{"id":8305,"date":"2007-11-01T00:07:57","date_gmt":"2007-11-01T03:07:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=8305"},"modified":"2018-07-12T20:06:15","modified_gmt":"2018-07-12T23:06:15","slug":"cuando-la-clase-obrera-tomo-el-cielo-por-asalto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=8305","title":{"rendered":"Cuando la clase obrera tom\u00f3 el cielo por asalto"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 18pt;\"><a href=\"http:\/\/www.mas.org.ar\/periodicos\/per_112\/071018_112_rev%20Rusa.pdf\">Ver en .PDF<\/a><\/span><\/p>\n<p>El 7 de noviembre se cumplir\u00e1n 90 a\u00f1os de la revoluci\u00f3n rusa. Se trata de una fecha muy cara a las ideas y sentimientos de todos los que nos consideramos de izquierda revolucionaria. Sin embargo, ser\u00eda hacerle muy poco honor tomar el aniversario como una mera oportunidad de recordar nost\u00e1lgicamente la imponencia de la intervenci\u00f3n de las masas rusas, el prestigio y la talla de revolucionarios de Lenin y Trotsky y la toma del Palacio de Invierno de los zares en medio de un mar de banderas rojas.<\/p>\n<p>S\u00ed, todas esas im\u00e1genes son magn\u00edficas y a\u00fan hoy emocionan a quienes pueden verlas reproducidas ya sea en documentos f\u00edlmicos y fotogr\u00e1ficos de la \u00e9poca o en recreaciones ficcionales. Pero el desaf\u00edo de este 90\u00ba aniversario <em>no es exclusiva ni fundamentalmente un ejercicio de la memoria de lo que fue<\/em>.<\/p>\n<p>Es cierto que podemos y debemos recordar \u2013e incluso, para muchos j\u00f3venes, hacer conocer\u2013 aquellos aspectos que hicieron de la revoluci\u00f3n rusa, en gran medida, el acontecimiento m\u00e1s importante de la historia de la humanidad. Pero ese acontecimiento, que marc\u00f3 adem\u00e1s \u2013como enseguida veremos\u2013 todo el siglo XX, ser\u00e1 presentado por la mayor\u00eda de los medios de comunicaci\u00f3n con una <em>p\u00e1tina de cera vieja<\/em>. Nos dir\u00e1n que octubre de 1917 (es sabido que en Rusia reg\u00eda un calendario con 13 d\u00edas de diferencia respecto del mayoritario en Occidente, luego adoptado) fue colosal. L\u00f3gico: no hay forma de negarlo. Pero <em>tambi\u00e9n<\/em> nos dir\u00e1n \u2013con mayor o menor sutileza o vulgaridad\u2013 que las nuevas generaciones deben contemplar a la revoluci\u00f3n rusa con la misma mirada que hoy tenemos respecto de otros hechos hist\u00f3ricos como las campa\u00f1as de Julio C\u00e9sar, las victorias de Napole\u00f3n o las Guerras del Peloponeso: sucesos extraordinarios, sin duda&#8230; pero que <em>ya no pertenecen a nuestra realidad<\/em>. Epopeyas admirables, pero que son <em>puro pasado, sin la menor relevancia presente ni mucho menos alg\u00fan germen para el futuro<\/em>.<\/p>\n<p>Por el contrario, el sentido de nuestra reivindicaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n rusa va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la evocaci\u00f3n. Intentaremos demostrar que, en tanto fue verdaderamente el hecho m\u00e1s grande la historia humana, no es una pieza de museo cubierta por el polvo de las d\u00e9cadas \u2013y a la que cada tanto se le pasa el plumero para su exhibici\u00f3n ritual en los canales de cable\u2013, sino que <em>sigue siendo un acontecimiento de extraordinaria actualidad.<\/em><\/p>\n<p>Porque su voz no se ha acallado. Su fuerza no ha desaparecido. Sus lecciones a\u00fan se hacen carne y sangre, historia viva, en las luchas pol\u00edticas, ideol\u00f3gicas y sociales del siglo XXI. Que no nos quieran enga\u00f1ar los mayores enemigos de la revoluci\u00f3n rusa, el capitalismo y los que le cantan su alabanza por dinero: <em>el fuego de la revoluci\u00f3n rusa todav\u00eda quema<\/em>. Y de ninguna manera se puede descartar que el siglo XXI que estamos comenzando a recorrer <em>no anuncie la aurora de nuevas experiencias revolucionarias aut\u00e9nticamente socialistas.<\/em><\/p>\n<h5>1917: La clase obrera al poder<\/h5>\n<p>La revoluci\u00f3n rusa, como muchos han reconocido, no es <em>una<\/em> revoluci\u00f3n entre tantas, pero que tuvo lugar en Rusia. Es <em>la<\/em> revoluci\u00f3n, incluso por encima de la revoluci\u00f3n francesa de 1789. Hay razones profundas para que esto sea as\u00ed. Si bien la revoluci\u00f3n francesa fue una de las primeras que mostr\u00f3 de manera espectacular c\u00f3mo la intervenci\u00f3n de amplias masas populares pod\u00eda cambiar el curso de la historia y desplazar a la anterior clase dominante, la revoluci\u00f3n rusa la supera en un punto esencial, que es el de <em>qui\u00e9n llega al poder; como dec\u00eda Rosa Luxemburgo, la rusa fue la primera revoluci\u00f3n hecha por las grandes mayor\u00edas en beneficio de estas mismas mayor\u00edas.<\/em><\/p>\n<p>En efecto, tanto la revoluci\u00f3n francesa como la inglesa del siglo XVII y la lucha de EE.UU. por la independencia tuvieron en com\u00fan que desplazaron a una clase privilegiada pero s\u00f3lo para poner en su lugar <em>a otra clase privilegiada<\/em>. En cambio, la revoluci\u00f3n rusa fue la <em>primera<\/em> experiencia a nivel de <em>un pa\u00eds entero<\/em> \u2013a diferencia de la breve, pero heroica, Comuna de Par\u00eds en 1871\u2013 en la que las clases privilegiadas fueron desalojadas violentamente del poder, que pas\u00f3 a ser <em>ocupado por las clases hist\u00f3ricamente oprimidas y explotadas, encabezadas por la clase obrera<\/em>.<\/p>\n<p>Esto no es un slogan, ni una f\u00e1bula, ni un mito ideol\u00f3gico. Cualquier historiador serio del per\u00edodo y cualquier testigo presencial de los acontecimientos revolucionarios \u2013empezando por uno de sus m\u00e1s inspirados y agudos observadores, el periodista estadounidense John Reed\u2013 puede dar fe de que el poder pol\u00edtico no pas\u00f3, en octubre de 1917, a manos de un oscuro grupo de conspiradores maquiav\u00e9licos (\u00a1<em>\u00e9sa<\/em> s\u00ed fue la f\u00e1bula que los pa\u00edses imperialistas intentaron propagar!), <em>sino de los obreros, campesinos y soldados sobre la base de los organismos de poder que ellos mismos, con sus propias manos, construyeron; a la clase trabajadora verdaderamente organizada como clase dominante. Es decir, una revoluci\u00f3n socialista en el sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico del t\u00e9rmino.\u00a0\u00a0 <\/em><\/p>\n<p>Por supuesto, las revoluciones no suelen hacerse solas, y mucho menos una revoluci\u00f3n socialista, que requiere de quienes la llevan a cabo <em>un nivel de conciencia y organizaci\u00f3n de sus actos mucho mayor<\/em> que el de otro tipo de revoluciones (algo que luego desarrollaremos). Por esto mismo, tanto en los objetivos pol\u00edticos m\u00e1s generales como en los detalles pr\u00e1cticos de la insurrecci\u00f3n existi\u00f3 una <em>influencia decisiva del partido bolchevique<\/em>. Desde el punto de vista \u201cinstitucional\u201d, el n\u00facleo del poder recay\u00f3 sobre el partido de Lenin y Trotsky. Pero deducir de esto que la revoluci\u00f3n fue obra de un pu\u00f1ado de agitadores clandestinos que luego aprovecharon la situaci\u00f3n para dar rienda suelta a su poder personal o de grupo (mitolog\u00eda en su momento propagada por corrientes reformistas como la socialdemocracia alemana y el menchevismo ruso) es algo m\u00e1s que tragarse las mentiras de los enemigos de la revoluci\u00f3n: es negar los hechos.<\/p>\n<p>Porque la revoluci\u00f3n rusa <em>elev\u00f3 de manera efectiva, real, a las clases oprimidas al poder pol\u00edtico<\/em>, <em>a tomar en sus manos el manejo de los asuntos de la sociedad<\/em>. Y m\u00e1s all\u00e1 de todos los problemas y las contradicciones \u2013algunas, de tremendas consecuencias, como veremos luego\u2013, lo que ning\u00fan testigo honesto de la revoluci\u00f3n en sus primeros a\u00f1os pudo dejar de admitir, es que signific\u00f3 un cambio social tremendo y una verdadera <em>liberaci\u00f3n <\/em>para millones de personas del yugo de sometimiento al que estaban atadas.