{"id":9147,"date":"1999-12-31T13:51:43","date_gmt":"1999-12-31T16:51:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=9147"},"modified":"2017-01-13T14:17:25","modified_gmt":"2017-01-13T17:17:25","slug":"problemas-de-la-revolucion-y-el-socialismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.socialismoobarbarie.org\/?p=9147","title":{"rendered":"Problemas de la revoluci\u00f3n y el socialismo"},"content":{"rendered":"<p><em>Aprobado por el Comit\u00e9 Central y, posteriormente, por la Conferencia Nacional del MAS reunida en diciembre de 1999.<\/em><\/p>\n<p><strong><u>\u00cdndice<\/u><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#titulo1\"><strong>I- Algunos par\u00e1metros generales de nuestra posici\u00f3n<\/strong><\/a><\/p>\n<p><a href=\"#titulo2\"><strong>II- Reivindicaci\u00f3n y cr\u00edtica de la revoluci\u00f3n rusa<\/strong><\/a><\/p>\n<p><strong><em>\u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/strong><em> Los alcances de Octubre<\/em><\/p>\n<p><em>De la crisis de la Revoluci\u00f3n al estalinismo<\/em><\/p>\n<p><em>Los errores cometidos por los bolcheviques<\/em><\/p>\n<p><em>Una desviaci\u00f3n que hizo, de la necesidad, virtud<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#titulo3\"><strong>III- Por la revoluci\u00f3n socialista y el comunismo<\/strong><\/a><\/p>\n<p><em>Revoluci\u00f3n, socialismo, democracia obrera<\/em><\/p>\n<p><em>La cr\u00edtica al estalinismo y la socializaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p><em>El estado de la burocracia<\/em><\/p>\n<p><em>Estatizaci\u00f3n no es socializaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p><em>Nuevas formas de fetichismo y explotaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#titulo4\"><strong>IV- En torno a la mundializaci\u00f3n<\/strong><\/a><\/p>\n<p><em>\u00bfDel determinismo econ\u00f3mico al&#8230; idealismo?<\/em><\/p>\n<p><em>Algunas consideraciones sobre el sistema mundial de Estados<\/em><\/p>\n<p><em>La mundializaci\u00f3n del capital<\/em><\/p>\n<p><em>Capital, Estado y sociedad civil<\/em><\/p>\n<p><em>Polarizaci\u00f3n si, \u00bfpero cu\u00e1l?<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#titulo5\"><strong>V- Desarrollar la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n<\/strong><\/a><\/p>\n<p><em>El car\u00e1cter y la din\u00e1mica de la revoluci\u00f3n socialista mundial<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 <\/em><em>La revoluci\u00f3n como proceso hist\u00f3rico<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 <\/em><em>Un momento clave en el tiempo hist\u00f3rico de la revoluci\u00f3n: la insurrecci\u00f3n y la lucha por el poder<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0 <\/em><em>La violencia en el proceso revolucionario<\/em><br \/>\n<a name=\"titulo1\"><\/a><\/p>\n<h2><strong>I- Algunos par\u00e1metros generales de nuestra posici\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>El MAS est\u00e1 empe\u00f1ado en renovar y desarrollar la comprensi\u00f3n marxista del mundo en que luchamos y nuestra praxis revolucionaria, con resultados desiguales y manifiestamente insuficientes pero no por ello desde\u00f1ables. Fruto de ello es que nuestras concepciones son hoy, en muchos y significativos aspectos, superadoras de las que sosten\u00edamos a\u00f1os atr\u00e1s. Se trata de un debate en curso, dentro y fuera de nuestra organizaci\u00f3n, pero precisamente por ello consideramos \u00fatil explicitar algunos par\u00e1metros de nuestra posici\u00f3n, como jalones del camino realizado y est\u00edmulo para nuevos progresos en la discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Comenzamos por dejar sentado que nos hemos alejado de las versiones puramente <em>deterministas<\/em> de la historia y muy especialmente de las ilusiones deterministas en la marcha hacia el comunismo. Nos parece evidente, a esta altura de la experiencia hist\u00f3rica, que la acumulaci\u00f3n de \u201ccondiciones materiales\u201d u \u201cobjetivas\u201d no basta para avanzar hacia la emancipaci\u00f3n social. Por el contrario, el peso de las <em>determinaciones<\/em> opera conjuntamente con <em>posibilidades y ocasiones<\/em> (en las que cabe el azar) y las <em>decisiones<\/em> de los hombres, y de este complejo juego surge el devenir hist\u00f3rico. Por tanto, la transici\u00f3n al socialismo y el comunismo no se desarrollar\u00e1 en virtud de alg\u00fan automatismo socio-econ\u00f3mico sino mediante la lucha de clases y la revoluci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n es \u00bfqu\u00e9 clase de revoluci\u00f3n? Aunque volveremos sobre el tema, clarifica la exposici\u00f3n trazar desde ahora un perfil general. <em>Revoluci\u00f3n permanente<\/em>,<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> porque la imbricaci\u00f3n de\u00a0 problemas (por el desarrollo desigual y combinado que une\u00a0 distintas formaciones econ\u00f3mico-sociales bajo las formas antag\u00f3nicas caracter\u00edsticas de la econom\u00eda-mundo capitalista), no permite la resoluci\u00f3n de las diversas tareas (\u201cdemocr\u00e1ticas\u201d, \u201cagrarias\u201d, \u201cnacionales\u201d, etc.) por separado, en t\u00e9rminos de etapas y reg\u00edmenes distintos. Sea cual fuere el punto de arranque, la revoluci\u00f3n debe ser orientada estrat\u00e9gicamente contra la totalidad del sistema imperante y, consecuentemente, hacia los objetivos socialistas, resolviendo sobre la marcha y de manera ininterrumpida los restantes, mediante la movilizaci\u00f3n y el protagonismo consciente de las masas populares autoorganizadas. Sin ello, como la historia muestra, los progresos parciales se descomponen y pasa la iniciativa a manos de la reacci\u00f3n y la contrarrevoluci\u00f3n, que pueden imponer un regreso al anterior estado de cosas, o generar abortos desprovistos de vitalidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La nefasta experiencia del llamado \u201ccampo socialista\u201d justifica precisar: <em>revoluci\u00f3n mundial<\/em>, porque, m\u00e1s que en cualquier otro momento de la historia, el terreno de confrontaci\u00f3n social es planetario, y la suerte de todos los pueblos se encadena a la victoria contra el poder mundial del gran capital imperialista.<\/p>\n<p>Finalmente, en oposici\u00f3n con las concepciones economicistas y sustitutistas que tambi\u00e9n a nosotros nos marcaron, cabe tambi\u00e9n decir r<em>evoluci\u00f3n total<\/em>, porque busca la radical transformaci\u00f3n y superaci\u00f3n de lo econ\u00f3mico y lo pol\u00edtico, movilizando las fuerzas sociales para <em>cambiar la vida <\/em>buscando la emancipaci\u00f3n de la humanidad toda.<\/p>\n<p>Creemos que la alternativa se\u00f1alada por Marx mismo y recogida por los marxistas consecuentes cuando el siglo apenas comenzaba cobra en el presente m\u00e1xima actualidad y dramatismo: <em>socialismo o barbarie<\/em>. Por lo mismo, el desarrollo del marxismo revolucionario se actualiza en relaci\u00f3n con las apremiantes necesidades program\u00e1ticas, estrat\u00e9gicas, ideol\u00f3gicas y culturales con que nos enfrentan los colosales golpes y amenazas que el capitalismo \u201cglobalizado\u201d o \u201cmundializado\u201d asesta, en todo el mundo, a los trabajadores, a la mujer y la juventud, a los millones y millones de seres humanos empujados a o hundidos ya en la pauperizaci\u00f3n. A pesar de luchas incontables y revoluciones de diverso alcance, el gran capital -con la activa colaboraci\u00f3n del estalinismo, la socialdemocracia, los \u201cmovimientos nacionales\u201d y sus aparatos sindicales- logr\u00f3 imponer un retroceso profundo del internacionalismo obrero. Se encerr\u00f3 a los trabajadores de cada pa\u00eds en negociaciones presididas y reguladas por el Estado nacional, concedi\u00e9ndoles, mientras dur\u00f3 el \u201cboom\u201d, reivindicaciones parciales, para atacar luego sector por sector y pa\u00eds por pa\u00eds, desde mediados de los setenta. Hoy se proclama el falso realismo de \u201cno reclamar m\u00e1s de lo que la empresa y el pa\u00eds pueden dar en el contexto de la globalizaci\u00f3n\u201d. Pero la realidad es que el capitalismo, buscando sortear las contradicciones del sistema basado en la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n y aumentar la tasa de explotaci\u00f3n, ingres\u00f3 en una fase que cambi\u00f3 brutalmente las reglas del juego. En el sistema mundial de Estados que se dise\u00f1a, el poder a escala nacional y a\u00fan supranacional est\u00e1 directamente comprometido con los intereses de los grandes grupos financieros rentistas, la fracci\u00f3n ascendente y m\u00e1s agresiva del capital imperialista. Las nuevas condiciones de flexibilizaci\u00f3n, precarizaci\u00f3n, masivo desempleo estructural y desregulaci\u00f3n al servicio de las fracciones m\u00e1s concentradas y parasitarias del capital, permiten un manejo de \u201clos mercados\u201d que maximiza beneficios, pero acumulan en el otro polo inocultables elementos de caos planetario y barbarie, todo lo cual preanuncia confrontaciones sociales de inaudita violencia y magnitud. En este mundo \u201cglobalizado\u201d, los viejos aparatos del movimiento obrero, sus t\u00e1cticas e ideolog\u00eda no s\u00f3lo se muestran manifiestamente in\u00fatiles, sino que hacen sus propios procesos de \u201creconversi\u00f3n\u201d para integrarse a\u00fan m\u00e1s en el sistema. Un ejemplo candente lo da el crecimiento y caracter\u00edsticas del desempleo que incide en el conjunto de las relaciones capital\/trabajo y en la misma cohesi\u00f3n de los trabajadores. Los sindicatos enfeudados al Estado y m\u00e1s comprometidos con la salud de los negocios de la burgues\u00eda en cada pa\u00eds que con la vida de los desempleados, vienen fracasando miserablemente ante esta cuesti\u00f3n vital. Las viejas t\u00e1cticas resultan in\u00fatiles. Estrat\u00e9gicamente, es imposible separar la necesidad de lucha por el salario (o las condiciones de trabajo) en tal o cual sector, de la necesidad de una lucha general por el empleo y la reducci\u00f3n radical de las horas de trabajo sin disminuci\u00f3n del salario y sin flexibilizaci\u00f3n de la mano de obra. Y esta perspectiva implica la cuesti\u00f3n del control obrero, las expropiaciones, el desconocimiento de la deuda y el problema mismo del poder. Asimismo, este combate necesariamente debe plantearse y librarse no s\u00f3lo en cada pa\u00eds, sino tambi\u00e9n internacionalmente, y a nivel de los bloques regionales conformados por el capital.<\/p>\n<p>Evidentemente, existen problemas nuevos y viejos problemas con nuevas dimensiones. Con prop\u00f3sitos meramente ilustrativos, basta mencionar la pauperizaci\u00f3n de las naciones dependientes por parte del tr\u00edpode de potencias imperialistas hegemonizado por Norteam\u00e9rica, pol\u00edticas agresivas contra los inmigrantes, racismo y xenofobia a gran escala, crecimiento explosivo de la miseria y de las m\u00faltiples miserias que afectan la vida de la gente\u00a0 en las grandes ciudades, las nuevas dimensiones de la corrupci\u00f3n a nivel de los estados y los\u00a0 partidos, proyecci\u00f3n hacia otras esferas de inmensos capitales amasados en actividades criminales, los desastres y el impacto ecol\u00f3gico generados por el \u201cprogreso destructivo\u201d, etc. Sin embargo, reconocer condiciones y desaf\u00edos originales no significa que pierdan importancia las lecciones de la historia. Por el contrario, las experiencias y vicisitudes del movimiento obrero internacional deben ser consideradas, como dijera Trotsky, no <em>\u201cs\u00f3lo como hechos objetivos\u201d<\/em>, sino como <em>Experiencias estrat\u00e9gicas del proletariado\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><strong>[2]<\/strong><\/a><\/em>. Se trata de asimilar te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente las derrotas, fracasos y traiciones sufridos por los trabajadores del mundo, para convertirlas en conquistas program\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Es as\u00ed que la cr\u00edtica rigurosa del trabajo destructivo y desmoralizador realizado en el seno de las masas por el estalinismo, la socialdemocracia y los \u201cmovimientos nacionales\u201d tercermundistas, conduce a conclusiones exactamente opuestas a lo que pregonan los izquierdistas domesticados. Por ejemplo, reafirmamos que es imprescindible la abolici\u00f3n de la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n, y advertimos que las vagas promesas de progreso social, evadiendo esta cuesti\u00f3n, ser\u00e1n siempre antesala de gestiones \u00absocialdem\u00f3cratas\u00bb ajustadas a los c\u00e1nones dictados por el gran capital imperialista. Al mismo tiempo, la experiencia estalinista y posestalinista nos lleva a advertir que, aun expropiada la burgues\u00eda, la concentraci\u00f3n de la propiedad econ\u00f3mica en el Estado sin un simult\u00e1neo proceso de socializaci\u00f3n origina nuevas formas de explotaci\u00f3n, parasitismo y anarqu\u00eda (que por una u otra v\u00eda conducen nuevamente al capitalismo). En correspondencia con toda la experiencia del siglo, afirmamos pues la necesidad de la destrucci\u00f3n del Estado burgu\u00e9s evitando el callej\u00f3n sin salida de los Estados burocr\u00e1ticos (o como quiera llamarse a los modelos derivados del estalinismo), as\u00ed como tambi\u00e9n debe evitarse la v\u00eda muerta de proyectos basados en particularismos nacionales o culturales excluyentes.<\/p>\n<p>Esta reflexi\u00f3n sobre nuestra historia no est\u00e1 divorciada de las tareas \u201cconcretas\u201d. Porque el desaf\u00edo que enfrentamos es intervenir en las luchas sociales y pol\u00edticas buscando superar los factores de divisi\u00f3n y fragmentaci\u00f3n que las debilitan, la ideolog\u00eda de que no existe alternativa al capitalismo y el conjunto de representaciones mentales que abonan la falsa l\u00f3gica \u201cposibilista\u201d impuesta por las burocracias y pol\u00edticos de todos los pelajes. Estamos empe\u00f1ados en una elaboraci\u00f3n program\u00e1tica colectiva, basada en la recuperaci\u00f3n y utilizaci\u00f3n del conjunto del patrimonio marxista revolucionario como parte de la experiencia hist\u00f3rica de los trabajadores. Esta praxis compleja se extiende desde las batallas te\u00f3ricas e ideol\u00f3gico-culturales hasta la elaboraci\u00f3n de sistemas de consignas transicionales capaces de cobrar vida en el movimiento real de la lucha de clases; desde el impulso incondicional a la acci\u00f3n directa y la autoorganizaci\u00f3n de las masas hasta la construcci\u00f3n de organizaciones o partidos marxistas revolucionarios capaces de debatir, colaborar y unirse a nivel nacional y mundial para contribuir en la reconstrucci\u00f3n del movimiento obrero como fuerza revolucionaria socialista.<\/p>\n<p>Hay que abolir el capitalismo para escapar de la miseria y barbarie potenciada tecnol\u00f3gicamente, y para terminar con las formas cada vez m\u00e1s sofisticadas y da\u00f1inas de explotaci\u00f3n y alienaci\u00f3n. Tensando las fuerzas contra la oligarqu\u00eda imperial que pretende imponer su \u201cnuevo orden mundial\u201d, se pondr\u00e1n de manifiesto las reservas de solidaridad y abnegaci\u00f3n de los trabajadores, las mujeres, los j\u00f3venes y las masas oprimidas del mundo se enriquecer\u00e1n y diversificar\u00e1n sus tradiciones en combate contra todas las expresiones de racismo y sexismo que lo carcomen&#8230;\u00a0 Tan grandes energ\u00edas y capacidades requieren\u00a0 de un objetivo a su medida: <em>este objetivo es el socialismo y el comunismo<\/em>.<br \/>\n<a name=\"titulo2\"><\/a><\/p>\n<h2><strong>II- Reivindicaci\u00f3n y cr\u00edtica de la revoluci\u00f3n rusa <\/strong><\/h2>\n<p>La cruzada reaccionaria que lleg\u00f3 a proclamar \u201cel fin de la historia\u201d insiste en afirmar que el futuro de la sociedad humana no puede concebirse por fuera del capitalismo. Se pretende que las pretensiones de ir m\u00e1s all\u00e1 de este horizonte no han sido y no pod\u00edan ser m\u00e1s que pesadillas tr\u00e1gicas, y la m\u00e1s tr\u00e1gica habr\u00eda sido la Revoluci\u00f3n Rusa. Rechazamos esta campa\u00f1a construida con mentiras, falsificaciones y generalizaciones abusivas, y nos identificarnos con el impulso emancipador que gest\u00f3 el poder sovi\u00e9tico. Pero esto mismo nos impone hacer un balance riguroso de la experiencia revolucionaria. No basta con justificar y defender la insurrecci\u00f3n de Octubre: es preciso considerar el ejercicio del poder por los bolcheviques, la entronizaci\u00f3n luego de Stalin y la conformaci\u00f3n del \u201ccampo socialista\u201d hasta su ignominioso final, porque es preciso sacar ense\u00f1anzas de estos acontecimientos hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>Si asumimos que <em>la liberaci\u00f3n de los trabajadores ser\u00e1 obra de los trabajadores mismos<\/em>, para proyectar este combate hacia el siglo que viene resulta imprescindible sacar todas las lecciones de lo vivido en el siglo que se acaba. No debemos ignorar las causas materiales, sociales y culturales que contribuyeron al triunfo de la contrarrevoluci\u00f3n estalinista, pero tampoco sirve cerrar los ojos a las contradicciones, marchas, contramarchas e inclusive crasos errores cometidos por la direcci\u00f3n bolchevique.<\/p>\n<p>\u201c<em>Esta actitud cr\u00edtica (la \u00fanica verdaderamente marxista) se opone al determinismo fatalista que ve como <\/em>\u00fanico<em> origen de la degeneraci\u00f3n a las causas objetivas. Estas constituyen evidentemente en \u00faltima instancia <\/em>la base<em> sobre la cual el c\u00e1ncer burocr\u00e1tico se desarroll\u00f3. Pero no explican todo lo que pas\u00f3. Porque con remedios apropiados (pol\u00edticos), el c\u00e1ncer podr\u00eda haber sido frenado en su evoluci\u00f3n o al menos temporal y parcialmente reabsorbido.<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a><\/p>\n<p>Fue el mismo Marx quien destac\u00f3 que las revoluciones proletarias <em>\u00abse critican constantemente a s\u00ed mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parec\u00eda terminado, para comenzarlo de nuevo desde el principio, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos\u00bb<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><strong>[4]<\/strong><\/a><\/em> . La condici\u00f3n, en todo caso, es ejercer una cr\u00edtica rigurosa, lo que tambi\u00e9n significa rechazar generalizaciones arbitrarias, como la sumaria identificaci\u00f3n de la Revoluci\u00f3n Rusa con la Revoluci\u00f3n Francesa (diciendo de paso que la misma Revoluci\u00f3n Francesa no debiera ser \u201cdespachada\u201d a la ligera) las caracterizaciones de Lenin y sus compa\u00f1eros como vulgares pol\u00edticos \u00e1vidos de poder, u hombres de Estado para quienes la revoluci\u00f3n internacional pasaba a un segundo plano&#8230; Para criticar correctamente, es preciso comenzar por reconocer la magnitud y complejidad del acontecimiento.<\/p>\n<p><strong><em>Los alcances de Octubre<\/em><\/strong><\/p>\n<p>La Revoluci\u00f3n Rusa, en primer lugar, sorprendi\u00f3 a los gobiernos imperialistas y sus Estados mayores que, enfrascados en la guerra de barbarie sin precedentes que hab\u00eda comenzado en 1914, tropezaron con el desaf\u00edo frontal de los abominables \u00abrojos\u00bb. Abominables porque las masas desharrapadas hab\u00edan conquistado el poder en Mosc\u00fa y Petrogrado. Abominables porque renegaban de la diplomacia secreta y los tratados internacionales. Abominables porque pregonaban la confraternizaci\u00f3n revolucionaria, con voces que llegaban a masas hartas de la carnicer\u00eda imperialista, y a los humillados pueblos coloniales. Abominables porque se burlaban de las fronteras convocando a todos los perseguidos y proscritos del mundo a un reagrupamiento revolucionario <em>sobre nuevas bases.