{"id":6771,"date":"2007-11-01T21:00:18","date_gmt":"2007-11-02T00:00:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=6771"},"modified":"2019-11-19T23:09:13","modified_gmt":"2019-11-20T02:09:13","slug":"notas-criticas-a-las-esquinas-peligrosas-de-la-historia-de-valerio-arcary","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=6771","title":{"rendered":"Notas cr\u00edticas a Las esquinas peligrosas de la historia, de Valerio Arcary"},"content":{"rendered":"<h2><strong>El recurso al sustituismo social<\/strong><\/h2>\n<p><em>\u201cLa historia no es sino la sucesi\u00f3n de las diferentes generaciones, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas productivas trasmitidas por cuantas la han precedido; es decir, que prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras que, por otra, modifica las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa<strong>; <\/strong>lo que podr\u00eda <\/em>tergiversarse<em> especulativamente, diciendo que <\/em>la historia posterior<em> es la <\/em>finalidad<em> de la que la precede\u201d<\/em> (Karl Marx-Friedrich Engels, <em>La ideolog\u00eda alemana<\/em>).<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, Valerio Arcary (profesor de historia y miembro del PSTU del Brasil) ha venido haciendo un esfuerzo de elaboraci\u00f3n acerca del balance de las revoluciones del siglo XX. Esto se ha expresado en dos libros de reciente aparici\u00f3n en dicho pa\u00eds: <em>Las esquinas peligrosas de la historia<\/em> y <em>Encuentro de la revoluci\u00f3n con la historia.<\/em> Estos trabajos \u2013de los cuales aqu\u00ed nos concentraremos en el primero\u2013, si bien reflejan un <em>intento de elaboraci\u00f3n real<\/em> sobre las experiencias del siglo pasado, no logran evitar, sin embargo, una reca\u00edda en los graves l\u00edmites deterministas, sustituistas y objetivistas que caracterizaron a parte muy importante del movimiento trotskista en la segunda posguerra. En otros textos hemos se\u00f1alado que estas caracter\u00edsticas significaron una \u201cdesviaci\u00f3n\u201d frente a los rasgos que caracterizaron a la tradici\u00f3n del marxismo cl\u00e1sico y revolucionario.<\/p>\n<p>Lamentablemente, Arcary no hace m\u00e1s que presentar, de manera \u201caggiornada\u201d, <em>las mismas<\/em> conclusiones acerca de las revoluciones de la segunda posguerra que fueron propias de la unilateral s\u00edntesis de la corriente morenista, de la cual Arcary se reivindica.<\/p>\n<p>El problema es m\u00e1s serio dado que su recepci\u00f3n poco cr\u00edtica de los an\u00e1lisis de las corrientes trotskistas de la posguerra en general y del morenismo en particular lo llevan a hacer generalizaciones totalmente equivocadas no s\u00f3lo respecto del propio proceso de la posguerra \u2013lo que en todo caso ser\u00eda un debate hist\u00f3rico\u2013 sino que podr\u00edan hacer estragos hacia adelante, al reabrir como <em>hip\u00f3tesis casi central<\/em> de sus elaboraciones la posibilidad de que se vuelvan a vivir <em>revoluciones \u201csocialistas\u201d sin clase obrera.<\/em> Esto se hace sobre la base de una operaci\u00f3n te\u00f3rica que implica basarse sobre las tesis del <em>sustitucionismo social<\/em> en la revoluci\u00f3n socialista.<\/p>\n<p><strong>Una perspectiva equivocada<\/strong><\/p>\n<p>El problema comienza ya en la periodizaci\u00f3n: al parecer, Arcary y la corriente a la que pertenece, el PSTU, consideran que seguimos en <em>la<\/em> <em>misma<\/em> <em>etapa<\/em> <em>hist\u00f3rica<\/em> abierta en la segunda posguerra. En nuestra opini\u00f3n, esta valoraci\u00f3n no resiste el menor an\u00e1lisis: todas las condiciones pol\u00edticas, econ\u00f3micas y sociales internacionales <em>han cambiado<\/em> decisivamente. Ni estamos a la salida de una conflagraci\u00f3n mundial, ni el mundo est\u00e1 dividido en campos supuestamente \u201cantag\u00f3nicos\u201d, ni menos que menos existe un aparato mundial supuestamente \u201csocialista\u201d de las caracter\u00edsticas del estalinismo. Nos parece un hecho incontrastable que la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn marc\u00f3 el <em>final<\/em> del mundo tal como se lo conoci\u00f3 en la segunda posguerra.<\/p>\n<p>Esta ubicaci\u00f3n hist\u00f3rica completamente equivocada trae graves consecuencias cuando se desprende de ella una pregunta estrat\u00e9gica errada: en qu\u00e9 medida se podr\u00edan repetir en el siglo XXI nuevas revoluciones \u201csocialistas\u201d sin clase obrera, y si la excepci\u00f3n hab\u00edan sido las revoluciones \u201csocialistas\u201d sin clase obrera o lo contrario. Textualmente: \u201c\u00bfPodr\u00edamos asistir nuevamente a una onda de revoluciones agrarias y populares de esta naturaleza, que traspasen los l\u00edmites de la propiedad privada y el mercado? \u00bf<em>Fue excepcional su triunfo<\/em> durante la tercera onda de la revoluci\u00f3n mundial, <em>o su ausencia<\/em> en los \u00faltimos 30 a\u00f1os? \u00bfEn qu\u00e9 medida la <em>presi\u00f3n de los factores objetivos<\/em> podr\u00e1 abrir el camino?\u201d (V. Arcary, \u201c\u00bfNuevas revoluciones anticapitalistas podr\u00e1n ocurrir sin una direcci\u00f3n revolucionaria?\u201d, en www.pstu.org.br).<\/p>\n<p>En puridad, esta \u00faltima es la tesis fundamental de Arcary, articulada con la del \u201csustitucionismo social\u201d: en \u00faltima instancia, los factores o presiones objetivas volver\u00edan a \u201cabrir el camino\u201d en un sentido socialista. Cabe preguntarse, si esto fuera as\u00ed, para qu\u00e9 har\u00edan falta la clase obrera, el partido y los programas, o, en el limite, la lucha de clases misma.<\/p>\n<p>Pero esta perspectiva concentra una serie de problemas. Por empezar, como ya se\u00f1alamos, las <em>condiciones pol\u00edtico-estrat\u00e9gicas<\/em> a comienzos del siglo XXI no tienen <em>nada<\/em> que ver con las de la segunda posguerra. La mundializaci\u00f3n del capitalismo y la ca\u00edda del estalinismo, por nombrar de los procesos m\u00e1s importantes, <em>no<\/em> parecen abrir mayores resquicios para <em>ensayos no capitalistas de parte de sectores de clase no obreros y \/ o direcciones reformistas o nacionalistas<\/em>. Esto nos parece palmario m\u00e1s all\u00e1 de las crecientes ilusiones en amplios sectores de la izquierda \u2013incluso \u201ctrotskista\u201d\u2013 latinoamericana y mundial en que repita la historia de la mano de gobiernos nacionalistas burgueses como el de Hugo Ch\u00e1vez (ver en esta edici\u00f3n \u201cTras las huellas del socialismo nacional\u201d).<\/p>\n<p>A estas condiciones se agrega: a) el avance de las condiciones de <em>asalarizaci\u00f3n<\/em> mundial y crecimiento num\u00e9rico absoluto y relativo de la clase trabajadora, a pesar del hecho real de una mayor fragmentaci\u00f3n y diferenciaci\u00f3n, y b) la persistencia de una grave crisis de alternativa socialista en la conciencia de las amplias masas.<\/p>\n<p>Desde nuestro punto de vista, la pregunta estrat\u00e9gico-pol\u00edtica que debe presidir todo el actual ciclo pol\u00edtico es muy distinta: \u00bfc\u00f3mo trabajar por reabrir la perspectiva aut\u00e9ntica de la revoluci\u00f3n socialista? Esto es, de una revoluci\u00f3n realmente encarnada por la clase trabajadora.<\/p>\n<p>Arcary insiste a lo largo de todo su trabajo en un viejo argumento de tipo <em>determinista<\/em>: \u201cImpulsadas por la <em>necesidad<\/em> de una \u00absegunda\u00bb independencia nacional, que se materializa en la <em>necesidad<\/em> de resolver la cuesti\u00f3n de las deudas externas, muchas de las principales naciones de la periferia del sistema podr\u00edan volver a vivir procesos revolucionarios anticapitalistas, con un fuerte contenido de <em>sustituismo social<\/em>\u201d (V. Arcary, cit.).<\/p>\n<p>Esta perspectiva es, en primer lugar, <em>pol\u00edticamente<\/em> falsa. \u00bfCu\u00e1les son hoy esas \u201cprincipales naciones de la periferia que podr\u00edan volver a vivir procesos revolucionarios anticapitalista con un fuerte contenido de sustituismo social\u201d? Y en segundo lugar, es <em>estrat\u00e9gicamente<\/em> muy peligrosa, porque <em>no hay<\/em> mayores indicios <em>reales<\/em> (no ilusiones) en ese sentido, siquiera en el caso de Ch\u00e1vez, y por lo tanto una \u201capuesta\u201d pol\u00edtica de este tipo dejar\u00eda desarmada a cualquier corriente socialista.<\/p>\n<p>Sin duda, existen dram\u00e1ticos problemas en la estructura capitalista semicolonial de nuestra regi\u00f3n, que han fogoneado, por ejemplo, el actual ciclo de rebeliones populares en el continente. Pero siquiera en el caso del reformismo de Ch\u00e1vez y su pr\u00e9dica del \u201csocialismo del siglo XXI\u201d se observan avances <em>sustanciales<\/em> por una senda <em>anticapitalista<\/em>; a lo m\u00e1s que se llega es a un <em>capitalismo de Estado del siglo XXI, a\u00fan m\u00e1s limitado que el del XX. <\/em><\/p>\n<p>Lo que subyace a estas posiciones es, como luego desarrollaremos, el error te\u00f3rico-estrat\u00e9gico de adoptar casi al pie de la letra las tesis deutscherianas del sustituismo social.<\/p>\n<p><strong>La apelaci\u00f3n a una filosof\u00eda de la historia <\/strong><\/p>\n<p>La tesis sustituista se ponen en juego en el an\u00e1lisis de Arcary sobre la revoluci\u00f3n china de 1949, la m\u00e1s grande revoluci\u00f3n social del siglo XX luego de la rusa. Aqu\u00ed, partimos de al menos una coincidencia con nuestro autor: se trat\u00f3 de una revoluci\u00f3n <em>campesina anticapitalista<\/em>, no \u201cobrera\u201d, como superficialmente muchas veces se ha definido.<\/p>\n<p>Sin embargo, los acuerdos terminan all\u00ed. Porque, inmediatamente, Arcary se\u00f1ala que se habr\u00eda tratado de una revoluci\u00f3n campesina no s\u00f3lo anticapitalista, sino tambi\u00e9n&#8230; \u201csocialista\u201d, connotaci\u00f3n que les es atribuida mediante el recurso habitual de la mayor\u00eda de las corrientes del trotskismo de posguerra: la total <em>homologaci\u00f3n<\/em> de las caracter\u00edsticas <em>anticapitalistas<\/em> y las <em>socialistas.<\/em><\/p>\n<p>En general, esta igualaci\u00f3n se efect\u00faa sobre la base de la consideraci\u00f3n del <em>car\u00e1cter de la \u00e9poca<\/em> abierta por la revoluci\u00f3n rusa de 1917, como <em>\u00e9poca<\/em> de la <em>actualidad hist\u00f3rica<\/em> de la revoluci\u00f3n socialista. Pero aun siendo correcta esta evaluaci\u00f3n <em>general<\/em> del <em>per\u00edodo hist\u00f3rico<\/em> que estamos transitando, eso no autoriza a sostener, mec\u00e1nica y autom\u00e1ticamente, que todas las revoluciones de esta \u00e9poca est\u00e9n llamadas a ser revoluciones \u201csocialistas\u201d. Semejante operaci\u00f3n implicar\u00eda apelar a una \u201cfilosof\u00eda de la historia\u201d y no a un an\u00e1lisis implacablemente <em>concreto<\/em> de las experiencias revolucionarias del siglo XX <em>tal como fueron<\/em>.