<\/p>\n<p><em>Por esto mismo, la revoluci\u00f3n no fue un simple cambio de elenco pol\u00edtico gobernante: fue la sacudida social m\u00e1s poderosa de la historia<\/em>. Expuls\u00f3 a los capitalistas para poner al frente de las f\u00e1bricas a sus obreros. Dispers\u00f3 o dej\u00f3 librados a la furia contenida de los campesinos a los grandes terratenientes que los explotaban. Quebr\u00f3 el Estado zarista e hizo desaparecer todo un denigrante sistema de jerarqu\u00edas, con prerrogativas que ven\u00edan de siglos. Elimin\u00f3 el anacronismo de los t\u00edtulos nobiliarios, tal como lo hizo la revoluci\u00f3n francesa, pero fue m\u00e1s all\u00e1: barri\u00f3 con todos los privilegios que no se basaban en la \u201cnobleza de sangre\u201d, sino en la m\u00e1s \u201cdemocr\u00e1tica\u201d posesi\u00f3n de dinero.<\/p>\n<p>Hoy, desgraciadamente, nos resulta casi natural aceptar que el dinero concede ventajas. Por ejemplo, es sabido que en todos los pa\u00edses los ricos que merecen pena de muerte s\u00f3lo sufren c\u00e1rcel, y los que merecen c\u00e1rcel quedan libres. Pues bien, esa manera de razonar qued\u00f3 patas arriba en la revoluci\u00f3n rusa. El pobre dej\u00f3 de ser sospechoso por el mero hecho de serlo; lo que era mal visto era la ostentaci\u00f3n y el lujo individual. El ego\u00edsmo, tan \u201cnatural\u201d en la vida burguesa habitual, pas\u00f3 a ser visto como lo que es: una plaga social. Las reservas inagotables de hero\u00edsmo, solidaridad y sacrificio que son comunes a todas las revoluciones aparecieron en dimensiones a\u00fan mayores en \u00e9sta, <em>la revoluci\u00f3n de las revoluciones<\/em>.<\/p>\n<p>El nacimiento de una nueva sociedad, de una nueva y m\u00e1s noble forma de relaci\u00f3n entre los seres humanos, fue anunciado de una manera que los c\u00ednicos posmodernos de hoy llamar\u00edan, ir\u00f3nicamente, \u201cingenua\u201d, pero cuya fuerza y autenticidad nadie, ni sus m\u00e1s enconados detractores, pudieron negar.<\/p>\n<p>Tan profundo era este sentimiento, esta convicci\u00f3n de estar <em>fundando un nuevo mundo<\/em>, que a ninguno de los grandes revolucionarios de la \u00e9poca, desde las cabezas visibles como Lenin y Trotsky hasta el \u00faltimo entusiasta obrero o campesino de provincias, se le ocurr\u00eda que el sentido de los acontecimientos de Rusia se agotaba en su pa\u00eds. No se trataba de un movimiento ruso, sino de la puesta en marcha del grandioso ej\u00e9rcito universal de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos de todo el mundo. Nadie supon\u00eda que el \u201calba socialista\u201d s\u00f3lo pod\u00eda iluminar a Rusia, sino que, m\u00e1s bien, <em>deb\u00eda extenderse al resto de Europa y al mundo todo<\/em>.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, no hab\u00eda nada de ret\u00f3rica barata ni de demagogia en esto; todo lo contrario, los revolucionarios rusos pusieron la discusi\u00f3n inmediatamente en el plano de los hechos. Recordemos que la revoluci\u00f3n se da en pleno desarrollo de la masacre de pueblos m\u00e1s espantosa que hab\u00eda conocido la historia de la humanidad hasta ese momento: la Primera Guerra Mundial. Esa carnicer\u00eda, que dej\u00f3 10 millones de muertos y 20 millones de heridos \u2013en su gran mayor\u00eda, l\u00f3gicamente, trabajadores, campesinos, gente \u201csencilla\u201d\u2013, hab\u00eda comenzado por una sola raz\u00f3n: la imposibilidad de los imperialismos rivales de dirimir sus disputas de otra manera que por el aplastamiento del otro. Las necesidades geopol\u00edticas, econ\u00f3micas y militares de las potencias imperialistas \u2013que se disputaban en reparto del mundo entre ellas\u2013 se saldaron usando como carne de ca\u00f1\u00f3n a las masas de sus respectivos pa\u00edses.<\/p>\n<p>Frente a este horror, el mensaje de la revoluci\u00f3n rusa hizo sonar el llamado a un destino completamente diferente: \u00a1Basta de matarse entre hermanos trabajadores de distintos pa\u00edses! \u00a1El enemigo est\u00e1 adentro: es la clase capitalista, que manda a los pueblos al matadero! \u00a1Transformar la guerra capitalista en guerra de clases! \u00a1Basta de morir por los intereses de la clase enemiga! \u00a1Paz inmediata, sin anexiones, sin indemnizaciones, sin humillaciones a las naciones peque\u00f1as o derrotadas! \u00a1Los imperialistas negocian a espaldas de las masas, para enga\u00f1ar sus mentes y entregar sus vidas en las trincheras y los gases! \u00a1Abajo la diplomacia secreta: que todos sepan las perrer\u00edas que cometen los gobiernos capitalistas contra sus propios pueblos!<\/p>\n<p>No hace falta subrayar el impacto de este mensaje. En ese entonces como ahora, el imperialismo basaba sus masacres de pueblos y naciones enteras en el enga\u00f1o, la mentira descarada, los secretos de Estado, las manipulaciones de la prensa y la opini\u00f3n p\u00fablica a fin de ganar consenso para una causa miserable.<\/p>\n<p>Esta vibrante voz <em>internacionalista <\/em>no predic\u00f3 en el desierto. Su llamado cal\u00f3 hondo en las masas europeas, empezando a disipar el veneno nacionalista que hab\u00eda nublado el entendimiento de millones de pobres que iban a la guerra a matar a otros pobres para exclusivo beneficio de los ricos. Porque la revoluci\u00f3n rusa no debe concebirse, insistimos, como un proceso social <em>ruso<\/em> que desemboc\u00f3 en una revoluci\u00f3n; por el contrario, s\u00f3lo puede entenderse \u2013y as\u00ed lo hicieron sus contempor\u00e1neos\u2013 como <em>el primer acto de la revoluci\u00f3n socialista internacional<\/em>, cuya escena transcurri\u00f3 en Rusia.<\/p>\n<p>El conflicto real no era de los bolcheviques rusos contra el resto del mundo, sino de <em>la clase trabajadora organizada y los sectores y naciones oprimidas contra el orden capitalista-imperialista<\/em>. La apuesta estrat\u00e9gica de los revolucionarios no era mantenerse dentro de las fronteras de Rusia, sino <em>enterrar<\/em> el capitalismo, la explotaci\u00f3n, los privilegios. A las potencias imperialistas, a las grandes corporaciones, a los banqueros, la revoluci\u00f3n rusa les hizo correr un fr\u00edo mortal por la espalda: lo que estaba en juego no era una buena mano, sino su propia existencia.<\/p>\n<h5>La revoluci\u00f3n rusa molde\u00f3 decisivamente el siglo XX<\/h5>\n<p>Con la sonrisa sobradora de los que se creen triunfadores, los escribas a sueldo del capitalismo dir\u00e1n que de la revoluci\u00f3n rusa no queda nada, salvo en los libros de historia. Los m\u00e1s mediocres de ellos simplemente son ignorantes; los m\u00e1s astutos, en cambio, mienten a sabiendas. <em>Todo el siglo XX es imposible de entender si no es en el marco de la pelea abierta entre el capitalismo imperialista y la amenaza siempre latente de la revoluci\u00f3n socialista<\/em>.<\/p>\n<p>Todos los grandes problemas de la pol\u00edtica y la econom\u00eda internacionales estuvieron te\u00f1idos por el espectro ominoso de la revoluci\u00f3n. Uno de los economistas m\u00e1s l\u00facidos de la clase burguesa, el ingl\u00e9s John Maynard Keynes, lo advirti\u00f3 desde el comienzo mismo del ciclo hist\u00f3rico abierto con la revoluci\u00f3n rusa. Su diagn\u00f3stico era en el fondo muy simple: el socialismo, el comunismo, la cr\u00edtica al capitalismo, se convertir\u00e1n en una fuerza irresistible si el capitalismo sigue mostrando de manera descarada su rostro m\u00e1s brutal, m\u00e1s insensible al sufrimiento de millones, m\u00e1s ciego por el af\u00e1n de lucro a corto plazo. El capitalismo del siglo XX, admit\u00eda Keynes, no ha dado a las masas mucho m\u00e1s que guerras monstruosas, desocupaci\u00f3n, hambre y desesperaci\u00f3n. La revoluci\u00f3n rusa fue una advertencia: si no se cede un poco, se corre el riesgo de perderlo todo. Si el mercado capitalista desbarajusta el tejido social, el Estado capitalista debe intervenir para poner un poco de orden. Esta intervenci\u00f3n no estar\u00e1 de acuerdo con los principios del liberalismo cl\u00e1sico, sin duda, pero \u2013razonaba Keynes\u2013 si la alternativa es la revoluci\u00f3n socialista, la salvaci\u00f3n de nuestros cuellos bien merece una desviaci\u00f3n de la ortodoxia.