<\/em><\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n represent\u00f3 tambi\u00e9n un flagrante desmentido del marxismo adocenado de la Segunda Internacional. La Internacional Socialista, la mayor\u00eda de sus l\u00edderes pol\u00edticos e incluso los te\u00f3ricos m\u00e1s prestigiados hab\u00edan dejado de lado la teorizaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n en la \u00e9poca imperialista, limit\u00e1ndose a la consideraci\u00f3n de casos nacionales con criterios m\u00e1s cercanos al del evolucionismo positivista que al legado marxiano (en gran medida desconocido). El economicismo llevaba a postular que los pa\u00edses atrasados deber\u00edan pasar por una obligada etapa de desarrollo capitalista antes de que pudiera vislumbrarse una alternativa socialista, y la apreciaci\u00f3n puramente sociol\u00f3gica de las fuerzas motrices de la revoluci\u00f3n dictaminaba que donde la clase obrera era minoritaria deb\u00eda jugar un rol secundario. Elevando a modelo universal las experiencias de unas pocas naciones europeas, se consideraba que la educaci\u00f3n pol\u00edtica de los trabajadores depend\u00eda centralmente del pasaje obligado por las \u00abescuelas\u00bb del sindicalismo y el parlamentarismo burgu\u00e9s.<\/p>\n<p>Contra ese modelo, los marxistas revolucionarios elaboraron una apreciaci\u00f3n global de la dominaci\u00f3n capitalista &#8211; imperialista del mundo y las contradicciones explosivas que conllevaba, y valoraban la conformaci\u00f3n de una clase obrera mundial capaz de una <em>acci\u00f3n independiente<\/em> de los partidos e instituciones burguesas. Asumieron la <em>actualidad<\/em> de la revoluci\u00f3n proletaria y socialista como posibilidad abierta, y no como resultado \u00abnatural\u00bb de factores objetivos. Y comprendieron tambi\u00e9n que la lucha de las masas, el desarrollo de su conciencia y la formulaci\u00f3n del programa requer\u00edan tambi\u00e9n de la apuesta subjetiva de los revolucionarios, en una labor org\u00e1nica de masas indisociable de la tensi\u00f3n hacia el socialismo.<\/p>\n<p>En las condiciones terribles creadas por los a\u00f1os de guerra, tras el primer embate con el que las masas de Rusia derriban al zarismo y forman los s\u00f3viets en febrero de 1917, los partidos reaccionarios y reformistas se empe\u00f1aron en mantener el cuestionado poder de un heterog\u00e9neo gobierno burgu\u00e9s. Enfrent\u00e1ndolos, Lenin y Trotsky conjugaron renovaci\u00f3n te\u00f3rica y pol\u00edtica revolucionaria: denunciaron que el poder burgu\u00e9s significaba continuaci\u00f3n de la guerra, miseria creciente y sangrientos golpes militares y, formulando en una consigna las profundas aspiraciones populares, dijeron \u00ab\u00a1Todo el poder a los S\u00f3viets!\u00bb.<\/p>\n<p>La insurrecci\u00f3n de Octubre es presentada insistentemente como la manipulaci\u00f3n de una minor\u00eda obsesionada por llegar al poder. Esa leyenda negra fue refutada hace ya mucho por la cr\u00f3nica v\u00edvida y fidedigna de <em>Diez d\u00edas que conmovieron al mundo<\/em>, de John Reed, o la magn\u00edfica reconstrucci\u00f3n hecha por Trotsky en su <em>Historia de la Revoluci\u00f3n Rusa<\/em>. Pero no es in\u00fatil insistir, citando a V\u00edctor Serge: <em>\u00abEl llamado de Lenin a la iniciativa de las masas es constante. Ve en la espontaneidad de las masas la condici\u00f3n indispensable para el \u00e9xito de la acci\u00f3n organizada del partido. El 5 de noviembre firma un llamamiento a la poblaci\u00f3n, invit\u00e1ndola a combatir el sabotaje. La mayor\u00eda del pueblo est\u00e1 con nosotros, nuestra victoria es segura: &#8216;\u00a1Camaradas, trabajadores!: Recordad que de aqu\u00ed en adelante sois vosotros mismos los que administr\u00e1is el Estado. Nadie es ayudar\u00e1 si no os un\u00eds por impulso propio y si no cog\u00e9is en vuestras manos todos los asuntos del Estado. Agrupaos en torno a vuestros s\u00f3viets, dadles solidez. Poned manos a la obra desde abajo, sin esperar que os den se\u00f1al alguna. Inaugurad el orden revolucionario m\u00e1s severo, reprimid implacablemente los excesos an\u00e1rquicos de borrachos y gente de mal vivir, de los junkers contrarrevolucionarios, de los elementos de Kornilov, etc. Estableced el m\u00e1s riguroso control de la producci\u00f3n y proceded al inventario de los productos. Detened y entregad al tribunal del pueblo revolucionario a cualquiera que se atreva a perjudicar a su causa&#8230;&#8217;. Se invita a los campesinos a &#8216;tomar ellos mismos, en el acto, la plenitud del poder&#8217;. &#8216;\u00a1Iniciativa, m\u00e1s iniciativa, siempre iniciativa!&#8217; Tal es el santo y se\u00f1a que Lenin lanza a las masas el 5 de noviembre, a los diez d\u00edas de la insurrecci\u00f3n victoriosa.\u00bb<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><strong>[5]<\/strong><\/a> <\/em>\u00a0<em><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Los bolcheviques alentaron sistem\u00e1tica y consecuentemente que los campesinos tomaran las tierras, que los obreros tomaran el control de las f\u00e1bricas y que los s\u00f3viets de obreros, soldados y campesinos tomaran todo el poder. Con esa orientaci\u00f3n interpretaron y condujeron a las masas en la insurrecci\u00f3n, que fue tambi\u00e9n la mejor convocatoria para que otros pueblos de Europa se levantaran contra la guerra imperialista. As\u00ed, contra lo previsto por viejos libros y prestigiosos ex\u00e9getas como Kautsky y Plejanov, la revoluci\u00f3n socialista pudo comenzar en la atrasada Rusia, donde los obreros pusieron un sello sovi\u00e9tico y emancipador a las revoluciones campesinas y nacionales que se desarrollaron concomitantemente.<\/p>\n<p>Claro que la dial\u00e9ctica recuperada tambi\u00e9n advert\u00eda que esa revoluci\u00f3n deb\u00eda desarrollarse en el terreno internacional y culminar a escala mundial. Con teor\u00edas y formulaciones que no dejaban de tener matices diferentes, en esto coincid\u00edan tanto Lenin y Trotsky como Rosa Luxemburgo. Fue \u00e9sta quien escribi\u00f3: <em>\u00abEl destino de la revoluci\u00f3n en Rusia depend\u00eda totalmente de los acontecimientos internacionales. Lo que demuestra la visi\u00f3n pol\u00edtica de los bolcheviques, su firmeza de principios y su amplia perspectiva es que hayan basado toda su pol\u00edtica en la revoluci\u00f3n proletaria mundial (&#8230;) Todo lo que pod\u00eda ofrecer un partido, en un momento hist\u00f3rico dado, en coraje, visi\u00f3n y coherencia revolucionarios, Lenin, Trotsky y los dem\u00e1s camaradas lo proporcionaron en gran medida. Los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carec\u00eda la socialdemocracia occidental. Su insurrecci\u00f3n de Octubre no s\u00f3lo salv\u00f3 realmente la Revoluci\u00f3n Rusa; tambi\u00e9n salv\u00f3 el honor del socialismo internacional\u00bb<\/em>. <strong>\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong><em>De la crisis de la Revoluci\u00f3n al estalinismo<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Las revoluciones y la guerra siguen cursos sinuosos, imprevisibles, dictados por el choque de las fuerzas sociales y pol\u00edticas enfrentadas. El ejemplo pr\u00e1ctico y las ideas del bolchevismo tuvieron impacto universal, convocaron a millones de enfervorizados adherentes, y la revoluci\u00f3n sacudi\u00f3 el equilibrio del mundo. Pero ello no fue suficiente. El contraataque burgu\u00e9s imperialista, con la colaboraci\u00f3n de los grandes partidos \u00absocial-patriotas\u00bb que conservaban relativo control sobre masas aturdidas a\u00fan por la borrachera chauvinista y la posterior cat\u00e1strofe b\u00e9lica, contuvo y derrot\u00f3 sucesivos alzamientos proletarios, fundamentalmente en Alemania. La revoluci\u00f3n no logr\u00f3 triunfos m\u00e1s all\u00e1 de las inciertas fronteras del Estado sovi\u00e9tico (que variaban seg\u00fan el curso de la guerra contra los ej\u00e9rcitos Blancos e imperialistas) y el nuevo poder march\u00f3 a tientas, entre las exigencias de la supervivencia pol\u00edtica y f\u00edsica y el empe\u00f1o en mantener el rumbo socialista.<\/p>\n<p>No solo debi\u00f3 confrontar un secular atraso, agravado por el pillaje de los contrarrevolucionarios y el derrumbe de la producci\u00f3n, sino tambi\u00e9n el agotamiento de los trabajadores y masas sovi\u00e9ticas tras los a\u00f1os de guerra y el desastre econ\u00f3mico. Era lo que advert\u00eda con notable penetraci\u00f3n Rosa Luxemburgo cuando escribi\u00f3: <em>\u00abNos vemos enfrentados al primer experimento de dictadura proletaria de la historia mundial (que adem\u00e1s tiene lugar bajo las condiciones m\u00e1s dif\u00edciles que se puedan concebir, en medio de la conflagraci\u00f3n mundial y la masacre imperialista, atrapado en las redes del poder militar m\u00e1s reaccionario de Europa, acompa\u00f1ado por la m\u00e1s completa deserci\u00f3n de la clase obrera internacional). Ser\u00eda una loca idea pensar que todo lo que se hizo o dej\u00f3 de hacer en un experimento de dictadura del proletariado llevado a cabo en condiciones tan anormales representa el pin\u00e1culo mismo de la perfecci\u00f3n. Por el contrario, los conceptos m\u00e1s elementales de la pol\u00edtica socialista y la comprensi\u00f3n de los requisitos hist\u00f3ricos necesarios nos obligan a entender que, bajo estas condiciones fatales, ni el idealismo m\u00e1s gigantesco ni el partido revolucionario m\u00e1s probado pueden realizar la democracia y el socialismo, sino solamente distorsionados intentos de una y otro\u201d.<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><strong>[6]<\/strong><\/a><\/em><\/p>\n<p>Lenin y sus compa\u00f1eros improvisaron sobre la marcha medidas a veces contradictorias, ineficaces otras y en muchos casos con efectos imprevistos y da\u00f1inos. El esfuerzo no fue en vano, pues la URSS sobrevivi\u00f3 a la guerra civil y durante esos pocos a\u00f1os vertiginosos la Internacional Comunista realiz\u00f3 cuatro congresos (entre 1919 y 1922). Pero el costo y las contradicciones acumuladas (en t\u00e9rminos no s\u00f3lo econ\u00f3micos, sino tambi\u00e9n humanos, pol\u00edticos y a\u00fan te\u00f3ricos) fue inmenso. Hubo dificultosos debates te\u00f3ricos y duras confrontaciones pol\u00edticas, en una Rusia donde los obreros no lograban ejercer realmente su poder, los S\u00f3viets se hab\u00edan reducidos a una forma vaciada de contenido, el Estado crec\u00eda incontroladamente y se impon\u00eda la prepotencia de una ascendente burocracia. Todo esto hay que decirlo, porque ignorar las contradicciones, los vaivenes e incluso los errores del poder sovi\u00e9tico implica tambi\u00e9n menospreciar las causas materiales y sociales, hist\u00f3ricamente condicionadas, sobre las que pudo montarse Stalin.<\/p>\n<p>Es de subrayar que, en aquellos a\u00f1os, la pretensi\u00f3n de que todo estaba solucionado o en v\u00edas de resolverse era caracter\u00edstica de los hombres del aparato (estatal y partidario) que junto con el crecientemente poderoso \u00abSecretario General\u00bb reclamaban manos libres para administrar \u00absu\u00bb Estado. Muy distintas eran las palabras cada vez m\u00e1s alarmadas y violentas de Lenin. Ya en 1920 hab\u00eda dicho: <em>\u00abEra natural que en 1917 habl\u00e1ramos de un Estado obrero, pero ahora es un error manifiesto decir: &#8216;puesto que este es un Estado obrero donde no hay burgues\u00eda, \u00bfcontra qui\u00e9n hay que defender a la clase obrera y para qu\u00e9?\u2019.\u00a0 Se trata de que no es un Estado completamente obrero. Lo que en realidad tenemos ante nosotros es un Estado obrero con esta particularidad: primero, lo que predomina en el pa\u00eds no es una poblaci\u00f3n obrera sino campesina, y segundo, que es un Estado obrero con deformaciones burocr\u00e1ticas\u00bb.<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><strong>[7]<\/strong><\/a> <\/em>Dos a\u00f1os despu\u00e9s llevaba la cr\u00edtica mucho m\u00e1s all\u00e1: <em>\u00ab(&#8230;) denominamos nuestro a un aparato que, en los hechos, nos es fundamentalmente extra\u00f1o y que representa una mezcolanza de supervivencias burguesas y zaristas; que nos fue en absoluto imposible transformarlo en cinco a\u00f1os, ya que no cont\u00e1bamos con la ayuda de otros pa\u00edses y predominaban las &#8216;ocupaciones&#8217; militares y la lucha contra el hambre\u00bb<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><strong>[8]<\/strong><\/a>.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p>La supuesta continuidad entre Lenin y Stalin es una burda falsificaci\u00f3n. Por el contrario, la desaparici\u00f3n f\u00edsica del primero coincide con una brutal ruptura pol\u00edtica. El estalinismo fue expresi\u00f3n y agente de un proceso contrarrevolucionario<em>, \u00abuna reacci\u00f3n lenta, rastrera, envolvente\u00bb<\/em> seg\u00fan palabras de Trotsky, que culmin\u00f3 con las purgas y el Terror de los a\u00f1os &#8217;30. La burocracia, erigida en <em>\u00ab(&#8230;) \u00fanica capa social privilegiada y dominante, en el sentido pleno de estas palabras, en la sociedad sovi\u00e9tica\u00bb<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\"><strong>[9]<\/strong><\/a><\/em> falsific\u00f3 las tradiciones de la revoluci\u00f3n para montar el monstruoso r\u00e9gimen coronado por Stalin, que afirm\u00f3 a sangre y fuego su poder totalitario eliminando hasta los vestigios de dominaci\u00f3n proletaria, tanto en el terreno pol\u00edtico-institucional como en el econ\u00f3mico-social.<\/p>\n<p>La nueva casta gobernante formul\u00f3 un programa a su medida: en lugar de la revoluci\u00f3n socialista mundial, \u00abconstrucci\u00f3n del socialismo en la URSS\u00bb; en lugar de socializaci\u00f3n y transformaci\u00f3n permanente de las relaciones sociales, \u00abindustrializaci\u00f3n y crecimiento de la producci\u00f3n\u00bb, bas\u00e1ndose en la superexplotaci\u00f3n y el terror; en lugar de la progresiva desaparici\u00f3n del Estado, su hipertrofia e idealizaci\u00f3n. Las siglas que se diera el poder de los s\u00f3viets pasaron a ser la denominaci\u00f3n de un Estado burocr\u00e1tico que, lejos de expresar o conservar una dominaci\u00f3n social del proletariado, en el interior de la URSS impon\u00eda los intereses de la burocracia y las formas sui generis de explotaci\u00f3n que se desarrollaban, en tanto que a escala mundial se integraba (no sin conflictos) en el sistema mundial de Estados y la econom\u00eda capitalistas, aportando adem\u00e1s la colaboraci\u00f3n de Partidos Comunistas convertidos en correa de transmisi\u00f3n de las pol\u00edticas del Kremlin. <strong>\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Los errores cometidos por los bolcheviques<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Volviendo a los primeros a\u00f1os del proceso iniciado en 1917, es preciso destacar que la revoluci\u00f3n y el Estado construido por los bolcheviques no reflejan \u00fanicamente el pensamiento y la voluntad del bolchevismo (ya de por s\u00ed diverso), sino la cultura pol\u00edtica de la vanguardia obrera fogueada en el \u201censayo general\u201d de l905 y la lucha contra la autocracia, la irrupci\u00f3n de las m\u00e1s amplias masas de la ciudad e incluso del campo en la acci\u00f3n con sus inevitables vaivenes. Es preciso tener presentes tanto las adquisiciones como los l\u00edmites te\u00f3ricos y pol\u00edticos de la socialdemocracia, los socialistas revolucionarios y anarquistas que actuaban a escala internacional y en el movimiento obrero ruso, pues no cabe olvidar que los bolcheviques fueron s\u00f3lo una de las tendencias pol\u00edticas que actuaron en las condiciones de la guerra civil y el aislamiento&#8230; La comprensi\u00f3n dial\u00e9ctica de las relaciones entre estas circunstancias concretas no significa negar o disimular eventuales errores en las ideas y acci\u00f3n del bolchevismo: es, por el contrario, colocarse en condiciones de formular una cr\u00edtica consistente.<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n que merece aclararse es la imputaci\u00f3n de que los errores cometidos por los bolcheviques fueron consecuencia de que ten\u00edan una <em>concepci\u00f3n general<\/em> \u201cestatalista\u201d y autoritaria del socialismo. As\u00ed formulada, esta afirmaci\u00f3n <em>simplifica, reduce y limita<\/em> la cr\u00edtica a la concepci\u00f3n de la <em>transici\u00f3n al socialismo<\/em> que ten\u00edan los bolcheviques<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>. En primer lugar, semejante esquema ignora ol\u00edmpicamente una de las obras m\u00e1s notables del marxismo del siglo XX, como fue y es <em>El Estado y la Revoluci\u00f3n<\/em>. Con este trabajo, escrito en el momento mismo en que se encontraba preparando la revoluci\u00f3n y el poder sovi\u00e9tico, Lenin rompe con la tradici\u00f3n te\u00f3rico-pol\u00edtica establecida, y produce un libro que para los c\u00e1nones socialdem\u00f3cratas aparec\u00eda como semianarquista&#8230; \u00a1En plena revoluci\u00f3n, el supuestamente estatista Lenin redescubri\u00f3 y recuper\u00f3 al Marx m\u00e1s antiestatista, el de la <em>Cr\u00edtica al Programa de Gotha<\/em>!<\/p>\n<p>Recordar <em>El Estado y la Revoluci\u00f3n<\/em> y reivindicar su importancia, en contra de la amnesia culposa de muchos, permite <em>tambi\u00e9n<\/em> advertir que este genial panfleto ten\u00eda omisiones y puntos d\u00e9biles que <em>a priori<\/em> eran muy dif\u00edciles de evitar, y una cierta <em>subestimaci\u00f3n<\/em> de los complejos problemas de la transici\u00f3n. En una aproximaci\u00f3n muy somera pueden identificarse dos tipos de errores o limitaciones.<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a> En primer lugar, <em>El Estado y la Revoluci\u00f3n<\/em> preve\u00eda la subsistencia del trabajo asalariado, pero no advirti\u00f3 que ser\u00eda fuente de m\u00faltiples contradicciones que debieron ser abordadas \u201csobre la marcha\u201d en la dif\u00edcil realidad de la Rusia sovi\u00e9tica. Correctamente, Lenin hab\u00eda previsto que ser\u00eda imposible \u2013en raz\u00f3n de condiciones materiales y culturales\u2013 liquidar de un plumazo el trabajo asalariado, que necesariamente deb\u00eda subsistir en la primera fase de la transici\u00f3n al socialismo en la Rusia sovi\u00e9tica, debido a su atraso y a la tremenda presi\u00f3n del imperialismo. Sin embargo, el libro no aborda esta cuesti\u00f3n en forma espec\u00edfica y cr\u00edtica. Lenin hab\u00eda advertido, recordando a Marx, que la subsistencia de desigualdades econ\u00f3micas har\u00eda del Estado obrero, en cierto sentido y medida, un<em> \u201cEstado burgu\u00e9s sin burgues\u00eda\u201d<\/em>. Pero no advirti\u00f3 ni trat\u00f3 concretamente las formas en que la subsistencia del trabajo asalariado guardaba relaci\u00f3n con la subsistencia del<em> valor<\/em> como un regulador econ\u00f3mico de la producci\u00f3n, la distribuci\u00f3n y las condiciones de trabajo desigual e injusto. Pr\u00e1cticamente no se consideraron los efectos que la revoluci\u00f3n deber\u00eda tener a nivel del propio proceso inmediato de trabajo, ni cu\u00e1l deb\u00eda ser la pol\u00edtica que tendiera a la liquidaci\u00f3n de la forma de trabajo asalariada y a la reorganizaci\u00f3n de la producci\u00f3n sobre bases enteramente nuevas. Posteriormente, en la masa de trabajos fragmentarios producidos por Lenin ya gobernante, apenas se roza la problem\u00e1tica persistencia del trabajo asalariado (lo toma aisladamente en la pol\u00e9mica sobre los sindicatos) y las posibles v\u00edas para la superaci\u00f3n del mismo en la transici\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n exist\u00edan otras omisiones en la consideraci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre la dictadura del proletariado y la cuesti\u00f3n nacional, la relaci\u00f3n entre la dictadura del proletariado y el partido revolucionario, y el problema de la relaci\u00f3n entre el Estado sovi\u00e9tico y los aparatos de Estado&#8230; Lenin trat\u00f3 de colmar sobre la marcha estos vac\u00edos, cometiendo, seg\u00fan sus propias palabras, \u00abmuchas tonter\u00edas\u00bb. Se carec\u00eda de un an\u00e1lisis espec\u00edfico sobre los aparatos o instituciones del Estado, c\u00f3mo liquidar los viejos aparatos y c\u00f3mo crear los nuevos. Lenin parti\u00f3 de una idea simplista sobre las tareas que deb\u00edan encarar las masas trabajadoras en relaci\u00f3n con la direcci\u00f3n y administraci\u00f3n del nuevo Estado, para llegar mucho despu\u00e9s a constatar amargamente que las masas rusas no pudieron elevarse a cumplir estas tareas. Tampoco exist\u00eda una reflexi\u00f3n sobre las relaciones a establecer entre el partido dirigente y el Estado obrero despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n. En la pr\u00e1ctica del Estado sovi\u00e9tico, estas relaciones resultaron ser muy problem\u00e1ticas, pues los organismos de direcci\u00f3n del partido se transformaron tambi\u00e9n en organismos de direcci\u00f3n del propio Estado sovi\u00e9tico. Por \u00faltimo, en <em>El Estado y la Revoluci\u00f3n<\/em> tampoco hay un estudio de las relaciones entre la dictadura del proletariado y la cuesti\u00f3n nacional. El problema se revel\u00f3 gigantesco cuando, finalizada la guerra civil, se pas\u00f3 a la constituci\u00f3n de una uni\u00f3n de las rep\u00fablicas sovi\u00e9ticas en el terreno de lo que hab\u00eda sido el imperio zarista gran ruso y con una masa de funcionarios heredados del zarismo fusionada con la nueva burocracia \u201croja\u201d.