci\u00f3n directamente social de los fen\u00f3menos pol\u00edticos. Por un lado, la b\u00fasqueda de un acontecimiento sim\u00e9trico al acontecimiento revolucionario, como si el tiempo hist\u00f3rico fuera reversible, constituye un obst\u00e1culo para la comprensi\u00f3n de un proceso original en el que surgi\u00f3 lo ins\u00f3lito y lo inesperado. Por otro lado, ya se trate de estados o de partidos, calificarlos de \u2018obreros\u2019 les atribuye una sustancia social en detrimento de la especificidad de los fen\u00f3menos pol\u00edticos que transfigura las relaciones sociales [reales, RS]. <em>La caracterizaci\u00f3n directamente social de las formas pol\u00edticas se convierte entonces en una cortapisa dogm\u00e1tica que paraliza el pensamiento<\/em>\u201d (Bensa\u00efd 2007: 61-2).<\/p>\n<p>En definitiva, hay que escapar de todo doctrinarismo. Porque m\u00e1s all\u00e1 de las viejas definiciones, la experiencia hist\u00f3rica ha indicado que no podr\u00e1 haber estados obreros aut\u00e9nticos, verdadero proceso de transici\u00f3n al socialismo y mucho menos socialismo, sin el protagonismo hist\u00f3rico de la clase obrera. Un protagonismo hist\u00f3rico de los trabajadores que es lo opuesto a convertirla en una clase de \u201cloros y charlatanes\u201d, como agudamente se\u00f1alaba Fryer.<\/p>\n<p>Tal es la lecci\u00f3n estrat\u00e9gica que deja la ca\u00edda de estas sociedades donde la clase obrera nunca estuvo en el poder: \u201cLas premisas pol\u00edticas del sustituismo llevaron en la pr\u00e1ctica, al final de la Segunda Guerra Mundial, a la imposici\u00f3n de reg\u00edmenes como el del Kremlin en Europa oriental (con excepci\u00f3n de Yugoslavia) por medio de la presi\u00f3n militar-polic\u00edaca desde arriba, contra una poblaci\u00f3n recalcitrante, si no claramente hostil. Todos los acontecimientos posteriores, incluido su colapso en 1989, se derivan de esa condici\u00f3n esencial. Demostraron la imposibilidad de \u2018construir el socialismo\u2019 contra los deseos de la mayor\u00eda de las masas trabajadoras\u201d (Mandel 1995).10<\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><strong> El siglo m\u00e1s revolucionario de la humanidad<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>\u201c<\/em><em>Hay un proceso de despolitizaci\u00f3n (\u2026). Se conmemora a las v\u00edctimas sin reflexionar sobre sus actos y sobre el sentido de los acontecimientos que vivieron. No se analizan m\u00e1s las luchas, los conflictos, las revoluciones, y el pasado es reducido a totalitarismo y genocidios\u201d <\/em>(Enzo Traverso, \u201cNo se puede trabajar sin Marx, pero tampoco se puede trabajar s\u00f3lo con Marx\u201d).<\/p>\n<p>En las \u00faltimas d\u00e9cadas se ha renovado el debate historiogr\u00e1fico. No es para menos: los acontecimientos ocurridos en el siglo pasado (el \u201ccorto siglo XX\u201d, 1914-1989, como lo denominara agudamente el historiador ingl\u00e9s Eric Hobsbawm) han sido de tal magnitud que configuran todo un proyecto de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, el problema es que esta renovaci\u00f3n viene d\u00e1ndose de manera sesgada. Se caracteriza por una <em>condena en bloque de la experiencia del siglo pasado<\/em>. El abordaje del siglo XX como uno de puras \u201cviolencias y \u201cgenocidios\u201d tiende a oscurecer una constataci\u00f3n elemental: se trat\u00f3 del siglo m\u00e1s revolucionario de la humanidad.<\/p>\n<p>Es verdad que las manifestaciones de barbarie fueron inconmensurables. Pero dichas expresiones jam\u00e1s podr\u00edan ser comprendidas si se escamoteara que fueron<em> la respuesta contrarrevolucionaria al conjunto de las experiencias emancipatorias puestas en marcha por los explotados y oprimidos<\/em>; al car\u00e1cter hist\u00f3rico de las revoluciones sociales que lo jalonaron, sobre todo en su primera mitad, y que llevaron a la expropiaci\u00f3n del capitalismo en un tercio del globo.<\/p>\n<p>El valor que tiene una reflexi\u00f3n as\u00ed es la comprensi\u00f3n que estamos transitando un momento en que recomienza la experiencia hist\u00f3rica; una nueva generaci\u00f3n militante hace sus primeras armas, y se trata de trasmitirle el legado de las luchas que la precedieron.<\/p>\n<p><strong>8.1 La condena en bloque del siglo XX<\/strong><\/p>\n<p>Lo primero a se\u00f1alar es algo destacado por varios historiadores: que el siglo pasado puede ya ser abordado como historia, con la distancia suficiente de sus acontecimientos. S\u00f3lo d\u00e9cada y media nos separa de su finalizaci\u00f3n. Pero m\u00e1s all\u00e1 de una simple constataci\u00f3n formal del tiempo, <em>las coordenadas que lo caracterizaron son tan distintas a las del d\u00eda de hoy que, por contraste, pueden ser abordadas de manera hist\u00f3rica<\/em>: \u201cSi existe una memoria hist\u00f3rica es porque el mundo de hoy est\u00e1 ocupado por recuerdos y representaciones de un pasado inmediato al presente, pero que como tal pasado se acab\u00f3\u201d (E. Traverso).<\/p>\n<p>En cualquier caso, se observa una grave unilateralidad en la historiograf\u00eda actual: se tiende a privilegiar el estudio de las manifestaciones de barbarie, de violencias y genocidas, perdi\u00e9ndose de vista el contexto d\u00f3nde estas atrocidades ocurrieron: su car\u00e1cter de respuestas contrarrevolucionarias a las grandes revoluciones hist\u00f3ricas que caracterizaron el siglo XX.<\/p>\n<p>Pero un desarrollo no podr\u00eda caminar sin el otro; tanto acerca de las revoluciones como de las contrarrevoluciones del siglo pasado, hay profundas ense\u00f1anzas a obtener. Ambas expresiones son la materia prima inevitable del debate historiogr\u00e1fico a comienzos de este nuevo siglo.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed nos interesa alertar sobre este sesgo unilateral. Porque deja la idea, abierta o encubierta, de que el siglo pasado fue una pura cat\u00e1strofe, un puro desastre, una pura barbarie que no se debe repetir. Se trata de un operativo despolitizador que plantea el curso lineal de una historia descontextualizada que la deja como un mero \u201cteatro de las sombras\u201d: \u201cPara comprender las tragedias del siglo que acaba y sacar de ello lecciones \u00fatiles para el futuro, hay que ir m\u00e1s all\u00e1 de la escena ideol\u00f3gica, abandonar las sombras que se agitan en ella, para hundirse en las profundidades de la historia y seguir la l\u00f3gica de los conflictos pol\u00edticos\u201d (Daniel Bensa\u00efd, \u201cUna respuesta al Libro Negro del comunismo\u201d).<\/p>\n<p>Deber\u00eda ser obvio que este operativo pierde de vista la dial\u00e9ctica de las cosas, de la historia misma del siglo pasado, que necesariamente es una historia de clases antag\u00f3nicas, que coloc\u00f3 a la revoluci\u00f3n y la contrarrevoluci\u00f3n como experiencias inevitablemente \u201csimbi\u00f3ticas\u201d (expresi\u00f3n que tomamos de Traverso en el sentido de que no puede haber una sin la otra).<\/p>\n<p>Precisemos dos cosas. Una: nos revelamos contra una unilateralidad que tiene como consecuencia devolver una imagen distorsionada del siglo XX, idea que incluye la condena a la perspectiva misma de la transformaci\u00f3n revolucionaria de la sociedad, que pretende la exaltaci\u00f3n acr\u00edtica del tiempo presente: \u201cUn eterno presente se impone, hecho de instantes ef\u00edmeros que brillan con el prestigio de una ilusoria novedad, pero no hacen m\u00e1s que sustituir, cada vez m\u00e1s r\u00e1pidamente, lo mismo con lo mismo\u201d (J\u00e9r\u00f4me Baschet, citado por Daniel Bensa\u00efd en \u201cTiempos hist\u00f3ricos y ritmos pol\u00edticos\u201d).<\/p>\n<p>A lo que se llega es a la <em>suspensi\u00f3n de la historia<\/em> como tal, que nunca podr\u00eda tener un final. Se trata de una evidente pretensi\u00f3n \u201ctotalitaria\u201d que buscar\u00eda suprimir la dimensi\u00f3n del tiempo, que no s\u00f3lo es hist\u00f3rica sino natural, inscrita en la naturaleza misma de las cosas.<\/p>\n<p>Dos: otra cosa distinta es que el siglo pasado estuvo pautado por una gran revoluci\u00f3n hist\u00f3rica como la Revoluci\u00f3n Rusa (junto con la Revoluci\u00f3n Francesa, las dos m\u00e1s grandes en la historia de la humanidad), as\u00ed como por una segunda gran revoluci\u00f3n como la Revoluci\u00f3n China, aunque de rasgos muy distintos a la bolchevique de 1917, sin centralidad de la clase obrera ni organismos de democracia socialista. Y, tambi\u00e9n, por dos grandes contrarrevoluciones como la del nazismo y el stalinismo, adem\u00e1s de las dos m\u00e1s grandes guerras en la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>Es as\u00ed que en el debe y el haber del siglo XX hubo manifestaciones para uno y otro lado, aunque, evidentemente, su conclusi\u00f3n termin\u00f3 reafirmando el orden capitalista. Signific\u00f3 una derrota del primer gran impulso emancipador; un hecho que no servir\u00eda de nada negar.<\/p>\n<p>Pero lo que aqu\u00ed nos interesa subrayar no es eso, sino que no puede haber revoluci\u00f3n sin contrarrevoluci\u00f3n; que los dolores de parto de una nueva sociedad no podr\u00edan venir sin que la acci\u00f3n revolucionaria d\u00e9 lugar a alg\u00fan tipo de reacci\u00f3n de las clases establecidas (igual fen\u00f3meno ocurri\u00f3 cuando la Revoluci\u00f3n Francesa, aunque a una escala y costo humano much\u00edsimo menor al del siglo pasado) y que tirar al ni\u00f1o de la revoluci\u00f3n con el agua sucia de la contrarrevoluci\u00f3n es un operativo ideol\u00f3gico espurio que busca soslayar la perspectiva de la lucha revolucionaria, sacarla del horizonte hist\u00f3rico de las nuevas generaciones.<\/p>\n<p>Esta mirada se expresa en categor\u00edas acordes del an\u00e1lisis. En el centro se encuentra la de <em>totalitarismo<\/em>. El siglo XX es abordado como \u201cun siglo de totalitarismos\u201d, donde la sociedad se habr\u00eda visto reducida a una masa inerte sometida a un \u201cpoder totalitario\u201d que, impuesto desde arriba, habr\u00eda demostrado la imposibilidad de la autoemancipaci\u00f3n de los explotados y oprimidos.<\/p>\n<p>No es que el siglo pasado no haya estado marcado por fen\u00f3menos totalitarios. El nazismo y el stalinismo fueron \u201cgemelos\u201d en el terreno de sus manifestaciones pol\u00edticas. Pero el proceso hist\u00f3rico de su surgimiento y la naturaleza social de las experiencias que los caracterizaron fueron opuestos, aunque la resultante en la forma del r\u00e9gimen de dominaci\u00f3n fuera similar: \u201cLa idea del totalitarismo est\u00e1 lejos de tener una aprobaci\u00f3n un\u00e1nime. Parece limitada, angosta, ambigua, por no decir in\u00fatil para quien busca aprehender, m\u00e1s all\u00e1 de las afinidades superficiales entre los sistemas pol\u00edticos totalitarios, su naturaleza social, su origen, su g\u00e9nesis, su din\u00e1mica global y sus resultados \u00faltimos\u201d (E. Traverso 2014a).<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, la categor\u00eda de totalitarismo tiene dos objetivos que logra resolver sobre la premisa de una condena en bloque del siglo pasado. Primero, pone en el mismo saco la revoluci\u00f3n y la contrarrevoluci\u00f3n, unificando ambas experiencias en una misma categor\u00eda: <em>toda acci\u00f3n pol\u00edtica de masas terminar\u00eda en totalitarismo<\/em>. Segundo, todo el curso del siglo pasado habr\u00eda demostrado que el \u00fanico orden pol\u00edtico que permitir\u00eda una convivencia \u201ccivilizada\u201d (aunque sin resolver las desigualdades sociales, se reconoce) es la \u201cdemocracia\u201d.<\/p>\n<p>Veamos ambos puntos de vista. Es verdad que los \u201creg\u00edmenes totalitarios\u201d fueron un producto singular distinguible de toda forma anterior de autoritarismo. Entre otras cosas, por la puesta en escena de genocidios en masa, fen\u00f3menos producto de la contrarrevoluci\u00f3n (nazi o stalinista), no de la revoluci\u00f3n. El genocidio, como asesinato en masa planificado, fue caracter\u00edstico del nazismo. En la URSS hubo casos tremendos de genocidio como el <em>Holodomor <\/em>ucraniano (la gran hambruna de 1932-33 producto de la descontrolada colectivizaci\u00f3n forzosa del campo stalinista, donde murieron seis millones de campesinos), y es sabido que las purgas significaron asesinatos en gran escala (entre 700.000 y un mill\u00f3n de personas). De cualquier manera, y sin que esto signifique disminuir en nada el car\u00e1cter asesino del r\u00e9gimen de Stalin, no practic\u00f3 los m\u00e9todos del genocidio industrializado como s\u00ed lo hizo Hitler.11<\/p>\n<p>Como digresi\u00f3n, se\u00f1alemos que Traverso insiste en la singularidad de Auschwitz (el campo de exterminio m\u00e1s importante del nazismo). La especificidad de lo ocurrido all\u00ed (y en los dem\u00e1s campos nazis) marca un antes y un despu\u00e9s en materia de barbarie y deshumanizaci\u00f3n de un r\u00e9gimen de dominaci\u00f3n que no corresponde ser disuelto en las otras atrocidades ocurridas en el siglo XX. Esta singularidad no marca ning\u00fan rasgo especial de quienes sufrieron esa barbarie (contra la teor\u00eda \u201cesencialista\u201d levantada por el sionismo) ni podr\u00eda negar que el capitalismo emergi\u00f3 \u201cchorreando sangre por todos los poros\u201d, como se\u00f1alara en su tiempo Marx, y tampoco disminuye las atrocidades del stalinismo, pero su rasgo espec\u00edfico fue significar un asesinato en masa pol\u00edtico sin igual.<\/p>\n<p>Retomando nuestra argumentaci\u00f3n, es por lo dem\u00e1s obvio se\u00f1alar que los procesos revolucionarios dieron lugar al fen\u00f3meno opuesto: el acceso de las grandes masas a la vida pol\u00edtica, el tomar los asuntos en sus manos: \u201cEn 1789, en pleno per\u00edodo de reacci\u00f3n, Immanuel Kant escrib\u00eda a prop\u00f3sito de la revoluci\u00f3n francesa que un acontecimiento as\u00ed, m\u00e1s all\u00e1 de los fracasos y retrocesos, no se olvida. Pues en ese desgarro del tiempo se dej\u00f3 entrever, aunque fuera de forma fugitiva, una promesa de humanidad liberada\u201d (Daniel Bensa\u00efd, \u201cUna respuesta al Libro Negro del comunismo\u201d).