<\/p>\n<p>El primer ensayo de esta pol\u00edtica fue el \u201cNew Deal\u201d de Roosevelt en EE.UU. en los a\u00f1os 30, en medio de la depresi\u00f3n econ\u00f3mica causada por el crack de Wall Street en 1929. Mientras tanto, en Europa, crec\u00eda una nueva alternativa de c\u00f3mo enfrentar a la amenaza revolucionaria: el fascismo y el nazismo. Conviene recordar, contra la banalizaci\u00f3n de la historia que convierte a Hitler en una especie de psic\u00f3pata exterminador de jud\u00edos, que tanto ideol\u00f3gica como pol\u00edticamente <em>los nazis ve\u00edan como su principal enemigo a las ideas socialistas revolucionarias<\/em> encarnadas en el marxismo. Y que el principal blanco de la ofensiva hitleriana en la Segunda Guerra Mundial no fueron las \u201cdemocracias\u201d capitalistas, sino la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica (que aun con todo lo socavadas que estaban las banderas socialistas bajo la dictadura de Stalin, era vista como la encarnaci\u00f3n viviente del comunismo).<\/p>\n<p>Inversamente, la resistencia a la ocupaci\u00f3n nazi en los pa\u00edses de Europa occidental recay\u00f3 sobre las fuerzas \u201csocialistas\u201d. Y cuando Alemania se rinde, el escenario en Francia, en Italia y otros pa\u00edses, estaba ocupado por ellas. Otra vez, como al fin de la guerra mundial anterior, un sudor fr\u00edo recorri\u00f3 las frentes del gran capital: \u00bfes que acaso la derrota de Hitler terminar\u00eda en m\u00e1s pa\u00edses \u201csocialistas\u201d?<\/p>\n<p>No ocurri\u00f3 estrictamente as\u00ed, por varias razones; la primera de ellas, que los partidos comunistas de Europa occidental, orientados por Mosc\u00fa, no ten\u00edan ya esa perspectiva de revoluci\u00f3n socialista internacional de los fundadores del estado sovi\u00e9tico, sino que eran meros peones al servicio de la estrategia de Stalin de la \u201ccoexistencia\u201d pac\u00edfica y el \u201canillo de seguridad\u201d en torno de la URSS (los pa\u00edses de Europa oriental). Y si es un hecho que hubo inmensas revoluciones democr\u00e1ticas, nacionales, antiimperialistas y anticapitalistas en pa\u00edses coloniales de dimensi\u00f3n continental como China (1949), estos procesos no alcanzaron a transformarse en aut\u00e9nticas revoluciones socialistas en ausencia de la clase obrera y de organismos de poder de los propios trabajadores en el centro mismo de estos acontecimientos.<\/p>\n<p>En estas condiciones, este \u201creparto del mundo\u201d consagrado en la Conferencia de Yalta en 1945 entre \u201cOccidente\u201d \u2013los pa\u00edses imperialistas y sus colonias y semicolonias\u2013 y el \u201cbloque socialista\u201d (la URSS y Europa del Este), desde el punto de vista del marxismo de Lenin y Trotsky fue <em>un compromiso miserable, una traici\u00f3n completa a los intereses de la revoluci\u00f3n internacional<\/em>, que le dio aire renovado al capitalismo. Al orden imperialista, a su vez, este \u201cacuerdo de circunstancias\u201d le permiti\u00f3 <em>desembarazarse, por todo un per\u00edodo, de la amenaza de una revoluci\u00f3n socialista <\/em>en los pa\u00edses centrales, amenaza que era bien concreta en pa\u00edses como Italia, Francia y Grecia a la salida de la guerra.<\/p>\n<p>Pero esta \u201ctranquilidad\u201d tuvo que <em>comprarla a un buen precio<\/em>: la puesta en marcha de lo que se llam\u00f3 el \u201cEstado de bienestar\u201d, sobre todo entre los estados capitalistas imperialistas. Esto es, de una serie de <em>concesiones y medidas \u201csociales\u201d<\/em> \u2013que son a la vez conquistas del movimiento obrero\u2013 que representaron una \u201cprotecci\u00f3n\u201d in\u00e9dita de las condiciones de vida y de trabajo de millones. Hoy, quiz\u00e1 la mayor\u00eda de los j\u00f3venes no conocen que aspectos fundamentales de la vida social y laboral que todos consideraban \u201cnaturales\u201d tienen su origen en el <em>terror p\u00e1nico<\/em> de la clase capitalista a la posibilidad de la reedici\u00f3n de un proceso revolucionario como el de Rusia en 1917 en sus propios pa\u00edses.<\/p>\n<p>En efecto: \u00bfpor qu\u00e9 hubo legislaci\u00f3n laboral, derechos sindicales y de organizaci\u00f3n de los trabajadores dentro de la empresa, vacaciones pagas, aguinaldo, retiros y pensiones, seguridad social y muchos otros derechos adquiridos a lo largo de d\u00e9cadas, aunque el capitalismo ha intentado socavarlos desde fines de los 70? La primera respuesta remite a las luchas del movimiento obrero y popular por conquistarlos, reafirmarlos y defenderlos. Pero, en el fondo, todas o la gran mayor\u00eda de esas conquistas \u2013hoy seriamente comprometidas\u2013 que disfrutaron las generaciones anteriores a la nuestra, s\u00f3lo pod\u00edan entenderse como consecuencia mediata o inmediata del <em>horror a la revoluci\u00f3n<\/em> inoculado a la clase burguesa durante d\u00e9cadas por la revoluci\u00f3n socialista rusa.<\/p>\n<h5>Las dificultades del bolchevismo y la contrarrevoluci\u00f3n estalinista<\/h5>\n<p>La potencia y actualidad hist\u00f3ricas del Octubre ruso pueden medirse tambi\u00e9n, parad\u00f3jicamente, por el hecho de que su influjo m\u00e1s directo, espont\u00e1neo y conciente, de que el esplendor sin mancha de la revoluci\u00f3n, duraron en verdad s\u00f3lo unos pocos a\u00f1os, acaso menos de una d\u00e9cada. Es sabido que el principal dirigente de la revoluci\u00f3n y del partido bolchevique, Lenin, muri\u00f3 poco m\u00e1s de seis a\u00f1os despu\u00e9s del triunfo de 1917. Y que desde el minuto uno del poder sovi\u00e9tico los revolucionarios se vieron sometidos a inmensas presiones, problemas y desaf\u00edos, en todos los casos de naturaleza in\u00e9dita y para los que no hab\u00eda \u201cmanual de instrucciones\u201d como certeramente se\u00f1alara Rosa Luxemburgo.<\/p>\n<p>En verdad, los obst\u00e1culos a los que debieron hacer frente los revolucionarios rusos estaban a la altura de la grandiosa tarea que buscaban acometer, ya que fueron igualmente gigantescos. Entre 1918 y 1921, los ej\u00e9rcitos contrarrevolucionarios de la burgues\u00eda rusa (los \u201cblancos\u201d), sumados a los de nada menos que 14 potencias imperialistas \u2013incluso luego de finalizada la Primera Guerra Mundial\u2013 intentaron terminar con la experiencia sovi\u00e9tica. Aunque dejaron al pa\u00eds exhausto de recursos materiales y humanos, no lo lograron, y el cuarto aniversario de Octubre vio a la Rusia revolucionaria sostener orgullosamente la bandera del socialismo con una situaci\u00f3n militar consolidada.<\/p>\n<p>No obstante, el frente militar era s\u00f3lo uno de los problemas, el de la supervivencia inmediata frente a los enemigos interiores y exteriores. Menos acuciante, pero con mayores consecuencias, fue la sangr\u00eda de hombres y mujeres de la primera l\u00ednea revolucionaria, cuadros de las organizaciones obreras, de los sindicatos, de los soviets y del partido bolchevique, que cayeron en la defensa de la revoluci\u00f3n. Ese material humano valios\u00edsimo no pudo ser reemplazado y termin\u00f3 abriendo la puerta al ingreso a las filas dirigentes y del partido todo de personas no probadas en la lucha revolucionaria y poco consustanciadas con las ideas socialistas, cuando no arribistas o intrigantes.<\/p>\n<p>En todo caso, el factor m\u00e1s negativo para el devenir de la revoluci\u00f3n rusa fue su aislamiento internacional. Se daba as\u00ed una situaci\u00f3n altamente parad\u00f3jica: un proceso revolucionario concebido desde el inicio como la chispa inicial de una conflagraci\u00f3n continental y mundial se ve\u00eda confinada a sus propias fronteras, como resultado del retroceso de los procesos revolucionarios que podr\u00edan haber alimentado la llama del socialismo en Europa. La derrota de los levantamientos revolucionarios en Alemania (1919, 1921 y 1923), de la ef\u00edmera rep\u00fablica sovi\u00e9tica h\u00fangara (1919), de la agitaci\u00f3n obrera en Italia (aplastada en 1922 bajo la bota fascista de Mussolini), y, m\u00e1s tarde, ya con Stalin como \u201cgran organizador de derrotas\u201d, de la huelga general en Inglaterra (1926, la \u00faltima en ese pa\u00eds hasta la fecha) y de la revoluci\u00f3n china (1927, en la que, a diferencia de la de 1949, el centro de la insurrecci\u00f3n fue la clase obrera industrial, en particular Cant\u00f3n-Shanghai) dej\u00f3 a la Rusia sovi\u00e9tica sin puntos de apoyo s\u00f3lidos en el movimiento internacional, m\u00e1s all\u00e1 del crecimiento de los partidos comunistas y de la corriente masiva de simpat\u00eda por la revoluci\u00f3n en las masas.