<\/p>\n<p><strong><em>Una desviaci\u00f3n que hizo, de la necesidad, virtud <\/em><\/strong><\/p>\n<p>La victoria contra los ej\u00e9rcitos Blanco e imperialistas no evit\u00f3 que la guerra civil hundiera a Rusia en la m\u00e1s espantosa de las ruinas, aniquilara gran parte de la vanguardia obrera y popular y redujera dr\u00e1sticamente el n\u00famero de trabajadores. Adem\u00e1s, el esfuerzo b\u00e9lico tuvo consecuencias de otro tipo en la teor\u00eda y las concepciones de los dirigentes bolcheviques. El \u201cvoluntarismo\u201d imprescindible en los momentos \u00e1lgidos del combate y el posterior entusiasmo del triunfo, impregnaron a los dirigentes bolcheviques con la idea de que los m\u00e9todos empleados para el triunfo en la guerra civil servir\u00edan tambi\u00e9n para acelerar el tr\u00e1nsito al socialismo: <em>la necesidad se transform\u00f3 en virtud<\/em>. Si para ganar la guerra civil y conservar lo conquistado fue necesario montar de la nada un ej\u00e9rcito regular centralizado, rompiendo en este punto con las previsiones de <em>El Estado y la Revoluci\u00f3n<\/em>&#8230; \u00bfpor qu\u00e9 no extender esta experiencia para la construcci\u00f3n del socialismo?<\/p>\n<p>Una significativa ilustraci\u00f3n la brinda un libro que Trotsky escribe en 1920. <em>Terrorismo y Comunismo<\/em> plantea una posici\u00f3n autoritaria, hipercentralista y en \u00faltima instancia sustituista. El jefe del Ej\u00e9rcito Rojo convierte las medidas transitorias impuestas por la guerra civil en <em>sistema<\/em>: el \u201ccomunismo de guerra\u201d. Propugna, entre otras cosas, la militarizaci\u00f3n del trabajo, la direcci\u00f3n \u00fanica de las f\u00e1bricas, la sujeci\u00f3n de los sindicatos al poder estatal, el partido \u00fanico, etc. <em>El ABC del comunismo<\/em>, una exitosa obra de divulgaci\u00f3n escrita por Bujarin y Preobrajensky por esos mismos a\u00f1os, tiene la misma t\u00f3nica. Aunque el pragmatismo de Lenin le permiti\u00f3 diferenciarse y combatir algunas de estas teorizaciones justificatorias de la deriva autoritario-sustitutista, en definitiva el nuevo rumbo fue impulsado por el grueso de la direcci\u00f3n, acallando a quienes, fuera o dentro del partido, lo cuestionaron. La idea de que durante un per\u00edodo de reflujo la participaci\u00f3n efectiva de los trabajadores pod\u00eda ser sustituida por el voluntarismo del Partido que se suponia encarnaci\u00f3n de sus intereses hist\u00f3ricos y, a\u00fan m\u00e1s, la teorizaci\u00f3n de que la dictadura del proletariado s\u00f3lo pod\u00eda ser realizada como dictadura del Partido, distorsion\u00f3 al mismo tiempo las ideas de dictadura proletaria, de estado sovi\u00e9tico y de partido revolucionario. El aparato estatal se alej\u00f3 de la participaci\u00f3n directa y la supervisi\u00f3n de las masas, y los \u00f3rganos dirigentes del partido se fusionaron con aqu\u00e9l.<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a><\/p>\n<p>Un hecho dram\u00e1tico que revela en el plano internacional la vigencia de esta concepci\u00f3n sustituista es la invasi\u00f3n a Polonia en 1920. En abril de 1920, el gobernante nacionalista polaco Pilsudski invadi\u00f3 Ucrania. Lenin aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n buscar un atajo, llevando la revoluci\u00f3n hacia Europa Occidental mediante el Ej\u00e9rcito Rojo. Este, en efecto, venci\u00f3 f\u00e1cilmente a los polacos en Ucrania y se decidi\u00f3 avanzar hacia el oeste, atravesando Polonia. Durante el Segundo Congreso de la Comintern, en julio de ese a\u00f1o, el progreso del Ej\u00e9rcito Rojo era supervisado por delegados entusiasmados frente al mapa de Europa&#8230; pero el Ej\u00e9rcito Rojo encontr\u00f3 muy poco apoyo de la poblaci\u00f3n polaca, que ve\u00eda a los rusos como opresores, y sufri\u00f3 una derrota muy seria<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>. <em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Un a\u00f1o clave fue 1921. Como ya se dijo, la guerra civil hab\u00eda sido ganada, pero el pa\u00eds estaba agotado y el descontento econ\u00f3mico y pol\u00edtico crec\u00eda: contra las requisas de guerra, contra el trabajo forzado, contra los bajos salarios, contra los privilegios de los comunistas y de los \u201cespecialistas\u201d, contra el peso sofocante de esa \u201cdictadura de un solo partido\u201d en la que los s\u00f3viets no pasaban de ser instituciones que convalidaban las decisiones de la direcci\u00f3n bolchevique. Las esperanzas en r\u00e1pidas victorias de la Revoluci\u00f3n en Europa se dilu\u00edan&#8230; En lugar de abrir inmediatamente las compuertas de la democracia y empe\u00f1arse en un di\u00e1logo con las corrientes socialistas proscriptas o semi-proscriptas (Socialistas Revolucionarios de Izquierda, anarquistas, mencheviques internacionalistas&#8230;), la direcci\u00f3n bolchevique opt\u00f3 por endurecer su pol\u00edtica.<\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>Las huelgas de Petrogrado fueron reprimidas, y dispersadas las asambleas y manifestaciones obreras. Estos acontecimientos aumentaron la efervescencia en la base naval de Kronstadt. Las reivindicaciones del s\u00f3viet de la base, especialmente su democratizaci\u00f3n, fueron rechazadas por las autoridades, que amenazaron a los \u201cdisidentes\u201d asimil\u00e1ndolos a la contrarrevoluci\u00f3n. El s\u00f3viet de Kronstadt replica con un llamado a la insurrecci\u00f3n en todo el pa\u00eds (lo que revela la irresponsabilidad de los dirigentes anarquistas que lo encabezaban). Los restos de los blancos y las potencias occidentales se preparaban para recuperar terreno aprovechando estos acontecimientos&#8230; Frente a todo esto, el 10\u00ba Congreso del partido, reunido en aquel momento, decide el asalto, y m\u00e1s de 100 delegados se retiran para encabezar las tropas (cabe se\u00f1alar que muchos de ellos eran miembros de la Oposici\u00f3n Obrera y Decistas, que tambi\u00e9n estimaban que era la suerte de la revoluci\u00f3n lo que estaba en juego). Despu\u00e9s de la toma de Kronstadt y los fusilamientos, la represi\u00f3n se acent\u00faa a lo largo del pa\u00eds. El abismo entre el partido y las masas se ensanch\u00f3.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, la crisis repercut\u00eda en el interior del Partido. En el 10\u00ba Congreso se enfrentaron siete tendencias alrededor del rol de los sindicatos en la organizaci\u00f3n y la gesti\u00f3n de la econom\u00eda. Lenin rechaza la militarizaci\u00f3n de los sindicatos y preconiza t\u00edmidas medidas de democracia directa&#8230; Pero mucho m\u00e1s peso tuvo la grave decisi\u00f3n de prohibir \u201cprovisoriamente\u201d la conformaci\u00f3n de agrupamientos internos. Hasta ese momento, la diversidad del Partido bolchevique en cierta medida contrapesaba la falta de democracia sovi\u00e9tica. Pero la proscripci\u00f3n de los agrupamientos internos se har\u00e1 permanente, favoreciendo los manejos burocr\u00e1ticos. Stalin refuerza sus posiciones mientras Lenin es apartado de la actividad por su enfermedad, y el aparato manipula groseramente la elecci\u00f3n de los delegados al Congreso de 1923, que convalida la hegemon\u00eda de la fracci\u00f3n secreta encabezada por Stalin.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n merecen una revisi\u00f3n cr\u00edtica los \u00abprincipios\u00bb de r\u00edgida disciplina y organizaci\u00f3n centralista que estatuy\u00f3 la Internacional Comunista; en un primer momento, para afrontar las condiciones de una virtual guerra civil continental, y en una segunda instancia buscando acelerar la construcci\u00f3n de partidos comunistas capaces de disputar m\u00e1s efectivamente la conducci\u00f3n de las masas a los partidos socialdem\u00f3cratas. Principios que el mismo Lenin critic\u00f3 en el Cuarto Congreso de la Comintern -en una de sus \u00faltimas intervenciones p\u00fablicas, en noviembre de 1922- por ser <em>\u00abexcesivamente rusos\u00bb<\/em> y de imposible comprensi\u00f3n y aplicaci\u00f3n en el resto del mundo<em>: \u00abEn mi opini\u00f3n, lo m\u00e1s importante para todos nosotros, tanto para los rusos como para los camaradas extranjeros, es que a los cinco a\u00f1os de la revoluci\u00f3n rusa debemos estudiar (&#8230;) Nosotros debemos estudiar en general; ellos deben hacerlo en particular, llegar a comprender realmente la organizaci\u00f3n, estructura, m\u00e9todo y contenido de la labor revolucionaria. Si se logra este objetivo, estoy seguro de que las perspectivas de la revoluci\u00f3n mundial ser\u00e1n no s\u00f3lo buenas, sino excelentes\u00bb<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\"><strong>[14]<\/strong><\/a><\/em>. Desgraciadamente, ese objetivo nunca se logr\u00f3. Peor a\u00fan, la llamada \u00abbolchevizaci\u00f3n\u00bb de los partidos comunistas lanzada poco despu\u00e9s por Zinoviev los sujet\u00f3 completamente a las directivas del Kremlin.<\/p>\n<p>Sobre la degeneraci\u00f3n y contrarrevoluci\u00f3n estalinistas no nos extenderemos aqu\u00ed. Recordaremos s\u00ed que en condiciones terribles de aislamiento y persecuci\u00f3n, hubo minor\u00edas que resistieron y batallaron &#8211; entre otras cosas- por mantener la vitalidad del marxismo revolucionario y rescatar las lecciones de Octubre. En este terreno descuella la labor de Trotsky y el pu\u00f1ado de internacionalistas reagrupados por el fundador de la Cuarta Internacional. Pero esta reivindicaci\u00f3n no debe ser ciega a las limitaciones y errores cometidos, <em>incluso en la comprensi\u00f3n de la Revoluci\u00f3n<\/em> <em>Rusa.<\/em> Queremos al menos se\u00f1alar que, en el af\u00e1n de combatir la falsificaci\u00f3n estalinista, los <em>bolcheviques &#8211; leninistas<\/em> y luego los partidarios de la Cuarta Internacional ca\u00edmos en el error de representar a la Revoluci\u00f3n Rusa y a los primeros a\u00f1os de la Internacional Comunista como un modelo acabado, sin fisuras ni errores significativos. Se trat\u00f3 de una apreciaci\u00f3n hist\u00f3rica equivocada, que tuvo consecuencias metodol\u00f3gicas y pol\u00edticas da\u00f1inas.<\/p>\n<p>Hoy, nos parece evidente que se debi\u00f3 dar mucha m\u00e1s importancia y desarrollo a los aportes que llegaron desde la misma <em>Oposici\u00f3n <\/em>del interior sobre la degeneraci\u00f3n burocr\u00e1tica del poder obrero. <em>\u00abEsta posici\u00f3n pol\u00edtica (la de clase dirigente) no carece de peligros; por el contrario, los peligros son muy grandes. No me refiero ahora a las dificultades objetivas derivadas del conjunto de las condiciones hist\u00f3ricas, del cerco capitalista en el exterior y de la presi\u00f3n peque\u00f1oburguesa en el interior del pa\u00eds. No; se trata de las dificultades inherentes a toda nueva clase dirigente, que son consecuencia de la misma toma del poder y de su ejercicio, de la capacidad o incapacidad para servirse de \u00e9l (&#8230;) Estas dificultades podr\u00edan llamarse &#8216;los peligros profesionales del poder&#8217; \u00bb <\/em>se\u00f1alaba Rakovsky en 1928, en un estudio donde analizaba la conformaci\u00f3n de la burocracia sovi\u00e9tica como un grupo social material, subjetiva y moralmente ajeno a la clase obrera. M\u00e1s a\u00fan, el m\u00e1s importante y prestigiado l\u00edder de la oposici\u00f3n luego de Trotsky hac\u00eda ya por entonces un balance que introduc\u00eda un significativo matiz autocr\u00edtico: <em>\u00abNosotros ten\u00edamos la esperanza de que la direcci\u00f3n del Partido crear\u00eda un nuevo aparato realmente obrero y campesino, nuevos sindicatos realmente proletarios\u00a0 y nuevas costumbres en la vida cotidiana. Es preciso decirlo francamente, claramente, abiertamente: el aparato del partido no cumpli\u00f3 esa tarea; en el doble rol de preservaci\u00f3n y educaci\u00f3n dio pruebas de una total incapacidad. Entr\u00f3 en bancarrota. Quebr\u00f3\u00bb<\/em>. Citamos esa amarga reflexi\u00f3n de un protagonista de primera l\u00ednea para insistir en que la reivindicaci\u00f3n de los principios estrat\u00e9gicos que inspiraron los primeros a\u00f1os del poder ejercido por los bolcheviques no justifica desconocer que se cometieron errores, m\u00e1s graves y perniciosos cuando se los cubri\u00f3 con justificaciones te\u00f3ricas que -am\u00e9n de ser luego aprovechadas por el estalinismo para sus propios prop\u00f3sitos- pesaron negativamente en las ideas y la acci\u00f3n de los aut\u00e9nticos revolucionarios.<\/p>\n<p>Nuestra autocr\u00edtica es expresa. Hemos comprendido con mucho atraso que reivindicar y asimilar las ense\u00f1anzas de la Revoluci\u00f3n tambi\u00e9n implica estudiar sus limitaciones y errores. Por no hacerlo as\u00ed, y haber presentando a la Revoluci\u00f3n Rusa y a la URSS \u00abde Lenin y Trotsky\u00bb como <em>norma<\/em> o <em>modelo<\/em> del combate por el socialismo, contribuimos sin quererlo a desdibujar lo m\u00e1s valioso e imperecedero de la Revoluci\u00f3n Rusa, que fue su voluntad y relativa capacidad de proyectarse como <em>parte de un movimiento m\u00e1s amplio y m\u00e1s rico que ella misma: <\/em>el proceso vivo de la revoluci\u00f3n socialista europea e internacional, el desarrollo impetuoso de la actividad, la autonom\u00eda y la conciencia de las masas explotadas, el desarrollo de la teor\u00eda y las organizaciones marxistas revolucionarias a trav\u00e9s de experiencias diversas, confluencias, divergencias\u00a0 y confrontaciones. Esto, lo que no lleg\u00f3 a desarrollarse plenamente, fue sin embargo lo m\u00e1s importante y es lo que conserva plena validez.<br \/>\n<a name=\"titulo3\"><\/a><\/p>\n<h2>III- Por la revoluci\u00f3n socialista y el comunismo<\/h2>\n<p>La bancarrota ignominiosa del \u00abbloque socialista\u00bb y la falta de perspectivas alternativas al capitalismo, que limitan las acciones de los explotados y oprimidos del mundo, imponen un sistem\u00e1tico esfuerzo por restablecer los pilares de una renovada concepci\u00f3n del combate por la revoluci\u00f3n socialista y el comunismo, enfrent\u00e1ndonos incluso con parte de nuestro patrimonio te\u00f3rico-pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Una de las vertientes de esta renovaci\u00f3n es la cr\u00edtica radical de la experiencia de la degeneraci\u00f3n burocr\u00e1tico-estatista de la URSS y el modelo de \u00absocialismo en un solo pa\u00eds\u00bb sancionado por Stalin, prolongado con diversas variantes en las \u00abdemocracias populares\u00bb de Europa Oriental, Yugoslavia, China y aun Cuba. Cr\u00edtica de la cual se desprenden grandes par\u00e1metros de una genuina transici\u00f3n al socialismo. La primera reflexi\u00f3n que cabe inferir de esa vasta experiencia hist\u00f3rica es que si las masas trabajadoras no asumen conscientemente las tareas de la revoluci\u00f3n y la transformaci\u00f3n de la sociedad, no podr\u00e1 existir siquiera un comienzo de transici\u00f3n al socialismo. Tambi\u00e9n es preciso destacar desde ahora, en contra del culto al Estado y las concepciones que suponen posible introducir un socialismo \u00abdesde arriba\u00bb, que fue el mismo Marx quien explicara que, entre los numerosos \u201cfines\u201d que persigue el socialismo, un lugar destacado corresponde al fin del Estado, sin que esto suponga sugerir (como los anarquistas) su inmediata desaparici\u00f3n. Esto no era considerado posible en los tiempos de Marx, y menos lo es en estos d\u00edas en que los trabajadores combaten en el contexto de la \u201cmundializaci\u00f3n\u201d y las transnacionales \u201cglobalizadas\u201d. Creemos probado que \u201cel poder de los obreros armados\u201d<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a> no podr\u00e1 prescindir de un cierto tipo de Estado para reorganizar la producci\u00f3n y transformar las relaciones econ\u00f3micas y sociales, pero debe impedirse su transformaci\u00f3n en un nuevo Leviat\u00e1n erigido sobre la sociedad como un poder separado y aut\u00f3nomo. La norma no s\u00f3lo debe ser la destrucci\u00f3n del viejo Estado, sino reducir al m\u00ednimo imprescindible el tama\u00f1o y las facultades de las instituciones y funcionarios del nuevo aparato estatal, porque afirmar las eventuales victorias iniciales de la revoluci\u00f3n obrera en tal o cual regi\u00f3n del mundo no deber\u00e1 ser tarea de un Estado todopoderoso y totalitario, sino de un <em>\u201cEstado-no estado\u201d <\/em>o <em>\u201cEstado de nuevo tipo\u201d<\/em> subordinado a los trabajadores y a la constante transformaci\u00f3n de la sociedad, que en definitiva es lo \u00fanico que podr\u00e1 hacerlo \u201cfuerte\u201d en un sentido genuinamente revolucionario.<\/p>\n<h2><em>Revoluci\u00f3n, socialismo, democracia obrera<\/em><\/h2>\n<p>Consideramos que la revoluci\u00f3n de los trabajadores, socialista, no deber\u00e1 distinguirse de las revoluciones burguesas por restringir las libertades pol\u00edticas y desconfiar de la abierta confrontaci\u00f3n de intereses y opiniones organizadas en m\u00faltiples organizaciones sociales, sindicatos y partidos, sino por la voluntad y necesidad de ir <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em> de la representaci\u00f3n y la democracia formal. La clase trabajadora, uni\u00e9ndose social y pol\u00edticamente desde su rol en la producci\u00f3n general, puede y debe crear una democracia directa de productores y consumidores, con organismos de tipo sovi\u00e9tico o consejista.<\/p>\n<p>La pr\u00e9dica socialdem\u00f3crata en favor de pactar con los capitalistas el respeto de la sacrosanta \u00abpropiedad privada\u00bb a cambio de mitigar las desigualdades e injusticias est\u00e1 desmentida cotidianamente por la realidad de una explotaci\u00f3n cada vez m\u00e1s salvaje e insoportable. Por lo tanto, es preciso insistir en que una verdadera revoluci\u00f3n implica la expropiaci\u00f3n por el Estado proletario de los grandes medios de producci\u00f3n y cambio, como un paso imprescindible para cambiar la sociedad. Frente a esto no caben ambig\u00fcedades. Pero es tambi\u00e9n preciso apoyarse en la experiencia del mal llamado \u00abcampo socialista\u00bb para advertir que la estatizaci\u00f3n de la econom\u00eda puede tambi\u00e9n servir como instrumento para nuevas formas de explotaci\u00f3n, y desembocar en una anarqu\u00eda y despilfarros mayores que los del capitalismo. Sostenemos que la transici\u00f3n al socialismo implica, desde el principio, un esfuerzo denodado para que la gesti\u00f3n y control de la econom\u00eda y la vida social pase efectivamente a manos de los trabajadores. Para esto se requiere de la <em>autoorganizaci\u00f3n<\/em> y la intervenci\u00f3n directa de los productores en las orientaciones a todos los niveles: en la empresa, a escala de las grandes ramas industriales y servicios, y en las decisiones macroecon\u00f3micas, en el marco de una <em>planificaci\u00f3n democr\u00e1tica y flexible<\/em>. La acci\u00f3n directa en el terreno de la \u201cconstrucci\u00f3n econ\u00f3mica\u201d es en s\u00ed misma una condici\u00f3n para afirmar la conducci\u00f3n pol\u00edtica y dominaci\u00f3n de los productores directos.