Uruguay

Paro general

Un manoseo burocr醫ico de los aparatos sindicales

Colectivo Militante, 23/09/10

Reci閚 el martes 28 sabremos c髆o se hace. Y si se hace. La resoluci髇 de la Mesa Representativa del PIT朇NT (8𥑰010) de realizar un Paro General de 24 horas el 6/7 de octubre entr�, por decir lo menos, en un 搃mpasse�. Solamente alguien muy distra韉o � o ignorante del funcionamiento cupular y antidemocr醫ico de la central sindical �, podr韆 sorprenderse por esta vuelta de tuerca.

El bloque mayoritario del PIT朇NT, esto es, el brazo sindical del partido de gobierno, decidi� barajar y dar de nuevo. Las afinidades pol韙icas, program醫icas y estrat間icas � en torno del 損royecto progresista� presidido por 揺l compa馿ro Mujica� �, inclinaron la balanza por encima de las diferencias 搈etodol骻icas�. Porque en lo esencial coinciden. De all� que las corrientes que hegemonizan la direcci髇 de la central sindical (Articulaci髇, Partido Comunista, Partido Socialista, Movimiento de Participaci髇 Popular) hayan decidido volver a las componendas. Poniendo fin al simulacro.

Atenuada la 揷risis por crecimiento� en aras de la 搖nidad� (frenteamplista), este bloque afina la punter韆. Centra la discusi髇 en dos opciones: mantener el paro de 24 horas o cambiarlo por uno de 12 horas. Para ambos casos esgrimen el mismo argumento: 揼arantizar la m醩 amplia movilizaci髇�, porque � seg鷑 la mayor韆 de Secretariado del PIT朇NT � esto no se logra 揷on un feriado a secas�. Por una vez dicen la verdad, porque siempre concibieron la medida de Paro General como un 揻eriado� y no como una jornada de lucha activa. Hasta el 揷ombativo� Marcelo Abdala � referente del Partido Comunista y votante del Paro General en la Mesa Representativa del 8 de setiembre � se ha manifestado a favor de la segunda opci髇 搒i la idea es priorizar la movilizaci髇�. (趌timas Noticias, 22𥑯0) La coartada, para justificar la voltereta, provino de las cr韙icas de varios sindicatos respecto al horario del paro y a las 揹ificultades para instrumentarlo�. El asunto le calz� justo al bloque mayoritario para 搑eabrir la discusi髇� sobre la 揺fectividad� de los paros generales.

Lo cierto, en todo caso, es que en esta puja burocr醫ica, la medida del Paro General como instrumento de lucha de los trabajadores, ha sido manoseada (y desacreditada) por los aparatos sindicales que responden al gobierno. Con ello, se busca desactivar la incipiente reacci髇 � defensiva y fragmentada � de los trabajadores sindicalizados, expresada en innumerables conflictos, huelgas, ocupaciones, marchas, etc.

Una vez m醩, queda en evidencia el verdadero rol de estas estructuras sindicales burocr醫icas. Su asociaci髇 al 損royecto progresista� � que asegura la reproducci髇 del orden capitalista �, le impone como moneda de cambio, una estrategia desorganizadora de las movilizaciones y de las luchas. El objetivo de este bloque mayoritario est� muy claro: impedir la extensi髇 y, eventualmente, la radicalizaci髇 de la protesta y la resistencia social. Y, sobre todo, desestimular cualquier movimiento 揺n contra del gobierno�. Para ello, no descartar� ning鷑 medio, ni siquiera los directamente gansteriles. Alcanzar韆 con preguntarles a las compa馿ras de Rilloman en Salto.

Esto nos conduce a una cuesti髇 que, de tanto en tanto, se cruza bajo la forma discusi髇 搕醕tica�. Los matices y hasta las zancadillas que se dan en el bloque mayoritario no deben confundirse con divergencias estrat間icas. Los contrastes de color nunca ponen en tela de juicio los acuerdos pol韙icos de fondo. Es en este marco, que los falaces 揼iros a la izquierda�, del Partido Comunista algunas veces, del MPP otras veces, nada tiene que ver con una hipot閠ica ruptura de los compromisos program醫icos e institucionales asumidos. Porque este bloque mayoritario es parte integral del 損royecto progresista�.