<\/p>\n<p>Este contexto general es el que permite comprender las <em>fuerzas sociales actuantes<\/em> detr\u00e1s del proceso de retroceso primero y de lisa y llana degeneraci\u00f3n despu\u00e9s de la experiencia sovi\u00e9tica, que diera lugar a un proceso no previsto en esas dimensiones de burocratizaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n, que termin\u00f3 socav\u00e1ndola hasta sus cimientos m\u00e1s profundos.<\/p>\n<p>A partir de la muerte de Lenin \u2013si bien algunos elementos del proceso se esbozaban desde antes; incluso el propio Lenin, ya gravemente enfermo, los hab\u00eda advertido e intent\u00f3 combatirlos\u2013, se da en el interior de las instituciones revolucionarias, y en primer lugar en el propio partido, una encrucijada<em> crucial<\/em>. \u00bfHacia d\u00f3nde ir: mantener el rumbo estrat\u00e9gico marxista \u201ccl\u00e1sico\u201d, el del horizonte de la revoluci\u00f3n socialista mundial, a la vez que se profundizaba el impulso a la transformaci\u00f3n del conjunto de las relaciones sociales heredadas del capitalismo? \u00bfO, m\u00e1s bien, en el marco de que la lucha de clases internacional no resultaba \u201cfavorable\u201d, dedicarse a una supuesta \u201cedificaci\u00f3n socialista\u201d <em>a como d\u00e9 lugar<\/em> fronteras adentro de la URSS y orientar al movimiento comunista internacional en la defensa de esa perspectiva? El sector socialista revolucionario encabezado por Le\u00f3n Trotsky adopt\u00f3 la primera postura; la fracci\u00f3n liderada por Stalin, la segunda.<\/p>\n<p>Pronto se vio que ambos puntos de vista no s\u00f3lo eran irreconciliables sino que te\u00f1\u00edan con su propia l\u00f3gica <em>social y pol\u00edtica<\/em> al <em>conjunto<\/em> de los problemas de la revoluci\u00f3n rusa. As\u00ed, la idea del \u201csocialismo en un solo pa\u00eds\u201d (Stalin) implicaba no s\u00f3lo el abandono de la estrategia revolucionaria internacional, sino la conversi\u00f3n de la Internacional Comunista en un mero ap\u00e9ndice de la pol\u00edtica exterior de la URSS (por lo cual fue finalmente disuelta en 1943); la pol\u00edtica de concesiones a los campesinos ricos, a los que se conceb\u00eda como el n\u00facleo privilegiado de la \u201cacumulaci\u00f3n socialista\u201d (hasta el \u201cgiro\u201d al Plan Quinquenal y la \u201ccolectivizaci\u00f3n forzosa\u201d, con su secuela de represi\u00f3n brutal), y el sofocamiento de la vida interna democr\u00e1tica del partido, de los soviets, de las organizaciones obreras, as\u00ed como el creciente control burocr\u00e1tico-policial general sobre la vida social.<\/p>\n<p>De lo que se trataba, por supuesto, era no de una \u201cdiferencia de personalidades\u201d o de una \u201clucha por el poder\u201d entre bambalinas. \u00c9se es el punto de vista penosamente <em>superficial<\/em> de toda una serie de \u201csoviet\u00f3logos\u201d aficionados, incapaces de ver en el triunfo de la fracci\u00f3n estalinista otra cosa que la \u201chabilidad\u201d de Stalin para tejer alianzas, el \u201ccar\u00e1cter intransigente\u201d de Trotsky y tonter\u00edas por el estilo. Lo que estaba en marcha en la Rusia sovi\u00e9tica era un <em>proceso no s\u00f3lo pol\u00edtico sino tambi\u00e9n social contrarrevolucionario<\/em>, alimentado por el <em>aislamiento<\/em> y el <em>atraso<\/em> econ\u00f3mico y cultural de la sociedad rusa, en condiciones de retroceso de la revoluci\u00f3n socialista internacional, y luego de que la flor y nata de una generaci\u00f3n de revolucionarios fuera diezmada por la guerra civil y exterior de 1918-1921.<\/p>\n<p>Esta \u201creacci\u00f3n social\u201d a la revoluci\u00f3n dentro de sus mismas filas no era en s\u00ed mismo un fen\u00f3meno in\u00e9dito en la historia. Las revoluciones son tremendas \u201cdevoradoras\u201d de energ\u00edas y de hombres, y al entusiasmo de las primeras oleadas revolucionarias puede suceder un conservadurismo que se apoya sobre el inmenso desgaste f\u00edsico, psicol\u00f3gico y social del impulso inicial para proponer \u201cun poco de orden y tranquilidad\u201d. As\u00ed sucedi\u00f3 en la gran revoluci\u00f3n francesa, y es por analog\u00eda con ese proceso que Trotsky llam\u00f3 \u201cTermidor sovi\u00e9tico\u201d a las fuerzas sociales encabezadas por la fracci\u00f3n de Stalin. Fue el triunfo de los bur\u00f3cratas sobre los revolucionarios y la vanguardia obrera; de los administradores sobre los pol\u00edticos, de los chauvinistas rusos sobre los internacionalistas y defensores de los derechos de autodeterminaci\u00f3n nacional; de los conformes con el <em>statu quo<\/em> sobre quienes pretend\u00edan continuar revolucionando las relaciones sociales. Un proceso \u201clento, rastrero y envolvente\u201d que termin\u00f3 afectando todas las esferas de la nueva sociedad en construcci\u00f3n. Del estado obrero con deformaciones burocr\u00e1ticas se pasaba a uno <em>\u201cburocr\u00e1tico con restos proletarios y comunistas\u201d<\/em>, como definiera el revolucionario ucraniano Christian Rakovsky.<\/p>\n<p>Desgraciadamente, este proceso de degeneraci\u00f3n no hizo m\u00e1s que profundizarse a lo largo de la d\u00e9cada del 30. El contexto pol\u00edtico internacional iba en el sentido de la contrarrevoluci\u00f3n: al ascenso de Hitler al poder y el consiguiente aplastamiento de la clase obrera alemana (la m\u00e1s poderosa de Occidente y en la cual todos los marxistas europeos ten\u00edan depositadas sus mayores esperanzas) le siguieron la derrota de la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola a manos del fascismo de Franco y otras. En ambos casos, Stalin cumpli\u00f3 el escandaloso rol de entregador contrarrevolucionario, terminando de liquidar, al tiempo, a la Internacional Comunista y todos sus partidos como organizaciones revolucionarias.<\/p>\n<p>Fue en este marco que la creciente capa social de bur\u00f3cratas, funcionarios y advenedizos cuyos intereses representaba Stalin, termin\u00f3 por ocupar todos los \u00f3rganos de poder en el Estado sovi\u00e9tico. La clase obrera fue desplazada de los soviets y reducida al papel de cumplir las \u00f3rdenes emanadas desde las altas esferas, y su partido, el partido bolchevique, fue convertido en una c\u00e1scara vac\u00eda, una estructura que utilizaba su glorioso pasado como un ritual de admisi\u00f3n o de exclusi\u00f3n, y del cual desapareci\u00f3 hasta el menor atisbo de debate real o procesamiento de diferencias pol\u00edticas. Trotsky fue expulsado de la URSS a comienzos de 1929 y la inmensa mayor\u00eda de los miembros de la Oposici\u00f3n de Izquierda marcharon deportados hacia los confines m\u00e1s remotos del inmenso pa\u00eds.<\/p>\n<p>La riqueza de la vida social, pol\u00edtica y cultural posterior a Octubre \u2013por ejemplo, no hay estudio sobre el tema que deje de se\u00f1alar la incomparable explosi\u00f3n de vanguardias art\u00edsticas y de libertad creadora en todos los \u00f3rdenes\u2013 se transform\u00f3 en su contrario: el servilismo, la censura y la delaci\u00f3n bajo el r\u00e9gimen del terror a la polic\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Si hay un s\u00edmbolo de la degeneraci\u00f3n-destrucci\u00f3n del partido de Lenin, la organizaci\u00f3n m\u00e1s revolucionaria que haya conocido la humanidad, ese s\u00edmbolo son los tenebrosos Juicios de Mosc\u00fa (1936-1938), en los cuales el 90% de los revolucionarios que hab\u00edan formado parte del Comit\u00e9 Central del partido bolchevique en 1917 fue sometido a una parodia de juicio, con pruebas fraguadas y confesiones forzadas mediante la tortura f\u00edsica y psicol\u00f3gica, para demostrar que todos ellos eran \u201ccontrarrevolucionarios\u201d, \u201cesp\u00edas a sueldo de potencias extranjeras\u201d, \u201cagentes de la burgues\u00eda internacional\u201d o, lo que representaba el mayor y m\u00e1s tremendo de los\u00a0 estigmas, \u201ctrotskistas\u201d. Las repulsivas cartas de \u201cconfesi\u00f3n de cr\u00edmenes contrarrevolucionarios\u201d y promesas de fidelidad al \u201cl\u00edder del proletariado mundial, el camarada Stalin\u201d (las de Nicol\u00e1s Bujarin son un alto exponente de esto) representan abismos de abyecci\u00f3n y destrucci\u00f3n de la personalidad s\u00f3lo comparables a los del nazismo o las abjuraciones de los acusados por la Inquisici\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin duda, a esa altura nada permit\u00eda suponer un hilo de continuidad hist\u00f3rica entre Octubre y el verdadero bolchevismo, por un lado, y las monstruosidades del r\u00e9gimen estalinista, por el otro. Sin embargo, en una operaci\u00f3n ideol\u00f3gica muy conveniente para ambos, tanto el imperialismo como el estalinismo estuvieron de acuerdo en mostrar a \u00e9ste \u00faltimo como leg\u00edtimo heredero de la revoluci\u00f3n rusa. La burocracia sovi\u00e9tica pudo as\u00ed, durante d\u00e9cadas, administrar en su favor el prestigio de la mayor revoluci\u00f3n de la historia, mientras que los capitalistas y sus defensores ideol\u00f3gicos pudieron, en el mismo lapso, identificar toda iniciativa revolucionaria, todo reclamo del acervo marxista, con la KGB, los campos de concentraci\u00f3n y la dictadura del partido \u00fanico. Ambos sacaron su tajada; la gran perdedora fue la tradici\u00f3n socialista y revolucionaria del movimiento obrero y la izquierda marxista.