<\/p>\n<p>El concepto de <em>dictadura del proletariado<\/em> ha sido completamente desacreditado por todo lo que el estalinismo hizo en su nombre, y muchos revolucionarios sostienen que es equ\u00edvoca y debe ser descartada. Es una preocupaci\u00f3n leg\u00edtima. Pero existen sobradas evidencias de que descartar esa formulaci\u00f3n es un acto que en s\u00ed mismo tampoco aporta claridad estrat\u00e9gica&#8230; En todo caso, lo que importa es reivindicar un contenido o, mejor dicho, un proceso: la <em>efectiva constituci\u00f3n del proletariado en clase dominante <\/em>en tr\u00e1nsito hacia la abolici\u00f3n de las clases. En los albores del poder sovi\u00e9tico, Lenin supon\u00eda una dictadura de nuevo tipo, por ser la imposici\u00f3n de la inmensa mayor\u00eda sobre la minor\u00eda, y tambi\u00e9n democracia de nuevo tipo, m\u00e1s extendida y profunda porque se extend\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de lo formal y la esfera pol\u00edtica. Pero la desviaci\u00f3n que antes vimos del poder bolchevique exige hoy excluir, sin ambig\u00fcedad alguna, la idea <em>sustitutista<\/em> del poder en manos de un Partido, por revolucionario que sea.<\/p>\n<p>La ampliaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n de la democracia desde abajo y directa, el predominio de la mayor\u00eda trabajadora y la progresiva expansi\u00f3n de lo social sobre lo pol\u00edtico apuntando a la desaparici\u00f3n del Estado son dimensiones inseparables de la transici\u00f3n. Tanto como la capacidad de revolucionar la producci\u00f3n con una planificaci\u00f3n orientada a elevar el nivel de vida y cultural de las masas, priorizando la satisfacci\u00f3n de las necesidades sociales, la reducci\u00f3n significativa de la jornada de trabajo y una radical transformaci\u00f3n del salariato que apunte a su eliminaci\u00f3n. En s\u00edntesis, la transici\u00f3n socialista no implica crecimiento del Estado (ni siquiera del Estado obrero), sino <em>creciente socializaci\u00f3n y apropiaci\u00f3n directa por los trabajadores (productores y consumidores) de todas las funciones de direcci\u00f3n pol\u00edtico-militar, econ\u00f3mica y social, en correlaci\u00f3n con los avances de la lucha contra el imperialismo en el \u00e1mbito mundial. <\/em><\/p>\n<p>Porque la construcci\u00f3n del socialismo requiere el esfuerzo concertado de los trabajadores de todo el mundo. El poder obrero en algunos pa\u00edses o m\u00e1s bien regiones solo podr\u00e1 conquistarse y desarrollarse sobre la base del internacionalismo. En lugar de subordinar los esfuerzos y estrategias generales de los trabajadores del mundo a los intereses coyunturales de tales o cuales Estados (como hicieran la URSS, China o Cuba), la revoluci\u00f3n socialista depende de su desarrollo en la arena mundial, apuntando a derrotar la burgues\u00eda en sus principales bastiones. Esto es doblemente necesario: para privar al imperialismo de su formidable poder destructivo, que representa un peligro cierto para la existencia misma de los hombres y el planeta, y para poner los enormes recursos acumulados por el gran capital a disposici\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n<h2><em>La cr\u00edtica al estalinismo y la socializaci\u00f3n<\/em><\/h2>\n<p>La revalorizaci\u00f3n del contenido y alcances del concepto y el proceso de <em>socializaci\u00f3n<\/em> se enlaza con el esfuerzo por recuperar las reflexiones acumuladas (y arrumbadas luego, tambi\u00e9n hay que decirlo) en los debates desarrollados en los primeros a\u00f1os de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica en torno a la NEP (1921-1927) y criticando el voluntarismo burocr\u00e1tico de los planes quinquenales estalinianos. En esas pol\u00e9micas, hab\u00eda comenzado a se\u00f1alarse que ni el r\u00e9gimen salarial, ni la plusval\u00eda, ni la ley del valor, ni los desequilibrios econ\u00f3micos hab\u00edan desaparecido porque as\u00ed lo dispon\u00edan las invenciones \u201cte\u00f3ricas\u201d de Stalin. Medio siglo despu\u00e9s, consumada la tr\u00e1gica experiencia hist\u00f3rica del estalinismo, comprendimos que deb\u00edamos (y debemos) descartar la falsa idea de que la eliminaci\u00f3n de los grandes propietarios privados mediante la estatizaci\u00f3n implica acceder a una formaci\u00f3n social en la que \u00abpor definici\u00f3n\u00bb no queda lugar para la subordinaci\u00f3n del trabajo vivo al \u00abtrabajo muerto\u00bb, la plusval\u00eda, el mercado, la ley del valor&#8230; La realidad mostr\u00f3 algo muy distinto.<\/p>\n<p>La transici\u00f3n socialista es una compleja transformaci\u00f3n revolucionaria, en la que la expropiaci\u00f3n del gran capital -tanto m\u00e1s si inicialmente esto s\u00f3lo ocurre en una regi\u00f3n del mundo- representa un cap\u00edtulo importante, pero de ninguna manera concluyente, y mucho menos irreversible. Como ya dijimos, y sea desde el \u00e1ngulo nacional o internacional, el desarrollo de la revoluci\u00f3n socialista y los problemas de la transici\u00f3n deben abordarse desde el supuesto f\u00e1ctico y metodol\u00f3gico de la unidad del mundo y de la revoluci\u00f3n mundial, incluso para calibrar la profundidad de los antagonismos, las desigualdades y los cambios parciales. En el terreno de la econom\u00eda, esto implica comprender que la expropiaci\u00f3n del capital no inaugur\u00f3 en la URSS -ni podr\u00e1 hacerlo en ning\u00fan lado- un \u00abmodo de producci\u00f3n\u00bb socialista, ni una \u00abbase econ\u00f3mica\u00bb dotada de alg\u00fan automatismo \u201ctransicional\u201d. Una vez m\u00e1s: no concebimos la transici\u00f3n sino como un proceso de permanente transformaci\u00f3n revolucionaria. Como dijera Marx: <em>\u00abEntre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el per\u00edodo de la transformaci\u00f3n revolucionaria de la primera en la segunda. A este per\u00edodo corresponde tambi\u00e9n un per\u00edodo pol\u00edtico de transici\u00f3n, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado\u00bb.<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\"><strong>[16]<\/strong><\/a><\/em> \u00bfPero qu\u00e9 ocurre cuando lo que existe es un Estado que legitima la dictadura de un grupo social diferenciado y privilegiado, como fueron las burocracias estalinista y postestalinista?<\/p>\n<h2><em>El Estado de la burocracia<\/em><\/h2>\n<p>Para un an\u00e1lisis concreto de la degeneraci\u00f3n de la URSS es insuficiente un enfoque economista-mecanicista de la problem\u00e1tica del Estado \u00absovi\u00e9tico\u00bb y del Estado en general. Los an\u00e1lisis en t\u00e9rminos de estructura y superestructura, cuestionables en general, se revelan particularmente in\u00fatiles para comprender lo ocurrido en la URSS. Se requiere retomar y desarrollar lo esbozado por Marx y Engels.<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a> Las formas pol\u00edticas de la sociedad, que tienen sus ra\u00edces en determinadas relaciones sociales condicionadas por el\u00a0 desarrollo de las fuerzas productivas, tienen una tendencia a la autonom\u00eda y una innegable capacidad de reacci\u00f3n sobre las relaciones sociales y econ\u00f3micas, que pueden ser y de hecho son afectadas por la <em>producci\u00f3n pol\u00edtica <\/em>de la clase o casta que controla el poder del estado. Trotsky se aproximaba a esta cuesti\u00f3n cardinal cuando escrib\u00eda que <em>\u201cSi el nuevo Estado no tuviera otros intereses que los de la sociedad, la agon\u00eda de sus funciones de coerci\u00f3n ser\u00eda gradual e indolora. Pero el Estado no est\u00e1 desencarnado. Las funciones espec\u00edficas se han creado sus \u00f3rganos. La burocracia, considerada en su conjunto, se preocupa menos de la funci\u00f3n que del tributo que \u00e9sta le proporciona. La casta gobernante trata de perpetuar y de consolidar los \u00f3rganos de la coerci\u00f3n; no respeta nada y a nadie para mantenerse en el poder y conservar sus ingresos\u201d<\/em>.<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a> Sin embargo, se mantuvo aferrado a una definici\u00f3n anacr\u00f3nica de la URSS como \u00abEstado obrero\u00bb pese a que, como \u00e9l mismo denunciara con lucidez y vigor, una peculiar burocracia (<em>\u00ab\u00fanico grupo social privilegiado y dominante\u00bb<\/em>) hab\u00eda impuesto un r\u00e9gimen totalitario y manejaba todas las palancas del Estado en su exclusivo beneficio.<\/p>\n<p>Es preciso volver sobre estas cuestiones, porque lo ocurrido en el siglo muestra que, efectivamente, esa instituci\u00f3n de instituciones que es el Estado, esta forma pol\u00edtica general que se extendi\u00f3 sobre todo el planeta, adquiere existencia social a trav\u00e9s de determinadas relaciones y soportes sociales que se establecen entre una clase o casta <em>dominante<\/em> y su partido o partidos, y tambi\u00e9n\u00a0 a trav\u00e9s de las que se establecen con los hombres y clases <em>dominados<\/em>. El grupo social dominante, que mantiene la cohesi\u00f3n mientras logra imponer su hegemon\u00eda, deja su impronta en la est\u00e9tica, lo moral, lo intelectual, lo jur\u00eddico, lo econ\u00f3mico, todos ellos soportes de esa dominaci\u00f3n. Esta dial\u00e9ctica concreta es la que no debe perderse de vista, so pena de caer un reduccionismo economicista y mec\u00e1nico que esteriliza la cr\u00edtica marxista al capitalismo y que nos desarma ante la problem\u00e1tica de la transici\u00f3n socialista. Porque la transici\u00f3n no requiere s\u00f3lo de una cr\u00edtica abstracta de la pol\u00edtica; exige, por el contrario, una dura batalla pol\u00edtica revolucionaria para lograr precisamente la mutaci\u00f3n radical de lo pol\u00edtico, con el desarrollo de \u00f3rganos de poder de tipo sovi\u00e9tico y la expansi\u00f3n de m\u00faltiples formas de autoorganizaci\u00f3n, en forma tal que las transformaciones sociales surjan del choque vivo de opiniones entre m\u00faltiples agrupamientos pol\u00edticos y\/o sociales. La <em>socializaci\u00f3n <\/em>como proceso debe desarrollarse en todo el espesor de las relaciones sociales, en un combate que tambi\u00e9n es pol\u00edtico y que no puede saltar por encima de las potencialidades y de los peligros de la propiedad estatal en la transici\u00f3n, en conexi\u00f3n con la evoluci\u00f3n de las relaciones de producci\u00f3n y las desigualdades que ellas representan en t\u00e9rminos de posesi\u00f3n y apropiaci\u00f3n de las clases y grupos sociales existentes.<\/p>\n<h2><em>Estatizaci\u00f3n no es socializaci\u00f3n<\/em><\/h2>\n<p>Hoy es posible advertir que cuando Stalin liquid\u00f3 toda posibilidad de direcci\u00f3n proletaria y se consolid\u00f3 (relativamente) la gesti\u00f3n burocr\u00e1tico-estatal estaliniana, lo que se construy\u00f3 nada ten\u00eda que ver con el socialismo. Tambi\u00e9n se sabe que la autarqu\u00eda de la econom\u00eda sovi\u00e9tica no la sustra\u00eda a la presi\u00f3n de las tendencias econ\u00f3micas generales que rigen las relaciones capitalistas a escala mundial, con la correa de transmisi\u00f3n m\u00e1s o menos directa del comercio exterior. Pero no se suele reconocer que en el interior de las formaciones \u00absin capitalistas\u00bb del llamado \u00abcampo socialista\u00bb subsist\u00eda la ley del valor como regulador econ\u00f3mico, en combinaci\u00f3n con las imposiciones del Estado burocr\u00e1tico.<\/p>\n<p>Como antes dijimos, la eliminaci\u00f3n de la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n es una herramienta indispensable para que los trabajadores puedan avanzar en la transformaci\u00f3n econ\u00f3mico-social. Pero esto s\u00f3lo representa un comienzo o, m\u00e1s precisamente. un <em>medio<\/em> que debe ser puesto al servicio de <em>destruir las relaciones econ\u00f3mico-sociales heredadas del capitalismo<\/em>, proceso que tiene su cara constructiva en el desarrollo consciente de la<em> socializaci\u00f3n<\/em>, hasta la desaparici\u00f3n de la propiedad de Estado y del Estado mismo, de toda explotaci\u00f3n y opresi\u00f3n, etc.<\/p>\n<p>Un aspecto esencial de la socializaci\u00f3n consiste en superar la separaci\u00f3n (y a\u00fan enfrentamiento) entre los trabajadores y los medios de producci\u00f3n. Esta separaci\u00f3n no desaparece porque el propietario de los medios de producci\u00f3n sea el Estado obrero. El trabajo asalariado sigue siendo una relaci\u00f3n social que obliga a que cada obrero venda su fuerza de trabajo al Estado empleador mientras \u00abotros\u00bb administran los productos (valores) producidos. Puesto que ser\u00e1n \u00e9stas y no otras las condiciones iniciales (subsistencia del Estado, de la propiedad y del salario), el impulso consciente hacia la socializaci\u00f3n es imprescindible desde el primer momento, so pena de que lo que se desarrolle sean las tendencias que llevan a la explotaci\u00f3n burocr\u00e1tica \u2013y, en \u00faltima instancia, a la restauraci\u00f3n capitalista.<\/p>\n<h2><em>Nuevas formas de fetichismo y explotaci\u00f3n <\/em><\/h2>\n<p>La gravedad y persistencia de los fetiches productivistas y estatistas levantados por el estalinismo, que tienen elementos comunes con la adoraci\u00f3n del \u00abEstado benefactor\u00bb por la socialdemocracia, las burocracias sindicales y los nacionalismos tercermundistas, justifica insistir en refutar la tesis de que la propiedad nacionalizada sea sin\u00f3nimo de socialismo (como decretara Stalin y repitieron los ep\u00edgonos), e incluso la creencia en que la preeminencia del sector estatal en la econom\u00eda expresa la continuidad indefinida de un \u00abEstado obrero degenerado\u00bb, como postul\u00e1ramos la mayor\u00eda de los trotskistas. Debemos insistir sin cansancio en que, para el marxismo, la cuesti\u00f3n del derecho de propiedad aparece relacionada y subordinada al concepto de relaciones de producci\u00f3n. Y, m\u00e1s all\u00e1 de las palabras que se empleen, las relaciones de producci\u00f3n son relaciones de poder efectivas sobre las personas y las fuerzas productivas, antes que relaciones de propiedad legal. Precisamente, si se analizan las relaciones de producci\u00f3n que fueron impuestas en la URSS, surge la inconsistencia de hablar de \u00abEstado obrero\u00bb. La propiedad del Estado dej\u00f3 de ser una herramienta que el conjunto de los trabajadores pod\u00eda utilizar para avanzar hacia la apropiaci\u00f3n social de los medios de producci\u00f3n, y consagr\u00f3 imprevistas formas de apropiaci\u00f3n que, sirviendo a la burocracia, mantuvieron al proletariado sovi\u00e9tico en condici\u00f3n de clase oprimida y explotada. La cuesti\u00f3n de la propiedad <em>estatal<\/em> debe ser considerada en su relaci\u00f3n con otras categor\u00edas centrales del materialismo hist\u00f3rico, superando el enfoque jur\u00eddico que se queda en la apariencia de las cosas. Buscamos poner de relieve la conexi\u00f3n esencial que est\u00e1 dada por el conjunto de las relaciones sociales, tal como lo apuntara Marx en una significativa cr\u00edtica a Proudhon: <em>\u00aben el mundo real, la divisi\u00f3n del trabajo y todas las dem\u00e1s categor\u00edas del Sr. Proudhon, son relaciones sociales que constituyen en su conjunto lo que actualmente se conoce como propiedad: fuera de estas relaciones, la propiedad burguesa no es m\u00e1s que una ilusi\u00f3n metaf\u00edsica o jur\u00eddica (&#8230;) Al establecer la propiedad como una relaci\u00f3n independiente, el Sr. Proudhon comete algo m\u00e1s que un error de m\u00e9todo: muestra claramente que no ha aprehendido el v\u00ednculo que mantiene unidas todas las formas de la producci\u00f3n burguesa, que no ha comprendido el car\u00e1cter\u00a0 hist\u00f3rico y transitorio de las formas de producci\u00f3n en una \u00e9poca determinada\u00bb<\/em>. <a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a><\/p>\n<p>La ra\u00edz de los conflictos y antagonismos sociales que maduraron en el \u00abmundo comunista\u00bb, no resid\u00eda s\u00f3lo en el totalitarismo del r\u00e9gimen pol\u00edtico, o en la supervivencia de \u00abnormas burguesas de distribuci\u00f3n\u00bb agravadas por la corrupci\u00f3n, sino en las relaciones de producci\u00f3n establecidas. Vale decir, un r\u00e9gimen de trabajo asalariado altamente diferenciado, sometido a los imperativos de la divisi\u00f3n del trabajo, generador de plusval\u00eda, que alienaba al trabajador de los dem\u00e1s trabajadores y de s\u00ed mismo, al tiempo que estimul\u00f3 la elevaci\u00f3n por sobre ellos de la casta burocr\u00e1tica y del Estado que la serv\u00eda. Manifiestamente, el Estado burocr\u00e1tico no se fund\u00f3 en una explotaci\u00f3n id\u00e9ntica al capitalismo, y la burocracia no logr\u00f3 fundar una forma org\u00e1nica de explotaci\u00f3n. Pero la experiencia hist\u00f3rica nos advierte (y la teor\u00eda nos permite comprender) que mientras subsistan el dinero, el trabajo asalariado y la producci\u00f3n de valores de cambio, la propiedad estatal coexistir\u00e1 con un germen de \u00abexplotaci\u00f3n mutua\u00bb entre los trabajadores y con condiciones que pueden favorecer la imposici\u00f3n de una burocracia dominante. Teor\u00eda y experiencia nos dicen, tambi\u00e9n, que la degeneraci\u00f3n pol\u00edtica del Estado se desarroll\u00f3 en correspondencia con el desarrollo de inestables relaciones de producci\u00f3n y explotaci\u00f3n del trabajo asalariado que, potenciadas por la econom\u00eda mundial, originaron poderosas tendencias a la restauraci\u00f3n de la dominaci\u00f3n directa y abierta del gran capital. Las futuras revoluciones socialistas por las que luchamos deber\u00e1n enfrentar estos peligros en diversos planos. Uno de ellos es la extensi\u00f3n de la revoluci\u00f3n socialista en la arena internacional, hasta culminar en la victoria mundial con la derrota de los baluartes imperialistas. Paralelamente y en sinton\u00eda con ese combate, en aquellos lugares en que la burgues\u00eda fuere derrocada y expropiada, se deber\u00e1 poner el m\u00e1ximo de empe\u00f1o y el m\u00e1ximo de dinamismo y energ\u00eda en el ejercicio de la democracia obrera, dentro y fuera de los \u00f3rganos del Estado, as\u00ed como en la continua revoluci\u00f3n de las relaciones (t\u00e9cnicas y sociales) de producci\u00f3n, vale decir, en la socializaci\u00f3n: a riesgo de parecer tautol\u00f3gicos, es preciso decir clara y n\u00edtidamente que la revoluci\u00f3n obrera no es estatista, sino socialista y comunista. Pero debemos ser claros tambi\u00e9n en se\u00f1alar que estas conclusiones son, apenas, un nuevo punto de partida, un programa de trabajo a desarrollar pol\u00e9mica y colectivamente, abierto hacia el pasado y el futuro.<\/p>\n<p>Al exponer nuestras posiciones, hemos insistido en la necesidad de combatir las concepciones que identifican o confunden socializaci\u00f3n con estatizaci\u00f3n. Muchos autores y tendencias afirman tambi\u00e9n esta distinci\u00f3n capital. A partir de esta coincidencia, sin embargo, advertimos una significativa divergencia con quienes postulan o insin\u00faan una \u201cestrategia\u201d de <em>socializaci\u00f3n<\/em> en la que la ruptura revolucionaria, la lucha por el poder de los trabajadores y la construcci\u00f3n del Estado obrero (Estado de nuevo tipo, semi-Estado o como quiera decirse) son momentos rechazados o ignorados. Esto nos parece un error que se da de patadas con la experiencia hist\u00f3rica que muestra el encarnizamiento con que la burgues\u00eda defiende, por todos los medios, sus propiedades y su r\u00e9gimen de dominaci\u00f3n pol\u00edtica, y conduce a desvalorar la necesaria tarea de elaborar y reelaborar continuamente las estrategias para la revoluci\u00f3n que abra paso a <em>un socialismo de los soviets y el autogobierno de los trabajadores.<\/em><br \/>\n<a name=\"titulo4\"><\/a><\/p>\n<h2><strong>IV &#8211; En torno a la mundializaci\u00f3n<\/strong><strong> \u00a0 <\/strong><\/h2>\n<p><strong>\u00a0 \u00a0\u00a0 <\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En respuesta a los indudables cambios que se han registrado en el panorama mundial a lo largo de las \u00faltimas d\u00e9cadas, se han formulado diversas caracterizaciones sobre la naturaleza y alcances de estos desarrollos y las contradicciones que los animan. Es oportuno entonces fijar algunas posiciones b\u00e1sicas en torno a estas cuestiones.<\/p>\n<p><strong><em>\u00bfDel determinismo econ\u00f3mico al&#8230; idealismo?