<\/p>\n<p>El contraste no podr\u00eda ser mayor con las experiencias de la contrarrevoluci\u00f3n (lo opuesto a esa \u201cpromesa de humanidad liberada\u201d, evidentemente), cuyas expresiones acabadas fueron los campos de concentraci\u00f3n nazis y los campos de trabajos forzados stalinistas, el Gulag.<\/p>\n<p>Se trata, entonces, de expresiones opuestas, inasimilables, y una no deviene mec\u00e1nicamente de la otra. Un profundo corte hist\u00f3rico ocurre, una cesura, una \u201cbifurcaci\u00f3n\u201d del proceso hist\u00f3rico, una reacci\u00f3n en un sentido contrario que no es una vuelta al mismo punto del inicio. Bensa\u00efd dice, agudamente, que una contrarrevoluci\u00f3n es lo contrario a una revoluci\u00f3n, no una revoluci\u00f3n en reversa, que ser\u00eda una manera esquem\u00e1tica de apreciar las cosas.<\/p>\n<p><strong>8.2 El totalitarismo como concepto liberal<\/strong><\/p>\n<p>En fin, la contrarrevoluci\u00f3n, los \u201ctotalitarismos\u201d, no surgen de las revoluciones sino como respuesta a ellas, lo que es algo muy distinto, m\u00e1s all\u00e1 de los inevitables \u201cvasos comunicantes\u201d entre unas y otras. Por ejemplo: que instituciones que cumplen un papel al servicio de la revoluci\u00f3n sean vaciadas de su contenido real, mantengan su continuidad formal y se vean redireccionadas para otros fines. As\u00ed, la Cheka (Comisi\u00f3n extraordinaria Panrusa para la lucha a la contrarrevoluci\u00f3n y el sabotaje) como organismo de represi\u00f3n de la contrarrevoluci\u00f3n durante la guerra civil fue creado en respuesta al atentado contra Lenin del 30 de agosto de 1918 de la militante del Partido Socialista Revolucionario Fannia Kaplan y militantes de ese partido asesinaron a Mois\u00e9s Uritsky (jefe de polic\u00eda bolchevique de Petrogrado. Pero fue luego transformado por el stalinismo en su opuesto, una organizaci\u00f3n para reprimir a la Oposici\u00f3n de Izquierda y las dem\u00e1s oposiciones.<\/p>\n<p>En cualquier caso, bajo la com\u00fan etiqueta de \u201ctotalitarismo\u201d se esconden procesos hist\u00f3ricos de naturaleza muy distinta. Porque el nazismo fue una reacci\u00f3n contrarrevolucionaria en una sociedad pre\u00f1ada de revoluci\u00f3n pero donde \u00e9sta nunca lleg\u00f3 a triunfar, y el stalinismo fue una contrarrevoluci\u00f3n que surgi\u00f3 del seno, pero en sentido opuesto, de la m\u00e1s grande revoluci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Hay aqu\u00ed un problema adicional. La com\u00fan condena de los reg\u00edmenes revolucionarios y contrarrevolucionarios, su subrepticia asimilaci\u00f3n bajo el concepto de \u201ctotalitarismo\u201d, est\u00e1 al servicio de la exaltaci\u00f3n de la \u201cdemocracia\u201d como patrimonio de la sociedad capitalista: \u201cEl totalitarismo es estigmatizado como ant\u00edtesis del liberalismo, la ideolog\u00eda y el sistema pol\u00edtico actualmente dominante. Su condena equivale a una apolog\u00eda de la visi\u00f3n liberal del mundo\u201d (Traverso 2014a).<\/p>\n<p>El operativo es evidente: la \u201cdemocracia\u201d solamente podr\u00eda existir en el contexto del capitalismo tal cual ocurre hoy: no habr\u00eda otra alternativa hist\u00f3rica. Y la democracia queda escindida de toda pretensi\u00f3n emancipatoria. Porque como habr\u00eda demostrado el siglo pasado, la transformaci\u00f3n social no tendr\u00eda otra alternativa que caer en \u201cuna forma de totalitarismo\u201d, como sugiere Hannah Arendt, por ejemplo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esta concepci\u00f3n, adem\u00e1s, la democracia no podr\u00eda ser otra cosa que una pr\u00e1ctica de pocos, nunca del conjunto social. Porque las masas tender\u00edan siempre al \u201ctotalitarismo\u201d: estar\u00edan irremediablemente condenadas a cambiar su libertad por un poroto. El concepto de totalitarismo deviene as\u00ed la v\u00eda regia para una teor\u00eda conservadora de la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Se busca opacar, as\u00ed, la expresi\u00f3n democr\u00e1tica de las grandes revoluciones hist\u00f3ricas, que se caracterizaron por dar lugar a una explosi\u00f3n liberadora de sus cadenas hasta en la vida de todos los d\u00edas: \u201cMarc Ferro (\u2026) insiste (\u2026) sobre el derrocamiento del mundo tan caracter\u00edstica de una aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n. Hasta en los detalles de la vida cotidiana (\u2026). En Odessa, los estudiantes dictan a los profesores un nuevo programa de Historia; en Petrogrado, trabajadores obligan a sus patronos a aprender \u2018el nuevo derecho obrero\u2019; en el ej\u00e9rcito, soldados invitan al capell\u00e1n castrense a su reuni\u00f3n \u2018para dar un nuevo sentido a su vida\u2019, en algunas escuelas, los ni\u00f1os reivindican el derecho al aprendizaje del boxeo para hacerse o\u00edr y respetar por los mayores\u201d (Bensa\u00efd: cit.).<\/p>\n<p>Pasa que ambas \u201cdemocracias\u201d son opuestas por naturaleza: la democracia liberal capitalista supone la subsistencia del Estado como esfera escindida de la sociedad, supone la subsistencia de la explotaci\u00f3n del trabajo, supone, en definitiva, que solamente una minor\u00eda privilegiada pueda dedicarse cotidianamente a los asuntos generales. La democracia obrera, la dictadura proletaria, tiene condiciones opuestas: la tendencia a la reabsorci\u00f3n del Estado en la sociedad; que la pol\u00edtica, la gesti\u00f3n de los asuntos generales, sea practicada por cada vez mayores sectores de masas. Supone la abolici\u00f3n de la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre, la convicci\u00f3n de que la humanidad es capaz de autoemanciparse. Los te\u00f3ricos del totalitarismo subrayan la absorci\u00f3n de la sociedad por el Estado, pero, precisamente, manifiestan su escepticismo en que puede ocurrir lo opuesto, la disoluci\u00f3n del Estado en la sociedad, como postula el marxismo cl\u00e1sico y revolucionario.<\/p>\n<p>Volviendo al concepto de totalitarismo, en el fondo no alude m\u00e1s que a la unificaci\u00f3n de las experiencias de la Alemania nazi y de la Rusia sovi\u00e9tica (stalinizada). El r\u00e9gimen totalitario se caracteriza por una suerte de superposici\u00f3n entre el Estado y la sociedad, donde el primero suprime toda expresi\u00f3n independiente de la \u201csociedad civil\u201d. En el \u201cEstado totalitario\u201d, toda la actividad de la sociedad se ve absorbida por un aparato que se chupa todas sus energ\u00edas.<\/p>\n<p>Recordemos que Marx hac\u00eda una analog\u00eda similar en <em>La lucha de clases en Francia<\/em> en relaci\u00f3n con el r\u00e9gimen impuesto bajo el Luis Bonaparte, sobrino de Napole\u00f3n. Pero se trataba de otra cosa: el \u201cr\u00e9gimen bonapartista\u201d de ninguna manera pod\u00eda llegar al grado de totalitarismo e imposici\u00f3n que significaron el nazismo y el stalinismo; se manejaba con criterios antidemocr\u00e1ticos, desde arriba, autoritarios, pero no ten\u00eda nada que ver con los criterios que estamos identificando aqu\u00ed de los \u201ctotalitarismos\u201d, que se basan en genocidios en masa.<\/p>\n<p>Va de suyo que el totalitarismo suprime hasta el \u00faltimo gramo de democracia pol\u00edtica; es una imposici\u00f3n que elimina todo atisbo de libertad. Libertad que en la historiograf\u00eda oficial es apreciada siempre de manera reduccionista, liberal, como mera libertad individual y no una donde \u201cla libertad de cada uno es la condici\u00f3n para la libertad de todos\u201d, como en Marx. Este \u201ctodos\u201d, este colectivo, esta sociedad, esta comunidad (de la que llega a hablar Engels), le importa poco y nada al liberalismo, que razona en t\u00e9rminos de personas individuales. Quiz\u00e1 el mejor resumen de esa doctrina sea la c\u00e9lebre frase de Margaret Thatcher, primera ministra de Inglaterra en los a\u00f1os 80: \u201cLa sociedad no existe; s\u00f3lo existen los individuos\u201d.<\/p>\n<p>Mediante este operativo se unifican, entonces, experiencias sociales opuestas. Es verdad que hay un elemento pol\u00edtico com\u00fan a ambos reg\u00edmenes, sobre el que se afinca el concepto de totalitarismo. Porque descriptivamente logra atrapar un r\u00e9gimen espec\u00edfico, hist\u00f3rico, subproducto de la barbarie moderna del siglo XX, caracterizado por la supresi\u00f3n de todas las libertades, de toda posibilidad de acci\u00f3n colectiva independiente.<\/p>\n<p>De todos modos, el concepto de totalitarismo es un producto del arsenal liberal en la medida en que, en definitiva, no tiene actualmente otro sentido que obturar toda perspectiva liberadora, inhibir toda posibilidad de autoemancipaci\u00f3n condenando a la sociedad a una heteronom\u00eda radical (se entiende por este concepto la imposibilidad de que las masas explotadas tomen en sus manos los asuntos). Agreguemos, de paso, el correcto se\u00f1alamiento que hace L\u00f6wy de que siempre que el liberalismo ambiente intenta identificar los campos de concentraci\u00f3n con los \u201ctotalitarismos nazi y stalinista\u201d se \u201colvida\u201d de uno de los m\u00e1ximos ejemplos de asesinato racional y premeditado de las \u201cdemocracias occidentales\u201d como fueron las bombas at\u00f3micas sobre Hiroshima y Nagasaki.<\/p>\n<p>Traverso habla de dos \u00e9pocas del concepto de totalitarismo: una, la actual, en que su uso es \u00fanicamente conservador, y otra, la de los a\u00f1os 30, donde ten\u00eda un elemento cr\u00edtico progresivo para denunciar el curso de los reg\u00edmenes nazi y stalinista. De todas maneras, ya por entonces ten\u00eda l\u00edmites, porque llevaba demasiado lejos la identificaci\u00f3n de dos reg\u00edmenes socialmente distintos: un estado capitalista y un estado obrero burocratizado. O, en todo caso, avanzados los a\u00f1os 30, un estado devenido en \u201cburocr\u00e1tico con restos proletarios y comunistas\u201d, como definiera Rakovsky pero que, de todas formas, no se deb\u00eda confundir mec\u00e1nicamente con el del nazismo, error en que cay\u00f3 la corriente llamada \u201cantidefensista\u201d (se negaron a defender a la ex URSS durante la Segunda Guerra Mundial).<\/p>\n<p>El gran soci\u00f3logo burgu\u00e9s Max Weber no conoc\u00eda todav\u00eda el concepto de totalitarismo, ni vivi\u00f3 estos reg\u00edmenes, pero estaba imbuido del tipo de razonamiento pol\u00edtico que le da sustento: \u201cImag\u00ednense las consecuencias de esta vasta burocratizaci\u00f3n y racionalizaci\u00f3n (\u2026) todo lo cubre la <em>Rechenhaftigkeit<\/em>, el c\u00e1lculo racional. De ah\u00ed que cada uno de los trabajadores sea una ruedita de esta m\u00e1quina (\u2026) La pregunta que nos ocupa no es c\u00f3mo puede cambiarse algo en ese proceso, pues esto es imposible (\u2026). M\u00e1s horrorosa es la idea de que en el mundo no haya otra cosa m\u00e1s que rueditas, o sea, que est\u00e9 colmado de hombres que se aferran a esos peque\u00f1os puestitos y aspiran a un puestito algo mayor (\u2026). Que el mundo ya no conozca m\u00e1s que esos hombres del orden es un desarrollo en el que estamos de todos modos insertos, y la pregunta central es, por lo tanto, (\u2026) \u00bfqu\u00e9 tenemos para enfrentar esa maquinaria, para preservar un resto de humanidad de esa parcelaci\u00f3n del alma, de ese dominio absoluto de los ideales de vida burocr\u00e1ticos?\u201d (Max Weber, citado por Weisz 2011: 27).<\/p>\n<p>La cita expresa el temor del soci\u00f3logo liberal frente al proceso de burocratizaci\u00f3n (\u201ctotalitarismo\u201d), que consideraba irrefrenable. En su pesimismo radical (y burgu\u00e9s), Weber hablaba de la \u201cservidumbre de los tiempos futuros, cuando los hombres volver\u00e1n a ser esclavos\u201d.<\/p>\n<p>Fue un pensador agudo que resalt\u00f3 algunos de los aspectos m\u00e1s dram\u00e1ticos de la reducci\u00f3n del mundo burgu\u00e9s a una suerte de \u201cjaula de hierro de la desesperaci\u00f3n\u201d, que aliena a las personas del control sobre sus propias vidas. Al mismo tiempo que denunciaba esto, se manifestaba esc\u00e9ptico frente a toda posibilidad de hacer saltar esa \u201cjaula\u201d por los aires; miraba con profundo desprecio a la clase obrera y a toda intenci\u00f3n de revolucionar el orden capitalista (un interesante an\u00e1lisis cr\u00edtico de la obra de Weber a cargo de un marxista simpatizante con \u00e9l es <em>La jaula de acero. Max Weber y el marxismo weberiano<\/em>, de Michel L\u00f6wy).<\/p>\n<p>Antes de fallecer, sin embargo, Weber vivi\u00f3 una desmentida en tiempo real a su escepticismo radical: unos hombres que no estaban sometidos al \u201corden\u201d, que no se reduc\u00edan a meros engranajes, sino que llegaron a \u201ctocar el cielo con las manos\u201d: la clase obrera rusa.<\/p>\n<p><strong>8.3 La lucha por la memoria de las nuevas generaciones <\/strong><\/p>\n<p>\u201c\u00bfDe d\u00f3nde proviene esta obsesi\u00f3n memorialista? [el autor se refiere a los operativos oficiales] (\u2026) Responden a una crisis de la transmisi\u00f3n [de las experiencias hist\u00f3ricas] en el seno de las sociedades contempor\u00e1neas (\u2026). Podr\u00edamos evocar la distinci\u00f3n que sugiere Benjamin entre la \u2018experiencia transmitida\u2019 (<em>Erfahrung<\/em>) y la \u2018experiencia vivida\u2019 (<em>Erlebnis<\/em>). La primera se perpet\u00faa casi naturalmente de una generaci\u00f3n a la otra (\u2026); la segunda es lo vivido individualmente, fr\u00e1gil, vol\u00e1til, ef\u00edmero (\u2026). La modernidad (\u2026) se caracteriza (\u2026) por el deterioro de la experiencia transmitida\u201d (Traverso 2011: 15).