<\/p>\n<p>Pero es precisamente en este contexto donde resaltan las dimensiones <em>hist\u00f3rico-universales<\/em> de la obra emprendida por Le\u00f3n Trotsky en aquella d\u00e9cada aciaga, la bien llamada \u201cnoche del siglo XX\u201d. Porque contra viento y marea, contra la acci\u00f3n conjunta del estalinismo, la socialdemocracia y las potencias imperialistas que hicieron de \u00e9l una persona sin visa de ingreso en ning\u00fan pa\u00eds, tuvo el valor y la capacidad de <em>dar<\/em> <em>continuidad <\/em>a la tradici\u00f3n del marxismo cl\u00e1sico y revolucionario. Correspondi\u00f3 a Trotsky y al pu\u00f1ado de revolucionarios socialistas en torno a \u00e9l, entre los que resalta su hijo Le\u00f3n Sedov, Rakovsky a pesar de su posterior capitulaci\u00f3n y tantos otros, el haber puesto los cimientos y llevado a cabo la fundaci\u00f3n de la IV Internacional, m\u00e1s all\u00e1 de los contratiempos y limitaciones que haya podido tener. Porque el movimiento trotskista, pese a todos sus avatares, ha expresado a lo largo de todas las \u00faltimas d\u00e9cadas la continuidad organizada del socialismo revolucionario, y tiene el desaf\u00edo en este siglo XXI que comienza de hacerse una fuerza material entre las masas obreras y populares del mundo.<\/p>\n<p>Y esto es posible porque el derrumbe de los reg\u00edmenes estalinistas en 1989-1991, aunque al principio llenara de desaz\u00f3n a miles de luchadores y militantes de izquierda que asist\u00edan al colapso de lo que \u2013equivocadamente\u2013 asimilaban a alguna clase de \u201csocialismo\u201d, en un sentido <em>ayud\u00f3 a aclarar la escena ideol\u00f3gica<\/em>. Nunca m\u00e1s, desde la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn, podr\u00e1 identificarse a la aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n socialista con el Estado burocr\u00e1tico; nunca m\u00e1s podr\u00e1 admitirse que se llame \u201csocialista\u201d a la represi\u00f3n contra los trabajadores y los sectores oprimidos; nunca m\u00e1s podr\u00e1 llamarse \u201cEstado de los obreros\u201d a un pa\u00eds donde los trabajadores siguen sufriendo \u2013bajo formas originales, aunque tributarias del capitalismo\u2013 la explotaci\u00f3n de su trabajo y no tienen libertad para organizarse, para discutir, para decidir. Es la <em>genuina perspectiva socialista<\/em>, libre del repulsivo manto estalinista, la que est\u00e1 en condiciones de ponerse en pie nuevamente como <em>alternativa a un orden capitalista cada vez m\u00e1s destructivo y brutal<\/em>.<\/p>\n<h5>Revoluci\u00f3n en el siglo XXI<\/h5>\n<p>La sola palabra \u201crevoluci\u00f3n\u201d siempre tuvo el m\u00e9rito de no dejar a nadie indiferente. La revoluci\u00f3n social tiene quienes la defienden y quienes la odian, quienes la desean y quienes la temen; s\u00f3lo en los \u00faltimos a\u00f1os tom\u00f3 forma una postura de rechazo ir\u00f3nico. Pero en el fondo, incluso el desd\u00e9n posmoderno por la idea misma de revoluci\u00f3n puede explicarse en t\u00e9rminos de la visi\u00f3n marxista de la historia de la lucha de clases.<\/p>\n<p>En efecto, probablemente los primeros voceros del cinismo individualista y de la renuncia a toda intenci\u00f3n de \u201ccambiar el mundo\u201d fueron aquellos que m\u00e1s ciegamente hab\u00edan adherido a la parodia de \u201csocialismo\u201d de la URSS y los pa\u00edses del Este europeo. Con la furia de los conversos, estos desencantados (o, mejor dicho, quebrados) se libraron de todo su resentimiento por los a\u00f1os dedicados a una causa innoble \u201cdescubriendo\u201d que, en realidad, esa causa nunca hab\u00eda existido. Su voz resultaba tanto m\u00e1s persuasiva cuanto que no ven\u00eda del lado de los enemigos tradicionales de la revoluci\u00f3n sino de quienes se hab\u00edan proclamado \u201crevolucionarios\u201d durante d\u00e9cadas. La derrota de <em>su<\/em> falsa alternativa \u201csocialista\u201d se convert\u00eda, para ellos, en la derrota de <em>toda<\/em> idea de transformaci\u00f3n revolucionaria. Para no hablar de los que, directamente, se pasaron al bando de los defensores de la \u201cdemocracia liberal\u201d a cambio de puestos en el Estado, de prestigio, de dinero&#8230; No vale la pena hacer nombres; en todos los pa\u00edses puede se\u00f1alarse a estos \u201crevolumercenarios\u201d.<\/p>\n<p>Pero no fueron \u00e9stos los \u00fanicos que quedaron golpeados luego de recibir unos escombros del Muro de Berl\u00edn en la cabeza. El \u201cfracaso del socialismo\u201d y las transformaciones del capitalismo actual, con la mundializaci\u00f3n\/globalizaci\u00f3n en primer lugar, sirvieron de coartada para un discurso pol\u00edtico impensable hace unos a\u00f1os: decirse \u201cde izquierda\u201d&#8230; pero <em>sin tocar la propiedad privada ni el mercado<\/em>. Son los que llaman \u201crevoluci\u00f3n\u201d a subir un impuesto progresivo, o a repartir mejor el ingreso global, o a disminuir los \u00edndices de pobreza. Y proponen lograr esos objetivos desde el Estado <em>actual<\/em>, es decir, <em>capitalista<\/em>, s\u00f3lo que \u201creform\u00e1ndolo\u201d e imprimi\u00e9ndole un sello pol\u00edtico \u201cprogresista\u201d. L\u00f3gicamente, nadie se opone a los logros parciales; s\u00f3lo que pretender que el sentido de \u201crevoluci\u00f3n\u201d sea hoy pelear <em>por eso y nada m\u00e1s que por eso<\/em>, <em>renunciando<\/em> por \u201cut\u00f3pica\u201d o \u201canacr\u00f3nica\u201d a la perspectiva <em>anticapitalista y socialista<\/em>, es una falsificaci\u00f3n ideol\u00f3gica y un enga\u00f1o pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Restaurar el sentido de la palabra \u201crevoluci\u00f3n\u201d es tanto m\u00e1s acuciante hoy cuando, a diferencia de los 90, existe un <em>fuerte descr\u00e9dito del orden capitalista y una creciente conciencia de sus consecuencias<\/em>. La legitimidad y consenso del \u201cneoliberalismo\u201d fueron tremendamente erosionadas por el surgimiento del movimiento \u201caltermundialista\u201d en Seattle y por las profundas rebeliones en Am\u00e9rica Latina a principios de este siglo que echaron por la fuerza a una serie de gobiernos de ese signo. Una amplia franja de luchadores obreros, sociales y estudiantiles coincide en que hay que buscar una alternativa. Pero hay menos coincidencias en cuanto a <em>con qu\u00e9<\/em> reemplazar al r\u00e9gimen actual y <em>c\u00f3mo<\/em> imponer el nuevo.<\/p>\n<p>Es por eso que pudieron florecer proyectos pol\u00edticos que se presentaban como la \u201crevoluci\u00f3n posible\u201d, esto es, adorn\u00e1ndose con plumaje \u201cizquierdista\u201d pero sin ninguna voluntad de cuestionar los n\u00facleos fundamentales de la propiedad y del poder capitalista. Un ejemplo conocido en Am\u00e9rica Latina de esas formas \u201crevolucionarias\u201d que no cambian nada fue lo que se dio en llamar el \u201c<em>Presupuesto participativo<\/em>\u201d, que tuvo su mayor desarrollo en algunas ciudades de Brasil gobernadas por el PT de Lula antes de que \u00e9ste fuera presidente. La mercanc\u00eda ideol\u00f3gica en venta era que la \u201cparticipaci\u00f3n ciudadana\u201d en organismos impulsados por el gobierno pod\u00eda orientar los gastos del Estado capitalista a nivel local. Lo que no dec\u00edan los enamorados de esta \u201crevoluci\u00f3n posible\u201d, \u201cpac\u00edfica\u201d y no violenta, \u201cciudadana\u201d y no de clase, basada en urnas y asambleas, no en la lucha en las calles, es que la \u201cparticipaci\u00f3n\u201d s\u00f3lo resolv\u00eda un porcentaje \u00ednfimo del presupuesto estatal. La experiencia fue olvidada o, peor a\u00fan, institucionalizada como mecanismo habitual de la \u201cdemocracia\u201d, que consiste en vender a las masas la ilusi\u00f3n de que \u201cdeciden\u201d con su voto.