<\/p>\n<p>Respecto de este tipo de problemas, se\u00f1alaba el propio Marx en su tiempo: \u201cMi cr\u00edtico quiere metamorfosear mi esbozo hist\u00f3rico de la g\u00e9nesis del capitalismo en Occidente europeo en una <em>teor\u00eda hist\u00f3rico-filos\u00f3fica<\/em> (&#8230;). Pero le pido a mi cr\u00edtico que me dispense (&#8230;) sucesos notablemente <em>an\u00e1logos<\/em> pero que tienen lugar en <em>medios hist\u00f3ricos diferentes<\/em> conducen a <em>resultados totalmente distintos<\/em>. Estudiando <em>por separado<\/em> cada una de estas formas de evoluci\u00f3n y compar\u00e1ndolas luego, se puede encontrar f\u00e1cilmente la clave de este fen\u00f3meno, pero nunca se llegar\u00e1 a ello mediante el <em>pasaporte universal<\/em> de una teor\u00eda hist\u00f3rico-filos\u00f3fico general cuya suprema virtud consiste en ser <em>suprahist\u00f3rica<\/em>\u201d (citado por Daniel Bensaid en <em>Marx intempestivo<\/em>, Buenos Aires, Herramienta, 2003, pp. 60-61). Precisamente, la homologaci\u00f3n de las revoluciones anticapitalistas como \u201csocialistas\u201d no fue otra cosa que recurrir a una \u201cteor\u00eda hist\u00f3rico-filos\u00f3fica suprahist\u00f3rica\u201d, a un \u201cpasaporte universal\u201d que pasaba <em>por encima de los hechos<\/em>.<\/p>\n<p>Arcary se\u00f1ala correctamente la \u201catipicidad\u201d de estas revoluciones de posguerra como la china o la cubana, campesinas y populares anticapitalistas, pero s\u00f3lo para atribuirles igualmente luego car\u00e1cter \u201csocialista\u201d: \u201cConsideramos la \u00abatipicidad\u00bb hist\u00f3rica de las revoluciones anticapitalistas no proletarias; o sea, campesinas y populares que, sin embargo, avanzaron sobre la propiedad privada, como en China o en Cuba. Fueron <em>revoluciones socialistas agrarias<\/em>, con un fuerte contenido antiimperialista, que expropiaron los medios de producci\u00f3n, aun cuando sus direcciones no abrazaran una estrategia anticapitalista e internacionalista\u201d (V. Arcary, cit.).<\/p>\n<p>Nuestra definici\u00f3n es distinta: consideramos a China en 1949 una revoluci\u00f3n campesina anticapitalista. Pero no fue una revoluci\u00f3n obrera ni, mucho menos, socialista<sup>1<\/sup>, en <em>ausencia<\/em> de verdaderos elementos de democracia plebeya-popular, de una \u00edntima vinculaci\u00f3n entre la revoluci\u00f3n agraria y la obrera en las ciudades y de la perspectiva de la revoluci\u00f3n socialista internacional, connotaciones <em>cl\u00e1sicas<\/em> para la eventualidad de una revoluci\u00f3n socialista agraria.<\/p>\n<p>Por el contrario, desde el punto de vista de clase y urbano, China 1949 fue una <em>revoluci\u00f3n \u201cfr\u00eda\u201d<\/em><strong> \u2013<\/strong>como la definiera agudamente un observador directo, Li Fu Yen<strong>\u2013<\/strong>, que vino del campo a la ciudad, y donde el proletariado se limit\u00f3 a esperar pasivamente el ingreso de las tropas campesinas del Ej\u00e9rcito rojo mao\u00edsta. A la vez, en ausencia total de una acci\u00f3n autodeterminada de los trabajadores urbanos, la progresiva expropiaci\u00f3n de los capitalistas tuvo muchos m\u00e1s elementos de <em>expropiaci\u00f3n anticapitalista burocr\u00e1tica<\/em> que de medida revolucionaria socialista.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de Arcary sobre la revoluci\u00f3n china, a pesar de contar con la ventaja de la distancia hist\u00f3rica, presenta una argumentaci\u00f3n <em>m\u00e1s equivocada<\/em> \u2013no por eso exenta de una b\u00fasqueda te\u00f3rica honesta\u2013 que la expresada por Nahuel Moreno en su texto <em>Las revoluciones china e indochina<\/em>, que mostraba matices m\u00e1s ricos a pesar de sus errores. Arcary se\u00f1ala que en China se habr\u00eda dado un <em>caso t\u00edpico<\/em> <em>de sustituismo social<\/em>, con el campesinado cumpliendo las tareas de la clase obrera: \u201cEl tema del protagonismo revolucionario de otras clases subalternas, no propietarias y no proletarias, est\u00e1 entre los m\u00e1s sugerentes. El fen\u00f3meno del <em>sustitucionismo social<\/em> fue entrevisto por Marx, inspirado en la fase peque\u00f1o-burguesa del radicalismo jacobino.<sup>2<\/sup> Se manifest\u00f3, sin embargo, en <em>escala y proporciones asombrosas<\/em> (&#8230;). El siglo XX super\u00f3 todo lo que se pudiera imaginar en t\u00e9rminos de sustituismo social. En determinadas circunstancias hist\u00f3ricas de crisis, en los pa\u00edses de la periferia, la <em>presi\u00f3n de las necesidades<\/em> fue de tal intensidad, que arrastr\u00f3 al frente de la arena revolucionaria a otras clases, cuando los trabajadores urbanos, por razones objetivas y subjetivas, no se movilizaron\u201d (V. Arcary, <em>Las esquinas peligrosas de la historia<\/em>, p. 143).<\/p>\n<p>Esta l\u00ednea de argumentaci\u00f3n es muy peligrosa y abreva no s\u00f3lo en el sustituismo sino en el <em>determinismo<\/em>: la lucha de clases obrera termina reemplazada por la \u201cpresi\u00f3n de las necesidades\u201d, que es la que \u201cabrir\u00eda el camino\u201d en el sentido \u201csocialista\u201d. Lo que Deutscher, hablando justamente de la revoluci\u00f3n china de 1949, llamaba \u201csustituismo a escala gigantesca\u201d.<\/p>\n<p>En la revoluci\u00f3n china, un sujeto social <em>inesperado<\/em>, en combinaci\u00f3n con el <em>encuadramiento burocr\u00e1tico<\/em> del PCCH, termin\u00f3 llevando a cabo una gran revoluci\u00f3n anticapitalista. Pero precisamente la ausencia de la clase trabajadora marc\u00f3 desde el comienzo los <em>l\u00edmites<\/em> del proceso como no aut\u00e9nticamente socialista, y, a la postre, la reversi\u00f3n de esta experiencia en tanto que no capitalista.<\/p>\n<p>Prosigue el razonamiento de Arcary: \u201cEn Asia, pero no solamente (&#8230;), los campesinos pobres se proyectaron como actores revolucionarios anticapitalistas. Las revoluciones en China y Vietnam est\u00e1n a la cabeza de cualquier pante\u00f3n de las grandes revoluciones campesinas de la historia\u201d (<em>Las esquinas&#8230;<\/em>, p. 143).<\/p>\n<p>Lo que es incuestionable, pero Arcary no se detiene a reflexionar sobre las graves consecuencias de la ausencia de la clase trabajadora en la revoluci\u00f3n de 1949 en su entusiasmo por el supuesto \u201csustituismo social\u201d, tanto m\u00e1s peligroso en cuanto se intenta <em>generalizarlo te\u00f3ricamente<\/em>.<\/p>\n<p>Por otra parte, cabe rescatar el esfuerzo de Arcary por plantear el problema de los <em>distintos tipos<\/em> de revoluciones antiburguesas en la historia del siglo pasado, y tambi\u00e9n es atinado dejar a salvo la <em>especificidad<\/em> de la revoluci\u00f3n rusa de 1917: \u201cNo pensamos que se pueda usar la categor\u00eda de \u00aboctubres\u00bb para las revoluciones rurales, aun cuando, en circunstancias excepcionales, hayan avanzado hasta una ruptura anticapitalista. Yugoslavia o Albania, China, Corea, Cuba o Vietnam conocieron revoluciones <em>socialistas por los resultados<\/em>, pero no deber\u00edan ser simplemente confundidas con nuevos \u00aboctubres\u00bb. As\u00ed como la perspectiva de la historia nos permite diferenciar distintos tipos de revoluciones antifeudales, debemos dar un an\u00e1lisis sobrio y riguroso sobre las distintas tipolog\u00edas de revoluciones antiburguesas\u201d (\u00eddem, p. 144).<\/p>\n<p>Es apropiado establecer distinciones, pero el error es aqu\u00ed asimilar todas las revoluciones del siglo XX, \u201coctubres\u201d o no, como revoluciones \u201csocialistas por los resultados\u201d. En realidad, lo que ocurri\u00f3, es que entre las revoluciones antiburguesas, las hubo socialistas (triunfantes o derrotadas) o meramente anticapitalistas pero <em>sin socialismo<\/em>, como las que Arcary identifica en el pasaje citado.<\/p>\n<p>Sostenemos que ese \u201canticapitalismo\u201d es el<em> l\u00edmite<\/em> de lo que el \u201cproceso objetivo\u201d alcanza a dar. Nuestro argumento es que si el \u201canticapitalismo\u201d es una connotaci\u00f3n inevitablemente \u201cobjetiva\u201d que viene de la realizaci\u00f3n de la tarea de expropiar a los capitalistas en las condiciones hist\u00f3ricas dadas, la <em>revoluci\u00f3n propiamente socialista<\/em> requiere de la intervenci\u00f3n de un <em>imprescindible<\/em> factor \u201csubjetivo\u201d: <em>la clase obrera autodeterminada<\/em>. Es decir \u2013y parafraseando a E. P. Thompson\u2013 el aut\u00e9ntico socialismo requiere de la <em>co-determinaci\u00f3n de los factores objetivos y subjetivos.<\/em><sup>3<\/sup><\/p>\n<p>Todo lo que leg\u00edtimamente puede sostenerse es que \u201cpor sus resultados\u201d esas revoluciones fueron efectivamente anticapitalistas en tanto se verificara la expropiaci\u00f3n generalizada de la clase capitalista), pero <em>no propiamente socialistas<\/em>, ya que el proceso de la transici\u00f3n socialista fue <em>bloqueado<\/em> desde el comienzo mismo del proceso, en ausencia de la clase obrera y de verdaderas dictaduras del proletariado basadas en un Estado (o, mejor dicho, semi-estado) que expresara a la clase trabajadora organizada como clase dominante.<\/p>\n<p>En un intento en s\u00ed leg\u00edtimo de escapar al esquematismo, Arcary busca una definici\u00f3n m\u00e1s detallada: \u201cEl recurso a la f\u00f3rmula de revoluciones <em>antiimperialistas<\/em> por las tareas, <em>campesinas-populares<\/em> por el sujeto social, <em>anticapitalistas<\/em> por los resultados y <em>nacional-burocr\u00e1ticas<\/em> por el sujeto pol\u00edtico ser\u00e1, tal vez, menos sonora y m\u00e1s compleja que nuevos \u00aboctubres\u00bb. La prudencia te\u00f3rica recomienda, sin embargo, m\u00e1s rigor, evitando una clasificaci\u00f3n que agrupar\u00eda en una misma conceptualizaci\u00f3n fen\u00f3menos sociales muy distintos\u201d (\u00eddem, p. 144).<\/p>\n<p>A este sano criterio metodol\u00f3gico se suma otra observaci\u00f3n de importancia: \u201cLa \u00abdin\u00e1mica end\u00f3gena\u00bb de la acci\u00f3n de masas urbana (&#8230;) fue sustituida por una din\u00e1mica<em> ex\u00f3gena<\/em>, de guerra civil prolongada y conquista de \u00e1reas liberadas. Esta estrategia diferenciada del proceso revolucionario estuvo sustentada en <em>bases sociales distintas<\/em> \u2013pa\u00edses de mayor\u00eda rural\u2013 y formas pol\u00edticas alternativas, como el ej\u00e9rcito de guerrillas\u201d (\u00eddem).<\/p>\n<p>En efecto, la <em>lucha de clases<\/em> directa fue <em>sustituida<\/em> por la <em>guerra de guerrillas<\/em> como manifestaci\u00f3n indirecta de ella. Pero lo que debe se\u00f1alarse, y Arcary no lo hace, es que esta situaci\u00f3n no pudo dejar de tener consecuencias dram\u00e1ticas, bloqueando el proceso de la transici\u00f3n socialista.<\/p>\n<p>Por otra parte, es sorprendente que Arcary no hace referencia en ning\u00fan momento en todo su libro al <em>destino final y el resultado hist\u00f3rico<\/em> de las sociedades donde fue expropiado el capitalismo. Se trata de un verdadero tab\u00fa en toda su elaboraci\u00f3n, ya que inexplicablemente el retroceso al capitalismo y el fracaso de las experiencias de \u201csustituismo socialista\u201d no se integran al an\u00e1lisis ni a la conceptualizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para nosotros, lejos de ser \u201csocialista\u201d, la revoluci\u00f3n china fue un proceso <em>anticapitalista pero sin socialismo<\/em>, en la medida en que hay que considerar \u201cel car\u00e1cter <em>anticapitalista burocr\u00e1tico<\/em> de las estatizaciones en manos de la burocracia mao\u00edsta, lo que no significa la habitual concepci\u00f3n de que la burocracia serv\u00eda \u00aba su manera\u00bb a la clase trabajadora. Las medidas anticapitalistas no se tomaron para servir a la clase trabajadora en \u00abmanera\u00bb alguna sino bajo circunstancias hist\u00f3ricas que las hac\u00edan \u2013hasta cierto punto\u2013 inevitables, pero que inmediatamente fueron <em>distorsionadas<\/em> y puestas <em>al servicio de la burocracia y no de los obreros<\/em> (&#8230;). La expropiaci\u00f3n <em>por s\u00ed sola<\/em>, como acto jur\u00eddico o pol\u00edtico, de ning\u00fan modo resuelve el problema, porque es necesario (&#8230;) reemplazar en forma efectiva la administraci\u00f3n de las f\u00e1bricas y las haciendas por una administraci\u00f3n diferente, una administraci\u00f3n obrera\u201d (R. S\u00e1enz, \u201cChina 1949: una revoluci\u00f3n campesina anticapitalista\u201d, en SoB 19).