<\/p>\n<p>Si salimos del concepto de totalitarismo, podemos ver la verdadera cara de las revoluciones y contrarrevoluciones del siglo pasado. Apresur\u00e9monos a se\u00f1alar que debido a que estamos en un ciclo hist\u00f3rico que se define, todav\u00eda, por la exclusi\u00f3n de grandes revoluciones, el rostro de la revoluci\u00f3n esta todav\u00eda difuso. No es que no haya vasos comunicantes entre la experiencia actual y la posible emergencia de nuevas revoluciones. \u00c9se es el papel que viene a cumplir el actual ciclo de rebeliones populares: pone sobre la mesa, nuevamente, la intervenci\u00f3n de las grandes masas sobre la escena pol\u00edtica; replantea a la <em>plaza<\/em> <em>p\u00fablica<\/em> (Tahrir, Puerta del Sol, el Zucotti Park o la que sea) en la escena hist\u00f3rica, en oposici\u00f3n a los <em>palacios<\/em>, a las sedes del poder. Pero la falta de radicalizaci\u00f3n de las masas populares las deja todav\u00eda como una expresi\u00f3n preparatoria respecto de las nuevas gestas revolucionarias que est\u00e1n en el porvenir.<\/p>\n<p>Es verdad que las contrarrevoluciones hist\u00f3ricas tampoco son expresi\u00f3n de experiencias actuales (en las que, de todos modos, no faltan manifestaciones de barbarie). Pero su impacto est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3ximo en las representaciones de determinados sectores por cuanto el aparato ideol\u00f3gico oficial se toma el trabajo de exaltarlas y recordarlas, encarg\u00e1ndose, adem\u00e1s, de asimilar dichas experiencias de barbarie\u2026 con las revoluciones que jalonaron el siglo pasado.<\/p>\n<p>En efecto, Traverso sostiene que luego de varias d\u00e9cadas de oscurecimiento de la memoria de Auschwitz, \u00e9sta es hoy una suerte de \u201creligi\u00f3n civil\u201d legitimadora del mundo occidental, donde, de paso, se busca exorcizar toda valoraci\u00f3n del siglo pasado en su faceta emancipatoria; todo queda reducido a \u201ctotalitarismo\u201d.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed corresponde efectuar una delimitaci\u00f3n. Ya se\u00f1alamos que la revoluci\u00f3n y la contrarrevoluci\u00f3n no se oponen mec\u00e1nicamente, est\u00e1n entremezcladas: por la necesidad de las cosas, cuando una est\u00e1, est\u00e1 la otra.<\/p>\n<p>Por ejemplo: tenemos los campos de concentraci\u00f3n del nazismo y el stalinismo. Pero tambi\u00e9n la heroica resistencia de la Oposici\u00f3n de izquierda en la ex URSS, las huelgas de hambre en Kolima y Vorkuta llevadas a cabo por la juventud que formaba filas en el trotskismo (prisiones o \u201ccampos de trabajo\u201d donde el stalinismo encerraba a los oposicionistas en los a\u00f1os 30), como hemos visto arriba. O el levantamiento del gueto de Varsovia (al que tambi\u00e9n nos referimos ya), por nombrar s\u00f3lo algunas gestas heroicas de resistencia a los \u201ctotalitarismos\u201d.<\/p>\n<p>Revoluci\u00f3n y contrarrevoluci\u00f3n se entremezclan, pero no se confunden. Son expresiones opuestas: puntas del hilo del ovillo hist\u00f3rico que se ponen como el principio y el fin, o el fin y el principio. Y, sin embargo, una da lugar a la otra, una es respuesta de la otra; de ah\u00ed el operativo ideol\u00f3gico de igualarlas, como hace por ejemplo Furet: \u201cBolchevismo y fascismo se suceden, se generan, se imitan y se combaten, pero ante todo nacen del mismo suelo, la guerra; son hijos de la misma historia\u201d (citado por Traverso 2001: 155).<\/p>\n<p>\u00c9ste es el centro del debate historiogr\u00e1fico en las \u00faltimas d\u00e9cadas, que ven\u00eda sustanci\u00e1ndose desde los a\u00f1os 50, en plena Guerra Fr\u00eda, pero que cobr\u00f3 renovada actualidad con la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn.<\/p>\n<p>Es evidente que la necesidad de un balance del stalinismo es insoslayable. Pero otra cosa es el envase dentro del cual se pretende plantear toda la experiencia del siglo pasado, algo fundamental a la hora de abordarlas. Es ah\u00ed que cobra operatividad el concepto de totalitarismo como condena al conjunto de la experiencia hist\u00f3rica del siglo XX: \u201cEl stalinismo no es una variante del comunismo, sino el nombre propio de la contrarrevoluci\u00f3n burocr\u00e1tica (\u2026). Se trata, claramente (\u2026) de dos mundos pol\u00edticos y morales distintos, irreconciliables\u201d (Bensa\u00efd: \u201cUna respuesta al Libro Negro del comunismo\u201d).<\/p>\n<p>\u00c9sta es la base, insistimos, del debate historiogr\u00e1fico contempor\u00e1neo y de su intencionalidad, su car\u00e1cter conservador. Si se toman historiadores liberales como Fran\u00e7ois Furet o la misma Hannah Arendt, m\u00e1s all\u00e1 de su erudici\u00f3n, de la cantidad de afirmaciones agudas y del esfuerzo de interpretaci\u00f3n sobre la experiencia del siglo pasado (sobre todo en la \u00faltima), <em>sus conclusiones son conservadoras: se trata de una exaltaci\u00f3n de la \u201cdemocracia\u201d y la \u201clibertad\u201d independizando esta posibilidad hist\u00f3rica de sus condiciones materiales<\/em>. Estar\u00edamos \u201ccondenados a vivir en el mundo en que vivimos\u201d, como afirma Furet en <em>El pasado de una ilusi\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>Frente a la conclusi\u00f3n liberal, historiadores como el reaccionario Ernst Nolte (protagonista de un gran debate historiogr\u00e1fico a finales de los a\u00f1os 80) se pasa para el lado de la exculpaci\u00f3n del nazismo de toda responsabilidad hist\u00f3rica. Lo que el nazismo hizo ser\u00eda una \u201crespuesta obligada\u201d al \u201cgenocidio\u201d perpetrado por el bolchevismo\u2026<\/p>\n<p>Que dicho \u201cgenocidio\u201d nunca haya existido; que el bolchevismo haya expropiado a la burgues\u00eda en cuanto clase social pero nunca llevado a cabo un genocidio f\u00edsico de sus integrantes (como s\u00ed lo hizo el nazismo con los jud\u00edos, gitanos y la poblaci\u00f3n eslava del este, am\u00e9n de la persecuci\u00f3n a comunistas y socialdem\u00f3cratas), eso no importa: Nolte fuerza las cosas para el lado de la absoluci\u00f3n hist\u00f3rica del fascismo.<\/p>\n<p>Otro gran historiador del siglo XX es Eric Hobsbawm. Tiene categor\u00edas agudas como el \u201ccorto siglo pasado\u201d o la caracterizaci\u00f3n del siglo como una \u201cera de los extremos\u201d, sobre todo de su primera mitad. Sin embargo, propone una <em>lectura economicista<\/em> que sirve de exculpaci\u00f3n de todo lo actuado por el stalinismo; todo habr\u00eda ocurrido sobre el terreno de la \u201cnecesidad hist\u00f3rica\u201d; nada podr\u00eda haber seguido un curso distinto. Esto ocurre s\u00f3lo para llegar a la conclusi\u00f3n pesimista de que, en definitiva, el comunismo se acab\u00f3 como experiencia hist\u00f3rica posible.<\/p>\n<p>Una visi\u00f3n alternativa es la ofrece el socialismo revolucionario (y, dentro de ella, nuestra corriente Socialismo o Barbarie). El siglo pasado debe ser aprehendido como experiencia estrat\u00e9gica. No hay fin de la historia, no hay \u201ceterno presente\u201d. \u00c9stas son s\u00f3lo figuras ideol\u00f3gicas ancladas en ciertas circunstancias, en el corte de la memoria hist\u00f3rica entre las nuevas generaciones, en el hecho de que el siglo XX no sald\u00f3 la lucha emancipatoria: \u201cEn 1990, la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica descrita por Koselleck como una tensi\u00f3n permanente entre un \u2018horizonte de expectativa\u2019 proyectado hacia el futuro y un \u2018campo de experiencia\u2019 anclado en el pasado se rompi\u00f3. El horizonte se hizo confuso, invisible, mientras que el espacio memorial se satur\u00f3, designando el pasado como un campo de ruinas, el siglo de las guerras, los genocidios, los totalitarismos\u201d (E. Traverso: \u201cLa concordance des temps. Daniel Bensa\u00efd et Walter Benjamin\u201d).<\/p>\n<p>En un reciente encuentro militante en Costa Rica se\u00f1al\u00e1bamos que la recuperaci\u00f3n de la \u201cdimensi\u00f3n de futuro\u201d entre las nuevas generaciones, la idea de que lo actual no tiene por qu\u00e9 seguir siendo un \u201ceterno presente\u201d requiere, a la vez, de una recuperaci\u00f3n de la memoria del siglo pasado, de sus experiencias, avanzando en superar ese corte de la memoria hist\u00f3rica con las luchas de las generaciones anteriores. Experiencias que quedaron en el haber de la humanidad (m\u00e1s all\u00e1 de su curso fallido posterior), y que debemos ocuparnos de transmitir cr\u00edticamente a la joven militancia.<\/p>\n<p>Porque como se\u00f1alara el gran historiador trotskista Pierre Brou\u00e9 en su \u00faltima obra antes de fallecer (<em>Comunistas contra Stalin<\/em>), esta reflexi\u00f3n debe ser \u201cun arma contra el horror del pasado; una lecci\u00f3n de coraje y dignidad (se refer\u00eda a la Oposici\u00f3n de Izquierda en los a\u00f1os 30), jam\u00e1s in\u00fatil; un balance de la experiencia colectiva sin el cual estar\u00edamos condenados a repetir indefinidamente los mismos errores\u201d.<\/p>\n<p>En cualquier caso, la circunstancia del \u201cfinal infeliz\u201d del siglo pasado debe ser abordada sobre la base de lo que dijera alguna vez Rosa Luxemburgo: que la historia nunca puede ser hecha \u201cde una vez y para siempre\u201d; es imposible que la clase obrera acumule experiencia hist\u00f3rica sobre otra base que no sea la prueba y el error.<\/p>\n<p>Visto desde este punto de vista (aun con todas sus circunstancias dolorosas), el siglo XX debe ser abordado como un inmenso laboratorio de experiencias. Es cierto que \u201clas derrotas acumuladas oscurecieron el horizonte de la espera y congelaron la historia en la desgracia\u201d (Bensa\u00efd). Sin embargo, tambi\u00e9n es verdad que una nueva generaci\u00f3n se est\u00e1 poniendo de pie y que estamos viviendo el recomienzo de la experiencia hist\u00f3rica.<\/p>\n<ol start=\"9\">\n<li><strong> Nolte, Furet y Hobsbawm. La pol\u00e9mica sobre las interpretaciones del siglo XX<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>\u201cPetrogrado, ahora eres todo m\u00edo\u201d<\/em> (Un viejo obrero ruso durante la Revoluci\u00f3n de Octubre, parafraseado por John Reed, en Ernst Nolte, <em>La guerra civil europea<\/em>).<\/p>\n<p>Tres reconocidos historiadores presentaron textos de s\u00edntesis sobre el siglo XX: Fran\u00e7ois Furet, Ernst Nolte y Eric Hobsbawm, en sendas obras que concentraron el debate historiogr\u00e1fico de las \u00faltimas d\u00e9cadas. En estas p\u00e1ginas nos venimos refiriendo a aspectos salientes de este debate. La motivaci\u00f3n de este emprendimiento, como ya hemos dicho, es la necesidad de trasmitir elementos de aprendizaje hist\u00f3rico a las nuevas generaciones, marcadas por un agudo cretinismo en relaci\u00f3n a la historia del \u00faltimo siglo (que por a\u00f1adidura, es la que menos se estudia en colegios y universidades).<\/p>\n<p>De m\u00e1s est\u00e1 decir que ningunos de estos tres autores est\u00e1 emparentado con el socialismo revolucionario. Si Furet propone una lectura liberal del siglo pasado, hoy a la moda, y Nolte, coincidiendo en muchos aspectos con \u00e9l, tiene el punto de vista del revisionismo hist\u00f3rico (que busca exculpar al nazismo de sus fechor\u00edas), el caso de Hobsbawm es el de un autor visto como de izquierda (hasta el final de sus d\u00edas milit\u00f3 en el Partido Comunista Brit\u00e1nico), que, no casualmente, abreva en su s\u00edntesis en una versi\u00f3n \u201clight\u201d del relato stalinista tradicional.<\/p>\n<p><strong>La interpretaci\u00f3n liberal<\/strong><\/p>\n<p>La obra de Furet, <em>El pasado de una ilusi\u00f3n<\/em>, es actualmente la m\u00e1s can\u00f3nica de las tres (esto no quita que la m\u00e1s conocida y difundida sea la de Hobsbawm, que goza de un prestigio mayor como historiador).<\/p>\n<p>El texto de Furet data de 1997 y ya antes este autor hab\u00eda provocado cierto esc\u00e1ndalo con su visi\u00f3n cr\u00edtica de la Revoluci\u00f3n Francesa, donde se\u00f1ala con el dedo a los jacobinos por haber sentado el precedente para el rasgo que caracterizar\u00eda posteriormente a los bolcheviques: <em>poner la revoluci\u00f3n por encima de la ley.<\/em> Una afirmaci\u00f3n un tanto absurda porque \u00e9se es, inevitablemente, el rasgo de toda verdadera revoluci\u00f3n: ser un acontecimiento fundante de un nuevo orden social, raz\u00f3n por la cual, inevitablemente, se coloca por encima de las leyes establecidas, las deroga y <em>crea otras nuevas<\/em>. Lo que no quiere decir, por otra parte, que se trate de un gobierno de pura arbitrariedad: s\u00f3lo se funda en otra legitimidad que la de la democracia liberal.<\/p>\n<p>La historia de Furet es, fundamentalmente, una <em>historia de las ideas<\/em>. No se remite a los procesos econ\u00f3micos subyacentes; tampoco pone en el centro de su reflexi\u00f3n los acontecimientos efectivos de la historia pol\u00edtica: las guerras, revoluciones y contrarrevoluciones. Se refiere, m\u00e1s bien, a las representaciones de los diversos intelectuales acerca de los hechos. Sin embargo, es un autor erudito en su materia y con una narrativa atractiva. Sobre todo, es un profundo conocedor de la historia pol\u00edtica de Europa occidental de la primera mitad del siglo pasado (Francia e Italia, no tanto de Alemania), sobre todo los a\u00f1os 30 (se puede sacar provecho de la lectura de los cap\u00edtulos referidos a estos pa\u00edses).<\/p>\n<p>Ahora bien, el texto de Furet no es ingenuo: lo que hace es presentar <em>la versi\u00f3n can\u00f3nica del liberalismo capitalista<\/em> respecto del siglo pasado. Para entender el car\u00e1cter de \u201crevancha hist\u00f3rico-pol\u00edtica\u201d que trasunta su obra, hay que recordar que en los a\u00f1os de apogeo de la \u201cera de los extremos\u201d, la democracia burguesa parec\u00eda al borde de la extinci\u00f3n: \u201cEl mayor secreto de la complicidad entre bolchevismo y fascismo sigue siendo, empero, la existencia de este adversario com\u00fan, al que las dos doctrinas enemigas reducen o exorcizan mediante la idea de que est\u00e1 moribundo y que no obstante constituye su terreno propicio: simplemente, la democracia\u201d (<em>El pasado de una ilusi\u00f3n<\/em>: 36).