<\/p>\n<p>Otra trampa, otro <em>atajo<\/em> para esquivar la \u201cmaldita revoluci\u00f3n\u201d contra el Estado capitalista es la de \u201ccambiar el mundo sin tomar el poder\u201d, es decir, la idea de que es posible construir otra sociedad y otras relaciones humanas no <em>contra<\/em> el capitalismo sino <em>paralelamente a<\/em> \u00e9l. Seg\u00fan este concepto, la verdadera \u201crevoluci\u00f3n\u201d es la autogesti\u00f3n local, los \u201ccircuitos productivos\u201d ajenos a la competencia del mercado capitalista, los \u201cemprendimientos comunitarios\u201d&#8230; algo que pasa por la nov\u00edsima novedad, pero que en realidad ya era viejo en la \u00e9poca de Marx. Se trata del proyecto de una \u201ccontra-sociedad\u201d, que tiene la ventaja de sonar mucho m\u00e1s \u201catractiva\u201d que la tenaz y laboriosa militancia en la clase trabajadora, pero cuya desventaja es que pasa por alto dos realidades sociales insoslayables: el poder del Estado y la propiedad privada capitalista. Desde las \u201ccomunas autosuficientes\u201d del subcomandante Marcos a las huertas org\u00e1nicas de los autonomistas, todas esas variantes empiezan o terminan <em>negando la necesidad de expropiar a los grandes capitalistas<\/em>. Y <em>si no se expropia los grandes medios de producci\u00f3n, no se puede hacer revoluci\u00f3n social alguna.<\/em><\/p>\n<p>Es lo que sucede, a otro nivel, con otro refugio para desencantados, las ONGs y las entidades de la \u201csociedad civil\u201d. Por bienintencionados que sean sus integrantes y por meritorios que parezcan sus eventuales logros, toda actividad social desarrollada en ese plano s\u00f3lo puede ser parcial, porque le falta el enfoque global que s\u00f3lo da la perspectiva de la lucha por el poder para la clase trabajadora.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n rusa, tambi\u00e9n aqu\u00ed, nos recuerda el sentido profundo del t\u00e9rmino. Revoluci\u00f3n es <em>desalojar del poder del estado a la clase dominante<\/em>. La revoluci\u00f3n no se agota en la conquista del poder \u2013de hecho, su tarea hist\u00f3rica reci\u00e9n <em>comienza all\u00ed<\/em>, en sentido estricto\u2013, pero toda clase que aspire a una verdadera transformaci\u00f3n social <em>no puede menos queproponerse dar ese imprescindible paso<\/em>. Las enso\u00f1aciones de cambio social <em>con<\/em> el Estado capitalista, <em>desde<\/em> \u00e9l o <em>por fuera<\/em> de \u00e9l \u2013sin derribarlo\u2013, son, s\u00ed, definitivamente ut\u00f3picas en el peor sentido de la palabra: <em>jam\u00e1s suceder\u00e1n<\/em>. En ese sentido, una famosa m\u00e1xima de Lenin resulta no menos, sino <em>mucho m\u00e1s vigente ahora, <\/em>bajo el capitalismo global cada vez m\u00e1s concentrado y destructivo, que en su \u00e9poca: \u201cFuera del poder, todo es ilusi\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n socialista no regatea con el orden capitalista, no le pide que sea menos explotador, no negocia unos puntos m\u00e1s o menos de desigualdad. Los reformistas \u2013como Hugo Ch\u00e1vez y Evo Morales\u2013 conciben los cambios sociales \u2013<em>que tienen de entrada el l\u00edmite de respetar el Estado, la \u201cdemocracia\u201d y la propiedad capitalista<\/em>\u2013 como un proceso evolutivo de negociaci\u00f3n con los grandes poderes capitalistas e imperialistas. Pero \u00e9stos s\u00f3lo ceden algo cuando temen perder mucho, o todo. Y la revoluci\u00f3n es el opuesto exacto de la l\u00f3gica reformista: es <em>ir por todo<\/em>.. Si no cambia todo, nada cambia.<\/p>\n<p>Entonces, afirmamos que la herencia fundamental de la revoluci\u00f3n rusa, el proyecto de poner el destino de la sociedad en manos de la mayor\u00eda de la sociedad, los trabajadores y los oprimidos, arrebat\u00e1ndole el poder a la minor\u00eda de explotadores, no s\u00f3lo no est\u00e1 \u201cpasada\u00a0 de moda\u201d, ni es una reliquia de tiempos idos, ni un sue\u00f1o para los pr\u00f3ximos siglos: <em>es la necesidad m\u00e1s urgente de la humanidad.<\/em><\/p>\n<p>El car\u00e1cter del capitalismo imperialista globalizado de hoy es cada vez m\u00e1s destructivo, m\u00e1s insensible, m\u00e1s inhumano. No hace falta dar muchas pruebas cuando un ex vicepresidente de EE.UU. \u2013nada menos\u2013 se siente obligado a alertar que la codicia de las empresas multinacionales (y Estados) imperialistas est\u00e1 amenazando con da\u00f1os irreversibles al clima y la fisonom\u00eda del planeta entero. Y no se trata s\u00f3lo de desastres ambientales: el capitalismo rompe r\u00e9cord tras r\u00e9cord de cat\u00e1strofes sociales y humanitarias en todas aquellas regiones del mundo a las que la globalizaci\u00f3n \u201colvida\u201d o que la l\u00f3gica de mercado arrasa sin piedad.<\/p>\n<p>A diferencia de Al Gore y de muchos reformistas, no creemos que sea posible \u201cconvencer\u201d a los grandes empresarios (y Estados, empezando por los propios EE.UU.) de lo malvado de su proceder y de la necesidad de instrumentar cambios que recorten el lucro capitalista. Tanto hubiera valido intentar detener las dos guerras mundiales con apelaciones a los sentimientos humanitarios.<\/p>\n<p>No, el capitalismo no es el r\u00e9gimen social de los hombres de buena voluntad. Todas las lacras sociales y ahora ambientales que trae aparejadas no se solucionar\u00e1n concientizando a los poderosos con libros y videos. Es un r\u00e9gimen que se sostiene sobre la explotaci\u00f3n descontrolada del hombre y de la naturaleza, y ese car\u00e1cter <em>no puede cambiar<\/em>. Est\u00e1 en sus genes hist\u00f3ricos y sociales.<\/p>\n<p>Es por esa raz\u00f3n que toda pretensi\u00f3n de transformaci\u00f3n social \u201cen paz\u201d, \u201cen democracia\u201d, \u201cno violenta\u201d, es s\u00f3lo una ingenuidad o un intento deliberado de enga\u00f1ar. <em>Ning\u00fan cambio profundo y verdadero pudo lograrse jam\u00e1s en la historia sin vencer la resistencia violenta de los privilegiados por el antiguo orden<\/em>. Desde la revoluci\u00f3n francesa hasta la independencia latinoamericana; desde las revoluciones coloniales del siglo hasta las rebeliones populares recientes en nuestro continente; m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de estos procesos hist\u00f3ricos, todos demuestran que las clases dominantes est\u00e1n dispuestas a masacrar si su dominio est\u00e1 en cuesti\u00f3n, y que a esa fuerza hay que oponerle otra fuerza, no la otra mejilla.<\/p>\n<p><em>La revoluci\u00f3n rusa, en ese sentido, es doblemente aleccionadora<\/em>. Por un lado, la insurrecci\u00f3n misma de Octubre fue asombrosamente <em>incruenta<\/em>; tal era la autoridad pol\u00edtica y moral lograda por los bolcheviques en el seno de los obreros, campesinos y soldados que la resistencia propiamente militar del r\u00e9gimen fue comparativamente peque\u00f1a. Por el otro, la casi inmediata <em>reacci\u00f3n<\/em> no s\u00f3lo de la burgues\u00eda rusa sino de las potencias imperialistas fue intentar derrocar el poder de los soviets con invasiones e intervenciones armadas, causando un ba\u00f1o de sangre que dur\u00f3 casi tres a\u00f1os. Ambas situaciones demuestran que no se trata de que los marxistas seamos fan\u00e1ticos de la violencia porque s\u00ed, sino que <em>realmente<\/em> <em>no hay posibilidad<\/em> de que, aun con la inmensa mayor\u00eda del pueblo detr\u00e1s de las fuerzas revolucionarias, la clase capitalista acepte \u201cdemocr\u00e1ticamente\u201d la p\u00e9rdida de sus bienes, sus privilegios y su posici\u00f3n dominante. La \u201cdemocracia\u201d es inviolable para la burgues\u00eda&#8230; mientras le sirva para ganar consenso y legitimidad para su r\u00e9gimen de explotaci\u00f3n<em>. Cuando deja de ser \u00fatil, no tiene ning\u00fan problema en abandonarla por la dictadura m\u00e1s brutal<\/em>. \u00bfHace falta argumentar seriamente esto en Am\u00e9rica Latina? \u00bfHace falta recordar el contraejemplo de Chile bajo Salvador Allende, un frustrado intento de \u201cv\u00eda pac\u00edfica\u201d, no revolucionaria, \u201cdemocr\u00e1tica\u201d, de transformaci\u00f3n social? Puesta a elegir entre los sacrosantos principios de la \u201cdemocracia\u201d y la protecci\u00f3n de la propiedad privada, la burgues\u00eda chilena, con la complicidad absoluta del imperialismo yanqui, optaron por Pinochet para que aplastara a sangre y fuego la amenaza a sus intereses.