<\/p>\n<p>La experiencia del siglo XX ha dejado varias lecciones para el siglo XXI. Una de ellas es que <em>no puede haber<\/em> \u201c\u00e9poca de la revoluci\u00f3n socialista\u201d en virtud de la cual, en tanto \u201cesquema hist\u00f3rico-filos\u00f3fico general\u201d, se pueda concluir que <em>toda<\/em> revoluci\u00f3n en la que se <em>expropia<\/em> a la burgues\u00eda se transforme autom\u00e1ticamente en socialista. Otra es que una caracter\u00edstica <em>espec\u00edfica<\/em> de la revoluci\u00f3n <em>socialista<\/em> consiste en que la clase obrera no pueda realmente ser <em>reemplazada<\/em> por otras clases o sectores de clase a la hora de su revoluci\u00f3n. La revoluci\u00f3n socialista es un tipo hist\u00f3rico de revoluci\u00f3n donde la <em>intervenci\u00f3n consciente<\/em> del hombre en la historia adquiere su dimensi\u00f3n m\u00e1s decisiva. De all\u00ed que las connotaciones anticapitalistas y socialistas no puedan ser consideradas como <em>sin\u00f3nimos<\/em>.<\/p>\n<p>Arcary se acerca en verdad a la comprensi\u00f3n de este problema al se\u00f1alar: \u201cLa conclusi\u00f3n fundamental del \u201cPrefacio a la Cr\u00edtica a la Econom\u00eda Pol\u00edtica\u201d ya indicaba una reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre la transici\u00f3n post capitalista. La perspectiva socialista era contextualizada en los marcos de una larga \u00e9poca hist\u00f3rica, en la que la necesidad de desarrollo econ\u00f3mico-social planteaba la posibilidad de la revoluci\u00f3n anticapitalista. <em>Necesidad y posibilidad<\/em> se defin\u00edan, por lo tanto, en una unidad dial\u00e9ctica que no se confund\u00eda con el <em>fatalismo<\/em>. La transici\u00f3n al socialismo era <em>condicionada<\/em>, mucho <em>m\u00e1s compleja y conciente<\/em> respecto de cualquiera de las transiciones precapitalistas\u201d (\u201c\u00bfNuevas&#8230;\u201d, cit.). Pero esta aguda observaci\u00f3n, lamentablemente, no se desarrolla ni llega a cambiar su enfoque general.<\/p>\n<p><strong>Necesidad y libertad<\/strong><\/p>\n<p>Dime con qui\u00e9n andas y te dir\u00e9 qui\u00e9n eres, reza un dicho popular. En lo que hace a las fuentes de inspiraci\u00f3n te\u00f3ricas de Arcary, la \u201ccompa\u00f1\u00eda\u201d que elige es altamente sintom\u00e1tica:<\/p>\n<p>&#8211; El Plejanov de <em>El lugar del hombre en la historia<\/em>.<\/p>\n<p>&#8211; El Preobrajensky del famoso intercambio de cartas con Trotsky acerca de la cuesti\u00f3n china a finales de la d\u00e9cada del 20.<\/p>\n<p>&#8211; Isaac Deutscher y su teor\u00eda del sustituismo social en las revoluciones \u201csocialistas\u201d de la posguerra.<\/p>\n<p>Aunque el abordaje de Arcary presenta ciertos matices propios, lo cierto es que termina <em>aceptando<\/em> lo central de las premisas te\u00f3ricas de estos autores. Su di\u00e1logo con el texto de Plejanov \u2013que, dicho sea de paso, es todo un canto a una <em>interpretaci\u00f3n crudamente determinista del marxismo<\/em>\u2013 alrededor de la dial\u00e9ctica entre tareas, sujeto y m\u00e9todo no logra llegar a buen puerto. En cuanto a E. Preobrajensky, Arcary le da la raz\u00f3n contra Trotsky. Y, finalmente, inspirarse en Isaac Deutscher es sacar pasaje a una de las versiones m\u00e1s crasamente objetivistas sobre la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n en el siglo pasado.<\/p>\n<p>Arcary cita un conocido pasaje de Plejanov que plantea que dada la mec\u00e1nica de los acontecimientos hist\u00f3ricos en oportunidad de la revoluci\u00f3n francesa, si un ladrillo hubiera ca\u00eddo en la cabeza de Robespierre y lo hubiera matado, habr\u00eda implicado s\u00f3lo un problema de \u201cretraso\u201d o \u201cadelanto\u201d en los tiempos de los acontecimientos, pero nada m\u00e1s. Plejanov insiste en que la personalidad m\u00e1s \u201cdescollante\u201d tapa a toda otra serie de personalidades que bien podr\u00edan haber llevado a cabo las mismas tareas revolucionarias. Y que, por tanto, prescindiendo de los \u201cRobespierres\u201d, igualmente la historia hubiera seguido su marcha: \u201cLas tempestades que poco tiempo antes hab\u00edan sacudido a Francia demostraban claramente que <em>la marcha de los acontecimientos hist\u00f3ricos no era determinada exclusivamente, ni muchos menos, por la actividad consciente<\/em> de los hombres; esta sola circunstancia deb\u00eda ya sugerir la idea de que <em>los acontecimientos se producen bajo la influencia de cierta necesidad latente<\/em> que act\u00faa de manera <em>ciega<\/em> como los elementos de la naturaleza, pero conforme a determinadas leyes <em>inexorables<\/em>\u201d (Jorge Plejanov, <em>El lugar del hombre en la historia<\/em>, M\u00e9xico, Grijalbo, 1969, p. 46).<\/p>\n<p>Apresur\u00e9monos a se\u00f1alar que el an\u00e1lisis de Plejanov pretend\u00eda contrapesar una tendencia <em>idealista<\/em> de la historiograf\u00eda burguesa que hac\u00eda de los \u201csuperhombres\u201d el factor central y excluyente de la historia. Asimismo, la revoluci\u00f3n francesa es el \u201cprototipo\u201d de revoluci\u00f3n burguesa, un tipo hist\u00f3rico de revoluci\u00f3n donde la conjugaci\u00f3n de los factores \u201cobjetivos\u201d y \u201csubjetivos\u201d no es evidentemente igual a la de la revoluci\u00f3n propiamente socialista.<\/p>\n<p>Lo que ya no es l\u00edcito es \u201cproyectar\u201d la mec\u00e1nica m\u00e1s \u201cobjetiva\u201d actuante en la revoluci\u00f3n burguesa \u2013\u201cmec\u00e1nica\u201d que Plejanov conceb\u00eda de manera similar no s\u00f3lo en la historia, sino tambi\u00e9n en la naturaleza\u2013 al terreno de la revoluci\u00f3n proletaria. Este esquematismo influy\u00f3 decisivamente de manera <em>conservadora<\/em>, por ejemplo, en la ubicaci\u00f3n de Plejanov frente a un futuro proceso revolucionario en Rusia. Y Arcary no logra se\u00f1alar con claridad los l\u00edmites de esta concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque en el caso de la revoluci\u00f3n socialista operan las leyes dial\u00e9cticas de \u201cinversi\u00f3n de causalidad\u201d, esto es, adquieren una <em>centralidad<\/em> fuerte los factores \u201csubjetivos\u201d a la hora de la resoluci\u00f3n, en un sentido u otro, de una crisis revolucionaria. Es conocida la insistencia de Trotsky acerca del lugar insustituible de Lenin a la hora de la revoluci\u00f3n de octubre de 1917, y su opini\u00f3n de que, sin Lenin, \u00e9sta casi seguramente se habr\u00eda frustrado y el curso hist\u00f3rico posterior hubiera sido muy distinto. Arcary menciona esta cuesti\u00f3n, pero no termina de entender su importancia a la hora del estudio de las revoluciones aut\u00e9nticamente socialistas.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos generales, es evidente que todo proceso revolucionario, y m\u00e1s a\u00fan una gran revoluci\u00f3n hist\u00f3rica, opera en el marco de condiciones econ\u00f3mico-sociales hist\u00f3ricamente determinadas que son objetivas y la hacen posible. Pero a la vez, no se puede dejar de se\u00f1alar que, una vez planteada la confrontaci\u00f3n, los aspectos \u201csubjetivos\u201d adquieren un <em>peso creciente<\/em> y, en el caso de la revoluci\u00f3n aut\u00e9nticamente socialista, <em>decisivo<\/em> a la hora del <em>desenlace<\/em>. \u00a1Si as\u00ed no fuese, s\u00f3lo nos restar\u00eda sentarnos a ver pasar la historia!<\/p>\n<p>Arcary reproduce a este respecto reflexiones sugerentes de Perry Anderson (tomadas, sin embargo, de su lamentable defensa de Althusser en pol\u00e9mica con E.P.Thompson<sup>4<\/sup>): \u201cEs esencial recordar la gran distancia existente entre los choques relativamente <em>ciegos<\/em> del pasado inmemorial y la conversi\u00f3n \u2013desigual e imperfecta\u2013 de estos choques en <em>contiendas conscientes<\/em> (&#8230;) El <em>\u00e1rea de<\/em> <em>autodeterminaci\u00f3n<\/em> (&#8230;) se ha venido <em>ampliando<\/em> en los \u00faltimos 150 a\u00f1os (&#8230;). El verdadero prop\u00f3sito del materialismo hist\u00f3rico ha sido, despu\u00e9s de todo, dar a los hombres y mujeres los medios para ejercer una <em>aut\u00e9ntica autodeterminaci\u00f3n popular por primera <\/em>vez en la historia. <em>\u00c9ste es exactamente el<\/em> <em>objetivo de la revoluci\u00f3n socialista<\/em>, cuya aspiraci\u00f3n es inaugurar la transici\u00f3n de lo que Marx llam\u00f3 la esfera de la necesidad a la de la libertad\u201d (P. Anderson, <em>Teor\u00eda, pol\u00edtica e historia. Un debate con E.P. Thompson<\/em>, Madrid, Siglo XXI, 1980, p. 23).<\/p>\n<p>Volviendo a Plejanov, <em>El lugar del hombre en la historia<\/em> era totalmente tributario del <em>determinismo<\/em> ambiente de la II Internacional. Es verdad que Plejanov discut\u00eda contra los subjetivistas y populistas rusos, que negaban todo papel al proceso de desarrollo hist\u00f3rico contempor\u00e1neo y al advenimiento del capitalismo en la Rusia de fines del siglo XIX, en beneficio de un voluntarismo ahist\u00f3rico. Sin embargo, esto no exime su defensa del an\u00e1lisis materialista de los procesos hist\u00f3ricos y del lugar del hombre en ellos de ser extremadamente <em>mec\u00e1nico y unilateral<\/em>, muy lejos del equilibrio dial\u00e9ctico que se halla en Marx o de la evaluaci\u00f3n magistral de Le\u00f3n Trotsky sobre el rol de la personalidad en la historia.<\/p>\n<p>Dice el fundador del marxismo ruso: \u201cTodo depende de si mi propia actividad constituye un <em>eslab\u00f3n<\/em> indispensable en la <em>cadena de los acontecimientos necesarios<\/em> (&#8230;). Por esto mismo, Hamlet jam\u00e1s hubiera admitido una filosof\u00eda seg\u00fan la cual <em>la<\/em> <em>libertad no es m\u00e1s que la necesidad hecha conciencia<\/em> (&#8230;). Los \u00abdisc\u00edpulos\u00bb se han elevado hasta el monismo. Seg\u00fan ellos, el capitalismo, en su propio desarrollo, conducir\u00e1 a su propia negaci\u00f3n, y a la realizaci\u00f3n de sus ideales (&#8230;). Es una <em>necesidad hist\u00f3rica<\/em>. El \u00abdisc\u00edpulo\u00bb (&#8230;) sirve de instrumento a la necesidad y no s\u00f3lo <em>no puede<\/em> no servirle, sino que apasionadamente <em>quiere<\/em> y no puede no querer servirle. \u00c9ste es un aspecto de la libertad, de una libertad surgida de la necesidad, o m\u00e1s exactamente, de una libertad que se ha identificado con la necesidad; es la necesidad hecha libertad\u201d (Plejanov, cit., pp. 9-22). Y luego agregaba: \u201cEn realidad, casi todo acontecimiento hist\u00f3rico es, al mismo tiempo, algo que \u00abgarantiza\u00bb a alguien los frutos ya maduros del desarrollo anterior y <em>uno de los eslabones de la cadena de acontecimientos<\/em> que preparan los frutos del porvenir\u201d (\u00eddem, p. 38).