<\/p>\n<p>Este desfondamiento de la democracia liberal fue un hecho hist\u00f3rico; de ah\u00ed el terror p\u00e1nico que hab\u00eda creado en las burgues\u00edas de todo el mundo la revoluci\u00f3n bolchevique en Rusia (Josep Fontana lo subraya l\u00facidamente en un reciente art\u00edculo), as\u00ed como la aparici\u00f3n por oposici\u00f3n, de pensadores pol\u00edticos consagrados como Carl Schmitt, que erigieron toda su obra en una cr\u00edtica al liberalismo desde la derecha contraponi\u00e9ndole un pensamiento conservador (observemos que para Schmitt, basado en su realismo como pensador agudo, tambi\u00e9n el hecho antedec\u00eda al derecho, y criticar\u00e1 a Hans Kelsen como un formalista del derecho liberal).<\/p>\n<p>Ocurre que, efectivamente, en los a\u00f1os 20 y 30 en Europa occidental, la democracia burguesa ve\u00eda abrirse un abismo bajo sus pies en beneficio de experiencias revolucionarias o contrarrevolucionarias. A comienzos de 1940, luego de la ocupaci\u00f3n de los Pa\u00edses Bajos y Francia por la Wehrmacht, este r\u00e9gimen imperaba s\u00f3lo en Inglaterra, Estados Unidos, Australia, algunos pa\u00edses de Latinoam\u00e9rica y no muchos otros.<\/p>\n<p>Esta realidad se comenz\u00f3 a revertir a partir de la finalizaci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial, hasta transformarse en el r\u00e9gimen pol\u00edtico mayoritario a comienzos del siglo XXI. La ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn y el stalinismo (el aparente fracaso del socialismo), dio a los ide\u00f3logos liberales la oportunidad de avanzar en emparentar el fascismo y el nazismo con el comunismo, bajo la com\u00fan etiqueta de los \u201ctotalitarismos\u201d, a partir de lo cual se busca exaltar la democracia burguesa: \u201cEl comunismo sovi\u00e9tico no s\u00f3lo se ha vuelto comparable al nacionalsocialismo; es casi id\u00e9ntico a \u00e9l\u201d (\u00eddem: 186).<\/p>\n<p>Furet hizo escuela en esta forma de apreciar los asuntos considerando como \u201crevolucionarios\u201d ambos movimientos: \u201cEl historiador que intenta comprender la Europa de esos a\u00f1os no puede olvidar que el fascismo mussoliniano fue una doctrina y una esperanza para millones de hombres. No tiene grandes antepasados intelectuales, pero quiere acabar con el burgu\u00e9s en nombre del hombre nuevo y, por lo dem\u00e1s, re\u00fane bajo esa bandera a una gran parte de la vanguardia intelectual, a los futuristas, a los nost\u00e1lgicos del impulso del <em>Risorgimento<\/em>, Marinetti, Ungaretti, Gentile y hasta, por un breve momento, Croce\u201d (\u00eddem: 202).<\/p>\n<p>Definir al fascismo como un fen\u00f3meno \u201crevolucionario\u201d es com\u00fan en varios autores que confunden sus formas din\u00e1micas con el contenido de los fen\u00f3menos analizados: \u00a1tambi\u00e9n la contrarrevoluci\u00f3n tiene sus rupturas con el orden establecido de las cosas pero, evidentemente, para el lado retr\u00f3grado!<\/p>\n<p>El autor franc\u00e9s establece, de todas maneras, una distinci\u00f3n de rasgos insistiendo en la contraposici\u00f3n entre el \u201cuniversalismo abstracto\u201d de los bolcheviques (el internacionalismo caracter\u00edstico del socialismo revolucionario) y el matiz nacionalista, particularista, del fascismo. Destaca de Mussolini que, a diferencia de Lenin, pretende unir revoluci\u00f3n y naci\u00f3n: \u201cUno de los secretos de su \u00e9xito (\u2026) descubierto por Mussolini desde 1915: reunir la naci\u00f3n y la clase obrera, arrebatando la primera a los burgueses y la segunda a los marxistas\u201d (\u00eddem: 217).<\/p>\n<p>En esto establece un elemento agudo porque, efectivamente, la contrarrevoluci\u00f3n fascista y la nazi se apoyaron en la exaltaci\u00f3n de los valores nacionalistas en provecho de su propio imperialismo, de su lucha competitiva con los dem\u00e1s. Se trataba de un concepto de naci\u00f3n reaccionario, m\u00e1s all\u00e1 de las humillaciones que vivi\u00f3 la Alemania derrotada despu\u00e9s de la I Guerra Mundial (el Tratado de Versalles fue un error no repetido por los vencedores imperialistas al finalizar la segunda guerra) y que supo ser explotado por Hitler: \u201cHitler trata de crearse un estandarte con el papel que los socialdem\u00f3cratas, tan poderosos en la Alemania anterior a 1914, no supieron desempe\u00f1ar en el momento de la guerra: ser a la vez el partido de la revoluci\u00f3n y de la naci\u00f3n. Despu\u00e9s de la guerra, abandonaron la una y la otra, pas\u00e1ndose al servicio de la Rep\u00fablica de Weimar, convertidos en burgueses. Hitler tuvo la intuici\u00f3n de ese vasto espacio disponible, que los comunistas no pod\u00edan conquistar en nombre de la Internacional de Mosc\u00fa\u201d (\u00eddem: 217).<\/p>\n<p>Si bien Furet no fue el \u00fanico ni el m\u00e1s destacado de los te\u00f3ricos de la cr\u00edtica liberal a los totalitarismos (Arendt tiene un lugar de privilegio, sobre todo a partir de su obra <em>Los or\u00edgenes del totalitarismo<\/em>, sin menoscabo de la agudeza de algunos de sus planteamientos), es el que aborda de manera m\u00e1s directa la hist\u00f3rica pol\u00edtica de los a\u00f1os 30 en los pa\u00edses de Europa occidental, proponiendo una lectura liberal de la degeneraci\u00f3n stalinista del movimiento comunista (buscando ocultar, aunque no lo logre del todo, la tradici\u00f3n de izquierda antistalinista; Enzo Traverso le hace esta cr\u00edtica).<\/p>\n<p>El car\u00e1cter de operativo liberal burgu\u00e9s de su enfoque no opaca se\u00f1alamientos agudos como cuando da cuenta, del enamoramiento de ex comunistas poco claros (devenidos en ultranacionalistas) con Stalin: \u201cErnst Niekisch, ex militante de extrema izquierda, ex presidente del soviet de Baviera de 1919 (\u2026) que se ha vuelto nacionalista por hostilidad a la pol\u00edtica exterior prooccidental de los gobiernos de Weimar (\u2026) [reivindica en Stalin] \u2018el fanatismo de la raz\u00f3n de Estado\u2019. As\u00ed podemos entender que nuestro autor haya regresado de un viaje a Rusia en 1932 emocionado por el prodigioso desaf\u00edo de la voluntad a la t\u00e9cnica que representaba el plan quinquenal gracias a la movilizaci\u00f3n total de un pueblo\u201d (\u00eddem: 231).<\/p>\n<p>Furet plantea dos o tres claves interpretativas del siglo pasado en las cuales la palabra \u201cilusi\u00f3n\u201d es fundamental. Como se desprende simplemente al hablarse de la lucha por el socialismo como una ilusi\u00f3n, de lo que se habla es de algo imposible, algo que conmovi\u00f3 a cientos de millones y llev\u00f3 al involucramiento activo a varios millones (incluso conduciendo a muchos a la muerte), pero era un mero \u201cespejismo\u201d, una ilusi\u00f3n, algo carente de fundamentos.<\/p>\n<p>La base de apoyo metodol\u00f3gica de Furet es can\u00f3nica: critica como \u201cdeterminista\u201d al marxismo, pero s\u00f3lo para proponer una arbitrariedad completa en el curso hist\u00f3rico: \u201cLa comprensi\u00f3n de nuestra \u00e9poca s\u00f3lo es posible si nos liberamos de la ilusi\u00f3n de la necesidad: el siglo s\u00f3lo es explicable \u2013en la medida en que lo sea\u2013 si le devolvemos su car\u00e1cter imprevisible\u201d (\u00eddem: 16).<\/p>\n<p>Furet abreva en el posmodernismo ambiente que cuestiona, incluso, que la historia sea explicable: al parecer, deber\u00eda ser un hecho de brujer\u00eda, acient\u00edfico. A la cr\u00edtica marxista al determinismo mec\u00e1nico en sus versiones m\u00e1s vulgares no se le ocurre afirmar que en el desarrollo de la historia las cosas ocurran arbitrariamente; esto es, por fuera de las condiciones materiales en el seno de las cuales se desarrolla la historia viva de la lucha de clases. Lo \u00fanico que afirma es que <em>se plantea un abanico de posibilidades, no un curso mec\u00e1nico de los acontecimientos; pero tampoco un desarrollo arbitrario<\/em> proveniente de no se sabe d\u00f3nde. Volveremos sobre esto.<\/p>\n<p><strong>El revisionismo hist\u00f3rico<\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cSomos las columnas de asalto, los de rompe y rasga, <\/em><\/p>\n<p><em>formamos la primera fila , \u00a1atacamos con valor!<\/em><\/p>\n<p><em>El sudor del trabajo sobre la frente, el est\u00f3mago vac\u00edo y hambriento.<\/em><\/p>\n<p><em>La mano cubierta de holl\u00edn y callos empu\u00f1a el rifle.<\/em><\/p>\n<p><em>La granada de mano en el cintur\u00f3n, el rifle en el hombro, <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1as\u00ed marchan las columnas de asalto, ebrias de victoria!<\/em><\/p>\n<p><em>El jud\u00edo comienza a temblar, r\u00e1pido abre el arca, <\/em><\/p>\n<p><em>liquida, hasta el \u00faltimo centavo, la cuenta del pueblo\u201d <\/em><\/p>\n<p>(Canto de las tropas de asalto nazis SA de Silesia, citado por E. Nolte)<\/p>\n<p>Nolte se plante\u00f3 una tarea m\u00e1s ardua que Furet. Coincide con el historiador franc\u00e9s en la unificaci\u00f3n de las experiencias del bolchevismo y el nazismo. Pero, sobre llovido mojado, resulta que el nazismo es exculpado de toda responsabilidad hist\u00f3rica porque no habr\u00eda sido m\u00e1s que \u201cuna reacci\u00f3n del pueblo alem\u00e1n\u201d frente al \u201cgenocidio\u201d con el que los amenazaba la Revoluci\u00f3n Rusa\u2026<\/p>\n<p>Furet opina lo mismo que Nolte a este respecto: \u201cSe puede considerar que la victoria del bolchevismo ruso en octubre de 1917 es el punto de partida de una cadena de reacciones\u201d, y agrega: \u201cUno de los m\u00e9ritos de Nolte fue haber pasado por alto, muy pronto, la prohibici\u00f3n de establecer paralelos entre comunismo y nazismo\u201d (\u00eddem: 189).<\/p>\n<p>Hay dos cuestiones que el autor alem\u00e1n pretende demostrar. Uno, que el nazismo habr\u00eda surgido como simple y mec\u00e1nica reacci\u00f3n frente al bolchevismo, achac\u00e1ndole, de paso, toda la responsabilidad por el genocidio producido por el primero a estos \u00faltimos. Traverso desmiente esta lectura vulgar recordando que la \u201cera de los extremos\u201d no naci\u00f3 en 1917 sino en 1914: el suelo nutricio de la radicalizaci\u00f3n de los desarrollos naci\u00f3 del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, no de la Revoluci\u00f3n Rusa, que como acontecimiento ocurri\u00f3 en el contexto objetivo creado por la carnicer\u00eda imperialista.<\/p>\n<p>Dos, que hablar de \u201cgenocidio\u201d cuando se trata de la Revoluci\u00f3n de 1917 es una flagrante mentira, o peor: una provocaci\u00f3n, una falta total a la verdad hist\u00f3rica: \u201cEra a todas luces evidente (\u2026) que una empresa de tal magnitud deb\u00eda enfrentar una resistencia muy intensa, m\u00e1xime cuando la experiencia pr\u00e1ctica hab\u00eda mostrado que desde su toma violenta del poder el partido luchaba con tes\u00f3n, mediante una guerra de clases sin precedentes, contra sus numerosos adversarios (\u2026); es m\u00e1s, que los estaba exterminando\u201d (\u00eddem: 51).<\/p>\n<p>Nolte se apoya, por ejemplo, en algunos volantes de la izquierda alemana donde se hablaba de \u201caniquilar a la burgues\u00eda\u201d. Pero para todo el mundo es evidente (\u00a1y esa es, adem\u00e1s, la evidencia hist\u00f3rica), que cuando la izquierda revolucionaria hablaba de \u201cacabar con la burgues\u00eda\u201d, se refer\u00eda a acabarla como capa privilegiada, como categor\u00eda social. A nadie se le pas\u00f3 por la cabeza <em>liquidar<\/em> <em>f\u00edsicamente<\/em> <em>y en masa<\/em> a sus integrantes como afirma el autor alem\u00e1n: \u201cNo se equivoc\u00f3 quien (\u2026) cre\u00eda que la revoluci\u00f3n bolchevique significaba un paso gigantesco hacia una nueva dimensi\u00f3n hist\u00f3rico mundial, la dimensi\u00f3n del exterminio social de extensas masas humanas\u201d (\u00eddem: 52).<\/p>\n<p>Es conocido que la revoluci\u00f3n de octubre fue pr\u00e1cticamente incruenta; reci\u00e9n comenz\u00f3 a correr sangre con el desencadenamiento (\u00a1por parte de los blancos y las potencias imperialistas!) de la guerra civil a mediados de 1918. Es verdad que hubo casos de justicia sumaria por parte de los bolcheviques; fueron pasados por las armas representantes pol\u00edticos de la burgues\u00eda. Pero no se trat\u00f3 de ning\u00fan \u201cgenocidio\u201d; no se extermin\u00f3 a la clase burguesa como tal. Con s\u00f3lo se\u00f1alar que en las purgas de los a\u00f1os 30 Stalin se encarniz\u00f3 mucho m\u00e1s con la generaci\u00f3n que llev\u00f3 a cabo la revoluci\u00f3n, ya se puede tener una idea de la veracidad de las afirmaciones del historiador germano.<\/p>\n<p>Nolte llega, incluso, a justificar el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht a manos del gobierno socialdem\u00f3crata de Ebert y Noske, los que pactaron secretamente con el ej\u00e9rcito antes de asumir que acabar\u00edan con los elementos bolcheviques alemanes (\u00eddem: 110). Hace esto en nombre del respeto a la \u201clegalidad\u201d del nuevo gobierno, criticando el levantamiento revolucionario contra \u00e9l.<\/p>\n<p>La obra de Nolte es de menor inter\u00e9s que la de Furet, pero aun siendo un reaccionario de pies a cabeza, se puede sacar alguna miga de su obra m\u00e1s conocida, <em>La guerra civil europea<\/em>, sobre todo en lo que tiene que ver con la situaci\u00f3n de Alemania en los a\u00f1os 20. Si sus tesis principales son endebles y de menor agudeza que las de Furet, su registro de los acontecimientos \u2013distorsionados por su lente provocadora\u2013 deja elementos de inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Por ejemplo, al caracterizar a Friedrich Ebert, el candidato a Kerensky alem\u00e1n, se\u00f1ala c\u00f3mo el primero \u201chab\u00eda logrado la paz, a diferencia de su contraparte rusa\u201d. Un factor que, como est\u00e1 magistralmente registrado en la <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em> de Trotsky, fue fundamental para el hundimiento de los reformistas en 1917 (ya hemos visto esto m\u00e1s arriba).