<\/em><\/strong><strong>\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>Mucho se han criticado, y con raz\u00f3n, las lecturas del marxismo que reducen el materialismo hist\u00f3rico a un seco determinismo que s\u00f3lo atiende a la base productiva y desde\u00f1a el peso de los factores pol\u00edticos y culturales. Sobre esa cr\u00edtica se ha montado una concepci\u00f3n opuesta y sim\u00e9trica, que da a estos \u00faltimos factores la primac\u00eda sobre los econ\u00f3micos. Ambas posturas son equivocadas. En un trabajo reciente dirigido espec\u00edficamente contra las concepciones deterministas, se formula una visi\u00f3n m\u00e1s equilibrada y s\u00f3lida del problema\u00a0afirmando que <em>\u201cun esquema fiel al pensamiento de Marx (&#8230;) es presentar a la realidad social como una totalidad de relaciones constituidas con intervenci\u00f3n de la conciencia, en cuyo centro se encuentran las relaciones de producci\u00f3n\u201d<\/em><a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a>. Si se desde\u00f1a la utilizaci\u00f3n rigurosa de conceptos como el de <em>modo de producci\u00f3n<\/em>, se puede caer en planteos que confunden tanto la realidad como las categor\u00edas utilizadas. Es oportuno recordar que no se trata de una categor\u00eda econ\u00f3mica o economicista, como algunos parecen creer. Su funci\u00f3n fue <em>\u00abreflexionar sobre la <\/em>diversidad<em> de las formas socioecon\u00f3micas y de las \u00e9pocas, darnos los instrumentos de <\/em>diferenciaci\u00f3n<em> de un tipo de estructura hist\u00f3rica con respecto a otra (&#8230;) el descubrimiento marxiano del concepto de modo de producci\u00f3n significa una salida decisiva del mundo de la econom\u00eda pol\u00edtica; con \u00e9l Marx se embarc\u00f3 en un nuevo tipo de historia\u201d<\/em><a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a><em>. <\/em>Avanzando un paso m\u00e1s, es claro que <em>ninguna <\/em>sociedad humana, <em>nunca<\/em>, ha podido ser considerada <em>s\u00f3lo <\/em>\u00abun modo de producci\u00f3n\u201d: siempre nos encontraremos ante un conjunto de relaciones, en torno a las relaciones de producci\u00f3n y las relaciones de apropiaci\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, tampoco podr\u00eda considerarse una sociedad <em>s\u00f3lo <\/em>como modo de producci\u00f3n, porque \u00e9ste nunca se da en forma pura. Justamente por eso se ha acu\u00f1ado la expresi\u00f3n <em>formaci\u00f3n econ\u00f3mica y social<\/em>, ya que en una sociedad concreta hay siempre un entramado de modos de producci\u00f3n. La producci\u00f3n dominante, dice Marx, <em>\u201casigna a todas las otras su correspondiente rango e influencia, y cuyas relaciones por lo tanto asignan a todas las otras el rango e influencia. Es una iluminaci\u00f3n general en la que se ba\u00f1an todos los colores y que modifica las particularidades de \u00e9stos\u201d<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\"><strong>[22]<\/strong><\/a>.<\/em><\/p>\n<p>Es correcto, como lo ha se\u00f1alado Perry Anderson, que a un mismo modo de producci\u00f3n pueden corresponder formas estatales diferentes y que \u00e9stas act\u00faan sobre las relaciones de producci\u00f3n y apropiaci\u00f3n. Pero no es menos cierto que esas formas estatales han sido a su vez determinadas por el modo de producci\u00f3n y la evoluci\u00f3n de \u00e9ste y act\u00faan en su marco de las relaciones de producci\u00f3n y apropiaci\u00f3n. La vida material sigue siendo la que proporciona los cimientos y fija los l\u00edmites a la conciencia y a la acci\u00f3n consciente. En la m\u00e1s po\u00e9tica expresi\u00f3n de Nietzsche, <em>\u201ctodo mi yo es cuerpo, y el alma no es sino el nombre de algo propio del cuerpo\u201d<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\"><strong>[23]<\/strong><\/a>. <\/em>Si esto se deja de lado, se pasa a una visi\u00f3n idealista de la sociedad, re\u00f1ida, en todo caso, con lo que hace cualquier soci\u00f3logo o historiador, marxista o no, que invariablemente pone en el centro de sus estudios al modo de producci\u00f3n dominante, su articulaci\u00f3n con otros tambi\u00e9n presentes en la sociedad, pero subordinados al anterior, y las relaciones de apropiaci\u00f3n. Hay un entramado y una acci\u00f3n rec\u00edproca entre todos los elementos de la vida social, pero \u00e9sta es determinada (en \u00faltima instancia), dominada y condicionada por el conjunto de relaciones de producci\u00f3n y apropiaci\u00f3n que llamamos modo de producci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><em>Algunas consideraciones sobre el sistema mundial de Estados<\/em><\/strong><strong>\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>Despu\u00e9s de la Segunda Guerra, con el trasfondo de la abrumadora supremac\u00eda econ\u00f3mica y militar de Estados Unidos, ha sido recurrente la idea de que habr\u00eda surgido alguna forma de \u00abgobierno mundial\u00bb. Sin embargo, as\u00ed como la explotaci\u00f3n y predominio del imperialismo yanqui en el mundo es algo concreto, que puede y debe estudiarse para advertir cambios y continuidades, desde el punto de vista de los hechos es imposible demostrar que exista o existiera algo que pueda llamarse seriamente <em>gobierno mundial<\/em>. Desde el punto de vista te\u00f3rico, la hip\u00f3tesis es contradictoria con la naturaleza del capitalismo que, por su car\u00e1cter competitivo, no puede alcanzar un estadio de unidad total bajo un solo Estado (y gobierno).<\/p>\n<p>Existen evidentemente instituciones como el Banco Mundial, el FMI, la ONU o la OTAN, y sus imposiciones imponen, por cierto, sufrimientos inauditos a la mayor parte de la humanidad. Desde el punto de vista de la propaganda antiimperialista, se ha puesto un gran esfuerzo en destacar la maldad, el cinismo y la capacidad de manipular acontecimientos de los capitalistas y sus agentes pol\u00edticos o militares. Por otro lado, en contra de los discursos neoliberales que presentan a la \u00abglobalizaci\u00f3n\u00bb como culminaci\u00f3n inexorable del \u00aborden de las cosas\u00bb, se ha puesto un esfuerzo enorme en rechazar la \u201cnaturalizaci\u00f3n\u201d de las leyes econ\u00f3micas, enfatizando su car\u00e1cter social y, por lo tanto, vinculado a la acci\u00f3n humana. Estos esfuerzos, leg\u00edtimos cada uno en su campo, han terminado a veces en una concepci\u00f3n conspirativa o voluntarista, seg\u00fan la cual todo lo malo que ocurre es consecuencia de la actividad consciente de tales o cuales personajes, instituciones, empresas o pa\u00edses.<\/p>\n<p>Sin embargo, vale insistir, ni la Segunda Guerra Mundial ni ning\u00fan otro acontecimiento han parido algo que pueda llamarse gobierno mundial. En la Segunda Guerra Mundial se decidi\u00f3 la lucha por la hegemon\u00eda en el sistema de estados, en favor de Estados Unidos. El sistema mundial de Estados que surgi\u00f3 de Yalta y Postdam ten\u00eda esta marca, pero el concepto de hegemon\u00eda es diferente al de gobierno o imperio. Indica una posici\u00f3n dominante, de <em>primus inter pares<\/em>, pero no la de soberan\u00eda que tiene un gobierno sobre sus s\u00fabditos. No se puede atribuir el car\u00e1cter de gobierno mundial al reparto de zonas de influencia de la posguerra. Precisamente, la divisi\u00f3n del planeta en zonas de influencia dio lugar a una situaci\u00f3n en la que los l\u00edmites tuvieron cierta movilidad (son t\u00edpicos los casos de Yugoslavia, China y los pa\u00edses de la ex Indochina francesa) y en que, en distintos momentos, diferentes pa\u00edses aprovecharon la rivalidad de las superpotencias para asegurarse grados variables de autonom\u00eda. Hay que recordar que el Movimiento de Pa\u00edses No Alineados no fue solamente una ilusi\u00f3n, aunque naturalmente no pudo (ni quiso) terminar con la dominaci\u00f3n imperialista. Dentro mismo de la zona de influencia del imperialismo norteamericano (Francia fue el caso extremo), hubo constantes roces y diferencias entre las potencias imperialistas respecto de la pol\u00edtica internacional, en los cuales no siempre se impuso el criterio de Washington. Para tomar unos pocos ejemplos, nunca pudieron los Estados Unidos imponer a sus aliados el embargo comercial contra Cuba, ni evitar las relaciones de varios estados europeos con los pa\u00edses \u00e1rabes, ni aislar completamente al Ir\u00e1n de los ayatollahs, ni evitar que su pol\u00edtica antiiran\u00ed acabara alentando a Saddam Hussein a que desafiara a Washington. En 1988, un atentado provoc\u00f3 la ca\u00edda de un avi\u00f3n comercial norteamericano, causando la muerte de sus tripulantes y pasajeros y de pobladores de una aldea escocesa que result\u00f3 destruida. Estados Unidos acus\u00f3 a dos agentes de inteligencia libios y reclam\u00f3 su entrega para ser juzgados. Libia se neg\u00f3 y mantuvo esa negativa, a pesar de que EE.UU. dispuso un embargo. Despu\u00e9s de largos a\u00f1os de negociaciones, Libia entreg\u00f3 a los dos acusados, a cambio de elegir d\u00f3nde ser\u00e1n juzgados, por qu\u00e9 tribunal y aplicando qu\u00e9 normas de derecho, adem\u00e1s de conseguir el levantamiento del embargo&#8230;<\/p>\n<p>Por supuesto, la pol\u00edtica internacional est\u00e1 muy lejos de caracterizarse por el respeto a la de cada Estado. La esencia del sistema de Estados es que se basa en la fuerza y, en todo caso, nunca existi\u00f3 tal respeto irrestricto a la soberan\u00eda, como lo demuestran los numerosos casos de intervenciones armadas y presiones econ\u00f3micas de potencias europeas en pa\u00edses del resto del mundo, para cobrar deudas o favorecer sus intereses comerciales. Esto no significaba entonces, y no significa hoy, la existencia de un gobierno mundial. Recordemos que Norteam\u00e9rica, con su poder\u00edo termonuclear y todo, sufri\u00f3 la derrota militar en Vietnam (ante la indiferencia de las potencias europeas), no pudo impedir la ca\u00edda de su protegido el Sha de Ir\u00e1n, ni el derrumbe de su antiguo agente centroamericano, la dictadura nicarag\u00fcense. Y antes de todo ello, ni siquiera con la ayuda de Stalin pudo evitar que la revoluci\u00f3n campesina y la guerrilla dirigida por Mao triunfaran en China, en 1949.<\/p>\n<p>Aun en el plano estrictamente econ\u00f3mico, donde es evidente la primac\u00eda de EE.UU., la hegemon\u00eda no significa una dominaci\u00f3n absoluta. Pruebas a la vista: es cierto que las transnacionales norteamericanas compran empresas europeas o japonesas, pero tambi\u00e9n es cierto que se da el fen\u00f3meno inverso: la alemana Daimler compr\u00f3 Chrysler, la empresa japonesa de tabaco compr\u00f3 RJR, el Deutsche Bank compr\u00f3 el Bankers Trust, etc.<\/p>\n<p>En resumen, aunque en el sistema mundial de Estados que surgi\u00f3 de la Segunda Guerra mundial Estados Unidos tuvo y tiene estatus de potencia dominante, con superioridad militar, econ\u00f3mica y pol\u00edtica, siempre ha tenido que negociar y recurrir a alianzas para hacer prevalecer sus objetivos, tanto militares como econ\u00f3micos y pol\u00edticos. Ni siquiera metaf\u00f3ricamente puede tomarse en serio la afirmaci\u00f3n de que se hubiera establecido en Washington un gobierno mundial al fin de la guerra en 1945.<\/p>\n<p>Por otra parte, no puede haber gobierno mundial porque las fronteras nacionales responden al car\u00e1cter competitivo del capitalismo. El capitalismo no puede renunciar, aun queriendo, a ser competitivo. A trav\u00e9s de la competencia entre capitales opera la ley del valor y se realiza la plusval\u00eda. La competencia puede ser limitada, pero no eliminada, como lo prueban los fracasos, en el largo plazo, de todos los sistemas proteccionistas y de los monopolios estatales. Los estados y las fronteras nacionales son instrumentos para defender a la respectiva burgues\u00eda ante los competidores externos y para respaldarla en la conquista de mercados exteriores. Tampoco puede creerse que en la actual fase de mundializaci\u00f3n las fronteras nacionales han desaparecido. Incluso cuando distintos pa\u00edses admiten unirse en agrupamientos regionales, a\u00fan si alguno de estos bloques adquiere rasgos cuasi-estatales comunes (como es el caso de la Uni\u00f3n Europea), es evidente que desdibujan las fronteras dentro de la regi\u00f3n para hacer m\u00e1s poderosas las fronteras que la resguardan del resto del mundo. Por eso, ni la OTAN, ni la ONU, ni el FMI, ni el Banco Mundial son \u00f3rganos de un gobierno mundial. Son \u00f3rganos de algo muy distinto: del sistema mundial de Estados marcado por el predominio americano. La desaparici\u00f3n del bloque sovi\u00e9tico hace m\u00e1s espectacular este predominio, pero no cambia la naturaleza de la pol\u00edtica internacional.<\/p>\n<p><strong><em>La mundializaci\u00f3n del capital<\/em><\/strong> <strong>\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>Nada de lo dicho busca disimular la existencia de cambios profundos e insuficientemente estudiados en la naturaleza del capitalismo imperialista de nuestros d\u00edas. Por el contrario, consideramos necesario avanzar en el estudio de las verdaderas transformaciones producidas con la mundializaci\u00f3n del capital, transformaciones materiales en el \u00e1mbito de la producci\u00f3n y el r\u00e9gimen de acumulaci\u00f3n del capitalismo, que efectivamente comenzaron a fines de los a\u00f1os \u201870 y que, a lo largo de dos d\u00e9cadas, han modificado profundamente las formas del capitalismo, desde los niveles m\u00e1s amplios del mercado mundial hasta los microcosmos de las empresas. No son cambios limitados a la econom\u00eda: durante los \u00faltimos veinte a\u00f1os han tra\u00eddo consigo severas consecuencias para los trabajadores: desmantelamiento de gran parte del llamado \u00abEstado de Bienestar\u00bb, superexplotaci\u00f3n por medio de novedosas formas de organizaci\u00f3n del trabajo y la reintroducci\u00f3n de otras (v.g., la precarizaci\u00f3n) propias de la Revoluci\u00f3n Industrial y las d\u00e9cadas siguientes, el aumento de la desocupaci\u00f3n estructural, etc.<\/p>\n<p>Desde fines de los a\u00f1os \u201870 y comienzos de los \u201880, en medio de la crisis que clausur\u00f3 el auge econ\u00f3mico capitalista de la posguerra<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\">[24]<\/a>, y a trav\u00e9s de una fuerte ofensiva que provoc\u00f3 severas derrotas a los trabajadores y cre\u00f3 una adversa relaci\u00f3n de fuerzas, en la econom\u00eda capitalista se fueron delineando cambios, en parte conscientemente planificados, en parte impuestos por la necesidad de aumentar la cuota media de ganancia, en parte puestos en el orden del d\u00eda por las modificaciones tecnol\u00f3gicas (particularmente, en la informaci\u00f3n y las comunicaciones) y en parte alcanzados a trav\u00e9s de un trabajoso y, en cierta medida, azaroso proceso de prueba y error. El sentido global de esos cambios fue el de aumentar la explotaci\u00f3n del trabajo, tanto por medio de condiciones laborales terribles (plusval\u00eda absoluta), como por medio de t\u00e9cnicas destinadas a ahorrar tiempo de trabajo (plusval\u00eda relativa). Junto con esto, se tendi\u00f3 a (y se logr\u00f3) pagar la fuerza de trabajo por debajo de su valor, recurriendo a disminuciones del salario real lisas y llanas, a la mano de obra inmigrante y a la incorporaci\u00f3n de nuevas masas de trabajadores en los llamados \u201cnuevos pa\u00edses industriales\u201d o, m\u00e1s popularmente, \u201ctigres asi\u00e1ticos\u201d, con bajos salarios. El ahorro de tiempo de trabajo redund\u00f3 en un enorme crecimiento de la desocupaci\u00f3n, que se convirti\u00f3 en un factor poderoso de presi\u00f3n a la baja de los niveles salariales.<\/p>\n<p>La fase del capitalismo llamada mundializaci\u00f3n se caracteriza por el predominio de la Inversi\u00f3n Directa Externa, especialmente concentrada en los pa\u00edses avanzados, que lleva a la conformaci\u00f3n de empresas transnacionales en las que se integran vertical y horizontalmente las antiguas bases nacionales de producci\u00f3n de bienes y servicios. El comercio internacional se compone crecientemente de intercambios intrasectoriales, en los cuales tienden a predominar los intercambios intrafirmas de esas grandes empresas. La dominaci\u00f3n productiva y comercial de estas empresas les permite aprovechar simult\u00e1neamente la liberalizaci\u00f3n del comercio, los movimientos de capitales, la tecnolog\u00eda de punta y los nuevos procedimientos de administrar la producci\u00f3n y explotar el trabajo. La competencia entre ellas conduce, por una parte, a la conformaci\u00f3n de bloques regionales comerciales (Uni\u00f3n Europea, NAFTA, la hoy deca\u00edda Area del Pac\u00edfico y el pariente pobre, el Mercosur) y a la interpenetraci\u00f3n de los capitales de distinta nacionalidad. Junto con estos fen\u00f3menos, se ha producido un crecimiento desmesurado de la masa de capital-dinero que aprovecha la computaci\u00f3n aplicada a las comunicaciones para intervenir con gran velocidad en los mercados de divisas, de bonos y de acciones. Este capital produce una tendencia a la baja de la cuota media de ganancia, pues no produce plusval\u00eda pero participa en el reparto de la plusval\u00eda producida. Por otra parte, el no tener activos fijos le permite moverse con una velocidad que lo convierte en un factor de propagaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n de las crisis, como se ha visto claramente desde sus comienzos en el Asia sudoriental en la segunda mitad de 1997.<\/p>\n<p>Como esta fase del capitalismo se encuentra en curso, no es sorprendente que d\u00e9 lugar a debates sobre sus posibilidades de desarrollo, as\u00ed como a la primac\u00eda que puedan tener en su seno el capital productivo o el financiero. Distintos autores, marxistas o no, dan diferentes respuestas a esos y otros problemas, que no es el caso tratar aqu\u00ed, aunque s\u00ed conviene dar una somera idea de las discusiones en curso. Los apologistas del pensamiento neoliberal sostienen que el capitalismo posee ante s\u00ed un futuro ilimitado y que posee en su seno los mecanismos que, autom\u00e1ticamente resolver\u00e1n los graves problemas sociales. Posiblemente, nos pondremos de acuerdo con facilidad en rechazar esta concepci\u00f3n, pero eso no nos exime de rebatir con s\u00f3lidos fundamentos sus argumentaciones, por ejemplo, la que se\u00f1ala que los dos pa\u00edses que fueron m\u00e1s lejos en esta nueva fase capitalista (Estados Unidos y Gran Breta\u00f1a) han logrado \u00edndices de desocupaci\u00f3n ampliamente inferiores a los de otros de similar nivel de desarrollo<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a>. Los partidarios de la \u201ctercera v\u00eda\u201d, los curas de las m\u00e1s diversas religiones e incluso los funcionarios del FMI y el Banco Mundial enronquecen se\u00f1alando el peligro de estallidos sociales y la necesidad de prevenirlo con medidas que aten\u00faen los peores efectos de la desocupaci\u00f3n y la miseria. Entre los marxistas se debate, entre otras muchas cuestiones, si la actual fase capitalista es un tobog\u00e1n hacia el derrumbe o si puede abrir un nuevo ciclo ascendente, as\u00ed como si el papel dominante ha pasado a manos de las finanzas o si sigue siendo la producci\u00f3n el centro de la econom\u00eda.<\/p>\n<p>Es de se\u00f1alar que estos debates no son discusiones ociosas entre incurables \u201cestructuralistas\u201d y economicistas. Tampoco se trata de temas sin importancia. No se parecen en nada a las pol\u00e9micas bizantinas sobre el sexo de los \u00e1ngeles. Por la magnitud de los cambios y las consecuencias que producen en la vida y el trabajo de miles de millones de trabajadores, son cuestiones de alcance decisivo para la lucha de clases. Por otra parte, si la aplicaci\u00f3n de las tecnolog\u00edas de punta y nuevas formas de organizaci\u00f3n del trabajo son bajo el capitalismo la causa de una elevada desocupaci\u00f3n estructural, el ahorro de tiempo de trabajo que implican pone las bases materiales indispensables para el socialismo, lo cual es otra raz\u00f3n para no despreciarlas. Tanto un aspecto, las condiciones actuales de los trabajadores, como el otro, los cimientos materiales de una futura sociedad libre e igualitaria, hacen imperioso prestar atenci\u00f3n a estos cambios, para extraer las consecuencias que inevitablemente tienen sobre el programa del socialismo revolucionario.