<\/p>\n<p>\u00c9sta \u00faltima afirmaci\u00f3n no es otra cosa que la \u201ctergiversaci\u00f3n especulativa\u201d de la que se quejaba Marx en <em>La ideolog\u00eda alemana<\/em> \u2013citada como ac\u00e1pite de este texto\u2013 y que presentaba a los hechos posteriores de la historia como \u201cla finalidad de la que la precede\u201d. Es decir, un burdo mecanicismo en el cual la lucha de clases no decide ni podr\u00eda decidir nada.<\/p>\n<p>Lo que se corresponde con la idea de Plejanov de la libertad como mero instrumento de la \u201cnecesidad hist\u00f3rica\u201d. Pero la comprensi\u00f3n de Marx, Lenin o Trotsky era mucho m\u00e1s dial\u00e9ctica que este determinismo. Y, a la hora de la revoluci\u00f3n socialista, a todos los efectos pr\u00e1cticos, opuesta a Plejanov y el tipo de marxismo de la II Internacional.<\/p>\n<p>Para Marx, son <em>los hombres y sus luchas<\/em> los que \u201chacen la historia\u201d \u2013claro que no en el aire, sino \u201cen condiciones hist\u00f3ricas determinadas\u201d\u2013 en vez de ser un mero <em>instrumento pasivo<\/em> de ella: \u201c<em>La historia no hace nada<\/em>, no posee ninguna inmensa riqueza, <em>no libra ninguna lucha<\/em>; el que hace todo esto, el que posee y lucha, es m\u00e1s bien <em>el hombre, el hombre real y viviente<\/em> (&#8230;) no es, digamos, \u00abla Historia\u00bb la que utiliza al hombre como medio para labrar sus fines \u2013como si ella se tratara de <em>una persona aparente<\/em>\u2013 pues <em>la historia no es sino la actividad del hombre que persigue sus objetivos<\/em>\u201d (Marx y Engels, <em>La Sagrada Familia<\/em>).<\/p>\n<p>Como se ve, para el <em>marxismo cl\u00e1sico<\/em>, el \u201cmotor\u201d de la historia son<em> las clases en lucha<\/em> (clases que pelean en el marco de <em>condiciones materiales<\/em> determinadas por la forma en que los hombres producen y reproducen sus condiciones de vida), y no una supuesta \u201cnecesidad hist\u00f3rica\u201d que, cual <em>deus ex machina<\/em>, hace la historia <em>por<\/em> los hombres mismos. A decir verdad, semejante concepci\u00f3n (\u201cla necesidad siempre se abre camino\u201d), aunque suele presentarse por los enemigos del marxismo como propia del materialismo hist\u00f3rico \u2013para mejor ridiculizarlo\u2013, es completamente ajena a Marx. Lejos de ser \u201cmaterialista\u201d, resulta m\u00e1s bien una apelaci\u00f3n <em>idealista<\/em> a una <em>Historia<\/em> con may\u00fascula cuya \u201cracionalidad intr\u00ednseca\u201d o, para decirlo en t\u00e9rminos hegelianos, \u201castucia\u201d, le permitir\u00eda en \u00faltima instancia <em>imponerse por sobre los hombres, las clases y las circunstancias<\/em>.<\/p>\n<p>Esta peligrosa \u201cantropomorfizaci\u00f3n de la Historia\u201d (que lleva a cabo Plejanov y Arcary reproduce) es, entonces, lo <em>opuesto<\/em> a la visi\u00f3n de Marx, que no se cans\u00f3 de burlarse de la <em>filosof\u00eda de la historia<\/em> de Hegel en la medida en que, en \u00e9sta, <em>el Esp\u00edritu siempre se las ingeniaba para progresar<\/em> en su curso hacia la autorrealizaci\u00f3n. No es accidental que precisamente este aspecto de la filosof\u00eda de Hegel sea el <em>\u00fanico<\/em> que rescata el marxismo estructuralista, por lo dem\u00e1s rabiosamente antidial\u00e9ctico. Para uno de sus mayores exponentes, Louis Althusser, la idea de \u201cproceso sin sujeto\u201d resultaba un verdadero hallazgo. Es perfectamente l\u00f3gico que estructuralismo, objetivismo y sustituismo social se den la mano en este punto: en los tres casos, se trata de buscar una mec\u00e1nica social que haga avanzar el <em>proceso<\/em> socialista\u2026 sin el <em>sujeto<\/em> socialista por definici\u00f3n, la clase trabajadora. Aqu\u00ed, todo el peso de la mec\u00e1nica social se carga sobre el lado \u201cobjetivo\u201d de la balanza, que queda as\u00ed totalmente desequilibrada.<\/p>\n<p>En el mismo sentido, Hal Draper observa: \u201cLo que era t\u00edpico del punto de vista de Plejanov era su tosca contraposici\u00f3n de lo \u00absubjetivo\u00bb y lo \u00abobjetivo\u00bb, simplemente <em>rechazando<\/em> el primer plano; sin duda, consideraba esto como una aplicaci\u00f3n de la concepci\u00f3n materialista de la historia. Pero es una falsa dicotom\u00eda: lo \u00absubjetivo\u00bb (es decir, el elemento pol\u00edtico-psicol\u00f3gico) (&#8230;) o cualquier otro fen\u00f3meno socio-pol\u00edtico<em> est\u00e1 \u00edntimamente relacionado a y es una parte de la situaci\u00f3n social total<\/em>, aquello que Plejanov llamaba el \u201clado objetivo\u201d de la cosa (&#8230;) Plejanov, entre otras cosas, fue pionero de ese \u00abmarxismo\u00bb que pretend\u00eda convencer a la gente de que el materialismo hist\u00f3rico es una f\u00f3rmula \u00abunilateral\u00bb [<em>one-side formula<\/em>], que no tiene en cuenta la interacci\u00f3n entre los factores pol\u00edticos y los dem\u00e1s factores sociales\u201d (Hal Draper, <em>The dictatorship of the proletariat. <\/em><em>From Marx to Lenin<\/em>, New York, Monthly Review Press, 1987, pp. 66-67).<\/p>\n<p>Desde otro \u00e1ngulo, es esta \u201ctosca contraposici\u00f3n\u201d, mec\u00e1nica y no dial\u00e9ctica, la que nos presenta Plejanov respecto del par dial\u00e9ctico de \u201cnecesidad\u201d y \u201clibertad\u201d: la \u201clibertad\u201d no es simple y mec\u00e1nicamente la \u201cnecesidad hecha conciencia\u201d, sino la actuaci\u00f3n <em>abierta<\/em> (a <em>varias<\/em> posibilidades) de los hombres, los partidos y las clases <em>en las<\/em> <em>condiciones hist\u00f3ricas dadas<\/em><sup>5<\/sup>; algo muy distinto a afirmar que las clases sociales son <em>meros instrumentos de una racionalidad hist\u00f3rica predeterminada. <\/em><\/p>\n<p>El intelectual marxista checo Karel Kosik se\u00f1ala que \u201cen la tradici\u00f3n materialista, comenzando por Hobbes, la libertad es determinada por el espacio en que se mueve el cuerpo. <em>Partiendo<\/em> de una concepci\u00f3n <em>mec\u00e1nica<\/em> del espacio, que es indiferente al movimiento y al car\u00e1cter del cuerpo y que determina apenas la forma exterior del movimiento, y pasando por la teor\u00eda del ambiente social del iluminismo franc\u00e9s, la concepci\u00f3n materialista <em>culmina<\/em> con la intuici\u00f3n de que la<em> libertad <\/em>es el espacio hist\u00f3rico que se desdobla y se realiza gracias a la<em> actividad <\/em>de un cuerpo hist\u00f3rico, esto es, la<em> clase<\/em>. La libertad <em>no es un estado, es una actividad hist\u00f3rica<\/em> que crea formas correspondientes de convivencia humana, esto es, de espacio social\u201d (K.Kosik, <em>Dial\u00e9ctica de lo concreto<\/em>, M\u00e9xico, Grijalbo, 1967, p. 240).<\/p>\n<p>En el mismo sentido, dice Trotsky en oportunidad de un momento particularmente dram\u00e1tico de la Guerra Civil: \u201cAcampando aqu\u00ed, en las cercan\u00edas de Kazan, pod\u00eda uno estudiar, en una superficie relativamente peque\u00f1a, los diversos factores que componen la sociedad humana y sacar argumentos contra ese <em>cobarde fatalismo hist\u00f3rico<\/em> <em>que<\/em> (&#8230;)<em> se atrinchera pasivamente tras el imperio de las leyes que rigen las cosas<\/em>, pero olvidando <em>que el resorte m\u00e1s importante de estas leyes es el hombre viviente y activo<\/em>\u201d (<em>Mi vida<\/em>, Buenos Aires, Ant\u00eddoto, 2006, p. 304).<\/p>\n<p>Arcary, aunque en su reflexi\u00f3n oscila y sugiere matices, no parece resolver este decisivo problema de manera acabada. Su resumen es que \u201cla exposici\u00f3n de Plejanov, conocida como una explicaci\u00f3n notable de la concepci\u00f3n marxista de la historia entre los revolucionarios rusos, parece s\u00f3lida e irrefutable. Sin embargo, es necesario reconocer que la cuesti\u00f3n de los sujetos pol\u00edticos, tanto colectivos como individuales, no se revel\u00f3 tan simple. Reconocemos que la argumentaci\u00f3n de Plejanov es cuidadosa. Protege su argumentaci\u00f3n anticip\u00e1ndose a la cr\u00edtica: si la <em>presi\u00f3n de la necesidad<\/em> puede ser neutralizada por hechos innumerables e imprevistos (&#8230;) es porque los factores objetivos no estaban lo suficientemente maduros (&#8230;). La fuerza de la argumentaci\u00f3n de Plejanov es que la ausencia de Robespierre podr\u00eda haber alterado las formas <em>cuantitativas<\/em> del proceso, pero no el contenido <em>cualitativo<\/em> de la dictadura jacobina (&#8230;) <em>el rumbo de los acontecimientos habr\u00eda sido esencialmente el mismo<\/em>\u201d (<em>Las esquinas<\/em>&#8230;, pp. 172-173).<\/p>\n<p>La <em>reserva metodol\u00f3gica<\/em> que Arcary no tiene la precauci\u00f3n de hacer en su comentario de Plejanov es que esta evaluaci\u00f3n pod\u00eda ser atinada respecto de la revoluci\u00f3n burguesa y su mec\u00e1nica m\u00e1s objetiva, pero <em>ya no<\/em> respecto de un tipo hist\u00f3rico de revoluci\u00f3n, la socialista, en el que la \u201cecuaci\u00f3n algebraica\u201d de los factores objetivos y subjetivos se ve sustancialmente modificada.<\/p>\n<p>Aunque Arcary se esfuerza por matizar las argumentaciones m\u00e1s crudamente deterministas de Plejanov, le termina dando a los factores subjetivos s\u00f3lo la posibilidad de \u201cadelantar\u201d o \u201cretrasar\u201d el desarrollo de los acontecimientos: \u201cEl argumento fundamental de que <em>la necesidad finalmente siempre se abre camino<\/em> y que nadie es, por lo tanto, insustituible, puede y merece ser problematizado. <em>Tout court<\/em>, ese procedimiento seria un \u00abfatalismo falso\u00bb. La \u00abnecesidad siempre se abre camino\u00bb es una conclusi\u00f3n te\u00f3ricamente leg\u00edtima, pero no debe ser interpretada, simplistamente, como un camino que \u00abconduce inexorablemente\u00bb. La necesidad hist\u00f3rica es un concepto que el marxismo reivindica, pero con cuidados y solamente cuando hace an\u00e1lisis de alt\u00edsimo nivel de abstracci\u00f3n te\u00f3rica (&#8230;) Aun as\u00ed, parece indispensable reconocer que la necesidad opera siendo neutralizada, por lo menos en parte, por innumerables contratendencias que establecen variadas <em>mediaciones<\/em>. La ausencia de los factores subjetivos <em>x<\/em>, <em>y<\/em> o <em>z<\/em>, no plantea s\u00f3lo posibilidades \u00abcuantitativas\u00bb diferentes: la tendencia de los acontecimientos podr\u00eda ser <em>retardada<\/em>, por ejemplo, por meses o a\u00f1os\u201d (Arcary, cit., pp. 176-177).<\/p>\n<p>\u00bfSe trata de que los factores \u201csubjetivos\u201d podr\u00edan meramente \u201cretardar\u201d el proceso hist\u00f3rico de la revoluci\u00f3n socialista? \u00bfO, por el contrario, de que dentro de determinadas condiciones hist\u00f3ricamente circunstanciadas, el proceso podr\u00eda ir <em>para otra parte<\/em>? O, lo que es lo mismo: a comienzos del siglo XXI, \u00bfla revoluci\u00f3n socialista s\u00f3lo ha sido \u201cpostergada\u201d, pero \u201cinexorablemente\u201d vendr\u00e1 por \u201cla presi\u00f3n de la necesidad hist\u00f3rica\u201d? \u00bfO la alternativa sigue siendo el socialismo o la barbarie?<\/p>\n<p>En nuestra visi\u00f3n, el devenir <em>concreto<\/em> de la dial\u00e9ctica hist\u00f3rica y de la lucha de clases han <em>actualizado<\/em> de una manera notable el pron\u00f3stico alternativo de Engels y Luxemburgo de <em>dos<\/em> v\u00edas para el curso de la sociedad humana: <em>el socialismo o la barbarie. <\/em>L\u00f3gicamente, al quedar en \u00faltima instancia preso del esquema de la \u201cinevitabilidad hist\u00f3rica\u201d \u2013s\u00f3lo que con eventuales y molestos \u201cretrasos\u201d\u2013 Arcary pierde de vista esta formulaci\u00f3n dial\u00e9ctica.