<\/p>\n<p>Algunas de sus tesis principales no son tan f\u00e1ciles de contradecir. Al hablar de una \u201cguerra civil europea\u201d entre 1917 y 1945, recoge algo real: que durante el per\u00edodo que va entre la Revoluci\u00f3n Rusa y la Segunda Guerra Mundial, el enfrentamiento entre revoluci\u00f3n y contrarrevoluci\u00f3n se agudiz\u00f3 a escala de toda Europa, complejizando el an\u00e1lisis de la propia guerra mundial. Pero el matiz que resalta Nolte lo lleva demasiado lejos transform\u00e1ndolo en constitutivo de todos los enfrentamientos; termina dando as\u00ed una lectura unilateral que, incluso, tiene rasgos similares a la interpretaci\u00f3n dada por algunos revolucionarios de la segunda guerra, como fue el caso de Nahuel Moreno a comienzos de los a\u00f1os 80.<\/p>\n<p>Al reducir todo a un conflicto \u201cideol\u00f3gico\u201d (a una \u201cguerra de reg\u00edmenes pol\u00edticos\u201d), se termina perdiendo la sustancia social de lo que estaba en juego: cualesquiera fuesen las deformaciones de la ex URSS, constitu\u00eda un pa\u00eds no capitalista; <em>la invasi\u00f3n de Hitler a Rusia tuvo el car\u00e1cter de una guerra contrarrevolucionaria<\/em> que no s\u00f3lo era \u201cideol\u00f3gica\u201d: ese aspecto era el revestimiento de una lucha de conquista imperialista por el \u201cespacio vital\u201d de Alemania (ver a este respecto nuestro an\u00e1lisis del car\u00e1cter de la Segunda Guerra Mundial en \u201cCausas y consecuencias del triunfo de la URSS sobre el nazismo\u201d, revista SoB 27).<\/p>\n<p>Nos falta abordar uno de los desarrollos de su obra. Recordemos que en los a\u00f1os 80 se desat\u00f3 en Alemania lo que se dio en llamar \u201cel debate de los historiadores\u201d, porque pareja a su exculpaci\u00f3n del nazismo iba la justificaci\u00f3n de las c\u00e1maras de gas. Aqu\u00ed hay otro factor provocador del autor alem\u00e1n: es imposible emparentar los campos de extermino del nazismo con los campos de trabajo forzados del estalinismo. As\u00ed lo demuestra con solidez Traverso: habla de la racionalidad de medios y la irracionalidad de fines del nazismo (mont\u00f3 verdaderas industrias de la muerte, muy eficaces), al tiempo que se\u00f1ala que la racionalidad de fines del stalinismo (una racionalidad volcada a la acumulaci\u00f3n burocr\u00e1tica, no a la transici\u00f3n al socialismo, agregamos nosotros) se llevaba a cabo mediante una gran irracionalidad de medios: el trabajo literalmente esclavo en un pa\u00eds que se declaraba \u201csocialista\u201d, entre otros m\u00faltiples ejemplos de irracionalidad de la planificaci\u00f3n burocr\u00e1tica. El solo hecho de absolver los cr\u00edmenes de lesa humanidad del nazismo dej\u00f3 a Nolte en la mira.<\/p>\n<p><strong>La interpretaci\u00f3n can\u00f3nica en la \u201cizquierda\u201d<\/strong><\/p>\n<p>En el seno de la izquierda en sentido amplio, o, m\u00e1s bien del mundo universitario en general, est\u00e1 la obra del historiador brit\u00e1nico Eric Hobsbawm. Traverso dice, agudamente, que Hobsbawm \u201cse hace s\u00f3lido conforme nos alejamos del siglo XX\u201d. En efecto, su especialidad hist\u00f3rica fue el siglo XIX, con una trilog\u00eda muy conocida. De cualquier manera, nos interesa referirnos a su obra sobre el siglo XX.<\/p>\n<p>No es que carezca de planteamientos agudos. Para Hobsbawm, ya en la d\u00e9cada del 90 estaba claro un fen\u00f3meno que nosotros apreciamos mucho despu\u00e9s: la <em>ruptura de la conciencia de las nuevas generaciones con las anteriores<\/em>, su cretinismo en materia hist\u00f3rica: \u201cLa destrucci\u00f3n del pasado, o, m\u00e1s bien, de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contempor\u00e1nea del individuo con la de las generaciones anteriores, es uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s caracter\u00edsticos y extra\u00f1os de las postrimer\u00edas del siglo XX. En su mayor parte, los j\u00f3venes, hombres y mujeres, de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relaci\u00f3n org\u00e1nica con el pasado del tiempo en el que viven\u201d (<em>Historia del siglo XX<\/em>: 13).<\/p>\n<p>Conceptos como el \u201ccorto siglo XX\u201d o la \u201cera de los extremos\u201d que se vivi\u00f3 en la mayor parte del siglo pasado son agudos y muestran que el autor brit\u00e1nico ten\u00eda sentido hist\u00f3rico. Adem\u00e1s, su obra tiene apreciaciones justas en muchos rubros: por ejemplo, cuando se\u00f1ala que las mayores crueldades de nuestro siglo han sido las \u201cimpersonales\u201d, de \u201cdecisi\u00f3n remota\u201d, de \u201cel sistema y la rutina\u201d (\u00eddem: 58).<\/p>\n<p>Pero aqu\u00ed terminan nuestros acuerdos con \u00e9l, porque se trata de una interpretaci\u00f3n marxista vulgar del siglo pasado. Hobsbawm reproduce, casi punto por punto, el tipo de abordaje del marxismo de los partidos comunistas (stalinistas) del siglo pasado: economicista, instrumental y teleol\u00f3gica, s\u00f3lo para despu\u00e9s no poder comprenderse realmente por qu\u00e9 ese mundo \u201csocialista\u201d se vino abajo.<\/p>\n<p>El abordaje de Hobsbawm es can\u00f3nico en la izquierda no socialista revolucionaria respecto de algunos de los momentos principales de la lucha de clases del siglo XX. Ejemplo: la guerra civil espa\u00f1ola, que es interpretada, estrictamente, en los t\u00e9rminos del stalinismo: \u201clo que estaba en juego no era la revoluci\u00f3n sino la defensa de la democracia\u201d (\u00eddem: 167).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n su interpretaci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial, donde se reproduce la idea de que se hubiera tratado de una conflagraci\u00f3n \u201centre la democracia y el fascismo\u201d, as\u00ed como su justificaci\u00f3n de la pol\u00edtica contrarrevolucionaria de los frentes populares que exclu\u00eda la lucha por el socialismo: \u201cLos terratenientes y los capitalistas que apoyaran a los rebeldes [habla de las fuerzas de Franco en la guerra civil espa\u00f1ola] perder\u00edan sus propiedades, pero no por su condici\u00f3n de terratenientes y capitalistas, sino por traidores\u201d (\u00eddem: 168).<\/p>\n<p>Esto es muy conocido para repetirlo aqu\u00ed; de todas maneras, es importante se\u00f1alarlo porque con la autoridad que le dio ser un gran historiador con presencia en las aulas universitarias de todo el mundo, Hobsbawm hace pasar, nada ingenuamente, la interpretaci\u00f3n can\u00f3nica del stalinismo sobre la historia del siglo pasado. Que a su vez es la justificaci\u00f3n de sus propias posiciones pol\u00edticas: Hobsbawm formaba parte del famos\u00edsimo grupo de historiadores del PCB, que en su mayor\u00eda rompieron con el partido stalinista brit\u00e1nico cuando los tanques sovi\u00e9ticos entraron en Hungr\u00eda para sofocar la revoluci\u00f3n de 1956. E. P. Thompson, autor del cl\u00e1sico estudio acerca de <em>La formaci\u00f3n de la clase obrera en Inglaterra<\/em>, ser\u00e1 uno de los historiadores que rompieron con el partido; Hobsbawm permanecer\u00eda en \u00e9l toda su vida.<\/p>\n<p>Hobsbawm tropieza con un grave problema a la hora de explicar el derrumbe del stalinismo. Pero eso no le hace rever ninguna de sus certidumbres anteriores, como la <em>incondicional justificaci\u00f3n del stalinismo<\/em> por \u201cel logro gigantesco de haber modernizado la URSS\u201d: \u201cStalin, que presidi\u00f3 la edad de hierro de la URSS (\u2026) fue un aut\u00f3crata de una ferocidad, una crueldad y una falta de escr\u00fapulos excepcionales (\u2026). No obstante, cualquier pol\u00edtica de modernizaci\u00f3n acelerada de la URSS, en las circunstancias de la \u00e9poca, habr\u00eda resultado forzosamente despiadada, porque hab\u00eda que imponerla en contra de la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n, a la que se condenaba a grandes sacrificios, impuestos en buena medida por la coacci\u00f3n\u201d (\u00eddem: 380). \u00a1Curioso \u201csocialismo\u201d \u00e9ste, impuesto contra la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n!<\/p>\n<p>Es importante subrayar, tambi\u00e9n, el <em>d\u00e9ficit metodol\u00f3gico<\/em> de su abordaje: la lucha de clases del proletariado, sus clivajes, sus posibilidades alternativas, tiene poco y nada de peso en \u00e9l; casi todo es visto como un proceso desde arriba. Su condena del rol de Trotsky es de lo m\u00e1s vulgar, por decir lo menos: \u201cTrotsky fracas\u00f3 por completo en todos sus proyectos\u201d (\u00eddem: 81). Su apreciaci\u00f3n general de las cosas es de un economicismo que raya el esquematismo, as\u00ed como la afirmaci\u00f3n de <em>una idea del progreso t\u00edpica de las concepciones m\u00e1s instrumentales<\/em>: nada importa que se logre a costa de los seres humanos de carne y hueso.<\/p>\n<p>Hobsbawm no logra salir de esos relatos can\u00f3nicos. Va a contrapelo de las necesidades del momento, donde est\u00e1 planteado enfrentar las derivas del posmodernismo. Porque si era y es correcto presentar una \u201chistoria total\u201d, panor\u00e1mica y de amplios alcances del siglo pasado como intenta hacer Hobsbawm, tambi\u00e9n es hora de echar el lastre de una interpretaci\u00f3n del marxismo esquem\u00e1tica, teleol\u00f3gica y mecanicista que hab\u00eda sido puesta en evidencia por el mismo desarrollo de los acontecimientos.<\/p>\n<p>Hobsbawm no logra hacer nada de esto, y siquiera se lo plantea. Su relato de la historia del siglo pasado es una versi\u00f3n <em>aggiornada <\/em>del relato del stalinismo (m\u00e1s all\u00e1 de condenas, aqu\u00ed y all\u00e1, a la figura de Stalin, a la que al mismo tiempo se reivindica); una justificaci\u00f3n de todo lo actuado por la burocracia sin que se sepa c\u00f3mo vino a ocurrir, repentinamente, el derrumbe del stalinismo: \u201cLa tragedia de la Revoluci\u00f3n de Octubre estriba, precisamente, en que s\u00f3lo pudo dar lugar a este tipo de socialismo, rudo, brutal y dominante. Uno de los economistas socialistas m\u00e1s inteligentes de los a\u00f1os 30, Oskar Lange (\u2026), desde su lecho de muerte hablaba con los amigos y admiradores que iban a visitarlo (\u2026): \u2018Si yo hubiera estado en Rusia en los a\u00f1os 20, hubiese sido un gradualista bujariniano. Si hubiese tenido que asesorar la industrializaci\u00f3n sovi\u00e9tica, habr\u00eda recomendado unos objetivos m\u00e1s flexibles y limitados, como, de hecho, hicieron los planificadores rusos m\u00e1s capaces. Y, sin embargo, cuando miro hacia atr\u00e1s, me pregunto una y otra vez: \u00bfexist\u00eda una alternativa al indiscriminado, brutal y poco planificado empuje del primer plan quinquenal? Ojala pudiera decir que s\u00ed, pero no puedo. No soy capaz de encontrar una respuesta\u2019\u201d (\u00eddem: 494).<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que este supuesto \u201ctipo de socialismo\u201d ha sido condenado por la experiencia del siglo XX: un \u201csocialismo\u201d construido sin el protagonismo hist\u00f3rico de la clase obrera estaba destinado a terminar como lo hizo: en el basurero de la historia.<\/p>\n<p><strong>El debate sobre las perspectivas hist\u00f3ricas de la clase obrera <\/strong><\/p>\n<p>No queremos terminar sin hacer una somera referencia a la obra de Enzo Traverso. Se trata de un historiador dos generaciones m\u00e1s joven que los autores citados. En cierto modo, es el historiador pol\u00edtico m\u00e1s renombrado del momento, y merece serlo porque su elaboraci\u00f3n es en muchos aspectos inspiradora; traza una delimitaci\u00f3n general con los autores arriba mencionados desde un punto de vista general que podr\u00edamos considerar marxista.<\/p>\n<p>Sin embargo, y sin menoscabo de que lo citamos en todo lo que nos parece valioso, su abordaje tiene limitaciones. Aqu\u00ed nos detendremos en dos de ellas. La primera tiene que ver con su \u00e1ngulo de mira general. Traverso es un historiador con un gran sentido hist\u00f3rico, sobre todo en materia del siglo XX, su especialidad. Logra trasmitir algunas de las caracter\u00edsticas salientes del siglo pasado, especialmente su primera mitad, incluyendo finas percepciones acerca del stalinismo y su balance.<\/p>\n<p>Pero hay un l\u00edmite general en su abordaje: est\u00e1 <em>demasiado sesgado para un \u00e1ngulo de mira que coloca en el centro de su reflexi\u00f3n a la cuesti\u00f3n jud\u00eda y no a la cuesti\u00f3n obrera<\/em>. Es verdad que la cuesti\u00f3n jud\u00eda estuvo en el centro de muchos de los desarrollos del siglo XX. Pero Traverso pierde de vista que dicha cuesti\u00f3n de ninguna manera podr\u00eda tener el grado de generalidad de la problem\u00e1tica del lugar hist\u00f3rico de la clase obrera en la transformaci\u00f3n del capitalismo, y no como tema \u201cfilos\u00f3fico-general\u201d, sino como historia de las grandes revoluciones del siglo pasado.<\/p>\n<p>A Traverso le pasa un poco lo que le critica a Hanna Arendt: su prisma est\u00e1 demasiado corrido para una cuesti\u00f3n con mucha \u201creticularidad\u201d en el siglo pasado, pero que sin embargo es <em>parcial<\/em>. Por alguna raz\u00f3n que se nos escapa, a pesar de tener gran percepci\u00f3n acerca del significado de una \u201cera de los extremos\u201d, Traverso no logra ser un historiador de las grandes revoluciones del siglo pasado, acontecimientos <em>fundantes<\/em> del mismo; en todo caso en conjunto con las dos guerras mundiales.<\/p>\n<p>No logra poner en el centro de su perspectiva la pelea por que la clase obrera tenga plena palabra hist\u00f3rica, contra el stalinismo, que pretendi\u00f3 construir el socialismo reduci\u00e9ndola a la condici\u00f3n de \u201cuna inmensa muchedumbre ciega\u201d. As\u00ed lo denunci\u00f3 el escritor e intelectual de izquierda Andr\u00e9 Gide en su <em>Retorno de la URSS<\/em>, luego de una decepcionante gira por Rusia a mediados de los a\u00f1os 30, a lo que agrega una frase lapidaria: \u201cY dudo que en alg\u00fan otro pa\u00eds de hoy, as\u00ed fuera en la Alemania de Hitler, sea menos libre el esp\u00edritu, menos sometido, m\u00e1s atemorizado, m\u00e1s avasallado\u201d (citado por Furet: 331).