<\/p>\n<p><strong><em>Capital, Estado y sociedad civil<\/em><\/strong><strong>\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de las relaciones entre el capitalismo, el Estado y la llamada (con muy distintos alcances y acentos, hay que decirlo) \u00absociedad civil\u00bb es fuente de m\u00faltiples confusiones. Existen quienes afirman que de la vieja alianza entre capital y Estado se habr\u00eda pasado a una fase de \u00absimbiosis inextricable\u00bb entre ambos, transformaci\u00f3n que al mismo tiempo generar\u00eda una oposici\u00f3n radical con la sociedad civil. Pero existen tambi\u00e9n quienes lamentan la p\u00e9rdida de las funciones reguladoras del Estado y postulan multiplicar las organizaciones de la sociedad civil para hacer frente a la situaci\u00f3n, y reclamar desde all\u00ed que el Estado concurra a morigerar los efectos de la \u00abrevoluci\u00f3n conservadora\u00bb. En cierto sentido, lo que hemos dicho m\u00e1s arriba sobre el problema del \u201cgobierno mundial\u201d se aplica en este caso. Nunca puede haber una \u201csimbiosis completa, inextricable\u201d entre el capital y el Estado a su servicio. Precisamente, si hay algo que distingue al capitalismo de todas las formas anteriores de sociedad de clases es la separaci\u00f3n entre las funciones del explotador que cobra su libra de carne y las de los agentes civiles y militares que aseguran la dominaci\u00f3n pol\u00edtica de los explotadores. Se podr\u00edan multiplicar ejemplos, pero uno bastar\u00e1: en el apogeo feudal, las figuras del se\u00f1or en tanto que explotador del trabajo campesino y del se\u00f1or en tanto que detentador del poder est\u00e1n efectivamente unidas de forma \u201cinextricable\u201d. En el capitalismo, en cambio, hay una separaci\u00f3n categ\u00f3rica entre esos dos aspectos. El capitalista dirige su empresa (o, en el caso del rentista, cobra sus dividendos o intereses) y una compleja estructura de bur\u00f3cratas, reclutados entre las capas medias (y, sobre todo en los comienzos del capitalismo europeo, de la vieja aristocracia, especialmente apta para las carreras militar y diplom\u00e1tica), se ocupa de dirigir el Estado. Ciertamente, en pa\u00edses con una estructura capitalista d\u00e9bil se da el caso de que un gobernante o una fracci\u00f3n de la alta burocracia estatal llegue a convertirse en gran burgues\u00eda (para nombrar s\u00f3lo a dos, los Somoza en Nicaragua y Suharto en Indonesia). Pero la tendencia general termina imponi\u00e9ndose y, tarde o temprano, separa nuevamente ambas funciones.<\/p>\n<p>Esta diferenciaci\u00f3n responde a un inter\u00e9s pr\u00e1ctico para la burgues\u00eda. En primer lugar, est\u00e1 el hecho de que, en general, es m\u00e1s lucrativo para el gran capitalista ocuparse de sus negocios l\u00edcitos o il\u00edcitos y dejar los asuntos estatales en manos de especialistas a sueldo. Pero, sobre todo, la competencia entre los capitales hace necesario un Estado que no s\u00f3lo es un instrumento de dominaci\u00f3n sobre los explotados y de lucha con los capitalistas de otros pa\u00edses, sino tambi\u00e9n un instrumento imprescindible de regulaci\u00f3n y arbitraje que permite que las fuerzas expansivas desatadas por el capitalismo se canalicen, dentro de cada pa\u00eds, de manera m\u00e1s o menos pac\u00edfica y seg\u00fan reglas m\u00e1s o menos aceptadas por todos. La competencia, como bien se sabe, es salvaje, y por eso mismo necesita alg\u00fan tipo de mecanismo que impida que despliegue todo su car\u00e1cter destructivo.<\/p>\n<p>Los capitalistas exitosos afirman que la competencia es el maravilloso motor que genera el avance, el desarrollo y la producci\u00f3n. Los capitalistas quebrados afirman que es una maldita fuerza destructora. Ambas cosas son parcialmente ciertas; son los dos polos de la contradicci\u00f3n interna del capitalismo. Pero lo cierto es que \u00e9sta es la naturaleza misma del capital, su impulso vital y a la vez el germen de su destrucci\u00f3n. Podr\u00edamos trazar un paralelo con la otra gran contradicci\u00f3n, capital-trabajo, ya que el capital extrae del trabajo su fuerza y su alimento, pero a la vez tiene en el trabajo un enemigo mortal, tambi\u00e9n un germen de destrucci\u00f3n. El Estado es indispensable para el capitalismo e inseparable de \u00e9l. Pero no hay ni puede haber una fusi\u00f3n. Hay personas y funciones concretas que se mantienen separadas, en una dial\u00e9ctica permanente de unidad y conflicto, <em>ad maiorem gloriam<\/em> de la acumulaci\u00f3n capitalista.<\/p>\n<p>As\u00ed como la identificaci\u00f3n entre capital y Estado es falsa, es igualmente falsa la idea de una virulenta oposici\u00f3n entre el Estado y la \u201csociedad civil\u201d. En otros textos hemos tratado esto con m\u00e1s detenimiento, pero queremos recordar que fue en los comienzos del capitalismo cuando se acu\u00f1ara la expresi\u00f3n \u201csociedad civil\u201d. Marx dijo al respecto: <em>\u201cHegel parte de la <\/em>separaci\u00f3n de la \u201csociedad civil<strong><em>\u201d<\/em><\/strong><em> y del <strong>\u201c<\/strong><\/em>Estado pol\u00edtico<strong><em>\u201d<\/em><\/strong><em> como de dos oposiciones estables, de dos esferas realmente diferentes. Esta separaci\u00f3n existe, es cierto, <\/em>realmente<em> en el Estado <\/em>moderno<em>\u201d<\/em>.<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a> La sociedad civil es la estructura misma de la sociedad capitalista, todo lo que no forma parte del Estado. En ninguna otra forma social anterior hubiera hecho falta recurrir a esa distinci\u00f3n. Esta expresi\u00f3n apunta precisamente a indicar que el capital y el Estado son dos cosas distintas, aun si el segundo est\u00e1 al servicio de la dominaci\u00f3n del primero.<\/p>\n<p><strong><em>Polarizaci\u00f3n s\u00ed, \u00bfpero cu\u00e1l?<\/em><\/strong><strong>\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>Disipada en parte la aureola de invencible e indiscutible de la ola neoliberal que a\u00fan recorre el mundo, ha comenzado una necesaria reflexi\u00f3n sobre los alcances de sus consecuencias sociales. Es inocultable, y son muchas las voces que lo proclaman y denuncian, que hay una extrema polarizaci\u00f3n. El m\u00e1s modesto de la lista de 500 multimillonarios del mundo que elabora la revista <em>Forbes<\/em> tiene una fortuna que supera al PBI de muchos pa\u00edses. Las sumas que ganan o pierden los especuladores internacionales con una operaci\u00f3n exitosa o fracasada podr\u00edan financiar el presupuesto de varios pa\u00edses africanos. Mientras un pu\u00f1ado de millonarios se permite el lujo de comprar islas en el Egeo o el Caribe, el ingreso per c\u00e1pita de los somal\u00edes no alcanza a un d\u00f3lar diario. La concentraci\u00f3n de riqueza en un polo de la sociedad y de miseria en el otro ya alcanza un nivel obsceno.<\/p>\n<p>Pero esta constataci\u00f3n es muchas veces utilizada para reemplazar el an\u00e1lisis del funcionamiento del sistema y sus consecuencias con un criterio marxista de clases. Las clases se definen por las relaciones sociales que establecen los hombres en el proceso de producci\u00f3n y de apropiaci\u00f3n de lo producido. Hay quienes trabajan para vivir (mal) y quienes viven (bien) del trabajo ajeno. A partir de esto, se pueden se\u00f1alar matices, franjas m\u00e1s o menos fronterizas, etc. Pero hay un criterio material: la ubicaci\u00f3n econ\u00f3mica y social.<\/p>\n<p>Limitarse a constatar la polarizaci\u00f3n no basta. Es preciso poner de manifiesto que en un polo est\u00e1n los propietarios de los medios de producci\u00f3n, de distribuci\u00f3n y de cambio y que, en el otro polo, est\u00e1n las masas trabajadoras explotadas por esos propietarios. Sin estas connotaciones econ\u00f3mico-sociales, hablar de la polarizaci\u00f3n puede llevar a confundir en lugar de resaltar los antagonismos de clase, y a disimular el hecho capital de que el manejo de riquezas cada vez mayores por un grupo de hombres cada vez m\u00e1s reducido no nace de las habilidades para los negocios de unos pocos inescrupulosos magnates, sino de la extracci\u00f3n de plusval\u00eda que pauperiza hasta extremos jam\u00e1s vistos a la mayor\u00eda de la humanidad.<br \/>\n<a name=\"titulo5\"><\/a><\/p>\n<h2>V. Desarrollar la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n<\/h2>\n<p>El prop\u00f3sito de este punto ser\u00e1 presentar <em>algunas<\/em> opiniones acerca de la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n: el tema es muy vasto y con tantas implicaciones hist\u00f3ricas, te\u00f3ricas y pol\u00edticas que es imposible abordarlo de manera exhaustiva, y nuestra elaboraci\u00f3n conserva lagunas importantes. Comenzamos con algunos lineamientos referidos al car\u00e1cter y a la din\u00e1mica de la revoluci\u00f3n socialista, en el que se incluyen elementos de balance sobre la teor\u00eda de la revoluci\u00f3n permanente. Luego realizamos una indagaci\u00f3n de la concepci\u00f3n de la revoluci\u00f3n como \u201cproceso hist\u00f3rico\u201d, deteni\u00e9ndonos en lo referente a la cuesti\u00f3n de la insurrecci\u00f3n y de la lucha por el poder.<\/p>\n<h2><em>El car\u00e1cter y la din\u00e1mica de la revoluci\u00f3n socialista mundial<\/em><\/h2>\n<p>Aunque los fundadores del marxismo concibieron la revoluci\u00f3n socialista como un <em>proceso internacional<\/em>, la Segunda Internacional desarroll\u00f3 una pr\u00e1ctica y teor\u00eda de cambios evolutivos y a escala nacional, hasta que la guerra y la revoluci\u00f3n rusa trajeron nuevamente a un primer plano las cuestiones atinentes a la revoluci\u00f3n mundial. Posteriormente, y en particular despu\u00e9s de la Segunda Guerra, estalinistas y socialdem\u00f3cratas se ocuparon de enterrar nuevamente las perspectivas internacionalistas, desarmando al movimiento obrero mundial y dejando el camino expedito a la \u201cmundializaci\u00f3n del capital\u201d. En la actualidad se replantea, bajo nuevas condiciones, el car\u00e1cter planetario de la revoluci\u00f3n, pues es en este terreno en el que cada vez m\u00e1s se desenvuelven las confrontaciones sociales. Se multiplican los indicios de que el destino de los trabajadores o sectores oprimidos de cualquier naci\u00f3n depende de la capacidad para converger en una acci\u00f3n internacional contra el poder econ\u00f3mico, pol\u00edtico y militar del sistema capitalista mundial. Es que hoy, como nunca antes en la historia, el mundo conforma una unidad econ\u00f3mica-social inextricable. Esto no implica una unidad homog\u00e9nea del sistema: existen contradicciones entre la econom\u00eda mundial y las econom\u00edas nacionales o los bloques regionales, brutales asimetr\u00edas e incluso marginaci\u00f3n de vastas regiones del globo: el capitalismo mundializado es tambi\u00e9n caos planetario. M\u00e1s all\u00e1 de los crujidos y desajustes del sistema mundial de Estados y sus macro-instrumentos (ONU, OTAN, FMI, etc.) crecen la explotaci\u00f3n, la opresi\u00f3n y las acciones para mantener la subordinaci\u00f3n de todos los pueblos del orbe. No hay m\u00e1rgenes para proponer revoluciones o socialismos \u201cnacionales\u201d y, por ello, incluso si la formulaci\u00f3n que diera Le\u00f3n Trotsky debiera ser modificada a la luz de casi un siglo de experiencias revolucionarias de todo tipo, cabe insistir en el enfoque que adelantamos en la Presentaci\u00f3n: <em>revoluci\u00f3n permanente, revoluci\u00f3n internacional, revoluci\u00f3n total<\/em>.<\/p>\n<p>Dada la subsunci\u00f3n de todas las relaciones sociales de producci\u00f3n y aun de las m\u00e1s dispares formaciones econ\u00f3mico-sociales a las imposiciones del capitalismo mundial, cualquiera de las grandes tareas que se le presentan a las masas en cualquier lugar del mundo (sean antiimperialistas, democr\u00e1ticas, agrarias, ecologistas, feministas, etc.), para tener perspectivas de ser resueltas de manera no parcial o ef\u00edmeramente, deben encadenarse en una estrategia de transici\u00f3n al socialismo. Cualquiera de estas luchas desprendida de un curso apuntado contra la dominaci\u00f3n del capital se condena a la esterilidad. El universo del capital globalizado sobredetermina cada una de estas reivindicaciones y las coloca en su radical oposici\u00f3n, si de verdad \u00e9stas asumen un desenvolvimiento radical. Ninguna de estas tareas puede resolverse de manera independiente, separada o en formas alternativas o sucesivas, pues constituyen un todo complejo de desaf\u00edos, que se halla internamente imbricado y externamente unificado en su oposici\u00f3n a la barbarie capitalista. \u00bfC\u00f3mo separar en problem\u00e1ticas o temporalidades diferentes la lucha por mejores condiciones materiales de vida de los trabajadores, de la que busca garantizar el derecho al aborto, de la que procura acabar con la destrucci\u00f3n del medio ambiente provocada por las grandes empresas, de la que pugna por encontrar nuevas y menos alienantes formas de socializaci\u00f3n juvenil, de la que quiere acabar con las discriminaciones y opresiones nacionales, sexistas, raciales o culturales? \u00bfC\u00f3mo escindir cada una de estas peleas del enfrentamiento al sistema y al Estado capitalistas que engendran aquellos y otros tantos motivos de lucha? Es que no hay antagonismo alguno en la actualidad que no se encuentre conjugado al que emana de la existencia del capitalismo globalizado. Es por eso imposible pretender postergar las transformaciones socialistas en aras del cumplimiento de objetivos previos. Cualquier \u201c\u00e9xito\u201d epis\u00f3dico se torna pronto inservible, colapsa, se desnaturaliza. Es que el capitalismo ha aprendido en estos siglos a recuperar las cuotas de beneficios, autonom\u00eda e iniciativa que le logr\u00f3 arrancar la protesta y acci\u00f3n de los trabajadores, para metabolizarlas como nuevas formas de explotaci\u00f3n, alienaci\u00f3n y dominio.<\/p>\n<p>Y, por otro lado, la resoluci\u00f3n de cualquiera de estas tareas exige la movilizaci\u00f3n y autoorganizaci\u00f3n de los implicados, cuya acci\u00f3n directa debe apuntar a la liquidaci\u00f3n de la propiedad privada y los Estados que la custodian, sentando las premisas para una transici\u00f3n que logre, efectivamente, ir m\u00e1s all\u00e1 del orden del capital. La experiencia hist\u00f3rica ha demostrado que cuando se liberan las potencialidades revolucionarias de las masas y \u00e9stas encuentran los medios para autodeterminarse en los procesos de lucha, se ponen de manifiesto las tendencias profundas y los inagotables recursos humanos capaces de sostener el car\u00e1cter <em>permanentista<\/em> de la revoluci\u00f3n socialista. En definitiva, todo esto nos lleva a vislumbrar los enormes horizontes que descubre la revoluci\u00f3n <em>socialista<\/em>. Verdadera epopeya consciente de la humanidad, la revoluci\u00f3n por la que los marxistas luchamos es profundamente abarcativa y reacia a los l\u00edmites. La <em>revoluci\u00f3n socialista<\/em> no se define por una mera alteraci\u00f3n econ\u00f3mica de los factores de producci\u00f3n o un cambio de las formas de propiedad (de privadas a estatales). No debe limitase a tareas pura y exclusivamente pol\u00edticas, como derrocar un gobierno o remover un r\u00e9gimen pol\u00edtico por otro que act\u00fae en nombre de la clase trabajadora. No se conforma con un decreto de liquidaci\u00f3n de ciertos grupos sociales parasitarios y explotadores para atenuar las desigualdades. No debe contemporizar con las otras formas de dominaci\u00f3n no comprendidas exclusivamente en t\u00e9rminos econ\u00f3micos (sobre los j\u00f3venes, los ancianos, las minor\u00edas sexuales, los grupos que defienden su identidad \u00e9tnica o nacional y, por sobre todo, las mujeres), rechazando ese insidioso y disfrazado <em>etapismo<\/em> que posterga para un futuro indeterminable la resoluci\u00f3n de estas miserias insoportables en el presente. Como dijimos, la revoluci\u00f3n socialista debe desarrollarse como una <em>revoluci\u00f3n total, radical<\/em>. Por eso, y en la actualidad m\u00e1s que nunca, es imperioso identificar e identificarse con los nuevos actores sociales resistentes al sistema para enlazarlos al destino de la clase trabajadora. Lo que implica un combate no s\u00f3lo pol\u00edtico, econ\u00f3mico y social, sino tambi\u00e9n cultural y moral. La revoluci\u00f3n s\u00f3lo podr\u00e1 desenvolverse a condici\u00f3n de que apunte contra las m\u00faltiples formas de explotaci\u00f3n, dominaci\u00f3n, opresi\u00f3n y alienaci\u00f3n presentes en la sociedad contempor\u00e1nea, y se oriente contra la usina de cada una de ellas: el capitalismo globalizado.<\/p>\n<p>Finalmente, pero no por ello menos importante, cabe subrayar la necesidad de concebir a la <em>revoluci\u00f3n y el socialismo como hechos conscientes<\/em>, construidos por una subjetividad revolucionaria que en ese proceso tambi\u00e9n se revolucionar\u00e1. Las revoluciones, y en particular la revoluci\u00f3n socialista, no deben ser concebidas como una resultante m\u00e1s o menos natural de fuerzas econ\u00f3micas y sociales que, por el hecho de existir impulsar\u00e1n la historia en tal o cual sentido. Siempre hay una combinaci\u00f3n de determinaciones estructurales, de oportunidades coyunturales y de decisiones de los sujetos pol\u00edticos y sociales que act\u00faan, haciendo o dejando de hacer determinadas cosas. El curso de la revoluci\u00f3n est\u00e1 dado por esos tres elementos. Nuestro siglo ha visto muchos tipos de revoluciones, y esta misma diversidad demuestra que el curso y car\u00e1cter efectivamente socialista de la revoluci\u00f3n no depende solamente de las condiciones socio-econ\u00f3micas de un pa\u00eds, ni del peso absoluto y relativo de las clases sociales, ni siquiera de qui\u00e9n la dirige, sino que es un proceso en el que se combinan todos esos elementos. Debemos concebir a la revoluci\u00f3n -ya Marx lo hab\u00eda dicho as\u00ed- como el cambio de las \u201ccircunstancias\u201d (vale decir, de las condiciones materiales en las que viven los hombres y los empujan a la revoluci\u00f3n) junto con el cambio de los protagonistas en el curso del mismo proceso. Para hacer la revoluci\u00f3n, la clase obrera, los explotados en general y <em>tambi\u00e9n los partidos revolucionarios<\/em>, deben ser capaces de revolucionarse en el curso mismo de la revoluci\u00f3n. Todas estas son ense\u00f1anzas que deber\u00e1n ir reemplazando las concepciones objetivistas fuertemente anudades en la tradici\u00f3n trotskista, y muy concretamente en nuestra corriente. El derrumbe de los estados burocr\u00e1ticos y la bancarrota de las revoluciones de posguerra demostraron el car\u00e1cter p\u00edrrico del \u201ctriunfo\u201d y las conquistas alcanzadas por estas transformaciones que no tuvieron (o detuvieron) un curso permanentista de transici\u00f3n al socialismo. Revoluciones que no se transformaron en socialistas se estancaron, se pudrieron y parieron, finalmente, abortos hist\u00f3ricos condenados a la ignominia.<\/p>\n<p>Todo esto conduce a destacar otros dos elementos. Por un lado, la importancia que asume el desarrollo de la <em>conciencia socialista<\/em>, antes, durante y despu\u00e9s del momento de la lucha por el poder. Conciencia socialista que no podr\u00e1 estar enteramente contenida o \u201cmonitoreada\u201d por el partido, sino que deber\u00e1 estar ampliamente extendida (e incluso permanentemente recreada) en el movimiento de masas. Por el otro, como ya hemos adelantado, la necesidad de reconocer la existencia de m\u00faltiples sujetos sociales y pol\u00edticos con capacidad de actuar e incidir en los procesos revolucionarios. Todo lo cual nos conduce a una superaci\u00f3n de otros l\u00edmites presentes en la tradici\u00f3n del movimiento trotskista con los que debemos romper, como el obrerismo, el sindicalismo o el reduccionismo economicista. Claro est\u00e1, todo esto debe ser procesado te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente, sin derivar en un subjetivismo est\u00e9ril o en un relativismo indeterminista que imagina sujetos sociales difusos, amorfos e inofensivos, desprovistos de vitalidad y radicalidad para enfrentar al orden capitalista.