<\/p>\n<p>Es evidente que Arcary se toma de una falsa analog\u00eda de Nahuel Moreno que comparaba el curso hist\u00f3rico de la revoluci\u00f3n socialista con las v\u00edas de un ferrocarril. Seg\u00fan Moreno, el proceso objetivo mismo era tan fuerte que impulsaba al \u201ctren\u201d de la revoluci\u00f3n por las v\u00edas del \u201csocialismo\u201d, s\u00f3lo que sin clase obrera y\/o sin direcci\u00f3n revolucionaria, el \u201ctren\u201d se detendr\u00eda en alguna estaci\u00f3n antes del \u201cdestino final\u201d. Al respecto, polemiza Roberto Ram\u00edrez: \u201cLas cosas han sido <em>m\u00e1s complicadas<\/em>. Casi nunca los ferrocarriles tienen una sola v\u00eda: <em>hay bifurcaciones, desv\u00edos y tambi\u00e9n \u00abv\u00edas muertas\u00bb<\/em>; es decir, que <em>no llevan a ninguna parte.<\/em> Podemos decir que frente al tren de la revoluci\u00f3n se abren dos v\u00edas. Si lo conduce una burocracia, tomar\u00e1 por una v\u00eda muerta. Si se impone el programa de la democracia socialista y el conductor es realmente la clase obrera autodeterminada, el tren tomar\u00e1 la v\u00eda transicional al socialismo. Es que las burocracias, organizadas en estados \u201ctodopoderosos\u201d, no pararon el tren despu\u00e9s de la expropiaci\u00f3n, sino que siguieron marchando por <em>otras<\/em> v\u00edas\u201d (Roberto Ram\u00edrez, texto in\u00e9dito).<\/p>\n<p>Arcary, en algunos pasajes, parece acercarse a esta l\u00ednea de pensamiento: \u201cLa disparidad entre la madurez de los factores objetivos y los subjetivos se desenvuelve en un proceso desigual y combinado, en las m\u00e1s diversas proporciones, y de tal manera, que la amalgama resultante es una <em>sorpresa hist\u00f3rica<\/em>. En una palabra, <em>la subjetividad puede ser cualitativa<\/em>\u201d (Arcary, cit.). En efecto, el proceso hist\u00f3rico-concreto vivo puede dar lugar a \u201csorpresas hist\u00f3ricas\u201d como ocurri\u00f3 con la contrarrevoluci\u00f3n estalinista y el car\u00e1cter anticapitalista pero no socialista de las revoluciones de posguerra. Pero Arcary, como asustado por haber llegado tan lejos, inmediatamente <em>retrocede<\/em> hacia un terreno m\u00e1s conocido: \u201cParece, por lo tanto, m\u00e1s plausible considerar que las escalas de tiempo operan contradictoriamente sobre los sujetos sociales en lucha: si, <em>a largo <\/em>plazo, <em>maduran cualitativamente los factores objetivos <\/em>de la transici\u00f3n post capitalista que fortalecen la clase trabajadora, en el <em>corto<\/em> plazo, <em>el atraso y la inmadurez de los factores subjetivos<\/em> (&#8230;) <em>dificultan <\/em>las condiciones para la victoria\u201d (\u00eddem). Aqu\u00ed, nuevamente, el lugar de los \u201cfactores subjetivos\u201d se ha vuelto meramente \u201ccuantitativo\u201d, no \u201ccualitativo\u201d: s\u00f3lo puede \u201cdificultar\u201d el progreso del proceso hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>En definitiva, esta dial\u00e9ctica de los factores objetivos y subjetivos en la actual \u00e9poca hist\u00f3rica fue mucho mejor resuelta por Rosa Luxemburgo: como est\u00e1 dicho, es el socialismo o la barbarie. <em>No hay ni puede haber \u201cnecesidad hist\u00f3rica\u201d que venga a eximir a la clase obrera y a los socialistas revolucionarios de las tareas epocales que tenemos por delante. <\/em><\/p>\n<p><strong>Tareas, sujetos y m\u00e9todos en la revoluci\u00f3n socialista <\/strong><\/p>\n<p>En su libro, Arcary vuelve sobre una discusi\u00f3n cl\u00e1sica: \u00bfc\u00f3mo definir el car\u00e1cter de una revoluci\u00f3n? \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda el elemento determinante? Arcary parte de recordar que en la II Internacional predominaba el criterio de las \u201ctareas\u201d a la hora de la definici\u00f3n del car\u00e1cter social de una revoluci\u00f3n. Es sabido que, por lo tanto y mec\u00e1nicamente, en el caso del debate en Rusia, los mencheviques consideraban que la revoluci\u00f3n ser\u00eda \u201cburguesa\u201d sin m\u00e1s. Y, en esas condiciones, deb\u00eda \u201cdirigirla\u201d la burgues\u00eda, posici\u00f3n enfrentada desde \u00e1ngulos distintos tanto por Lenin como por Trotsky.<\/p>\n<p>Luego Arcary hace referencia a la ley de desarrollo hist\u00f3rico que, en el caso del pasaje del feudalismo al capitalismo, hab\u00eda permitido la realizaci\u00f3n de las tareas de una clase por otra: la ley de desarrollo desigual y combinado. Y agrega que si debe haber una combinaci\u00f3n de los elementos objetivos (tareas) y subjetivos (sujetos sociales y pol\u00edticos), en \u00faltima instancia, lo decisivo para precisar el car\u00e1cter de una revoluci\u00f3n ser\u00eda \u201cel contenido hist\u00f3rico-social de los resultados\u201d.<\/p>\n<p>Pero si esto es <em>a priori<\/em> plausible, en todo caso ameritar\u00eda una profunda discusi\u00f3n sobre el <em>car\u00e1cter<\/em> mismo de los \u201cresultados\u201d, que Arcary ni siquiera esboza, como ya se\u00f1alamos. De haberlo hecho, quiz\u00e1 se hubiese visto obligado a considerar si los mismos \u201cresultados\u201d \u2013es decir, las tareas hist\u00f3ricas cumplidas\u2013 no terminan cambiando seg\u00fan la clase o fracci\u00f3n de clase que los lleve adelante. Pero Arcary, sorprendentemente, a lo largo de toda una elaboraci\u00f3n dedicada a las revoluciones de la segunda posguerra, no indaga en ning\u00fan momento el <em>car\u00e1cter<\/em> <em>de las sociedades<\/em> a los que estas revoluciones dieron lugar. Sencillamente, el balance de las experiencias no capitalistas del siglo XX, ll\u00e1mense Estados obreros burocratizados, Estados burocr\u00e1ticos, socialismos de Estado o como se quiera, parece totalmente fuera de su objeto de estudio.<\/p>\n<p>Arcary intenta hacer el planteo de que a la hora de definir el car\u00e1cter de una revoluci\u00f3n opera un \u201cconjunto de los factores\u201d. Pero finalmente no puede con su genio \u2013es decir, con su matriz te\u00f3rica\u2013 y termina haciendo pesar la usual concepci\u00f3n determinista al afirmar que \u201cel determinismo econ\u00f3mico es una manifestaci\u00f3n de la presi\u00f3n \u2013en \u00faltima instancia\u2013 de la <em>necesidad hist\u00f3rica<\/em>\u201d y que \u201cla necesidad finalmente abre el camino\u201d y \u201cexige que surja en la lucha una direcci\u00f3n pol\u00edtica\u201d acorde a los objetivos de esa lucha.<\/p>\n<p>A contramano, reiteramos, del marxismo cl\u00e1sico de Marx y Engels, Arcary apela no a las <em>condiciones materiales<\/em> en que los hombres llevan a cabo la producci\u00f3n y reproducci\u00f3n de sus condiciones de vida, sino a una supuesta e intangible \u201cnecesidad hist\u00f3rica\u201d que opera desde fuera de ellas para hacer la historia por los hombres mismos. Este punto de vista, lejos de ser materialista, es m\u00e1s bien un recurso al idealismo. En efecto, sostener que \u201cla historia sabe abrirse camino\u201d revela una matriz mucho menos emparentada con el materialismo hist\u00f3rico cl\u00e1sico (no el vulgar) que con los costados m\u00e1s idealistas y conservadores del sistema hegeliano.<\/p>\n<p>En estas condiciones, la ausencia de direcci\u00f3n pol\u00edtica revolucionaria (que para el Trotsky del <em>Programa de Transici\u00f3n<\/em> era la raz\u00f3n \u00faltima de la crisis de la humanidad) ha demostrado ser un hueso duro de roer. De hecho, una resoluci\u00f3n tan mec\u00e1nica y \u201cautom\u00e1tica\u201d del problema de la direcci\u00f3n tira por la borda la necesaria <em>combinaci\u00f3n dial\u00e9ctica de factores<\/em> (tareas, sujetos y m\u00e9todos), efectivamente <em>determinados<\/em> por las circunstancias objetivas, pero a la vez <em>determinantes <\/em>sobre el curso mismo de los procesos.<\/p>\n<p>Contin\u00faa Arcary: \u201cVolvamos a los cuatro criterios que permiten realizar la caracterizaci\u00f3n de una revoluci\u00f3n. Siendo <em>todos<\/em> necesarios para comprender la naturaleza de clase de la revoluci\u00f3n e indispensables para definirlas pol\u00edticamente, m\u00e1s a\u00fan siendo, muchas veces, contradictorias unas con otras, como expresi\u00f3n de amalgamas hist\u00f3ricas m\u00e1s complejas \u2013viejas tareas postergadas por demasiado tiempo, nuevos sujetos sociales inmaduros, direcciones pol\u00edticamente precoces, resultados mucho menores a las expectativas\u2013, \u00bfcu\u00e1l ser\u00eda, <em>entre ellos<\/em>, el criterio ordenador?\u201d (\u00eddem, p. 162).<\/p>\n<p><em>Las esquinas peligrosas de la historia<\/em> resuelve mal este aspecto tan crucial para cualquier teorizaci\u00f3n acerca de la revoluci\u00f3n socialista, porque Arcary \u2013siguiendo en esto a Moreno\u2013 le termina dando la raz\u00f3n a E. Preobrajensky en su famoso intercambio de cartas con Trotsky de finales de la d\u00e9cada del 20.<sup>6<\/sup><\/p>\n<p>En un trabajo anterior, advert\u00edamos: \u201cComo se\u00f1alara el propio Trotsky, <em>existe una dial\u00e9ctica entre las tareas y el sujeto que las lleva a cabo<\/em>, donde no todo viene determinado por el contenido objetivo de esas tareas, sino tambi\u00e9n por <em>qui\u00e9n y c\u00f3mo las lleva adelante<\/em>. En relaci\u00f3n con este problema, la Oposici\u00f3n rusa se dividi\u00f3 en dos alas: la de dirigentes como E. Preobrajensky que al ver que la burocracia supuestamente aplicaba el programa de la Oposici\u00f3n de Izquierda, capitularon a Stalin y otra que tend\u00eda a plantear que la manera de llevar adelante estas medidas, m\u00e1s que una \u00abrevoluci\u00f3n complementaria\u00bb, significaban el comienzo de la consumaci\u00f3n de una contrarrevoluci\u00f3n social que llevar\u00eda a la perdida del car\u00e1cter obrero del Estado. Es el caso de Christian Rakovsky\u201d (R. S\u00e1enz, \u201cCr\u00edtica a la concepci\u00f3n de las revoluciones \u00absocialistas objetivas\u00bb\u201d, SoB 17\/18).<\/p>\n<p>La versi\u00f3n de Arcary de la pol\u00e9mica epistolar entre Trotsky y Preobrajenski fue que trat\u00f3 \u201cla cuesti\u00f3n clave de la articulaci\u00f3n entre las fuerzas motrices de la revoluciones, la presi\u00f3n de la necesidad hist\u00f3rica, la forma de la urgencia de las tareas, y el lugar de la lucha de clases en la forma del \u00absustitucionismo social\u00bb\u201d (<em>Las esquinas<\/em>&#8230;, p. 163).<\/p>\n<p>Y agrega: \u201cPreobrajenski desacuerda con Trotsky porque el autor de la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n permanente insiste en la defensa de que, antes de las tareas hist\u00f3ricas, el <em>criterio ordenador<\/em> de la naturaleza de clase de un proceso revolucionario, ser\u00eda el <em>sujeto social<\/em>\u201d (\u00eddem). Es evidente que Arcary, como Moreno, simpatiza con esta cr\u00edtica de Preobrajensky a Trotsky, raz\u00f3n por la cual la reflexi\u00f3n de este ultimo le parece \u201cparticularmente sugerente\u201d.<\/p>\n<p>Pero aqu\u00ed se empiezan a mezclar dos problem\u00e1ticas que ata\u00f1en a planos diferentes de abstracci\u00f3n, aunque est\u00e1n \u00edntimamente relacionados. Se trata, por un lado, de los criterios metodol\u00f3gicos para definir el car\u00e1cter de una revoluci\u00f3n; por el otro, el de la problem\u00e1tica hist\u00f3rico-pol\u00edtica-estrat\u00e9gica acerca de las posibilidades de sustituir a la clase obrera en la revoluci\u00f3n socialista.