<\/p>\n<p>Existe un segundo problema: Traverso recae, a veces, en una interpretaci\u00f3n de los principales acontecimientos del siglo pasado en clave de una \u201clucha antifascista\u201d, pero no en el sentido del marxismo revolucionario, sino como una suerte de <em>versi\u00f3n de izquierda de la pol\u00edtica can\u00f3nica del frente popular<\/em>. Quiz\u00e1 se base en la preocupaci\u00f3n por no caer en una interpretaci\u00f3n \u201csectaria\u201d o reduccionista del siglo pasado, en una apreciaci\u00f3n de Trotsky que en algunos casos (no en todos) es demasiado cr\u00edtica, unilateral.<\/p>\n<p>No podemos exigirle a Traverso que tenga el balance del marxismo revolucionario. Pero la suma de la p\u00e9rdida de centralidad de la clase obrera y un abordaje unilateral respecto de Trotsky deja sesgada su elaboraci\u00f3n hacia un costado que <em>no se plantea la lucha por el relanzamiento de la revoluci\u00f3n socialista en el siglo XXI<\/em>.<\/p>\n<p>Retomar y enriquecer la tradici\u00f3n del socialismo revolucionario impone poner como \u00e1ngulo de mira central el balance de las revoluciones socialistas y\/o anticapitalista del siglo pasado y su principal lecci\u00f3n: <em>no puede haber transici\u00f3n al socialismo sin que la clase obrera est\u00e9 efectivamente en el poder<\/em>, contra la idea que tambi\u00e9n critica Furet (para sus propios fines) de un proletariado ejerciendo el poder \u201ca trav\u00e9s de una serie de equivalencias abstractas\u201d que hacen las veces de sus representantes del mismo (cit.: 40). A nuestro juicio, \u00e9se debe ser el centro del emprendimiento hist\u00f3rico, te\u00f3rico y estrat\u00e9gico que una el balance del siglo pasado con las tareas que nos depara el porvenir.<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Socialismo o barbarie <\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>\u201c<\/em><em>Engels dijo una vez: \u2018La sociedad capitalista se halla ante un dilema: avance al socialismo o regresi\u00f3n a la barbarie\u2019. \u00bfQu\u00e9 significa \u2018regresi\u00f3n a la barbarie\u2019 en la etapa actual de la civilizaci\u00f3n europea? Hemos le\u00eddo y citado estas palabras con ligereza, sin poder concebir su terrible significado. En este momento, basta mirar a nuestro alrededor para comprender qu\u00e9 significa la regresi\u00f3n a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresi\u00f3n a la barbarie. (\u2026) Tal es el dilema de la historia universal, su alternativa de hierro, su balanza temblando en el punto de equilibrio, aguardando la decisi\u00f3n del proletariado. De ella depende el futuro de la cultura y la humanidad\u201d <\/em>(Rosa Luxemburgo, <em>El folleto Junius. La crisis de la socialdemocracia alemana<\/em>).<\/p>\n<p>El siglo pasado tiene mucho que ense\u00f1arnos en materia de c\u00f3mo \u201cfunciona\u201d la historia; al menos la historia contempor\u00e1nea. En particular, en la medida que ha desmentido muchos de los esquemas que se ten\u00edan habitualmente acerca de su curso. Si bien el debate moderno sobre la \u201cfilosof\u00eda de la historia\u201d es muy amplio y puede ser rastreado en autores dis\u00edmiles que van desde Vico (primer abordaje considerado moderno de la misma12) hasta Hegel (Bloch subraya que \u00e9ste se caracteriz\u00f3 por volver a plantear la historia en un lugar central), lo que aqu\u00ed nos interesa es la cr\u00edtica a la visi\u00f3n ingenua que se ten\u00eda de ella en el seno del marxismo \u201cconsagrado\u201d de la Segunda y Tercera Internacional.<\/p>\n<p>Una visi\u00f3n que tuvo su impacto, tambi\u00e9n, en el socialismo revolucionario de la posguerra, con sus apreciaciones de que la transici\u00f3n al socialismo ser\u00eda una suerte de \u201ccamino ineluctable\u201d una vez que los capitalistas hubieran sido expropiados, entre otras deformaciones a las cuales fue sometido el pensamiento marxista el pasado siglo.<\/p>\n<p><strong>9.1 Un proceso de deshumanizaci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>En <em>Dial\u00e9ctica de la naturaleza<\/em> Engels daba a entender que se necesitaba una nueva concepci\u00f3n de la causalidad para entender algunos de los desarrollos de la biolog\u00eda encarnada por Darwin. Para Engels, \u00e9ste hab\u00eda destruido muchos de los esquemas y clasificaciones anteriores; sobre todo, hab\u00eda introducido una combinaci\u00f3n m\u00e1s rica entre los acontecimientos \u201cazarosos\u201d y los determinantes de la evoluci\u00f3n por cuenta del mecanismo de selecci\u00f3n natural.<\/p>\n<p>Steven Jay Gould sigui\u00f3 estos pasos, pero radicaliz\u00e1ndolos: planteaba que la evoluci\u00f3n estaba caracterizada por una suerte de \u201cdesarrollo puntuado\u201d que combinaba el curso evolutivo \u201cnormal\u201d de las especies con los momentos de cat\u00e1strofe que cegaban todo un curso anterior de la vida y daba lugar a unos nuevos (concepto ilustrado por las investigaciones del <em>esquisto de Burgess Shale<\/em> de comienzos del siglo XX, que muestran toda una cantera de la vida que luego, en raz\u00f3n de una cat\u00e1strofe, no tuvo m\u00e1s desarrollos).<\/p>\n<p>Algo similar podemos decir ocurre cuando echamos una mirada general al siglo pasado. Retrospectivamente, expresa una cr\u00edtica demoledora a esa forma mec\u00e1nica de apreciar los eventos que cre\u00eda que las cosas ir\u00edan ineluctablemente para un solo y mismo lugar: un progreso sin fin coronado por el socialismo; algo que muchos autores han criticado. Ya el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial hab\u00eda puesto sobre el tapete una cr\u00edtica radical a esta visi\u00f3n esquem\u00e1tica del progreso, poniendo bajo una nueva luz la capacidad destructiva del capitalismo. Fue una \u201cguerra industrializada\u201d donde la retaguardia fue tan o m\u00e1s importante que el frente y cuya capacidad para generar decesos en masa no ten\u00eda antecedentes. S\u00f3lo basta pensar en batallas como Verd\u00fan o el Somme (perecieron en cada una entre medio mill\u00f3n y un mill\u00f3n de soldados) para entender de lo que estamos hablando.<\/p>\n<p>Cuando comenzaba el ba\u00f1o de sangre de la primera guerra imperialista, Rosa Luxemburgo recuperaba de manera brillante la sentencia de Engels arriba citada: la historia se desarrolla alrededor de posibles cursos alternativos cuya resultante es el socialismo o la barbarie. Engels no hac\u00eda m\u00e1s que retomar una sentencia del <em>Manifiesto Comunista<\/em> donde se se\u00f1alaba que las sociedades pod\u00edan tener una superaci\u00f3n progresiva o terminar con el hundimiento de sus contendientes. Esto es lo que hab\u00eda ocurrido cuando el final del esclavismo: la ca\u00edda del Imperio Romano no tuvo una progresi\u00f3n superadora sino que dio lugar a la fragmentaci\u00f3n de la econom\u00eda, el territorio y el poder, situaci\u00f3n dominante a lo largo de varios siglos.<\/p>\n<p>Como digresi\u00f3n, se\u00f1alemos que una investigaci\u00f3n erudita llevada adelante por el investigador Ian Angus se\u00f1ala que, en realidad, la fuente directa de la sentencia de Rosa Luxemburgo no ser\u00eda tanto Engels como Kautsky (\u201cEl origen del eslogan \u2018Socialismo o Barbarie\u2019 de Rosa Luxemburgo\u201d, www.marxismocritico.com). Angus se\u00f1ala que Michel L\u00f6wy se habr\u00eda equivocado al atribuir la fuente de esta cita de Rosa a Engels (cosa que hac\u00eda la propia Luxemburgo). Sin embargo, no es faltar a la verdad se\u00f1alar que esta sentencia corresponde, por su esp\u00edritu, mucho m\u00e1s al pensamiento del marxismo cl\u00e1sico y revolucionario (de Marx a Trotsky) que a Kautsky. En \u00e9ste \u00faltimo, la f\u00f3rmula no pod\u00eda tener m\u00e1s que una funci\u00f3n ret\u00f3rica: un <em>pron\u00f3stico alternativo<\/em> para el curso hist\u00f3rico no pod\u00eda estar inscrito en su pensamiento evolucionista.<\/p>\n<p>En cualquier caso, el progreso o la posibilidad de una regresi\u00f3n quedaban planteadas como alternativas dial\u00e9cticas, rompiendo con cualquier mirada \u201cunidireccional\u201d de la historia. Muy aguda a este respecto era tambi\u00e9n la cr\u00edtica de Benjamin a la apreciaci\u00f3n de la historia como una suerte de \u201caut\u00f3mata\u201d: \u201cCuenta la historia de un aut\u00f3mata construido de tal manera que, en una partida de ajedrez, respond\u00eda a cada movimiento de su oponente con un contraataque hasta ganar el juego. (\u2026) Existe un equivalente filos\u00f3fico de este aparato. La marioneta llamada \u2018materialismo hist\u00f3rico\u2019 siempre ganar\u00e1. Puede f\u00e1cilmente competir con cualquiera si consigue apoyo de la teolog\u00eda\u201d (Benjamin 2012: 63). Volveremos m\u00e1s abajo sobre Benjamin.<\/p>\n<p>La Gran Guerra puso en la voz de Luxemburgo la se\u00f1al de alarma en la medida que provoc\u00f3 la muerte de entre 10 y 20 millones de personas, hundi\u00f3 en el fango a la Segunda Internacional y demostr\u00f3 que el capitalismo no solamente conten\u00eda determinadas potencialidades de progreso: pod\u00eda arrojar a la humanidad a lo m\u00e1s profundo de la barbarie.<\/p>\n<p>En todo caso, no una barbarie que significara una regresi\u00f3n mec\u00e1nica a las formas m\u00e1s antiguas de las relaciones humanas, sino una potenciada por el \u00faltimo grito de la t\u00e9cnica capitalista y que llevara a un \u201cdescenso en los infiernos de la deshumanizaci\u00f3n\u201d frente al cual los Frankenstein o los Dr\u00e1cula no ser\u00edan m\u00e1s que cuentos de ni\u00f1os.<\/p>\n<p>La imagen del \u201cdescenso en los infiernos\u201d en los campos de exterminio la tomamos de testigos que pasaron por esa tremenda experiencia y que retrataron el infierno de los campos de concentraci\u00f3n. En particular, de Primo Levi, cuya trilog\u00eda sobre Auschwitz da enorme trabajo leer. La connotaci\u00f3n deshumanizante de los campos es aguda para comprender lo que estuvo en juego all\u00ed (m\u00e1s all\u00e1 del asesinato puro y simple): quitarle a las personas su car\u00e1cter de seres humanos, sus atributos como tales.13 Traverso cita un art\u00edculo de Arendt de 1946 de las \u201cf\u00e1bricas de la muerte nazis\u201d, donde se mataba \u201ccomo se mata al ganado\u201d a seres humanos reducidos a una \u201cigualdad monstruosa\u201d sin fraternidad ni humanidad, y en las que se reflejaba \u201cla imagen del infierno\u201d (Traverso 2014a: 128).<\/p>\n<p>Sobre esto se ha escrito ampliamente, raz\u00f3n por la cual no hace falta que lo repitamos aqu\u00ed. S\u00f3lo queremos subrayar el quiebre hist\u00f3rico que signific\u00f3 el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, que le plante\u00f3 al marxismo la necesidad de una cr\u00edtica radical a la apreciaci\u00f3n mec\u00e1nica del curso hist\u00f3rico, algo habitual en sus filas hasta ese momento. Connotados dirigentes de la Segunda y Tercera internacionales (esta \u00faltima, ya burocratizada) se manejaron siempre con la idea de que \u201cla historia trabaja en nuestro favor\u201d.<\/p>\n<p>Incluso en el seno del trotskismo ocurri\u00f3 esto. Quien m\u00e1s profundo cay\u00f3 en esta apreciaci\u00f3n ultra objetivista de los asuntos fue Michel Pablo, uno de los principales dirigentes de la IV Internacional a la salida de la segunda guerra, que ve\u00eda al stalinismo llevando adelante \u201crevoluciones socialistas\u201d por todo el orbe. Muchos dirigentes trotskistas en ese per\u00edodo compartieron la base te\u00f3rica de su apreciaci\u00f3n, aunque no su pol\u00edtica.<\/p>\n<p><strong>9.2 Auschwitz y el stalinismo (o cuando muri\u00f3 la visi\u00f3n teleol\u00f3gica de la historia)<\/strong><\/p>\n<p>Pero hubo nuevos acontecimientos que terminaron dando al trasto con toda visi\u00f3n ingenua de la historia. La Segunda Guerra Mundial, con sus 50 millones de muertos, fue un evento mayor que volvi\u00f3 a mostrar esta dial\u00e9ctica infernal de progreso y regresi\u00f3n inscripta en la l\u00f3gica misma de este sistema explotador.<\/p>\n<p>Y junto con la segunda guerra estuvieron los campos de extermino nazis y la burocratizaci\u00f3n de la primera y m\u00e1s grandiosa revoluci\u00f3n obrera de la historia (con sus purgas y el Gulag).14 Estas tragedias hist\u00f3ricas est\u00e1n all\u00ed para certificar que el curso hist\u00f3rico es dial\u00e9ctico y no mec\u00e1nico, que no existe nada predeterminado en su desarrollo, y que sobre la base de determinados presupuestos materiales (el nivel alcanzado por el desarrollo de las fuerzas productivas), <em>lo que decide las cosas es la acci\u00f3n de los sujetos sociales y pol\u00edticos en la palestra de la historia<\/em>.<\/p>\n<p>Sobre el quiebre que signific\u00f3 Auschwitz en materia de la concepci\u00f3n del marxismo, Traverso lleva adelante un an\u00e1lisis que se caracteriza por su agudeza. Destaca un aspecto que resulta apropiado subrayar aqu\u00ed: c\u00f3mo el genocidio jud\u00edo liquid\u00f3 lo que hab\u00eda llegado a ser una entera cultura, la yiddish, centrada en la comunidad jud\u00eda del centro y el oriente europeo, que fue literalmente borrada de la faz de la tierra, como hemos visto m\u00e1s arriba.<\/p>\n<p>Si bien el asesinato en masa de esta comunidad ten\u00eda inscripta en su posibilidad un conjunto de antecedentes hist\u00f3ricos vinculados a las pr\u00e1cticas genocidas del imperialismo colonial, no exist\u00eda nada predeterminado que llevara a la literal extirpaci\u00f3n de toda una colectividad del suelo europeo. Cualquier lectura mec\u00e1nica de la historia muri\u00f3 junto con esta poblaci\u00f3n (acompa\u00f1ada por gitanos, prisioneros de guerra sovi\u00e9ticos, homosexuales y dem\u00e1s) en los campos de la muerte del nazismo.15<\/p>\n<p>Pero esta misma dial\u00e9ctica hist\u00f3rica es aplicable a las sociedades donde fue expropiado el capitalismo y en las cuales no hab\u00eda nada ineluctable que las condujera al socialismo. Hay aqu\u00ed varios abordajes posibles. Entre ellos, que es imposible que se imponga ning\u00fan nuevo r\u00e9gimen social sin una serie de ejercicios de ensayo y error, y muchos menos el socialismo.