<\/p>\n<h2><em>La revoluci\u00f3n como proceso hist\u00f3rico<\/em><\/h2>\n<p>La revoluci\u00f3n socialista es un <em>proceso hist\u00f3rico<\/em>, es decir, no se agota ni en uno de sus momentos ni en una de sus etapas en determinado pa\u00eds. Pero es preciso que examinemos algunas de las implicancias que tiene esta definici\u00f3n, tanto desde el punto de vista de la ciencia hist\u00f3rica en general como del marxismo en particular. Todo trabajo hist\u00f3rico descompone el tiempo pasado y escoge entre sus realidades cronol\u00f3gicas. El tiempo hist\u00f3rico no puede ser comprendido ni medido de una sola manera. Los historiadores lo han venido examinando esencialmente en tres grandes niveles.<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\">[27]<\/a> Algunos se han interesado especialmente en el \u201ctiempo largo\u201d, poniendo el acento en todo aquello que es casi inm\u00f3vil o se altera muy gradualmente. Como cre\u00eda Fernand Braudel: la historia como estructura; la estructura como conjunto o ensamblaje de muy larga vida, que puede durar a trav\u00e9s de muchas generaciones. En este tiempo de \u201clarga duraci\u00f3n\u201d, se exalta lo que se conserva, lo que resiste a las sacudidas conflictivas a trav\u00e9s del zigzagueante sendero de las coyunturas.<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\">[28]<\/a> Otros historiadores, est\u00e1n m\u00e1s atentos al cambio, a la transformaci\u00f3n de esas estructuras. Entonces, nos hablan de \u201ctiempos medios\u201d y \u201ctiempos cortos\u201d. Estos pueden ser ciclos (en donde se entrecruzan lo estructural y lo din\u00e1mico) y coyunturas, y dentro de ellas tiempos a\u00fan m\u00e1s \u201cbreves\u201d.<\/p>\n<p>La coyuntura no puede ser menospreciada por su aparente inmediatez y fugacidad. Tiene tanta profundidad y complejidad como el proceso hist\u00f3rico de larga duraci\u00f3n, ya que, como sostiene Pierre Vilar, \u201c<em>es el conjunto de las condiciones articuladas entre s\u00ed que caracterizan un momento en el movimiento global de la materia hist\u00f3rica. En este sentido, se trata de todas las condiciones, tanto de las psicol\u00f3gicas, pol\u00edticas y sociales como de las econ\u00f3micas o meteorol\u00f3gicas. En el seno de lo que hemos llamado la \u2018estructura\u2019 de una sociedad, cuyas relaciones fundamentales y cuyo principio de funcionamiento son relativamente estables, se dan en contrapartida unos movimientos incesantes que son resultado de este mismo funcionamiento y que modifican en todo momento el car\u00e1cter de estas relaciones, la intensidad de los conflictos, las relaciones de fuerza<\/em>\u201d. En definitiva, \u201c<em>examinar la coyuntura equivale a definir el momento.\u201d<a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\"><strong>[29]<\/strong><\/a><\/em> Las coyunturas, o incluso los <em>acontecimientos<\/em> (tiempo m\u00e1s breve a\u00fan), nos revelan las contradicciones de la estructura, poniendo la fecha de la conmoci\u00f3n o choque hist\u00f3rico, pero no la causa. La estructura hist\u00f3rica es un entramado de relaciones entre los hechos; un conjunto de relaciones en mutua interconexi\u00f3n y en perpetuo movimiento. Esa historia estructural de per\u00edodos largos y medios est\u00e1 jalonada de situaciones coyunturales que no hacen sino expresar a su m\u00e1s alto nivel la problem\u00e1tica latente en la estructura. Todo conflicto, crisis o revoluci\u00f3n social, que parecen netamente coyunturales, no se pueden estudiar sin conocer la estructura y los tiempos largos en los cuales se insertan. Pero la naturaleza contradictoria y conflictual de estos tiempos de larga duraci\u00f3n se pone de manifiesto abiertamente a nivel de la coyuntura, que representa el momento en que los elementos que forman el conjunto estructural entran en conflicto abierto, al agudizarse sus contradicciones.<\/p>\n<p>Claro que no todas las coyunturas tienen trascendencia hist\u00f3rica. Consideremos un ejemplo de coyuntura especialmente relevante para el tema que aqu\u00ed tratamos: las crisis sociales y pol\u00edticas. Est\u00e1n las superficiales y que discurren como meras peripecias, porque la contradicci\u00f3n que portan no tiene car\u00e1cter antag\u00f3nico. Son conflictividades internas en el seno del bloque de las clases dominantes. Y est\u00e1n las crisis que se transforman en verdaderas coyunturas hist\u00f3ricas, cuando el conflicto alcanza un nivel en el que se hace posible el cambio estructural. Sin ese conflicto manifiesto, sin las grandes rupturas y quiebres hist\u00f3ricos, no hay aut\u00e9ntica historia ni comprensi\u00f3n de los tiempos largos. Todo esto debe ser comprendido tanto por el historiador como por el militante revolucionario. Es posible trazar un paralelismo entre ambos. Los dos estudian y act\u00faan sobre procesos y estructuras, pero ninguno puede olvidar las coyunturas, los episodios, los \u201cmomentos\u201d. El historiador, por oficio, est\u00e1 condicionado por una exigencia cronol\u00f3gica a fechar con precisi\u00f3n y a destacar esos instantes. El revolucionario debe interpretar e intervenir sobre ellos, sin perder de vista el contexto temporal, estructural y pluricausal que los comprende.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n por la que los marxistas revolucionarios luchamos, como vimos, es inmensa, en t\u00e9rminos diacr\u00f3nicos y sincr\u00f3nicos, pues se presenta como una aut\u00e9ntica era de transformaci\u00f3n social, que debe conducir a la completa emancipaci\u00f3n del g\u00e9nero humano. Por su complejidad, por su totalidad y por su radicalidad, la revoluci\u00f3n socialista mundial es un proceso de gran escala y de larga duraci\u00f3n. Pero no es completamente uniforme ni unilineal. Sus tiempos y ritmos internos no pueden medirse s\u00f3lo con una regla gradualista. Como en todos los grandes procesos hist\u00f3ricos de transformaci\u00f3n social, la revoluci\u00f3n socialista tiene etapas, per\u00edodos, situaciones, coyunturas, ciclos de ruptura, episodios, y aun momentos, que es decisivo reconocer para encontrar en cada uno de ellos la perspectiva revolucionaria. Es imperdonable confundir el proceso en su globalidad y unicidad, con los distintos tiempos hist\u00f3ricos \u201cmedios\u201d y \u201ccortos\u201d que lo conforman y redefinen.<\/p>\n<h2><em>Un momento clave en el tiempo hist\u00f3rico de la revoluci\u00f3n: la insurrecci\u00f3n y la lucha por el poder<\/em><\/h2>\n<p>Ya hablamos de <em>revoluci\u00f3n como proceso hist\u00f3rico<\/em>, y se\u00f1alamos que, ciertamente, la revoluci\u00f3n socialista mundial es un proceso hist\u00f3rico de larga duraci\u00f3n, que engloba a una totalidad de esferas (pol\u00edticas, sociales, econ\u00f3micas, culturales, ideol\u00f3gicas, morales). Por ello, ni se agota, ni se limita, ni se define en tal o cual momento de ese extenso tr\u00e1nsito temporal. Pero ninguna de estas consideraciones podr\u00eda justificar el ignorar la complejidad, diversidad y especificidad de \u201ctiempos hist\u00f3ricos\u201d que supone, y mucho menos abandonar la precisi\u00f3n de los momentos de ruptura que posibilitan los grandes cambios hist\u00f3ricos; cuando los elementos que forman el conjunto estructural entran en conflicto abierto, al agudizarse sus contradicciones.<\/p>\n<p>Para la revoluci\u00f3n socialista, esos episodios descollantes, emergentes, de naturaleza claramente conflictiva, son las crisis org\u00e1nicas o revolucionarias, en las cuales las clases o bloques sociales dominantes pierden, primero, su hegemon\u00eda ideol\u00f3gica y, luego, las bases sociales en que se apoyaban (es decir, su representatividad y autoridad). All\u00ed el poder de las clases dominantes entra en un <em>impasse<\/em>, en un desasosiego, en un colapso (generalmente causal, y no casual). Dichas crisis no pueden ser excesivamente duraderas y se cierran con grandes acontecimientos hist\u00f3ricos, que esencialmente son dos: o las masas trabajadoras insurreccionadas desbaratan y arrancan ese poder a las clases dominantes; o estas \u00faltimas se recomponen, aplastan la insubordinaci\u00f3n y recomponen los tejidos de represi\u00f3n y dominio. Insurrecci\u00f3n y represi\u00f3n contrarrevolucionaria: he all\u00ed los dos momentos pol\u00edticos claves a los que toda revoluci\u00f3n aut\u00e9ntica se topar\u00e1 en los momentos iniciales de su recorrido, que abrir\u00e1n (o cerrar\u00e1n, en caso de triunfar la segunda) un largo desarrollo de transformaciones.<\/p>\n<p>Aclaremos aqu\u00ed una cuesti\u00f3n de enorme importancia. Para el triunfo de la revoluci\u00f3n socialista, las salidas y las soluciones no son \u00fanicamente pol\u00edticas, pues la revoluci\u00f3n es un todo complejo en donde lo pol\u00edtico se enhebra profundamente con (e incluso en) lo social. De hecho, es lo social, la participaci\u00f3n de las m\u00e1s amplias masas explotadas, lo que deber\u00eda adquirir mayor peso y relevancia en todo el proceso revolucionario y transicional. No hay duda de que la gran ense\u00f1anza de las revoluciones de este siglo es que cuando retrocede la incidencia de lo social, cuando la acci\u00f3n libre y conciente de las masas es entumecida y paralizada por las telara\u00f1as de los dispositivos institucionalistas o estatalistas, las revoluciones pierden toda su vitalidad hist\u00f3rica. Pero no se puede admitir tampoco el error opuesto, el de creer que sin la resoluci\u00f3n del problema \u201cpol\u00edtico\u201d es posible la transici\u00f3n al socialismo. En el \u201ctiempo corto\u201d de una crisis revolucionaria se requiere de una respuesta social y pol\u00edtica precisa, la insurrecci\u00f3n. La insurrecci\u00f3n es la movilizaci\u00f3n y autoorganizaci\u00f3n de las masas que derrocan el poder de los explotadores. Es un hecho tanto social como pol\u00edtico. All\u00ed no se condensan todos los problemas de la revoluci\u00f3n y de la transici\u00f3n al socialismo, ni muchos menos acaban; ni siquiera comienzan, pues el desarrollo de la conciencia socialista de las masas debe ser muy anterior a este episodio, para que \u00e9ste ocurra y se convierta en una palanca de progreso hist\u00f3rico. Pero sin este punto de ruptura que representa la insurrecci\u00f3n, no hay revoluci\u00f3n ni transici\u00f3n socialista posible.<\/p>\n<p>En una genuina transici\u00f3n al socialismo se deber\u00e1 tender a una consciente y en\u00e9rgica acci\u00f3n de progresiva disoluci\u00f3n del Estado, la pol\u00edtica y todas las instituciones y pr\u00e1cticas de dominaci\u00f3n social. Pero la pr\u00e9dica antipoliticista por s\u00ed misma resulta impotente para promover y entender algunos pasos decisivos en esta transici\u00f3n. Porque es preciso atender las exigencias de los \u201ctiempos cortos\u201d, particularmente la que hace a la necesidad de una pol\u00edtica socialista y revolucionaria por parte de la clase obrera en lucha contra el Estado burgu\u00e9s. La pol\u00edtica de la burgues\u00eda debe ser enfrentada concreta y materialmente por una pol\u00edtica obrera revolucionaria; el Estado de la burgues\u00eda debe ser destruido y reemplazado por el \u201csemi-estado\u201d (como dijera Lenin) de los obreros armados. No se reemplaza la lucha contra el poder burgu\u00e9s y por el poder de los trabajadores con formulaciones abstractas, de raigambre anarquista, que parecen suponer la posibilidad de la extinci\u00f3n, en un acto y por decreto, del Estado, de la pol\u00edtica y de toda instituci\u00f3n. No es posible concebir una verdadera transici\u00f3n al comunismo sin una creciente socializaci\u00f3n y apropiaci\u00f3n directa de la producci\u00f3n y de todas las formas de decisi\u00f3n social por parte de trabajadores y consumidores. All\u00ed est\u00e1 la experiencia de la evoluci\u00f3n de la URSS para demostrarnos lo que ocurre eliminando esta norma. Pero tambi\u00e9n es cierto que esta transici\u00f3n nunca comenzar\u00e1 realmente ni se posibilitar\u00e1 hist\u00f3ricamente (ver las lecciones de la Revoluci\u00f3n Espa\u00f1ola) sin el derrocamiento del poder burgu\u00e9s mediante una insurrecci\u00f3n victoriosa y su reemplazo por un semi-estado de las masas trabajadoras, constituido por la m\u00e1s amplia democracia, la libre iniciativa y el autogobierno de productores y consumidores.<\/p>\n<p>Ya hicimos nuestra cr\u00edtica (y autocr\u00edtica) de los errores derivados de considerar a la revoluci\u00f3n rusa y al poder bolchevique como \u201cmodelos\u201d a salvo de cr\u00edticas. Pero esto debe ser extendido a otras experiencias, como por ejemplo la de la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola. Ninguna reivindicaci\u00f3n u homenaje que hagamos a la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola es excesivo, pues se trat\u00f3 de una gesta de lucha epop\u00e9yica. Y no s\u00f3lo cabe la admiraci\u00f3n por el hero\u00edsmo y entrega que millones de explotados mostraron en Espa\u00f1a entre 1936-1939; tambi\u00e9n merecen una profunda reflexi\u00f3n las experiencias de socializaci\u00f3n o \u201ccolectivizaci\u00f3n\u201d que all\u00ed se pusieron en pr\u00e1ctica. Pero, desde el marxismo revolucionario, ser\u00eda imperdonable no destacar tambi\u00e9n otra de las grandes ense\u00f1anzas que nos dej\u00f3 aquella experiencia ib\u00e9rica: la direcci\u00f3n anarquista que orientaba mayoritariamente a las masas catalanas (y que gozaba de un enorme prestigio en toda la pen\u00ednsula) hizo que \u00e9stas no se orientaron hacia la destrucci\u00f3n del estado burgu\u00e9s y no alcanzaran a tener una pol\u00edtica clara y firme frente al r\u00e9gimen republicano (que r\u00e1pidamente adopt\u00f3 un curso contrarrevolucionario). Esta negativa a arrancar el poder pol\u00edtico a la burgues\u00eda finalmente coart\u00f3 de ra\u00edz sus avanzadas experiencias de colectivizaci\u00f3n. Se\u00f1alamos esto porque los diversos intentos que se han hecho para oponer el colectivismo de la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola al estatismo ruso dejan de lado el \u201cdetalle\u201d de que la revoluci\u00f3n en Espa\u00f1a detuvo su marcha, relativamente, mucho antes que en Rusia. Carece de toda seriedad olvidar este punto y sostener que se trat\u00f3 de una revoluci\u00f3n \u201csuperior\u201d e \u201cinsuperable\u201d, y peor a\u00fan es ocultar este malabarismo argumental con todo tipo de sorprendentes exageraciones y distorsiones referidas a la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola. Cada vez que reaparece este tipo de argumentos, cabe volver a las conclusiones que sacaba Karl Korsch. Este apasionado defensor de la colectivizaci\u00f3n y los trabajadores de la CNT escribi\u00f3 en 1938:<em>\u201cQuien quiera calibrar con realismo el trabajo positivo llevado a cabo por el proletariado revolucionario en Catalu\u00f1a y en otras regiones de Espa\u00f1a deber\u00e1 abstenerse de enjuiciar sus logros\u00a0 tanto a la luz de unos ideales puramente abstractos como a la de los resultados alcanzados por otros movimientos revolucionarios en circunstancias radicalmente distintas. No cabe la menor duda de que, en sus frutos tangibles, ni siquiera en las industrias catalanas, donde podemos estudiarla en forma m\u00e1s evolucionada, puede decirse que la colectivizaci\u00f3n se haya aproximado a la imagen ideal que de la misma nos ofrece la teor\u00eda socialista y comunista. Y esta distancia aumenta si comparamos dicha realidad con los elevados sue\u00f1os de varias generaciones de obreros revolucionarios sindicalistas y anarquistas desde los d\u00edas de Bakunin\u201d<\/em>. Y m\u00e1s significativa es su caracterizaci\u00f3n de que <em>\u201c&#8230;las acciones revolucionarias de los obreros catalanes fueron efectivamente frenadas por su tradicional abstinencia pol\u00edtica. Ni siquiera las m\u00e1s radicales medidas econ\u00f3micas dictadas por ellos en el momento en que parec\u00edan ser los due\u00f1os absolutos de la situaci\u00f3n \u2013y en el que como tales se ten\u00edan&#8211; dieron lugar a resultados similares a los que hicieron que las medidas econ\u00f3micas y pol\u00edticas de la dictadura bolchevique llenaran de furia y espanto a sus enemigos del interior y de todo el mundo burgu\u00e9s. En las cr\u00f3nicas burguesas sobre la Espa\u00f1a revolucionaria apenas encontramos el desasosiego con el que los observadores extranjeros daban cuenta del presunto \u00abhorror\u00bb de la revoluci\u00f3n bolchevique en la \u00e9poca del <\/em>cordon sanitair<em>e\u201d<\/em>. Y, despu\u00e9s de ilustrar con varios ejemplos, concluye este autor: <em>\u201cEl hecho de que la CNT y la FAI se hayan visto por fin obligadas, en virtud de tales experiencias harto amargas, a deponer su tradicional estrategia de abstencionismo pol\u00edtic,o ha hecho ver a todos los revolucionarios &#8211;con la excepci\u00f3n de algunos grupos anarquistas desesperadamente sectarios&#8211;la \u00edntima relaci\u00f3n existente entre la acci\u00f3n econ\u00f3mica y la acci\u00f3n pol\u00edtica en todas las fases de la lucha de clases del proletariado, y muy especialmente en la fase revolucionaria. Esta es la ense\u00f1anza m\u00e1s importante de la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola -episodio final de la ola revolucionaria desencadenada a ra\u00edz de la primera guerra mundial-\u201d<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\"><strong>[30]<\/strong><\/a>. <\/em>En s\u00edntesis, la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola enajen\u00f3 su destino cuando no encar\u00f3 la resoluci\u00f3n de un problema clave: la destrucci\u00f3n del Estado burgu\u00e9s. En este sentido, s\u00ed fue \u201csuperada\u201d y fue \u201cinferior\u201d a la rusa de 1917. Aquel episodio decisivo, aquel \u201ctiempo corto\u201d de la insurrecci\u00f3n y la toma del poder por parte del proletariado y las masas explotadas, nunca se produjo y cedi\u00f3 su lugar a la contrarrevoluci\u00f3n falangista.<\/p>\n<h2><em>La violencia en el proceso revolucionario<\/em><\/h2>\n<p>El problema de la violencia nos remite de lleno a la relaci\u00f3n entre medios y fines. Por supuesto, el ejercicio de la violencia debe entenderse, desde una perspectiva socialista revolucionaria, s\u00f3lo como un medio para la transformaci\u00f3n socialista de la sociedad y la emancipaci\u00f3n toda del g\u00e9nero humano, nunca como un fin; tampoco debe confundirse la necesidad de \u00e9sta con una virtud. El marxismo revolucionario siempre sostuvo que la violencia era una necesidad que surg\u00eda del mismo movimiento revolucionario: no habr\u00eda transici\u00f3n posible sin vencer la oposici\u00f3n, la feroz resistencia que opondr\u00eda la clase dominante y sus instrumentos institucionalizados de fuerza. Abreva en toda una tradici\u00f3n que recogi\u00f3 la experiencia hist\u00f3rica de las revoluciones y luchas revolucionarias, desde la francesa de 1789 en adelante. Hasta mediados del siglo XIX, estaba establecido como sentido com\u00fan que la violencia revolucionaria era el \u00fanico medio de lograr la emancipaci\u00f3n del trabajo. Marx s\u00f3lo alguna vez entrevi\u00f3 la posibilidad de un tr\u00e1nsito pac\u00edfico, all\u00ed donde la burocracia y el ej\u00e9rcito no dominaran el Estado, donde la clase obrera fuera absoluta mayor\u00eda y estuviera muy organizada (con alto nivel pol\u00edtico y cultural), y existiera una tradici\u00f3n de la clase dominante por buscar v\u00edas de compromiso. Frecuentemente pensaba en Inglaterra. Pero no dejaba de se\u00f1alar: <em>\u201cen la mayor parte de los pa\u00edses continentales habra que forzar la palanca de la revoluci\u00f3n<\/em>\u201d.<a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\">[31]<\/a><\/p>\n<p>Son numerosas las ocasiones en las que Marx y Engels, de manera expl\u00edcita, destacaron el car\u00e1cter necesariamente violento que adquirir\u00eda el desarrollo de la revoluci\u00f3n obrera y socialista, y los recaudos que en ese sentido deber\u00eda tomar el proletariado. Veamos \u00e9sta: \u201c<em>La revoluci\u00f3n es un acto a trav\u00e9s del cual una parte de la poblaci\u00f3n impone su voluntad a la otra parte mediante fusiles, bayonetas y ca\u00f1ones, es decir, con los medios m\u00e1s autoritarios que se pueden imaginar<\/em>.