<\/p>\n<p>Sin duda, el protagonismo social campesino en la China de 1949 tuvo elementos de mayor \u201cindependencia\u201d a todo lo que indicaba la trayectoria hist\u00f3rica anterior<em>.<\/em> Pero, a nuestro modo de ver, no se trat\u00f3 de un ejemplo de \u201csustituismo social\u201d de los trabajadores que pudiera caminar en un sentido \u201csocialista\u201d. Por el contrario, a la postre, se demostraron como revoluciones anticapitalistas que, en ausencia del proletariado, no pudieron encaminarse en una perspectiva aut\u00e9nticamente socialista. Es esto, insistimos, lo que la experiencia hist\u00f3rica del siglo XX ha puesto de manifiesto: para definir el car\u00e1cter de clase una revoluci\u00f3n no importan s\u00f3lo las \u201ctareas\u201d a realizar; el sujeto y la manera en que se llevan a cabo hacen <em>tambi\u00e9n<\/em> a su naturaleza.<\/p>\n<p>La expropiaci\u00f3n, aun en ausencia de la clase obrera, es obviamente una tarea anticapitalista. Pero sin ella no puede devenir en aut\u00e9nticamente socialista. Dicho de otro modo: se la podr\u00eda considerar \u201csocialista\u201d, pero s\u00f3lo <em>formalmente<\/em>, porque ante la ausencia de la clase obrera y de los mecanismos de la democracia socialista, <em>no se abre el proceso real de la transici\u00f3n hacia la socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n<\/em>. Por el contrario, \u00e9stos quedan \u2013como quedaron\u2013 bajo el control monop\u00f3lico de una burocracia de Estado que, m\u00e1s all\u00e1 de concesiones determinadas a los trabajadores, puso la acumulaci\u00f3n al servicio de su propio fortalecimiento, no de la clase obrera misma y sus futuras generaciones.<\/p>\n<p>Al respecto, es muy ilustrativo lo que dice Istv\u00e1n Mesz\u00e1ros: \u201cEl viraje trascendental en cuesti\u00f3n implica no solamente derrocar el dominio del capital en el orden existente (&#8230;). En otras palabras, significa <em>hacer imposible la reaparici\u00f3n del mandato del capital sobre el trabajo <\/em>(&#8230;)<em> instituyendo y consolidando la actividad autodeterminada de los productores asociados<\/em>. Esto s\u00f3lo se puede lograr mediante la devoluci\u00f3n de las condiciones objetivas (es decir, los materiales y los medios) de producci\u00f3n como propiedad genuina y <em>sustancial<\/em> a los productores mismos, en contraste con la <em>vac\u00eda definici\u00f3n jur\u00eddica de propiedad colectiva<\/em> experimentada hist\u00f3ricamente, y que permanec\u00eda en realidad bajo el control de una autoridad estatal por separado (&#8230;). Porque lo que realmente decide el punto es la exitosa transferencia \u2013del capital a los productores\u2013 del <em>control efectivo<\/em> de las varias unidades de producci\u00f3n (&#8230;). Y esto equivale a una <em>socializaci\u00f3n genuina<\/em> del proceso de producci\u00f3n (&#8230;) mucho m\u00e1s all\u00e1 del problema inmediato de la propiedad <em>en oposici\u00f3n a su remota administraci\u00f3n jer\u00e1rquica a trav\u00e9s de la \u00abestatalizaci\u00f3n\u00bb y la \u00abnacionalizaci\u00f3n\u00bb<\/em> (&#8230;). En otras palabras, lo que est\u00e1 en juego es primordialmente <em>pol\u00edtico-social<\/em>\u201d (Istv\u00e1n Mesz\u00e1ros, <em>M\u00e1s all\u00e1 del capital<\/em>, pp. 920, 922 y 1063).<\/p>\n<p>En efecto, es un rasgo espec\u00edfico y propio de la revoluci\u00f3n socialista la \u00edntima conexi\u00f3n entre la revoluci\u00f3n y las tareas que se desprenden de ella. Y si los medios de producci\u00f3n expropiados a los capitalistas no pasan de manera <em>efectiva<\/em> a manos de la \u201cclase obrera organizada como clase dominante\u201d (Marx) o del \u201cEstado de los obreros armados\u201d (Lenin), la inevitable continuidad del trabajo asalariado y de las formas de \u201cautoexplotaci\u00f3n\u201d de los trabajadores conducir\u00e1n a una acumulaci\u00f3n no al servicio de los trabajadores, sino de la burocracia.<\/p>\n<p>No otra cosa es lo que ocurri\u00f3 en la experiencia hist\u00f3rica real del siglo XX, que sirve de advertencia de que en la transici\u00f3n socialista la combinaci\u00f3n de factores \u201cobjetivos\u201d y \u201csubjetivos\u201d es mucho m\u00e1s fluida e interpenetrada que la relativa autonom\u00eda de que gozan en el capitalismo las esferas de la econom\u00eda y la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Al respecto, se\u00f1ala agudamente Roberto Ram\u00edrez: \u201cNo es posible generalizar a todas las formaciones econ\u00f3mico-sociales (y menos a\u00fan a las \u00abtransitorias\u00bb entre el capitalismo y el socialismo) una caracter\u00edstica que s\u00ed es <em>casi exclusiva del capitalismo<\/em>, a saber, la <em>separaci\u00f3n extrema<\/em> <em>entre estructura y superestructura<\/em>, entre las relaciones de producci\u00f3n y las de dominaci\u00f3n pol\u00edtica, <em>entre la econom\u00eda y el estado<\/em> (&#8230;). Esto da al capitalismo, en esa esfera pol\u00edtica, un car\u00e1cter extremadamente \u00abpl\u00e1stico\u00bb, que no tienen ni podr\u00edan tener otras formaciones econ\u00f3mico-sociales, tanto precapitalistas como poscapitalistas (&#8230;) nada de eso puede suceder cuando se expropia a los capitalistas: estado, r\u00e9gimen y econom\u00eda dejan de ser (relativamente) \u00abaut\u00f3nomos\u00bb. Se termina esa \u00abexternalidad\u00bb mutua entre producci\u00f3n y estado (&#8230;) As\u00ed, la <em>pol\u00edtica<\/em> y la <em>democracia socialista <\/em>(superestructura) es <em>parte integrante e inseparable de las relaciones de producci\u00f3n<\/em> (estructura) de la transici\u00f3n. Y esto tambi\u00e9n puede decirse de la otra alternativa de la producci\u00f3n, la del plan burocr\u00e1tico: tambi\u00e9n est\u00e1 <em>sobredeterminada por la pol\u00edtica e intereses de la burocracia<\/em>, que no puede tolerar la democracia socialista, porque le har\u00eda imposible apoderarse de una parte importante del excedente\u201d (mimeo ya citado).<\/p>\n<p>Ya el propio Trotsky hab\u00eda sostenido que \u201ca diferencia del capitalismo, el socialismo no se construye <em>mec\u00e1nicamente<\/em>, sino m\u00e1s bien <em>de manera consciente<\/em>\u201d. Esta es una de las diferencias espec\u00edficas m\u00e1s grandes con la revoluci\u00f3n burguesa, que pod\u00eda basarse en el <em>automatismo<\/em> del desarrollo econ\u00f3mico y en una separaci\u00f3n <em>hist\u00f3ricamente particular<\/em> entre econom\u00eda y pol\u00edtica, que no hab\u00eda sido caracter\u00edstica de <em>ninguna<\/em> formaci\u00f3n social hist\u00f3rica anterior y que <em>tampoco<\/em> lo es de la transici\u00f3n socialista. Trotsky agregaba ilustrativamente que \u201cuna vez liberadas de sus frenos feudales, las relaciones burguesas se desarrollan autom\u00e1ticamente. Muy distinto es el desarrollo de las relaciones socialistas, porque el Estado obrero asume un rol directo de economista y organizador\u201d (citado por R. S\u00e1enz, en \u201cCr\u00edtica&#8230;\u201d).<sup>7<\/sup><\/p>\n<p>En contraposici\u00f3n con este criterio, Arcary defiende la argumentaci\u00f3n central de Preobrajensky contra Trotsky: \u201cSu error fundamental recae en el hecho de que <em>usted determina el car\u00e1cter de una revoluci\u00f3n sobre la base de quien la hace, que clase, o sea, por el sujeto efectivo<\/em>, al paso que atribuye una importancia secundaria al contenido social <em>objetivo<\/em> del proceso\u201d (citado en <em>Las esquinas<\/em>&#8230;, p. 163).<\/p>\n<p>Es esta conclusi\u00f3n te\u00f3rico-estrat\u00e9gica corroborada por la experiencia hist\u00f3rica la que deja en evidencia el <em>anacronismo<\/em> de la tesis principal de nuestro autor: la del sustitucionismo social de la clase obrera en la revoluci\u00f3n propiamente socialista. Sobre la base de las condiciones determinadas por la superaci\u00f3n de la divisi\u00f3n entre pa\u00edses \u201cmaduros\u201d e \u201cinmaduros\u201d para la revoluci\u00f3n socialista, lo que decide su car\u00e1cter es <em>qui\u00e9n<\/em> la hace, es decir, el <em>sujeto efectivo<\/em> que la lleva a cabo.<\/p>\n<p>El curso hist\u00f3rico ha dejado un balance, entendemos, palmario y en un sentido opuesto a la reflexi\u00f3n de Arcary: <em>la revoluci\u00f3n socialista aut\u00e9ntica es encabezada por la clase obrera con sus organismos y partidos o no es revoluci\u00f3n socialista<\/em>. Y, en ese caso, la transici\u00f3n queda bloqueada, como ocurri\u00f3 en la ex URSS de Stalin o en la China de Mao.<\/p>\n<p><strong>El debate en la Oposici\u00f3n de izquierda <\/strong><\/p>\n<p>Veamos m\u00e1s de cerca el debate entre Preobrajensky y Trotsky acerca de China, en el que Arcary \u2013insistimos, inspirado en Nahuel Moreno en este punto\u2013 concede la raz\u00f3n al primero. Al respecto, cabe recordar que cuando Preobrajensky termina capitulando al estalinismo, se escuda en una argumentaci\u00f3n que violenta el equilibrio entre los factores objetivos y subjetivos que supone la dial\u00e9ctica marxista.<\/p>\n<p>La capitulaci\u00f3n de \u201clos tres\u201d (Preobrajensky, Radek y Smilga) en junio de 1929 abri\u00f3 una de las crisis m\u00e1s dram\u00e1ticas en la Oposici\u00f3n de izquierda rusa y se proces\u00f3 alrededor de qu\u00e9 posici\u00f3n asumir frente de las medidas de colectivizaci\u00f3n forzosa e industrializaci\u00f3n acelerada que estaba tomando Stalin.<\/p>\n<p>Que el propio Trotsky ya estaba precavido contra el peligro de las concepciones objetivistas y economicistas en la transici\u00f3n lo podemos ver en la siguiente argumentaci\u00f3n de 1926: \u201cEl an\u00e1lisis de nuestra econom\u00eda desde el punto de vista de la interacci\u00f3n (tanto en sus conflictos como en sus armon\u00edas) entre la ley del valor y la ley de la acumulaci\u00f3n socialista es, en principio, un enfoque extremadamente provechoso: m\u00e1s precisamente, el \u00fanico correcto (&#8230;) Pero ahora hay un peligro creciente de que este enfoque metodol\u00f3gico sea convertido en una <em>perspectiva econ\u00f3mica acabada<\/em> que prevea el \u00abdesarrollo del socialismo en un solo pa\u00eds\u00bb. Hay motivos para esperar, y temer, que los seguidores de esta filosof\u00eda, que se han basado hasta ahora en una cita mal entendida de Lenin, van a tratar de adaptar el an\u00e1lisis de Preobrajensky <em>convirtiendo un enfoque metodol\u00f3gico en una generalizaci\u00f3n<\/em> para un proceso casi aut\u00f3nomo\u201d (citado por R. S\u00e1enz, \u201cCr\u00edtica&#8230;\u201d).<\/p>\n<p>La paradoja fue que el propio Preobrajensky, que hab\u00eda hecho un valioso aporte al problema con su libro <em>La nueva econom\u00eda,<\/em> fue quien termin\u00f3 cayendo en esta \u201cgeneralizaci\u00f3n para un proceso casi aut\u00f3nomo\u201d, en raz\u00f3n de la cual \u2013en una compresi\u00f3n mecanicista y economicista de la transici\u00f3n\u2013 capitula frente a Stalin luego del giro \u201cizquierdista\u201d de \u00e9ste.