<\/p>\n<p>Sin embargo, un fuerte determinismo de ra\u00edz economicista hizo creer que, finalmente, la \u201cnecesidad hist\u00f3rica\u201d se impondr\u00eda y que de una u otra manera se llegar\u00eda al socialismo: las \u201cleyes del desarrollo socialista\u201d estar\u00edan all\u00ed para asegurar el curso de los eventos. Hemos criticado esta concepci\u00f3n, presente inclusive entre las filas de los revolucionarios, en el citado texto \u201cLa dial\u00e9ctica de la transici\u00f3n: plan, mercado y democracia obrera\u201d.<\/p>\n<p>S\u00f3lo queremos destacar aqu\u00ed, en todo caso, dos versiones de esta equivocada idea. La primera, m\u00e1s general, remite a la concepci\u00f3n de una supuesta \u201cnecesidad hist\u00f3rica\u201d que se impondr\u00eda espont\u00e1neamente. Una concepci\u00f3n en el fondo ajena al marxismo: no hay nada ineluctable en el curso hist\u00f3rico, como est\u00e1 palmariamente demostrado en el \u00faltimo siglo. El defecto principal de este tipo de an\u00e1lisis es que inclina la vara unilateralmente para el lado de los \u201cfactores objetivos\u201d (y de una visi\u00f3n mec\u00e1nica del progreso de las fuerzas productivas), como si \u00e9stos garantizaran un curso progresivo de los eventos. La idea es que \u201cla necesidad siempre se abre camino\u201d (cual \u201cmotor espont\u00e1neo\u201d del desarrollo hist\u00f3rico).<\/p>\n<p>Pero que algo sea necesario (y el socialismo lo es), que est\u00e9n dadas las precondiciones objetivas para ello, no quiere decir que ineluctablemente se imponga. Porque como dec\u00eda Marx, la historia no hace nada, no es ning\u00fan tipo de agente independiente; los que la hacen, los que sienten y pelean, son los hombres mismos. Las circunstancias objetivas s\u00f3lo marcan las condiciones de su acci\u00f3n, sus alcances y l\u00edmites, su \u201cposibilidad objetiva\u201d, nunca el desenlace. La posibilidad objetiva hace a las condiciones materiales e hist\u00f3ricas que hacen \u201cnecesarios\u201d determinados desarrollos, pero no llevan <em>teleol\u00f3gicamente<\/em> (guiados por un fin predeterminado) a ellos: eso ya depende de las luchas de las fuerzas vivas en la palestra hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Criticando la vieja idea de que el factor subjetivo simplemente \u201cacelerar\u00eda o retardar\u00eda el proceso hist\u00f3rico\u201d (\u00e1ngulo tributario de Plejanov, <em>El lugar del hombre en la historia<\/em>), L\u00f6wy se\u00f1ala agudamente que \u201cno se trata ya del ritmo, sino de la <em>direcci\u00f3n <\/em>del proceso hist\u00f3rico\u201d. Los autores que sostienen una concepci\u00f3n determinista se\u00f1alan que si se pierde el terreno de la \u201cnecesidad hist\u00f3rica\u201d, el socialismo carecer\u00eda de fundamento material. Pero es una apreciaci\u00f3n esquem\u00e1tica que confunde el concepto de <em>necesidad<\/em> con el de <em>posibilidad hist\u00f3rica objetiva<\/em>. El socialismo no es algo que se impondr\u00e1 autom\u00e1ticamente. Pero es absolutamente cierto que todo el desarrollo hist\u00f3rico anterior lo ha hecho materialmente posible. Incluso m\u00e1s: se trata de una necesidad hist\u00f3rica planteada para evitar caer en la barbarie: \u201cEl papel del proletariado (\u2026) no es simplemente \u2018apoyar\u2019, \u2018abreviar\u2019 o \u2018acelerar\u2019 el proceso hist\u00f3rico, sino decidirlo\u201d (L\u00f6wy, \u00eddem).<\/p>\n<p>Una segunda versi\u00f3n de esta idea es la concepci\u00f3n de que la planificaci\u00f3n econ\u00f3mica garantizar\u00eda un curso socialista con \u201cpiloto autom\u00e1tico\u201d en la marcha econ\u00f3mica, cual \u201cley del plan\u201d impuesta de manera independiente de si la clase obrera se encuentra al frente del Estado de manera efectiva o no. La historia del siglo XX se encarg\u00f3 de poner en su lugar la falsedad radical de este aserto, condenando toda visi\u00f3n objetivista de la marcha hacia el socialismo, que caracteriza todav\u00eda a algunas de las corrientes m\u00e1s doctrinarias del trotskismo.<\/p>\n<p>De todos modos, nos interesa aqu\u00ed, simplemente, recoger las ense\u00f1anzas de la historia viva, no entrar en alg\u00fan debate filos\u00f3fico. Y estas ense\u00f1anzas indican que no hay nada predeterminado en el curso hist\u00f3rico. De ah\u00ed que las sociedades donde fue expropiado el capitalismo, al quedar aisladas en un solo pa\u00eds (los \u201cvarios socialismos en un solo pa\u00eds\u201d de los que hablara agudamente Pierre Naville), sufrieran un regresivo proceso de burocratizaci\u00f3n: se vieron incapacitadas de desarrollar las fuerzas productivas al nivel del capitalismo y sucumbieron ignominiosamente. Un derrumbe que domin\u00f3 las postrimer\u00edas del \u201ccorto siglo XX\u201d y que todav\u00eda tiene consecuencias hoy.<\/p>\n<p>El stalinismo configur\u00f3 un ment\u00eds completo a la idea mec\u00e1nica del desarrollo hist\u00f3rico: fue un fen\u00f3meno completamente imprevisto, la pudrici\u00f3n burocr\u00e1tica de las primeras revoluciones realizadas por las mayor\u00edas explotadas y oprimidas en inter\u00e9s de esas mismas mayor\u00edas.<\/p>\n<p>Nunca antes en la historia una clase explotada hab\u00eda tomado el poder. Las revoluciones anteriores, incluso la m\u00e1s grandiosa como la Revoluci\u00f3n Francesa, hab\u00edan sido \u201chechos de masas\u201d, pero no llevaron al poder sino a una minor\u00eda social (ya hemos visto esto arriba). Pero la Revoluci\u00f3n Rusa llev\u00f3 al poder a la clase obrera, y sin embargo luego se burocratiz\u00f3: no tuvo un curso ascendente o emancipador mec\u00e1nico. Lenin y Trotsky eran plenamente conscientes de la posibilidad de un desarrollo as\u00ed: de ah\u00ed que pusieran todas sus esperanzas en la supervivencia de Rusia bolchevique en la extensi\u00f3n de la revoluci\u00f3n a Alemania.<\/p>\n<p>Entre las alternativas que se representaban ambos revolucionarios estaba el desarrollo del poder obrero a partir de la extensi\u00f3n de la revoluci\u00f3n internacional o la restauraci\u00f3n capitalista. Lenin identific\u00f3 casi desde el principio las deformaciones burocr\u00e1ticas del Estado obrero naciente, y Trotsky sigui\u00f3 el an\u00e1lisis por la huella dejada por \u00e9l: <em>La revoluci\u00f3n traicionada<\/em> es, en cierta medida, la continuidad de <em>El Estado y la revoluci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>Pero ambos revolucionarios no podr\u00edan haber anticipado el grado de degeneraci\u00f3n burocr\u00e1tica al que lleg\u00f3 la revoluci\u00f3n, proceso degenerativo que, como tal, fue un fen\u00f3meno completamente imprevisto. Bensa\u00efd se\u00f1ala que con una unilateral l\u00f3gica del \u201ctercero excluido\u201d, al trotskismo de la segunda posguerra le cost\u00f3 abrirse a estudiar la radical novedad del fen\u00f3meno de la burocratizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El poder obrero no se consolid\u00f3, ni se volvi\u00f3 inmediatamente al capitalismo. Lo que termin\u00f3 emergiendo fue la imposici\u00f3n de una burocracia que lleg\u00f3 a cuestionar y pudrir hasta en lo m\u00e1s \u00edntimo las conquistas de la Revoluci\u00f3n de Octubre, comprometiendo la perspectiva misma del socialismo.<\/p>\n<p><strong>9.3 El tiempo ascendente de la revoluci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Lo que acabamos de plantear acerca de las tragedias del siglo pasado tuvo su reversibilidad durante ese mismo siglo: la vivencia de la ruptura del tiempo hist\u00f3rico a causa de un curso ascendente de la revoluci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Si la cotidianeidad de la opresi\u00f3n y explotaci\u00f3n (la fuerza conservadora de la inercia hist\u00f3rica, una de las m\u00e1s poderosas, como se\u00f1alara Trotsky), hace suponer que el \u201ctiempo presente\u201d es la \u00fanica dimensi\u00f3n de la temporalidad, lo que caracteriza a la revoluci\u00f3n es la introducci\u00f3n del elemento de ruptura, la transformaci\u00f3n de las relaciones establecidas: la cr\u00edtica al tiempo hist\u00f3rico considerado como una dimensi\u00f3n fija e inmutable.<\/p>\n<p>Bensa\u00efd ha hablado de esta dimensi\u00f3n de la revoluci\u00f3n, de c\u00f3mo en ella se juega el tiempo estrat\u00e9gico de la pol\u00edtica revolucionaria; podemos tomar, tambi\u00e9n, el planteo de Trotsky de c\u00f3mo en momentos revolucionarios las masas hacen su irrupci\u00f3n en la vida pol\u00edtica y, con su ingreso en la palestra de la historia, fijan un nuevo punto de referencia para ella.<\/p>\n<p>Si el \u201cdescenso en los infiernos\u201d de Auschwitz romp\u00eda con una idea mec\u00e1nicamente ascendente del curso hist\u00f3rico, una revoluci\u00f3n social introduce un quiebre en el curso \u201cnormal\u201d de los asuntos en una direcci\u00f3n opuesta: el de una \u201cascensi\u00f3n\u201d que permite a los explotados y oprimidos atisbar el cielo con las manos.<\/p>\n<p>Acerca de esta dimensi\u00f3n de la temporalidad, del entrelazamiento entre el presente, el pasado y el futuro hemos escrito m\u00e1s arriba. Nos interesa rescatar aqu\u00ed la importancia que a la dimensi\u00f3n del futuro le han dado autores marxistas de la talla de Pierre Naville y Ernst Bloch; de este \u00faltimo (considerado por Mandel el principal fil\u00f3sofo marxista del siglo XX) podemos recordar su \u201cprincipio esperanza\u201d como factor movilizador: \u201cAun en la demora que le impone la noche excesiva, el d\u00eda que alborea escucha otra cosa que no es el ta\u00f1ido funerario putrefacto y sofocante, inesencial y nihilista\u201d. Naville vinculaba a esta dimensi\u00f3n de futuro los objetivos de una planificaci\u00f3n llevada delante de manera soberana y consciente por parte de los trabajadores.<\/p>\n<p>Volviendo a Bloch, la po\u00e9tica frase que acabamos de citar plantea la tensi\u00f3n volcada hacia la acci\u00f3n del actuar humano revolucionario: \u201cLa filosof\u00eda marxista es filosof\u00eda del futuro, es decir, tambi\u00e9n del futuro en el pasado: en esta conciencia concentrada de frontera, la filosof\u00eda marxista es teor\u00eda-praxis viva, confiada en el acontecer, con la mirada fija en el <em>novum<\/em>\u201d. Y agrega citando un brillante fragmento del <em>\u00bfQu\u00e9 hacer?<\/em>: \u201cSi el hombre no poseyera ninguna capacidad para so\u00f1ar (\u2026) no podr\u00eda tampoco traspasar aqu\u00ed y all\u00e1 su propio horizonte y percibir en su fantas\u00eda como unitaria y terminada la obra que empieza justamente a surgir entre sus manos; me ser\u00eda imposible en absoluto imaginarme qu\u00e9 motivos podr\u00edan llevar al hombre a echar sobre sus hombros y conducir a t\u00e9rmino amplios y agotadores trabajos en el terreno del arte, de la ciencia y de la vida pr\u00e1ctica\u201d (Lenin, citado por Bloch en <em>El principio esperanza<\/em>).<\/p>\n<p>Benjamin, por su parte, destacaba la importancia del pasado, renovada hoy dada la falta de memoria hist\u00f3rica que caracteriza a las nuevas generaciones. Pero nos permitimos criticar su \u00e1ngulo \u201crom\u00e1ntico extremista\u201d que significaba la p\u00e9rdida de la dimensi\u00f3n del futuro, o su reducci\u00f3n a un escenario de puras cat\u00e1strofes. En Bensa\u00efd tambi\u00e9n podemos criticar un abordaje unilateral del tiempo presente. Tiene un aspecto central en el sentido de recuperar la pol\u00edtica como \u201ccontemporaneidad de la historia\u201d (Gramsci), como instrumento transformador. Sin embargo, una fijaci\u00f3n demasiado esquem\u00e1tica en el presente podr\u00eda dar lugar a reca\u00eddas posibilistas.<\/p>\n<p>En todo caso, <em>el marxismo revolucionario se caracteriza por un arco de tensi\u00f3n entre las condiciones del presente y la conquista del futuro socialista y comunista<\/em>. Lo que, a su vez, obliga a recuperar las luchas de las generaciones que nos antecedieron. \u00c9sta es la dial\u00e9ctica que preside la lucha revolucionaria.<\/p>\n<p>El desarrollo de esta reflexi\u00f3n nos lleva a un debate introducido por Benjamin sobre la marcha de la historia, reivindicado hoy por muchos marxistas: sus famosas <em>Tesis sobre el concepto de la historia<\/em>, que tuvieron el valor de introducir un quiebre radical respecto de la concepci\u00f3n evolucionista dominante en el marxismo de su \u00e9poca. La cr\u00edtica de Benjamin a esa apreciaci\u00f3n ingenua del curso hist\u00f3rico, su agudo cuestionamiento en tiempo real a una socialdemocracia que cre\u00eda marchar \u201ccon la corriente\u201d, no puede menos que ser subrayada, lo mismo que su anticipaci\u00f3n genial de la barbarie que se cern\u00eda con el nazismo, tal como los certeros pron\u00f3sticos de Trotsky sobre el destino catastr\u00f3fico que le aguardaba a la colectividad jud\u00eda con el desencadenamiento de la segunda guerra, como reconoce Traverso.<\/p>\n<p>Benjamin recordaba c\u00f3mo durante la Revoluci\u00f3n de Julio de 1830 en Par\u00eds los relojes callejeros hab\u00edan aparecido rotos de manera simult\u00e1nea. Quiz\u00e1 las masas tuvieran la intuici\u00f3n de una cr\u00edtica a esa temporalidad mec\u00e1nica a que las somet\u00eda la explotaci\u00f3n del capitalismo ascendente y quisieron, simb\u00f3licamente, quebrarla. Tambi\u00e9n subraya c\u00f3mo las grandes revoluciones hist\u00f3ricas introducen un nuevo calendario: \u201csaberse a punto de hacer volar el <em>continuum<\/em> de la historia es caracter\u00edstico de las clases revolucionarias en acci\u00f3n\u201d, dice el autor alem\u00e1n.<\/p>\n<p>Pero hay que evitar una deriva que se vaya para el otro lado (como de alguna manera ocurre con el propio Benjamin): que pierda de vista que la contemporaneidad est\u00e1 marcada tanto por la eventualidad del descenso a los infiernos como por la posibilidad del \u201cascenso a los cielos\u201d. Traverso se desliza hacia esa unilateralidad al decidirse por la apreciaci\u00f3n de que nuestra actualidad estar\u00eda marcada, unilateralmente, por el dominio de la barbarie: \u201cEl siglo XX ha probado que la barbarie no es un peligro para nuestro futuro: es la caracter\u00edstica dominante de nuestro tiempo\u201d (Traverso 1999).16<\/p>\n<p>Si es verdad que el siglo XX ha probado la contemporaneidad de la barbarie, nos permitimos criticar la segunda parte de su sentencia: rompe para un lado unilateral el profundo sentido dial\u00e9ctico de la historia. Dir\u00edamos, m\u00e1s bien, que la historia contempor\u00e1nea est\u00e1, a grandes rasgos, marcada por los fen\u00f3menos simult\u00e1neos de la revoluci\u00f3n y la contrarrevoluci\u00f3n, siendo una u otra dominante en determinados momentos a depender del curso de los grandes conflictos de clase.