\u201d<a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\">[32]<\/a> O esta otra: \u201c<em>La violencia es la partera de toda vieja sociedad que anda pre\u00f1ada de una nueva<\/em>\u201d. O \u00e9sta: <em>\u201cLa violencia es el instrumento con el cual el movimiento social se impone y rompe formas pol\u00edticas enrigidecidas y muertas<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\">[33]<\/a> . O \u00e9sta: <em>\u201c&#8230; el partido vencedor est\u00e1 obligado necesariamente a mantener su dominio por el miedo que sus armas inspiren a los reaccionarios<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\">[34]<\/a> . O \u00e9sta: \u201c&#8230; <em>el proletariado, destruyendo por la fuerza a la burgues\u00eda, coloca los cimientos de su dominaci\u00f3n<\/em>.\u201d<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\">[35]<\/a><\/p>\n<p>Fue la socialdemocracia hacia fines del siglo XIX la que, a medida que adoptaba un curso reformista, comenz\u00f3 a insistir con los planteos pacifistas. Los bolcheviques rusos, en su larga experiencia de lucha contra el Estado autocr\u00e1tico zarista y la Internacional Comunista luego, condenaron estas posiciones y concluyeron, como antes lo hab\u00edan hecho Marx y Engels, que el Estado capitalista se ver\u00eda compelido a impedir las libertades democr\u00e1ticas y a apelar a la violencia cuando se viera amenazada seriamente la propiedad de los medios de producci\u00f3n. Es verdad que los socialistas revolucionarios no podemos predicar ni reivindicar hist\u00f3ricamente el uso de un terror sistem\u00e1tico descontrolado, las pr\u00e1cticas de la violencia elitista de grupos aislados, el empleo de la tortura, el principio de la venganza ciega. Como dir\u00eda el viejo Marx,<em> \u201cNada de lo humano nos es ajeno\u201d. <\/em>Por eso, intentaremos que la violencia quede reducida al m\u00ednimo y sea manejada con extrema discreci\u00f3n. Pero eso no nos impide entender que la violencia estar\u00e1 necesariamente presente en el proceso revolucionario. Este mismo enfoque es el que sosten\u00eda Rosa Luxemburgo: <em>\u201cEn las sangrientas revoluciones burguesas, el terror y el asesinato pol\u00edtico fueron las armas indispensables para la insurrecci\u00f3n de las clases. La revoluci\u00f3n proletaria no necesita del terror para realizar sus objetivos, ve con aversi\u00f3n y con repugnancia la carnicer\u00eda de los hombres (&#8230;) Pero la revoluci\u00f3n proletaria es, al mismo tiempo, la muerte segura de toda servidumbre y opresi\u00f3n (&#8230;) Todas las clases dominantes han defendido siempre sus privilegios hasta el final, con la m\u00e1s rabiosa energ\u00eda (&#8230;) La clase de los capitalistas imperialista (&#8230;) supera en bestialidad, en cinismo descarado, en ignominia, a todas sus predecesoras (&#8230;) Remover\u00e1 el cielo y el infierno contra la revoluci\u00f3n proletaria (&#8230;) <\/em>Todas estas resistencias deber\u00e1n ser destruidas pasos a paso, con un pu\u00f1o de hierro, con una energ\u00eda tenaz. Se necesita oponer a la violencia de la contrarevoluci\u00f3n la violencia revolucionaria de todo el proletariado.\u201d<a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\">[36]<\/a><\/p>\n<p>Es correcto criticar la pr\u00e1ctica y la teor\u00eda del \u201cTerror Rojo\u201d, tal como se expresa por ejemplo en <em>Terrorismo y Comunismo<\/em> de Le\u00f3n Trotsky. Decimos sin subterfugios que consideramos que ese libro estaba equivocado en 1920, y podr\u00edamos agregar que Nahuel Moreno repiti\u00f3 y multiplic\u00f3 ese error cuando escribi\u00f3 <em>La Dictadura Revolucionaria del Proletariado<\/em>, y que todos nosotros compartimos hasta hace algunos a\u00f1os semejantes errores. Aclarado esto, sin embargo, debemos se\u00f1alar que no existe ninguna justificaci\u00f3n para pasar lisa y llanamente a ignorar la necesidad de la violencia en el proceso revolucionario.<\/p>\n<p>No nos preocupa permanecer fieles a las observaciones cl\u00e1sicas formuladas por el marxismo a lo largo de 150 a\u00f1os, sino atender a las ense\u00f1anzas b\u00e1sicas que emergen de la experiencia vital de los propios trabajadores en la lucha de clases. No estamos exhumando el esp\u00edritu de Robespierre si afirmamos que la violencia no est\u00e1 s\u00f3lo presente en el momento insurreccional, sino que recorre todo el proceso revolucionario y aun las luchas defensivas m\u00ednimas de los explotados. Cualquier trabajador o luchador social consciente sabe que la pelea contra los \u201ccarneros\u201d, el enfrentamiento a la represi\u00f3n patronal-estatal en huelgas y manifestaciones o la defensa frente a las bandas armadas de la burgues\u00eda siempre han dado como producto una violencia m\u00e1s o menos organizada por parte de los explotados, si de verdad estamos ante un movimiento social combativo. Esto adquiere a\u00fan m\u00e1s importancia cuando de las grandes rebeliones se trata. Es que la reacci\u00f3n del orden capitalista siempre fue brutal y oblig\u00f3 a las masas trabajadores a buscar formas m\u00e1s o menos organizadas de autodefensa armada. Marx ya observaba, luego del aplastamiento de la Comuna de Par\u00eds, la forma en como se manejaban las clases dominantes<em>: \u201cLa civilizaci\u00f3n y la justicia del orden burgu\u00e9s aparecen en todo su siniestro esplendor dondequiera que los esclavos y los parias de este orden osan rebelarse contra sus se\u00f1ores. En tales momentos, esa civilizaci\u00f3n y esa justicia se muestran como lo que son: salvajismo descarado y venganza sin ley\u201d. <a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\"><strong>[37]<\/strong><\/a>\u00a0 <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Es por esto que no podemos ni debemos presentarnos como pacifistas, ocultando que la mayor parte de las veces la violencia revolucionaria surgi\u00f3 como una necesidad y como un producto de la consolidaci\u00f3n y maduraci\u00f3n de los procesos de lucha, cuando se conforman organismos m\u00e1s o menos s\u00f3lidos (milicias, consejos, tribunales, grupos de autodefensa, etc.) para enfrentar la cuesti\u00f3n militar, un aspecto presente en toda aut\u00e9ntica revoluci\u00f3n. <em>\u00a0 <\/em><\/p>\n<p>Hace algunos a\u00f1os, en el final de una pol\u00e9mica con E. P. Thompson, Perry Anderson sintetiz\u00f3 sus ideas sobre la revoluci\u00f3n escribiendo: \u201c<em>Para nosotros, una revoluci\u00f3n socialista significa (&#8230;): la disoluci\u00f3n del Estado capitalista existente, la expropiaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n a las clases propietarias y la construcci\u00f3n de un nuevo tipo de Estado y de orden econ\u00f3mico, en el que los productores asociados puedan ejercer por primera vez un control directo sobre su vida laboral y un poder tambi\u00e9n directo sobre su gobierno pol\u00edtico. Este cambio no se producir\u00e1 sin una crisis econ\u00f3mica esencial determinada bien por las contradicciones previas del propio desarrollo capitalista, bien por los inevitables desajustes introducidos por el intento de modificar los mecanismos de la acumulaci\u00f3n en una econom\u00eda de mercado. Cuando se disponga a aparecer, el primer centro de poder de la clase burguesa pasar\u00e1 a los aparatos represivos del Estado m\u00e1s que a los representativos. Estos aparatos deben ser destruidos como instituciones organizadas para que pueda llevarse a cabo una transferencia revolucionaria del poder. Esto s\u00f3lo puede lograrse mediante la creaci\u00f3n de \u00f3rganos de democracia socialista que movilicen a una fuerza popular capaz de minar la unidad de la maquinaria coactiva del Estado establecido y anular la legitimidad de su maquinaria parlamentaria, tanto si el gobierno est\u00e1 en manos de la izquierda como si no, lo cual no es m\u00e1s que una contingencia. La aparici\u00f3n de esas formas de segundo poder, que encarnan la soberan\u00eda de una democracia proletaria alternativa y antag\u00f3nica a la propiciada por la democracia burguesa, debe ser el objetivo estrat\u00e9gico a largo plazo del movimiento socialista. Su pr\u00e1ctica pol\u00edtica a corto plazo deber\u00eda tratar de vincular conscientemente las exigencias inmediatas de la clase obrera a dicho objetivo final mediante la formulaci\u00f3n de metas provisionales, calculadas para desequilibrar el orden establecido y unir a todos los grupos y estratos oprimidos contra \u00e9l. El advenimiento pol\u00edtico de una situaci\u00f3n de doble poder, acompa\u00f1ada del inicio de una crisis econ\u00f3mica, no permite una resoluci\u00f3n gradual. Cuando la unidad del Estado burgu\u00e9s y la reproducci\u00f3n de la econom\u00eda capitalista se quiebran, la sacudida social consiguiente debe oponer, r\u00e1pida y fatalmente, revoluci\u00f3n y contrarrevoluci\u00f3n en una violenta convulsi\u00f3n. En un conflicto as\u00ed, el capital siempre dispondr\u00e1 de una base de masas, mayor que un pu\u00f1ado de monopolistas. En el desenlace, los socialistas intentar\u00e1n evitar una conclusi\u00f3n por las armas, pero no crear\u00e1n ilusiones acerca de la probabilidad de recurrir a ellas. El capitalismo no triunf\u00f3 en ning\u00fan pa\u00eds avanzado del mundo actual (Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Jap\u00f3n o los Estados Unidos) sin un conflicto armado o una guerra civil. La transici\u00f3n econ\u00f3mica del feudalismo al capitalismo es, sin embargo, la transici\u00f3n de una forma de propiedad privada a otra. \u00bfEs imaginable que el cambio hist\u00f3rico mucho mayor impl\u00edcito en la transici\u00f3n de la propiedad privada a la colectiva, que precisa de medicinas m\u00e1s dr\u00e1sticas para la expropiaci\u00f3n del poder y la riqueza, asuma formas pol\u00edticas menos duras? Adem\u00e1s, si los sucesivos pasos de la antiguedad al feudalismo y de \u00e9ste al capitalismo produjeron cambios hist\u00f3ricos en los tipos de r\u00e9gimen y representaci\u00f3n (de las asambleas de ancianos a los estamentos medievales, y de \u00e9stos a los parlamentos burgueses, por no hablar de los Estados imperiales, absolutistas y fascistas), \u00bfes posible que el paso al socialismo, que ya ha renunciado tanto a los consejos de obreros como a los Estados burocr\u00e1ticos, no los produzca tambi\u00e9n?La tradici\u00f3n a la que pertenecen estas concepciones es, hablando en t\u00e9rminos generales, la de Lenin y Trotski, Luxemburgo y Gramsci<\/em>\u201d. <a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\">[38]<\/a><\/p>\n<p>Manifiestamente, no creemos que esta cita (ni cualquier otra) nos ahorre la necesidad de repensar y desarrollar las complejas cuestiones atinentes a la revoluci\u00f3n socialista en nuestros d\u00edas. Queremos simplemente recordar que existe un patrimonio marxista revolucionario que debe ser superado, pero de ninguna manera ignorado.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1] <\/a>Utilizar la formulaci\u00f3n <em>Revoluci\u00f3n permanente <\/em>no implica una fijaci\u00f3n dogm\u00e1tica a las tesis de Le\u00f3n Trotsky de 1905 o 1927, ni a la reinterpretaci\u00f3n propuesta por Nahuel Moreno. Constituye s\u00ed una reivindicaci\u00f3n de la tradici\u00f3n del marxismo revolucionario forjada en confrontaci\u00f3n con sucesivas versiones de las concepciones de la revoluci\u00f3n por etapas y el socialismo en un solo pa\u00eds.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Le\u00f3n Trotsky: <em>El gran organizador de derrotas<\/em>, Editorial Olimpo, p. 136.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Jean Philipe Div\u00e9s, <em>Redescubrir las ense\u00f1anzas de la Revoluci\u00f3n de Octubre. Autoorganizaci\u00f3n, partido, Burocracia<\/em>. Carr\u00e9 Rouge N\u00ba 6, octubre 1997.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Carlos Marx, <em>El 18 Brumario de Luis Bonaparte<\/em>, Editorial Pol\u00e9mica, Bs. As., 1972, p. 20.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> V. Serge, <em>El a\u00f1o I de la Revoluci\u00f3n. <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> \u201cLa Revoluci\u00f3n Rusa\u201d, en <em>Obras Escogidas<\/em>, Editorial Pluma, tomo 2, p. 171.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> <em>Obras Completas<\/em>, Ed. Progreso, tomo 42, p. 213.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> \u201cEl problema de las nacionalidades o de la \u2018autonom\u00eda\u2019\u201d (30 de diciembre de 1922), en <em>Contra la burocracia<\/em>, Pasado y Presente, p. 141.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> <em>La revoluci\u00f3n traicionada<\/em>, Ed. Crux, p. 219.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Nos parece metodol\u00f3gicamente m\u00e1s correcto hablar de concepci\u00f3n de la <em>transici\u00f3n al socialismo<\/em> que de concepci\u00f3n de <em>socialismo<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Roberto S\u00e1enz, <em>Problemas del Estado sovi\u00e9tico seg\u00fan la visi\u00f3n de Lenin<\/em>, Cr\u00edtica Marxista Revolucionaria N\u00ba 1, mayo 1993.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> La concepci\u00f3n de partido \u00fanico qued\u00f3 establecida y se arraig\u00f3 hasta el punto de que, aun despu\u00e9s de establecido el r\u00e9gimen totalitario de Stalin, la Oposici\u00f3n continu\u00f3 proclamando su fidelidad a las ideas de partido \u00fanico y afirmando que la mera idea de conformar otro partido llevaba el germen de la guerra civil. \u00a1El mism\u00edsimo Trotsky demor\u00f3 casi quince a\u00f1os en reclamar el derecho a la existencia de diversos \u00abpartidos sovi\u00e9ticos\u00bb!<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> Este desastre es generalmente ignorado cuando se hace un balance de este per\u00edodo. Trotsky comete un error similar con la invasi\u00f3n a Finlandia por parte de la URSS en 1939: error similar pero posiblemente m\u00e1s grave, ya que si el Ej\u00e9rcito Rojo de 1920 era instrumento revolucionario de un estado revolucionario, no pod\u00eda decirse lo mismo del ej\u00e9rcito y del estado sovi\u00e9tico en 1939.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> V. I. Lenin.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> Como escrib\u00eda el Lenin de <em>El Estado y la Revoluci\u00f3n. <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> <em>Cr\u00edtica al programa de Gotha. <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> Lojkine, analizando una carta de Engels escribi\u00f3 que: <em>\u00abMientras los detentadores del poder de estado <\/em>&#8216;constituyen una nueva rama de la divisi\u00f3n del trabajo en el seno de la sociedad&#8217;<em>, aparecen a los ojos mismos de sus mandatarios como m\u00e1s y m\u00e1s independientes de ellos, <\/em>&#8216;Y, en lo sucesivo, el desarrollo es el mismo que el del comercio en mercanc\u00edas y, m\u00e1s tarde, el comercio en dinero<em>; la nueva fuerza independiente, si bien debe seguir en lo esencial el movimiento de la producci\u00f3n, tambi\u00e9n, debido a su independencia interna (la independencia relativa que le fue conferida en un inicio y que se sigue desarrollando) <\/em>vuelve a actuar, a su vez, sobre las contradicciones y el curso de la producci\u00f3n. Es la interacci\u00f3n de dos fuerzas desiguales: por una parte el movimiento econ\u00f3mico; por el otro, el nuevo poder pol\u00edtico&#8217;<em>\u00ab. <\/em>En<em> El marxismo, el estado y la cuesti\u00f3n urbana<\/em>, comentando una carta de F. Engels a C. Schmidt (lo resaltado son las frases de Engels).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> <em>La revoluci\u00f3n traicionada. <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> Carlos Marx, <em>Miseria de la Filosof\u00eda. <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> Ariel Petruccelli, <em>Ensayo sobre la teor\u00eda marxista de la historia<\/em>, Ediciones El Cielo por Asalto, Buenos Aires, s\/f, p. 172.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> Perry Anderson, <em>Teor\u00eda, Pol\u00edtica e Historia<\/em>, Siglo XXI, 1985, p. 70.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> Karl Marx, <em>Introducci\u00f3n General a la Cr\u00edtica de la Econom\u00eda Pol\u00edtica<\/em>, Pasado y Presente, 20\u00aa ed. M\u00e9xico, 1987, p. 57.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> F. Nietzsche, <em>As\u00ed habl\u00f3 Zarathustra<\/em>, Planeta &#8211; De Agostini, Barcelona, 1992, p. 50.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> Esta crisis se inici\u00f3 a fines de los \u201860, se agrav\u00f3 con la declaraci\u00f3n de inconvertibilidad del d\u00f3lar en 1971 y alcanz\u00f3 su expresi\u00f3n m\u00e1s alta con las crisis petroleras de 1973-74 y de 1979.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> Se\u00f1alemos, como dato sorprendente, que a comienzos de 1999 la desocupaci\u00f3n en Estados Unidos es, por primera vez en el siglo, inferior a la de Jap\u00f3n. Es verdad que este pa\u00eds se encuentra en recesi\u00f3n, pero a\u00fan as\u00ed la desocupaci\u00f3n norteamericana actual est\u00e1 en el nivel m\u00e1s bajo desde comienzos de 1970 y similar al de los a\u00f1os m\u00e1s pr\u00f3speros del boom de posguerra. Ninguna cr\u00edtica que hagamos al capitalismo de hoy tendr\u00e1 suficiente fuerza para convencer si no damos cuenta de un hecho como \u00e9se.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> K. Marx, <em>Cr\u00edtica de la filosof\u00eda del Estado de Hegel<\/em>, cit. en Umberto Cerroni, <em>El pensamiento de Marx<\/em>, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1980, p. 151 (resaltado en el original).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> En esto seguimos el esquema de Manuel Tu\u00f1\u00f3n de Lara: <em>Metodolog\u00eda de la historia social de Espa\u00f1a<\/em>. Madrid, Siglo XXI, 1984 (quinta edici\u00f3n), pp. 80-87.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> Una buena exposici\u00f3n de sus opiniones se encuentra en Fernand Braudel: <em>La Historia y las Ciencias Sociales,<\/em> Madrid, Alianza, 1968, pp. 60-106.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> Pierre Vilar: <em>Iniciaci\u00f3n al vocabulario del an\u00e1lisis hist\u00f3rico<\/em>, Barcelona, Cr\u00edtica, 1980, p.81.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> K. Korsch: \u201cEconom\u00eda y pol\u00edtica en la Espa\u00f1a revolucionaria\u201d, en \u00bf<em>Qu\u00e9 es la socializaci\u00f3n? <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> Karl Marx. Discurso pronunciado en el Congreso de La Haya de la I Internacional; en Marx-Engels. <em>Obras Escogidas<\/em>, t.II, Mosc\u00fa, Progreso.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> Citada en G\u00e9rard Bekerman: <em>Vocabulario b\u00e1sico del marxismo. Terminolog\u00eda de las obras completas de Karl Marx y Friedrich Engels,<\/em> Barcelona, Cr\u00edtica, 1983, p. 193.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> Idem, p. 232.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> Citada en A. Neuberg: <em>La insurrecci\u00f3n armada,<\/em> Buenos Aires, La Rosa Blindada, 1972, p. 42.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> Idem.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> Rosa Luxemburgo, citada en \u201cRespuesta\u201d, pp. 16-17.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> Carlos Marx: \u201cCartas a Ludwig Kugelmann\u201d; en C. Marx y F. Engels: <em>Obras Escogidas,<\/em> Mosc\u00fa, Progreso, 1969.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> Perry Anderson: <em>Teor\u00eda, pol\u00edtica e historia. Un debate con E.P.Thompson,<\/em> Madrid, Siglo XXI, 1985, pp. 214-215.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aprobado por el Comit\u00e9 Central y, posteriormente, por la Conferencia Nacional del MAS reunida en diciembre de 1999. \u00cdndice I- Algunos par\u00e1metros generales de nuestra posici\u00f3n II- Reivindicaci\u00f3n y cr\u00edtica de la revoluci\u00f3n rusa \u00a0\u00a0\u00a0 Los alcances de Octubre De la crisis de la Revoluci\u00f3n al estalinismo Los errores cometidos por los bolcheviques Una desviaci\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":9148,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1368],"tags":[1414,29,151],"class_list":{"0":"post-9147","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-historia-y-teoria","8":"tag-construir-otro-futuro","9":"tag-historia","10":"tag-teoria"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - 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