<sup>8<\/sup><\/p>\n<p>Esta misma cuesti\u00f3n es planteada por el principal dirigente de la Oposici\u00f3n de izquierda rusa despu\u00e9s de Trotsky, Cristian Rakovsky, que se\u00f1alaba que era imposible considerar las medidas del \u201cgiro\u201d de Stalin <em>independientemente de qui\u00e9n y c\u00f3mo las estaba tomando:<\/em> \u201cPreobrajensky me ha respondido con una larga carta en la cual afirma que tengo raz\u00f3n, que \u00abla situaci\u00f3n en nuestro aparato de Estado y en nuestro aparato de partido exige una reflexi\u00f3n relativa a todas estas cuestiones, basadas en las ense\u00f1anzas del marxismo-leninismo sobre el Estado\u00bb. Esta por trabajar una minuta acerca de \u00ablos \u00e9xitos y fracasos en la edificaci\u00f3n del socialismo en la URSS\u00bb durante los a\u00f1os de la dictadura, que tendr\u00e1 un cap\u00edtulo sobre la \u00abburocracia socialista\u00bb. \u00c9l considera, sin embargo, que mi punto de vista es \u00absubjetivista\u00bb, y destaca que el conflicto con el <em>kulak<\/em> es un hecho \u00abobjetivo\u00bb, que continuar\u00e1 desarroll\u00e1ndose e influenciando el partido mismo\u201d. Pero, agrega Rakovsky, de ninguna manera se podr\u00eda perder de vista que \u201cel desarrollo de este conflicto, <em>en un sentido u otro<\/em>, depende de la relaci\u00f3n con el partido (&#8230;) Es imposible evitar el \u00absubjetivismo\u00bb\u201d (\u201cCartas de Astrak\u00e1n\u201d).<\/p>\n<p>As\u00ed, la lucha contra el <em>kulak<\/em> emprendida por la fracci\u00f3n estalinista de ninguna manera pod\u00eda concebirse como un proceso que pudiera desarrollarse en un sentido socialista de manera independiente de la propia acci\u00f3n del partido: el qui\u00e9n y c\u00f3mo llevara adelante las tareas de la industrializaci\u00f3n y colectivizaci\u00f3n agraria hac\u00edan a su car\u00e1cter mismo. A nuestro modo de ver<em>, <\/em>la experiencia hist\u00f3rica<em> le dio enteramente la raz\u00f3n a Rakovsky contra Preobrajensky<\/em>.<\/p>\n<p>En cambio, Arcary vuelve a la carga en su defensa del punto de vista \u201cpreobrajenskiano\u201d: \u201cPreobrajensky desacuerda con Trotsky porque el autor de la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n permanente insiste en la defensa de que, antes de las tareas hist\u00f3ricas, el <em>criterio ordenador<\/em> de la naturaleza de clase de un proceso revolucionario ser\u00e1 el <em>sujeto social<\/em> (\u2026) [son] los t\u00e9rminos de dos problemas inseparables: la cuesti\u00f3n de la naturaleza social de la revoluci\u00f3n y la posibilidad de un protagonismo revolucionario campesino independiente como expresi\u00f3n de un <em>sustituismo social elevado a la en\u00e9sima potencia<\/em> (\u2026) Veamos ahora en que medida la historia confirm\u00f3 o no el vaticinio de Preobrajensky. El previ\u00f3 que, despu\u00e9s de la devastadora derrota en Canton, ser\u00eda necesario todo un intervalo hist\u00f3rico para la recuperaci\u00f3n del proletariado (&#8230;) Sugiri\u00f3 en forma pionera que la primera l\u00ednea del protagonismo revolucionario podr\u00eda ser asumida por los campesinos. Una de las m\u00e1s impresionantes paradojas hist\u00f3ricas imaginables: la revoluci\u00f3n socialista triunf\u00f3 como revoluci\u00f3n agraria antiburguesa en algunos de los pa\u00edses m\u00e1s pobres y atrasados de la econom\u00eda mundial sin que la clase obrera hubiese cumplido un papel m\u00e1s relevante\u201d (<em>Las esquinas<\/em>&#8230;, p. 163 ss.)<\/p>\n<p>Y Arcary remata el razonamiento con su consabido argumento de la historia como <em>deus ex machina<\/em> que hace el socialismo<em> por <\/em>la clase obrera: \u201c<em>Bajo la presi\u00f3n terrible<\/em> de la descomposici\u00f3n de las condiciones objetivas \u2013las crisis econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas de reg\u00edmenes tir\u00e1nicos, \u00ab<em>la historia abri\u00f3 el camino<\/em>\u00bb, y <em>otras<\/em> clases, no el proletariado urbano, asumieron un papel revolucionario y avanzaron m\u00e1s all\u00e1 del capitalismo. M\u00e1s importante a\u00fan: como la totalidad es mayor que la suma de las partes, no alcanza considerar unilateralmente uno de los factores para concluir una caracterizaci\u00f3n social de una revoluci\u00f3n (&#8230;) <em>Ning\u00fan<\/em> factor es suficiente para prever o definir la naturaleza social de la revoluci\u00f3n. A todos esos factores hay que incorporar el estudio de la din\u00e1mica pol\u00edtico-hist\u00f3rica, o sea, <em>el signo de la etapa mundial<\/em>\u201d (\u00eddem, p. 167).<\/p>\n<p>Esta argumentaci\u00f3n tiene un claro sesgo determinista, porque, como ya se\u00f1alamos, la etapa marca la <em>actualidad hist\u00f3rica<\/em> de la revoluci\u00f3n socialista, pero eso no puede significar que, como consecuencia, <em>todas<\/em> las revoluciones de esta \u00e9poca fueran socialistas.<\/p>\n<p>En pleno furor chavista, muchas corrientes \u201ctrotskistas\u201d har\u00edan bien en reexaminar por qu\u00e9 Trotsky par\u00f3 su teor\u00eda de la revoluci\u00f3n \u201csobre los sujetos\u201d, esto es, sobre la base de condiciones determinadas, <em>alrededor del<\/em> <em>sujeto social efectivo<\/em> que la encabezara. Porque en el complejo total de factores, y en las condiciones de una determinada estructura social, lo que decide en \u00faltima instancia el car\u00e1cter propiamente socialista de la revoluci\u00f3n son las clases que la componen y su acci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>S\u00f3lo las clases en lucha pueden \u201cabrir el camino\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Si se argumenta, en cambio, como la hace Arcary, que la \u201chistoria siempre se abre camino\u201d, queda entonces el recurso al \u201csustituismo social\u201d, a nuestro juicio condenado por la historia del siglo XX.<\/p>\n<p>Recordemos que la teor\u00eda del sustituismo proviene de la interpretaci\u00f3n de Isaac Deutscher sobre el derrotero de la ex URSS a partir de la d\u00e9cada del 30 y de las revoluciones de la posguerra. Cl\u00e1sicamente, esta teor\u00eda presentaba al Partido Comunista estalinizado como, a pesar de todo, \u201cencarnaci\u00f3n de los intereses hist\u00f3ricos\u201d de la clase obrera en ausencia total de \u00e9sta o en condiciones de sometimiento opresivo (e incluso explotador) del proletariado.<\/p>\n<p>A nuestro modo de ver, esta \u201cteor\u00eda\u201d no es m\u00e1s que el recurso <em>idealista<\/em> a un factor <em>externo<\/em> que vendr\u00eda a realizar las tareas de la transformaci\u00f3n social <em>por<\/em> la clase trabajadora. En estas condiciones, Stalin era visto como \u201crealizador\u201d, a pesar de todo, de \u201ctareas hist\u00f3ricamente progresivas\u201d.<\/p>\n<p>Para el caso de la revoluci\u00f3n china de 1949, Deutscher se\u00f1alaba que \u201c<em>la hegemon\u00eda revolucionaria de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica realiz\u00f3<\/em> (a pesar de la obstrucci\u00f3n inicial de Stalin) <em>lo que de otro modo solamente los obreros chinos podr\u00edan haber conseguido<\/em>: empujar a la revoluci\u00f3n china en una direcci\u00f3n antiburguesa y socialista. Con el proletariado chino casi disperso o ausente del plano pol\u00edtico, <em>la fuerza de gravedad de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica <\/em>convirti\u00f3 a los ej\u00e9rcitos campesinos de Mao en agentes del colectivismo\u201d (citado por R. S\u00e1enz en \u201cChina 1949&#8230;\u201d).<\/p>\n<p>Es indiscutible el peso de la ex URSS en las d\u00e9cadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero suponer que haya podido sustituir a la clase obrera en un sentido socialista es francamente ir demasiado lejos. En el \u00e1mbito de la lucha de clases no hay<strong> \u201c<\/strong>ley de gravedad\u201d o de la f\u00edsica newtoniana que pueda determinar el car\u00e1cter socialista de la revoluci\u00f3n sin clase obrera ni v\u00ednculo alguno con ella.<sup>9<\/sup> <em>La \u201cf\u00edsica pol\u00edtica\u201d de la revoluci\u00f3n socialista no funciona seg\u00fan el determinismo del \u201chorror al vac\u00edo\u201d<\/em>; esto es, \u201csi la clase obrera no ocupa la escena para cumplir las tareas hist\u00f3ricas, la historia se abrir\u00e1 paso <em>a trav\u00e9s de otras clases<\/em>\u201d. Si el proceso pol\u00edtico est\u00e1 socialmente<em> vaciado<\/em> <em>de clase obrera<\/em>, tambi\u00e9n lo estar\u00e1 de contenido aut\u00e9nticamente <em>socialista<\/em>.<\/p>\n<p>En un orden an\u00e1logo de problemas, pero en referencia a la planificaci\u00f3n en la transici\u00f3n y al cuestionamiento a una supuesta racionalidad \u201cper se\u201d, \u201cobjetiva\u201d, de \u00e9sta, Mesz\u00e1ros observa que <strong>\u201c<\/strong>el ataque del orden poscapitalista al fetichismo de la mercanc\u00eda \u2013con el fin de hacer transparentes y razonablemente modificables las funciones productivas y distributivas sociales\u2013 est\u00e1 <em>condenado al fracaso<\/em> a menos que se vea <em>complementado<\/em> con medidas adoptadas <em>conscientemente<\/em> con el fin de prevenir la aparici\u00f3n de un <em>nuevo tipo de personificaci\u00f3n del capital<\/em>, a cargo de la extracci\u00f3n de plustrabajo regulada pol\u00edticamente. Porque la continuaci\u00f3n del <em>mando separado<\/em> sobre el trabajo, incluso si \u00e9ste asume una forma muy diferente de la de su variedad capitalista, reproduce la determinaci\u00f3n antagon\u00edstica adversarial de la manera en que son llevadas las funciones metab\u00f3licas sociales\u201d (I. Mesz\u00e1ros, cit., p. 920).<\/p>\n<p>Y agregaba: \u201cLa desdichada combinaci\u00f3n de la toma de decisiones ejecutiva y jer\u00e1rquica en el lugar de trabajo y el bien fundado resentimiento de la gente que sufre las consecuencias de esta <em>forma \u00absocialista\u00bb de alineaci\u00f3n de su propio poder<\/em> de toma de decisiones tan s\u00f3lo puede producir la anarqu\u00eda del taller de trabajo (en forma de \u00abencabalgamiento de horarios\u00bb, desperdicio de material y de tiempo, escasa motivaci\u00f3n para el aprendizaje de nuevas y mayores habilidades y negligente ejercicio de la destreza productiva incluso en el nivel inferior, etc.), por una parte, y por la otra, como su remedio consecuencial e ilusorio, la intensificaci\u00f3n definitivamente contraproducente del control burocr\u00e1tico centralizado\u201d (\u00eddem, p. 856).<\/p>\n<p>Lejos de todo criterio de <em>racionalidad abstracta de la planificaci\u00f3n<\/em>, Mesz\u00e1ros habla de la real y existente <em>anarqu\u00eda<\/em> en los lugares de trabajo producto de la <em>desafectaci\u00f3n<\/em> <em>de los productores<\/em>, sometidos a la mano de hierro de la burocracia.<strong> A<\/strong>narqu\u00eda de la producci\u00f3n que <em>no<\/em> es an\u00e1loga a la del capitalismo, pero que, sin embargo, se pone en marcha ante la ausencia de un verdadero metabolismo democr\u00e1tico en la producci\u00f3n, dado el desarrollo de \u201cun nuevo antagonismo entre producci\u00f3n y control social de la misma\u201d. En suma, <em>la l\u00f3gica objetivista tampoco funciona en la transici\u00f3n socialista<\/em>.<\/p>\n<p>Volviendo a Deutscher, la metodolog\u00eda que subyace a sus tesis implicaba una <em>l\u00f3gica determinista hist\u00f3rica abstracta<\/em><strong>, <\/strong>m\u00e1s emparentada con la tradici\u00f3n de la II Internacional que con el marxismo revolucionario. Y las tesis deterministas van aqu\u00ed de la mano con las sustituistas, ya la clase trabajadora aparece <em>reemplazada<\/em> por una burocracia estalinista que, siguiendo una \u201cmec\u00e1nica objetiva\u201d <em>similar<\/em> a la de la revoluci\u00f3n <em>burguesa<\/em>, viene a \u201cconservar\u201d (\u201ccon sus propios m\u00e9todos\u201d) las adquisiciones de la revoluci\u00f3n. Stalin deviene Napole\u00f3n Bonaparte.