<\/p>\n<p><em>Los cambios sociales profundos no se logran con votaciones en el Parlamento: hay que impon\u00e9rselos a los poderosos por la v\u00eda de los hechos<\/em>, con la movilizaci\u00f3n de los trabajadores, sus organizaciones, sus luchas y sus aliados<em>. La clase obrera debe tomar el poder pol\u00edtico <\/em>si quiere comenzar a acabar realmente con las injusticias del orden social capitalista:<em> tal es la lecci\u00f3n, positiva y negativa, de la lucha de clases de los \u00faltimos dos siglos.<\/em> Toda otra definici\u00f3n no es m\u00e1s que una mistificaci\u00f3n para conducir las heroicas luchas sociales que ha dado el per\u00edodo reciente a la<em> v\u00eda muerta y tramposa de las \u201cinstituciones\u201d del r\u00e9gimen y el Estado capitalistas<\/em>.<\/p>\n<h5>Socialismo o Barbarie<\/h5>\n<p>Despu\u00e9s de varios a\u00f1os posteriores a 1989, signados por el discurso del \u201cfracaso definitivo del socialismo\u201d \u2013que cal\u00f3 hondo en millones, no hay por qu\u00e9 ignorarlo\u2013, son las mismas consecuencias nefastas del capitalismo globalizado las que vuelven a empezar a poner es escena la alternativa socialista.<\/p>\n<p>Seguramente \u2013aunque discrepamos totalmente con el sentido reformista que \u00e9l le da\u2013 la pr\u00e9dica de Hugo Ch\u00e1vez por el \u201csocialismo del siglo XXI\u201d haya contribuido, al menos en nuestro continente, a plantear nuevamente la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 sociedad diferente a la actual hay que construir.<\/p>\n<p>Pero es necesario, tambi\u00e9n aqu\u00ed, <em>volver a la experiencia m\u00e1s luminosa de socialismo, no a las m\u00e1s oscuras, confusas y desacreditadas<\/em>. Por desgracia, el influjo de las concepciones estalinistas no ha desaparecido tan r\u00e1pidamente como su aparato. Tambi\u00e9n por la influencia del ejemplo de Cuba, es usual al menos en Am\u00e9rica Latina asociar la idea de socialismo a b\u00e1sicamente dos elementos: <em>la mera propiedad estatizada y el r\u00e9gimen de partido \u00fanico<\/em>. No casualmente, se trata de los mismos atributos visibles de la URSS y los dem\u00e1s pa\u00edses del llamado \u201ccampo socialista\u201d. Inclusive, muchos todav\u00eda consideran a China como un pa\u00eds \u201ccomunista\u201d o \u201csocialista\u201d tomando como rasgo decisivo no la prohibici\u00f3n de la propiedad privada capitalista (que en China goza de excelente salud) sino justamente el r\u00e9gimen pol\u00edtico monopolizado por el PC chino.<\/p>\n<p>En otro sentido, a veces se toma la palabra \u201csocialismo\u201d simplemente como sin\u00f3nimo de <em>gobierno de un partido socialdem\u00f3crata<\/em>; o se considera como \u201csocialista\u201d o cercana al socialismo a una pol\u00edtica que, sin tocar en absoluto la propiedad de los grandes capitalistas, proponga una <em>mayor intervenci\u00f3n del Estado<\/em> en la econom\u00eda y \/ o la vida social.<\/p>\n<p>Cuando Ch\u00e1vez se refiere al \u201csocialismo del siglo XXI\u201d \u2013m\u00e1s all\u00e1 de sus pintorescos sincretismos ideol\u00f3gicos de Rosa Luxemburgo y Eva Per\u00f3n, Mart\u00edn Luther King y Lenin, Trotsky y Jesucristo\u2013, en verdad, parece m\u00e1s bien <em>reforzar<\/em> ese prejuicio, ese malentendido, esa <em>concepci\u00f3n err\u00f3nea<\/em> sobre lo que es el socialismo. Porque presenta tal o cual estatizaci\u00f3n como \u201csocialista\u201d \u2013aunque los trabajadores de las empresas en cuesti\u00f3n no tengan nada que ver en las decisiones\u2013, y, lo que es m\u00e1s serio, porque construye un \u201cpartido de Estado\u201d, el PSUV, que aspira a representar a <em>toda<\/em> la poblaci\u00f3n \u201cbolivariana\u201d y que expl\u00edcitamente excluye la posibilidad de vida interna democr\u00e1tica. Todas las decisiones del PSUV pasar\u00e1n por el \u201cl\u00edder supremo\u201d, y en este sentido no se distingue demasiado del Partido Comunista de la URSS bajo Stalin&#8230; o del PC cubano.<\/p>\n<p>Por extendidas que est\u00e9n estas ideas que tienden a identificar \u201csocialismo\u201d con <em>estatismo<\/em> \u2013para muchos liberales, ambos son directamente sin\u00f3nimos\u2013 y, peor a\u00fan, con el <em>control del aparato de Estado por parte de un solo partido<\/em>, una vez m\u00e1s, <em>la experiencia de la revoluci\u00f3n rusa vuelve a poner las cosas en su lugar<\/em>.<\/p>\n<p>Categ\u00f3ricamente, queremos reafirmar que <em>socialismo no es estatismo<\/em> (menos todav\u00eda si ese Estado es capitalista), sino que es la <em>expropiaci\u00f3n de la clase capitalista por parte del movimiento de la clase trabajadora,<\/em> su lucha, sus organizaciones, su conciencia. <em>No hay socialismo ni puede hablarse de \u00e9l en ausencia (o pasividad) del \u00fanico sector que puede darle carnadura social y abrir la transici\u00f3n desde la expropiaci\u00f3n de los capitalistas hacia la socializaci\u00f3n de la producci\u00f3n: la clase obrera<\/em> (entendida en un sentido amplio, pero ubicando como parte central a los trabajadores de la industria).<\/p>\n<p>No hay Estado, l\u00edder, guerrilla ni ej\u00e9rcito que pueda sustituir la autodeterminaci\u00f3n de los trabajadores por intermedio de sus propias organizaciones. El veredicto de la historia es sumario: <em>no hay atajo que valga en la tarea de poner en pie una nueva sociedad<\/em>. La propia degeneraci\u00f3n de la revoluci\u00f3n rusa tuvo como uno de sus factores decisivos, como ya se\u00f1alamos, el retroceso, agotamiento o exterminio de la flor y nata de la clase obrera rusa.<\/p>\n<p>El incomparable movimiento social, pol\u00edtico e ideol\u00f3gico puesto en marcha tras la revoluci\u00f3n rusa s\u00f3lo pod\u00eda sustentarse sobre la <em>movilizaci\u00f3n permanente de la clase obrera<\/em> y de sus sectores m\u00e1s destacados.\u00a0 Actividad que, consecuentemente impulsada y bienvenida por los bolcheviques, no fue una simple creaci\u00f3n de \u00e9stos, sino el resultado de un gigantesco proceso social de <em>desarrollo de la autoorganizaci\u00f3n y de liberaci\u00f3n de las energ\u00edas creativas de las masas oprimidas<\/em>. Algo que es el sello de todas las aut\u00e9nticas revoluciones.<\/p>\n<p>Socialismo es, entonces, lo contrario a las \u00f3rdenes del \u201cpreclaro conductor\u201d a una masa que adhiere pasivamente. Socialismo es lo contrario de la <em>regimentaci\u00f3n y control represivo<\/em> de la vida pol\u00edtica social por el partido de Estado. Los <em>primeros a\u00f1os<\/em> posteriores a la revoluci\u00f3n rusa muestran un panorama opuesto por el v\u00e9rtice al r\u00e9gimen policial del estalinismo en cuanto a la <em>libertad pol\u00edtica, de cr\u00edtica, cultural y en todos los \u00f3rdenes<\/em>. Fue s\u00f3lo con el monstruoso r\u00e9gimen burocr\u00e1tico, asentado sobre la <em>derrota<\/em> de la clase obrera rusa y europea, que el imperialismo pudo orquestar una exitosa campa\u00f1a ideol\u00f3gica que identificaba el socialismo con la falta de libertad.<\/p>\n<p>Es cierto que los bolcheviques y el propio Lenin resolvieron prohibir los partidos opositores y las fracciones internas tras la guerra civil. Esta medida, retrospectivamente, puede verse como un error y una distorsi\u00f3n de un sano r\u00e9gimen socialista. Pero en todo caso \u2013y admitiendo que los bolcheviques deb\u00edan improvisar sobre la marcha y bajo presiones tremendas, en el marco de una experiencia in\u00e9dita donde no todos ser\u00edan aciertos\u2013, jam\u00e1s se present\u00f3 la decisi\u00f3n como algo m\u00e1s que una medida <em>temporaria<\/em>, y a nadie, salvo luego a la fracci\u00f3n estalinista, se le ocurri\u00f3 que pod\u00eda transformarse en \u201cprincipio\u201d <em>permanente<\/em>.