<\/p>\n<p><strong>9.4 La forja de la nueva generaci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n parece exageradamente rom\u00e1ntica y unilateral la apreciaci\u00f3n de Benjamin de que la revoluci\u00f3n no busca impulsar el progreso, sino \u201caccionar el freno hist\u00f3rico\u201d antes que la civilizaci\u00f3n se desbarranque por el precipicio; evaluaci\u00f3n de todos modos anticipatoria en el momento en que se formul\u00f3, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial.<\/p>\n<p>El problema est\u00e1 en que esta forma de ver las cosas compromete no s\u00f3lo la visi\u00f3n ingenua del progreso, sino cualquier visi\u00f3n del progreso <em>tout court<\/em>, perdiendo de vista la condici\u00f3n material de la transici\u00f3n a una sociedad emancipada, que es el desarrollo de las fuerzas productivas, simult\u00e1neamente con la completa transformaci\u00f3n de las relaciones sociales que es necesaria al calor de este desarrollo. Algo que no se verific\u00f3 en los estados (a la postre burocratizados) donde el capitalismo fue expropiado.<\/p>\n<p>La ruptura del tiempo hist\u00f3rico que significa la revoluci\u00f3n socialista debe recuperar para las revoluciones socialistas que est\u00e1n en el porvenir la dimensi\u00f3n del progreso, pero en un sentido que no sea ingenuo: un paralelo desarrollo de las fuerzas productivas y la transformaci\u00f3n revolucionaria de las relaciones sociales es imprescindible para avanzar hacia el socialismo. No se trata de reestablecer formas comunitarias anteriores (algo imposible de llevar adelante), sino de conquistar nuevos niveles de relaciones humanas emancipadas, al servicio de las cuales la concepci\u00f3n economicista de la transici\u00f3n no colabor\u00f3 ni un mil\u00edmetro; por el contrario, sirvi\u00f3 para la legitimaci\u00f3n \u201cproductivista\u201d de la burocracia.<\/p>\n<p>Todo el curso del siglo pasado reafirma, as\u00ed, la necesidad de una apreciaci\u00f3n dial\u00e9ctica del tiempo hist\u00f3rico. Un abordaje que no se desintegre para el lado de una l\u00f3gica posmoderna del puro azar (tan de moda en el mundo acad\u00e9mico), pero tampoco sostenga una concepci\u00f3n que \u201caguarde con los brazos cruzados a que la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica nos traiga sus frutos maduros\u201d, visi\u00f3n para la cual los \u00faltimos cien a\u00f1os han sido una desmentida radical. La tarea es formar a la nueva generaci\u00f3n obrera, estudiantil y militante que emerge construyendo, simult\u00e1neamente, partidos revolucionarios de vanguardia con cada vez mayor influencia entre las masas.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda <\/strong><\/p>\n<p>Benjamin, Walter. <em>Sobre el concepto de historia<\/em>, Buenos Aires, Godot, 2012.<\/p>\n<p>Bensa\u00efd, Daniel. <em>Trotskismos<\/em>, Barcelona, Viejo Topo, 2007.<\/p>\n<p>Bloch, Ernst. <em>El principio esperanza<\/em>, M\u00e9xico, FCE, 1973.<\/p>\n<p>Brou\u00e9, Pierre. <em>Communistes contre Staline<\/em>, Par\u00eds, Fayard, 2003.<\/p>\n<p>_______ <em>Historia de la Internacional Comunista, 1919-1943<\/em>, San Pablo, Sundermann, 2007.<\/p>\n<p>_______ <em>Los trotskistas en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica<\/em>.<\/p>\n<p>_______ <em>El Partido Bolchevique<\/em>, Buenos Aires, Alternativa, 2007.<\/p>\n<p>J\u00fcnger, Ernst.<em> Tempestades de acero<\/em>, Buenos Aires, Tusquets, 2013.<\/p>\n<p>Ferro, Marc. <em>La Gran Guerra, 1914-1918<\/em>, Madrid, Alianza, 2014.<\/p>\n<p>Fulbrooke, Mary.<em> El estado del pueblo, la sociedad alemana oriental de Hitler a Honecker<\/em>, New York, Yale University Press, 2008.<\/p>\n<p>Fryer, Peter. <em>La tragedia de Hungr\u00eda<\/em>, Buenos Aires, Ant\u00eddoto, 1986.<\/p>\n<p>Furet, Fran\u00e7ois. <em>El pasado de una ilusi\u00f3n. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX<\/em>, Barcelona, FCE, 1995.<\/p>\n<p>Hobsbawm, Eric. <em>Historia del Siglo XX, 1914-1991<\/em>, Barcelona, Cr\u00edtica, 1995.<\/p>\n<p>Le\u00f3n, Abraham. <em>La concepci\u00f3n materialista de la cuesti\u00f3n jud\u00eda<\/em>, Buenos Aires, Cana\u00e1n, 2010.<\/p>\n<p>Mandel, Ernest. <em>El poder y el dinero<\/em>, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1994.<\/p>\n<p>Nolte, Ernst. <em>La guerra civil europea, 1917-1945. Nacionalsocialismo y bolchevismo<\/em>, M\u00e9xico, FCE, 2011.<\/p>\n<p>Novack, George. <em>Para comprender la historia<\/em>, Buenos Aires, Pluma, 1975.<\/p>\n<p>Traverso, Enzo. <em>El<\/em> <em>final de la modernidad jud\u00eda. Historia de un giro conservador<\/em>. Buenos Aires, FCE, 2014 (a).<\/p>\n<p>_______ <em>El totalitarismo. Historia de un debate<\/em>, Buenos Aires, Eudeba, 2001.<\/p>\n<p>_______ <em>El pasado, instrucciones de uso<\/em>, Buenos Aires, Prometeo, 2011.<\/p>\n<p>_______ <em>\u00bfQu\u00e9 fue de los intelectuales?<\/em>, Buenos Aires, Siglo XXI, 2014 (b).<\/p>\n<p>_______ <em>Understanding the Nazi Genocide<\/em>. <em>Marxism after Auschwitz<\/em>, New York, Pluto Press, 1999.<\/p>\n<p>_______ <em>The origins of nazi violence<\/em>, New York- London, The New Press, 2003.<\/p>\n<p>_______ <em>Les marxistes et la question juive. Histoire d\u2019un d\u00e9bate<\/em> (1843-1943), Par\u00eds, Kim\u00e9, 1997.<\/p>\n<p>Trotsky, Le\u00f3n. <em>La guerra y la Internacional<\/em>, Buenos Aires, Del Siglo, 1973.<\/p>\n<p>_______ <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em>, Buenos Aires, Ant\u00eddoto-Gallo Rojo, 2012.<\/p>\n<p>Weisz, Eduardo. <em>Racionalidad y tragedia, la filosof\u00eda de la historia de Max Weber<\/em>, Buenos Aires, Prometeo, 2011.<\/p>\n<ol>\n<li>La revoluci\u00f3n anticapitalista de 1949 no llev\u00f3 a la clase obrera al poder pero, sin embargo, al resolver en cierto modo problemas como los de la unidad del pa\u00eds y su independencia del imperialismo, as\u00ed como dar impulso a una primera oleada de industrializaci\u00f3n y urbanizaci\u00f3n, cre\u00f3 mejores bases para su desarrollo capitalista actual. Apreciar esta evidente paradoja requiere, de todos modos, un abordaje del curso hist\u00f3rico que huya del mecanicismo y el linealismo habitual.<\/li>\n<li>Ernst J\u00fcnger fue un combatiente y autor de la derecha conservadora alemana de la Primera Guerra Mundial, que estuvo alistado tambi\u00e9n en la segunda aunque en tareas no militares, y cuya obra literaria m\u00e1s conocida idealizaba la guerra como una suerte de enfrentamiento entre \u201cfuerzas elementales de la naturaleza\u201d.<\/li>\n<li>Algo esquem\u00e1ticamente, Nahuel Moreno tomaba esto cuando hablaba de \u201cr\u00e9gimen kerenskista\u201d para dar cuenta de un r\u00e9gimen de extrema debilidad basado en la dualidad de poderes, que Trotsky se\u00f1alaba como el rasgo mortal de los gobiernos burgueses y de coalici\u00f3n que asumieron el poder en Rusia entre febrero y octubre.<\/li>\n<li>Marek Edelman era un joven militante socialista del Bund jud\u00edo polaco, uno de los subcomandantes del levantamiento de 1943, que sobreviviendo a la guerra, y viviendo en Polonia, se transform\u00f3 en un reconocido militante antistalinista y rechaz\u00f3 toda su vida la creaci\u00f3n del Estado de Israel.<\/li>\n<li>Siguiendo a Deutscher a este respecto, Traverso (2014a: 69 y 73) introduce el agudo concepto del \u201cjud\u00edo no jud\u00edo\u201d para \u201cdibujar el perfil del intelectual en ruptura con su religi\u00f3n y la cultura heredadas [yendo m\u00e1s lejos] de los l\u00edmites del juda\u00edsmo. Todos ellos consideraban el juda\u00edsmo demasiado estrecho, demasiado arcaico, demasiado limitativo\u201d. Posteriormente al genocidio nazi, entre muchos revolucionarios de ese origen, la cuesti\u00f3n del \u201cjuda\u00edsmo\u201d se introdujo en un sentido ni religioso ni nacional, sino estrictamente humanista, \u201cde solidaridad incondicional con las gentes perseguidas y exterminadas\u201d.<\/li>\n<li>M\u00e1s all\u00e1 de la cr\u00edtica de Traverso de que en su trabajo sobre la cuesti\u00f3n jud\u00eda Le\u00f3n era demasiado tributario del an\u00e1lisis de Kautsky \u2013la idea de \u201cpueblo-clase\u201d\u2013, su obra es de una solidez y fuerza pol\u00edtica y humana tremendas, un verdadero cl\u00e1sico del socialismo revolucionario sobre el tema.<\/li>\n<li>Un relato de primera mano de esta masacre lo obtuvimos en una reciente conferencia a la que asistimos en Cluj, Rumania. Son dignos de destacar los heroicos testimonios de los resistentes jud\u00edos con conciencia de clase de origen comunista, que no se entregaron sin resistencia a las autoridades nazis, as\u00ed como las expresiones de solidaridad por doquier en medio de la barbarie. Se trata de todo un conjunto de experiencias que demuestran todo lo que de humano se puso en juego contra la barbarie del nazismo.<\/li>\n<li>Traverso cita un texto de Arendt de 1942 donde desde Nueva York llamaba a \u201ccambiar la ley del exterminio y la ley de la hu\u00edda por la ley del combate\u201d (Traverso 2014a: 123). Ley que, claro est\u00e1, luego de la guerra fue direccionada no para combatir al nazismo, sino para levantar el garrote del Estado de Israel contra el pueblo palestino\u2026<\/li>\n<li>En este apartado agradecemos la colaboraci\u00f3n de Ale Kurlat.<\/li>\n<li><em>El poder y el dinero<\/em> es una de las \u00faltimas obras de este hist\u00f3rico dirigente del movimiento trotskista de la posguerra, cuya conclusi\u00f3n es sintom\u00e1tica porque se plantea en sentido algo distinto a su trayectoria anterior, dedicada a defender sin matices el car\u00e1cter obrero de esos estados.<\/li>\n<li>Sheila Fitzpatrick (especialista estadounidense en la ex URSS) se\u00f1ala que la hambruna dej\u00f3 un legado de enorme resentimiento contra el r\u00e9gimen: seg\u00fan rumores que circulaban en la regi\u00f3n del Volga central, los campesinos la consideraban como un deliberado castigo por haberse resistido a la colectivizaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Siguiendo a Novack, se\u00f1alemos que Vico afirmaba a comienzos del siglo XVIII que debido a que la historia hab\u00eda sido creada por los hombres, \u00e9stos pod\u00edan comprenderla (claro que para Vico los fen\u00f3menos sociales y culturales pasaban por una secuencia regular de etapas de car\u00e1cter c\u00edclico). En su interpretaci\u00f3n de la historia, Vico puso sobre el tapete la lucha de clases, especialmente en el per\u00edodo heroico en que estaba representada por el conflicto entre los plebeyos y los patricios en la Antigua Roma.<\/li>\n<li>Primo Levi se opuso a la ocupaci\u00f3n de Israel del L\u00edbano en 1982 y que tild\u00f3 de \u201cfascista\u201d a Begin, primer ministro de Israel en aqu\u00e9l momento.<\/li>\n<li>\u201cEn la URSS, millones de esclavos eran deportados a Siberia donde deb\u00edan, con trabajo forzado, dominar la taiga y crea las condiciones del desarrollo econ\u00f3mico social. Han sido los <em>Zek<\/em> [trabajadores forzados. RS] quienes han construido las v\u00edas del ferrocarril, introducido la electricidad, creado las f\u00e1bricas, roto el aislamiento secular de inmensas regiones de Asia central (\u2026). Si se interpreta el concepto de civilizaci\u00f3n en su acepci\u00f3n m\u00e1s limitada, puramente material, mutilado de su dimensi\u00f3n \u00e9tica y emancipadora (\u2026), no hay dudas de que el stalinismo fue un celoso defensor de ella\u201d (Traverso 2001: 151). Traverso agrega luego, correctamente, que Evgeny Preobrajensky se desliz\u00f3 hacia esta err\u00f3nea concepci\u00f3n.<\/li>\n<li>Pensemos en el tremendo interrogante que se hicieron los sobrevivientes del exterminio bajo la pregunta de \u201c\u00bfpor qu\u00e9 a m\u00ed no me toc\u00f3 morir?\u201d Una muestra de c\u00f3mo en la historia las cosas no son mec\u00e1nicas, c\u00f3mo se crey\u00f3 en los esquemas vulgares del marxismo positivista. Este interrogante persigui\u00f3 de manera implacable a los sobrevivientes de los campos de exterminio a lo largo de su vida. Una angustia existencial que marc\u00f3 la vida, por ejemplo, del ya nombrado Primo Levi, entre tantos otros.<\/li>\n<li>M\u00e1s all\u00e1 de la agudeza que caracteriza su obra, tiene la dificultad de estar desarrollada por fuera de la apuesta estrat\u00e9gica que plantea a la clase obrera en el centro de las perspectivas emancipatorias. Esta lecci\u00f3n del siglo pasado parecer haber quedado fuera del campo de mira de sus preocupaciones, cuesti\u00f3n que se agrega a la injusticia que comete a veces con Trotsky al considerarlo como una suerte de \u201cintelectual que dej\u00f3 de lado sus principios cuando se transform\u00f3 en hombre de Estado\u201d.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siglo XX y dial\u00e9ctica hist\u00f3rica Ver en .pdf * Con la colaboraci\u00f3n en el ordenamiento de los textos de Eric Simmoneti \u201cEl escepticismo, aunque es muy natural, conduce, sin embargo, a una conclusi\u00f3n err\u00f3nea, pues deja de lado la buena voluntad de la Historia, as\u00ed como otras veces nos hemos inclinado a ignorar su mala [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":4941,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1387,1368,1643],"tags":[29,1644,35],"class_list":{"0":"post-5012","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-destacado","8":"category-historia-y-teoria","9":"category-revista-socialismo-o-barbarie","10":"tag-historia","11":"tag-revista-sob-29","12":"tag-roberto-saenz"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.6 - 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