<\/p>\n<p>Pero esta elaboraci\u00f3n, anclada en un momento hist\u00f3rico muy distinto al actual, no puede sostenerse hoy, cuando, contando con el beneficio de la mirada retrospectiva, sabemos que la supuesta \u201cresoluci\u00f3n de las tareas\u201d <em>en nombre de<\/em> la clase trabajadora y no <em>por<\/em> la clase como tal, se revirti\u00f3 en la puesta en pie de in\u00e9ditas <em>relaciones de opresi\u00f3n y explotaci\u00f3n<\/em> en las sociedades donde fue expropiado el capitalismo. Claro que ni Arcary ni muchas corrientes que se reivindican \u201ctrotskistas\u201d, en su evaluaci\u00f3n hist\u00f3rica de estas revoluciones, se molestan en remitirse a sus <em>resultados hist\u00f3ricos efectivos<\/em>.<\/p>\n<p>Efectivamente, en la historia anterior ha existido una desigualdad de tareas y sujetos, y actores sociales determinados tomaron en sus manos tareas de otros. Sobre esto se apoya Arcary: \u201cEl sustitucionismo social, el \u00abn\u00facleo duro\u00bb de la teor\u00eda, se apoya en una comprensi\u00f3n de que <em>la fuerza de la necesidad de las tareas<\/em> a escala mundial <em>ejerce un grado tan elevado de presi\u00f3n<\/em> que el programa que hist\u00f3ricamente correspond\u00eda a <em>una clase<\/em>, pero que, por las m\u00e1s diferentes razones, <em>falt\u00f3<\/em> a su encuentro con la historia, <em>pasar\u00eda a ser cumplido por otra.<\/em> Era, tal vez, en ese sentido que Marx acu\u00f1aba su famoso \u00abla historia no se plantea problemas que no se puedan resolver\u00bb\u201d (V. Arcary, \u201cLa concepci\u00f3n marxista de la historia y la definici\u00f3n de \u00e9poca revolucionaria\u201d, en www.pstu.org.br).<\/p>\n<p>Pero de lo que se trata aqu\u00ed es de si las tareas de la revoluci\u00f3n proletaria pod\u00edan resolverse en un sentido aut\u00e9nticamente proletario y socialista aun en ausencia de la propia clase trabajadora. Y toda la respuesta del siglo XX es negativa. Porque es cierto que el \u201cproceso objetivo\u201d condujo a la realizaci\u00f3n de genuinas e inmensas revoluciones democr\u00e1tico-nacionales, antiimperialistas y anticapitalistas como la china y otras en la segunda posguerra. Pero lo que no puede dejar de reconocerse \u2013menos a\u00fan a la vista de los resultados, ventaja que los trotskistas de posguerra no tuvieron\u2013 es que estas revoluciones han sido <em>sin socialismo<\/em>.<\/p>\n<p>Dec\u00edamos en un trabajo anterior: \u201cLa reforma agraria, la independencia del pa\u00eds del imperialismo y la expropiaci\u00f3n fueron tareas que en las revoluciones de posguerra asumieron un car\u00e1cter anticapitalista. Pero el error estuvo en que se las asimil\u00f3, mediante un esquema mec\u00e1nico y economicista, a revoluciones obreras y socialistas. Porque en sentido hist\u00f3rico los dos polos son las clases fundamentales: la clase capitalista y la clase obrera. Pero en tiempo real \u2013incluso destacado por Moreno\u2013 se estaba viviendo el fen\u00f3meno del fortalecimiento colosal del aparato estalinista, que, por una circunstancia hist\u00f3rica completamente <em>imprevista, original y espec\u00edfica<\/em>, se hab\u00eda encaramado en un Estado (y estados) como producto de la degeneraci\u00f3n de una aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n socialista y de un Estado obrero real. Por lo tanto, en t\u00e9rminos <em>circunstanciados<\/em>, hab\u00eda aparecido en la escena hist\u00f3rica <em>un tercer actor<\/em>, condenado a perecer, <em>no org\u00e1nico<\/em>, pero que nosotros no consideramos en modo alguno parte de la clase trabajadora ni sujeto de la realizaci\u00f3n de tareas de la clase obrera (sustituy\u00e9ndola), que requer\u00eda una comprensi\u00f3n particular: la burocracia estalinista. En sus manos, la expropiaci\u00f3n y la planificaci\u00f3n estatal constituyeron medidas anticapitalistas, pero de ninguna manera obreras y socialistas\u201d (R. S\u00e1enz, \u201cLas revoluciones de posguerra y el movimiento trotskista\u201d, SoB 17\/18, pp. 109-110).<\/p>\n<p>Lamentablemente, el esfuerzo de elaboraci\u00f3n de Arcary y de la corriente del PSTU, en vez de recoger un saldo de d\u00e9cadas de experiencia hist\u00f3rica y de acontecimientos hist\u00f3rico-universales que echan nueva luz \u2013\u201cparad\u00f3jicamente\u201d, confirmando muchos puntos <em>cl\u00e1sicos<\/em> del marxismo\u2013 sobre las condiciones de un proyecto socialista en el nuevo siglo, se aferra a un esquema te\u00f3rico y a un marco hist\u00f3rico no s\u00f3lo err\u00f3neos, sino correspondientes a otro per\u00edodo. En ese sentido, m\u00e1s que contribuir a la renovaci\u00f3n y la reafirmaci\u00f3n de la vigencia del marxismo revolucionario como herramienta te\u00f3rica, pol\u00edtica y estrat\u00e9gica, esta elaboraci\u00f3n deja traslucir cierto anacronismo y conservadurismo que flaco favor le hacen a la causa de la lucha emancipadora de la clase trabajadora.<\/p>\n<p><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n<p><sup>1<\/sup> Ver \u201cChina 1949, una revoluci\u00f3n campesina anticapitalista\u201d en SoB 19. M\u00e1s all\u00e1 de las definiciones de Arcary, que consideramos err\u00f3neas, es cuestionable que no haya pr\u00e1cticamente <em>ninguna investigaci\u00f3n emp\u00edrica<\/em> acerca de los procesos hist\u00f3ricos concretos.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> En otro trabajo hemos se\u00f1alado \u2013siguiendo en este punto al marxista norteamericano Hal Draper\u2013 una valoraci\u00f3n opuesta a la que presenta Arcary. Ni Marx respecto de los jacobinos, ni Lenin, al reivindicar la tradici\u00f3n militante y combativa de corrientes peque\u00f1o burguesas como los populistas rusos perdieron jam\u00e1s de vista que esta tradici\u00f3n remit\u00eda a sectores de clase no obreros sino de voluntad sustituista, mesi\u00e1nicos, a diferencia de lo que caracteriza a la revoluci\u00f3n proletaria como \u201crevoluci\u00f3n de la inmensa mayor\u00eda en inter\u00e9s de la inmensa mayor\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>En ese contexto, Draper se\u00f1ala que, contra lo que se podr\u00eda suponer, en su reivindicaci\u00f3n de las corrientes de la revoluci\u00f3n francesa Marx dejaba afuera todo el espectro de los jacobinos en favor de dos tendencias poco conocidas: los social-girondinos, alrededor del \u201ccirculo social\u201d y Abb\u00e9 Fauchet, y el ala revolucionaria del ascenso, los <em>enrag\u00e9s<\/em>, que rechazaban al jacobinismo y su dictadura desde la izquierda y desde el punto de vista de las clases trabajadoras (ver Leclerc y Jacques Roux).<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> En el mismo sentido metodol\u00f3gico se\u00f1alan los bi\u00f3logos dial\u00e9cticos Lewontin, Rose y Kamin: \u201cLas explicaciones dial\u00e9cticas (&#8230;) no separan las propiedades de las partes aisladas de las asociaciones que tienen cuando forman conjuntos, sino que consideran que las propiedades de las partes surgen de estas asociaciones. Es decir, de acuerdo con la visi\u00f3n dial\u00e9ctica, las propiedades de las partes y de los conjuntos se co-determinan mutuamente\u201d. En<em> No est\u00e1 en los genes. Racismo, gen\u00e9tica e ideolog\u00eda<\/em>, Barcelona, Cr\u00edtica, 2003, p. 23.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> Perry Anderson es otra de las problem\u00e1ticas \u201cfuentes de inspiraci\u00f3n te\u00f3ricas\u201d de Arcary. Muchas veces se olvida que \u00e9ste ha sido un aplicado disc\u00edpulo de Isaac Deutscher y de Althusser. Precisamente, el conocido libro de Anderson contra E. P. Thompson es esencialmente una defensa del objetivismo muerto del autor franc\u00e9s.<\/p>\n<p><sup>5<\/sup> El citado Thompson acu\u00f1\u00f3 esta bella sentencia: \u201cLos hombres y las mujeres son los agentes siempre frustrados y siempre resurgentes de una historia no dominada\u201d. V\u00e9ase tambi\u00e9n su notable texto de ruptura con el estalinismo (\u201cUna carta a los filisteos\u201d), en el que, a pesar de sus falsas apreciaciones acerca de la batalla hist\u00f3rica de Le\u00f3n Trotsky, se esbozaba un soplo refrescante respecto de las versiones m\u00e1s anquilosadas del marxismo.<\/p>\n<p><sup>6<\/sup> Recordemos que la cr\u00edtica de Moreno a las tesis de <em>La revoluci\u00f3n permanente<\/em> era que \u201cestaban paradas sobre los sujetos y no sobre el proceso objetivo\u201d. Y que, por lo tanto, hab\u00eda que \u201cdar vuelta la formulaci\u00f3n, parando la teor\u00eda sobre el proceso objetivo\u201d y no los sujetos.<\/p>\n<p><sup>7<\/sup> De manera m\u00e1s general y po\u00e9tica, dec\u00eda tambi\u00e9n Trotsky: \u201cEl modo de vida comunista <em>no crecer\u00e1 ciegamente<\/em>, a la manera de los arrecifes de coral en el mar. Ser\u00e1 edificado <em>conscientemente<\/em>. Ser\u00e1 controlado por el pensamiento cr\u00edtico. Ser\u00e1 dirigido y rectificado (&#8230;). El hombre se esforzar\u00e1 por gobernar sus propios sentimientos, por elevar sus instintos a la altura de lo consciente y por hacerlos transparentes, por dirigir su voluntad en las tinieblas del inconsciente\u201d (citado en Jacquy Chemouni, <em>Trotsky y el psicoan\u00e1lisis<\/em>, Buenos Aires, Nueva Visi\u00f3n, 2007, p. 45).<\/p>\n<p><sup>8<\/sup> La base de apoyo \u201cmetodol\u00f3gica\u201d para este punto de vista se puede rastrear en los aspectos unilaterales de su por otra parte importante obra <em>La nueva econom\u00eda. <\/em><\/p>\n<p><sup>9<\/sup> \u201cCabe tomar nota que el t\u00e9rmino de \u00abley\u00bb es empleado de maneras muy diferentes en esos dos casos. Cuando es impuesta gracias a un mecanismo que se hace valer <em>ciegamente<\/em>, Marx lo analiza <em>como an\u00e1logo a la ley natural<\/em> mediante la cual quiere caracterizar al sistema capitalista. Pero existe otro sentido de \u201cley\u201d, que representa un <em>marco o procedimiento de regulaci\u00f3n ideado por una agencia humana<\/em> <em>en fomento de sus objetivos elegidos<\/em>. Es este \u00faltimo sentido \u2013\u00abla ley que nos damos\u00bb\u2013 el que resulta pertinente en el contexto del empleo econ\u00f3mico del tiempo bajo las condiciones del sistema comunal. De acuerdo con ello, Marx insiste en que esa clase de regulaci\u00f3n del tiempo disponible de la sociedad es \u00abesencialmente diferente de una medici\u00f3n de valores de cambio (trabajo o productos) mediante el tiempo de trabajo\u00bb\u201d (Istv\u00e1n Mesz\u00e1ros, cit., p. 879).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El recurso al sustituismo social \u201cLa historia no es sino la sucesi\u00f3n de las diferentes generaciones, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas productivas trasmitidas por cuantas la han precedido; es decir, que prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras que, por otra, modifica las circunstancias anteriores mediante una [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":6529,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1368,1643],"tags":[1652,35,151],"class_list":{"0":"post-6771","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-historia-y-teoria","8":"category-revista-socialismo-o-barbarie","9":"tag-revista-sob-21","10":"tag-roberto-saenz","11":"tag-teoria"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.1 - 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