<\/p>\n<p>De hecho, tanto Lenin poco despu\u00e9s como Trotsky, a lo largo de la d\u00e9cada del 20 hasta su expulsi\u00f3n de la URSS y luego en el exilio, insistieron \u2013ante el creciente avance de la burocratizaci\u00f3n, de la diferenciaci\u00f3n social, de la fusi\u00f3n de las estructuras del partido bolchevique con las del Estado\u2013 en que la \u00fanica salida consist\u00eda en <em>devolver al partido y a los soviets, a las organizaciones obreras y campesinas, toda su lozan\u00eda y vitalidad, su capacidad de cr\u00edtica, su esp\u00edritu de iniciativa independiente<\/em>. S\u00f3lo el retorno del empuje de la clase obrera y las masas en general \u2013que, por las razones apuntadas, no se produjo\u2013 pod\u00eda evitar lo que finalmente sucedi\u00f3: el reemplazo del poder de la clase trabajadora por el de una casta burocr\u00e1tica privilegiada que operaba <em>en nombre<\/em> del socialismo y del proletariado, pero en los hechos <em>contra<\/em> ambos.<\/p>\n<p>Pero hay otra ense\u00f1anza imperecedera de la revoluci\u00f3n rusa que se combina dial\u00e9cticamente con la anterior. Y es que, a diferencia de las revoluciones burguesas, las revoluciones socialistas no pueden hacerse \u201cespont\u00e1neamente\u201d. El socialismo \u2013contra las ilusiones que se hicieron muchos, amargamente desenga\u00f1ados en los 90\u2013 no es el resultado \u201cobjetivo\u201d de ninguna \u201cley hist\u00f3rica\u201d. La revoluci\u00f3n rusa pudo triunfar, tambi\u00e9n, porque <em>hubo un partido, una organizaci\u00f3n de los socialistas revolucionarios que la previ\u00f3, la prepar\u00f3 y la dirigi\u00f3<\/em>. Ese partido, el bolchevique, no era una organizaci\u00f3n de circunstancias creada para la ocasi\u00f3n, sino el resultado de una <em>construcci\u00f3n de d\u00e9cadas<\/em> de paciente y \u201cgris\u201d actividad, combate pol\u00edtico, sindical e ideol\u00f3gico, formaci\u00f3n de militantes revolucionarios, lucha contra la polic\u00eda zarista y los esp\u00edas, selecci\u00f3n de sus mejores miembros&#8230; Incluso el preludio \u201cespont\u00e1neo\u201d de la revoluci\u00f3n socialista de octubre de 1917, la revoluci\u00f3n de febrero de ese a\u00f1o, tuvo entre sus dirigentes \u2013de manera confusa y poco org\u00e1nica, pero real\u2013 a los cuadros formados por el bolchevismo, como lo se\u00f1alara Trotsky en su <em>Historia de la revoluci\u00f3n rusa<\/em>.<\/p>\n<p>En estas condiciones, marcada a fuego por la experiencia de la revoluci\u00f3n rusa asoma otra ense\u00f1anza, que ha cobrado renovada actualidad a comienzos del siglo XXI contra las modas \u201cantipol\u00edticas\u201d y \u201cantipartidos\u201d que se expresan en vastos sectores de la vanguardia. Y esta lecci\u00f3n es que as\u00ed como no hay socialismo si no tiene una carnadura social propia de ese r\u00e9gimen, la clase trabajadora, tampoco puede haberlo sin una <em>condensaci\u00f3n de las experiencias hist\u00f3ricas y pr\u00e1cticas del movimiento obrero<\/em> ni una <em>s\u00edntesis te\u00f3rica que convierta en estrategia y programa esas ense\u00f1anzas<\/em>. Y es precisamente \u00e9ste el papel que aspira a cumplir un <em>partido socialista revolucionario<\/em>, como lo fue el partido bolchevique. Por supuesto, no fue infalible, no fue perfecto. Pero fue sin duda la organizaci\u00f3n m\u00e1s revolucionaria de la historia, y todos los que militamos por la revoluci\u00f3n y el socialismo tenemos una deuda imposible de saldar con los bolcheviques rusos. Porque <em>demostraron en la pr\u00e1ctica<\/em> que la empresa m\u00e1s grande que se le ha planteado a la humanidad, la de terminar con la explotaci\u00f3n y la opresi\u00f3n del capitalismo y todo r\u00e9gimen de clase y \u201cpasar de la prehistoria humana a la verdadera historia\u201d, no s\u00f3lo es <em>posible, sino que necesita de una preparaci\u00f3n conciente y organizada. <\/em><\/p>\n<p>Y de lo anterior se desprende una tarea de <em>imperiosa necesidad<\/em> para los revolucionarios socialistas: <em>la construcci\u00f3n de organizaciones revolucionarias<\/em> en el seno de los trabajadores y las masas en el actual ciclo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>El socialismo<em> no es seguro ni inevitable<\/em>, como cre\u00edan los que, con el Manual de \u201cmarxismo-leninismo\u201d de la Academia de Ciencias de la URSS en la mano, pensaban que la historia humana segu\u00eda d\u00f3cilmente los dictados burocr\u00e1ticos. Pero <em>tampoco es un sue\u00f1o roto ni un espejismo para incautos<\/em>, como nos quieren convencer los esc\u00e9pticos posmodernos que, como el tren no vino cuando ellos lo esperaban, declaran abolido el ferrocarril. No; es una <em>posibilidad<\/em> que tenemos de tomar el destino hist\u00f3rico en nuestras manos.<\/p>\n<p>La Comuna de Par\u00eds de 1871, la primera experiencia de poder obrero de la historia, dur\u00f3 apenas algo m\u00e1s de dos meses. Termin\u00f3 tr\u00e1gicamente, y fue exhibida por los plum\u00edferos de la burgues\u00eda como la prueba definitiva de que el comunismo y la causa obrera eran un peligroso disparate. Pero no pas\u00f3 en vano; sus lecciones y su legado pasaron a las generaciones siguientes. Entre ellas, las que en octubre de 1917, hace 90 a\u00f1os, pusieron en marcha otra experiencia revolucionaria socialista, mucho m\u00e1s grande, m\u00e1s duradera y con consecuencias mucho mayores.<\/p>\n<p>De ella no queda nada hoy m\u00e1s que sus lecciones. Tal como ocurri\u00f3 con la Comuna, pero multiplicada y globalizada por los medios, la campa\u00f1a de la \u201cmuerte del socialismo\u201d quiere utilizar la tragedia de la revoluci\u00f3n rusa \u2013que tuvo lugar, como vimos, mucho antes de 1989\u2013 para promover la resignaci\u00f3n ante los desastres del capitalismo. El retroceso del movimiento obrero despu\u00e9s de la masacre de la Comuna fue muy grande. Pero las calamidades de la guerra imperialista volvieron a plantear la necesidad de una alternativa socialista, del poder de la clase trabajadora, de la derrota del capitalismo. Y lo hicieron con tanta fuerza que la respuesta fue grandiosa, en Rusia, en 1917, porque hab\u00eda millones de obreros y campesinos dispuestos a pelear por todo, y porque hab\u00eda un partido que se hab\u00eda preparado para eso.<\/p>\n<p>No est\u00e1 escrito en ninguna parte que el movimiento socialista de la clase trabajadora no vaya a ponerse en pie una vez m\u00e1s contra un capitalismo que, hoy en su fase globalizada, se vuelve cada vez m\u00e1s incompatible con el bienestar de las masas, la paz de los pueblos y la existencia misma del entorno natural.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n rusa fue la primera en la historia que mostr\u00f3 al conjunto de la humanidad que el capitalismo, a largo plazo, es <em>la destrucci\u00f3n de la sociedad al servicio del lucro ciego; es la barbarie<\/em>. <em>La revoluci\u00f3n socialista es la \u00fanica acci\u00f3n humana que puede intentar detenerla<\/em>. Y, desde ese punto de vista, es la \u00fanica opci\u00f3n pol\u00edtica <em>realista<\/em> si el criterio supremo debe dejar de ser la salud de los mercados y pasar a ser la satisfacci\u00f3n de las necesidades humanas.<\/p>\n<p>Nuestra Corriente Internacional Socialismo o Barbarie compromete todas sus fuerzas en esta tarea: la de reabrir en el siglo XXI, la perspectiva de la revoluci\u00f3n socialista en el sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico del t\u00e9rmino. Al calor de esa batalla, y en confluencia con otros sectores socialistas revolucionarios consecuentes, apuntamos a poner en pie partidos revolucionarios socialistas nacionales y una organizaci\u00f3n internacional socialista revolucionaria, sea \u00e9sta la IV Internacional refundada o una continuaci\u00f3n hist\u00f3rica de ella en las condiciones actuales.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ver en .PDF El 7 de noviembre se cumplir\u00e1n 90 a\u00f1os de la revoluci\u00f3n rusa. 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