Para Richard Reed, sindicalista杄mpresario de la Articulaci髇, 揺n el PIT朇NT es el 鷑ico donde se discute en profundidad�. (El Pa韘, 19�910). Una payasada. Porque en toda esta discusi髇, las bases no han tenido ninguna participaci髇 activa. Como mucho, los casi 300.000 afiliados al PIT朇NT, deben conformarse con sentirse 搑epresentados� por sus delegados. O enterarse a trav閟 de la prensa sobre dichos y pol閙icas de sus dirigentes. Salvo contad韘imas excepciones, no hay asambleas por centros de trabajo, ni discusi髇 pol韙ica, ni propuestas de vincular la lucha del 搈ovimiento obrero organizado� con las necesidades del conjunto de los asalariados, de los desempleados, de los precarizados.

Apenas el esfuerzo de la 揅arpa de la Dignidad� � que apoyan algunos sindicatos y centros estudiantiles � intenta romper con esta fragmentaci髇. Socializando la informaci髇, promoviendo el debate militante y generando una discusi髇 pol韙ica sobre los principales problemas que afectan a la clase trabajadora. Por ejemplo: explicando la 揳usteridad presupuestaria� y su relaci髇 con el pago de la fraudulenta deuda externa p鷅lica; analizando la tramposa 搑eforma del Estado� que el gobierno empieza a aplicar; denunciando la impunidad del terrorismo de Estado.

緾u醠 搑edistribuci髇 de la riqueza�?

En medio de las idas y venidas, el encargado de prensa del PIT朇NT, Gustavo Signorele, anunci� que el paro parcial del 30 de setiembre se mantiene tal cual estaba previsto. Que ser� una instancia 損reparatoria� del Paro General, acompa馻da de 20 o 30 concentraciones en todo Montevideo. El anuncio podr韆 entusiasmar. Si no proviniera de un bur骳rata. Y si omiti閞amos que, a continuaci髇, adelanta la consigna del Paro General: 搇a redistribuci髇 de la riqueza�, relacionada a 搇a instalaci髇 de los consejos de salarios y con el presupuesto para los trabajadores p鷅licos�. (Montevideo Portal, 22𥑯0)

Casi seis a駉s despu閟 de la llegada del Frente Amplio al gobierno, su brazo sindical reclama 搇a redistribuci髇 de la riqueza�. Una verg黣nza. Mucho peor, si consideramos que el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), entre 2005�2009 (55% acumulado) permit韆 por lo menos comenzar a 搑edistribuir la riqueza�, vale decir, repartir en direcci髇 de los asalariados y asalariadas. No obstante, casi el 50% de ese PBI acumulado fue a parar a los bolsillos de las 搑entas de capital�. O sea: hacer m醩 ricos a los ricos. Ensanchando la brecha de la desigualdad social. Al punto que la participaci髇 de la masa salarial en el conjunto del PBI sigue en ca韉a libre y se ubica hoy en apenas un 24%.

El propio Instituto Cuesta朌uarte del PIT朇NT da cuenta que m醩 de 620.000 trabajadores (de un total de 1.557.200 ocupados), 損erciben remuneraciones mensuales por debajo de los 9.600 pesos nominales�, y que 搈醩 de 485.000 no aportan ni tienen derecho a la seguridad social, lo que implica que carecer醤 de derecho a una jubilaci髇 al momento de su retiro, no poseen cobertura integral de salud para ellos y su n鷆leo familiar, y en su mayor韆 no tienen protecci髇 ante la posibilidad de enfermarse o padecer un accidente�. (Informe de Coyuntura, segundo semestre de 2010).

Mientras el gobierno y las empresas 揷onsultoras� de los patrones, se ufanan de un 搈ercado laboral creciente� que explicar韆 la ca韉a del desempleo a 揷ifras hist髍icas� (8%), y resaltan las virtudes de la inversi髇 privada, otros indicadores desentra馻n la cruda realidad. El salario mensual de m醩 de la mitad de los 250.000 nuevos puestos de trabajo creados en los 鷏timos cinco a駉s y medio, no supera los �6.600 pesos! El desempleo juvenil (personas menores de 25 a駉s) alcanza el 25%; y entre las mujeres supera el 11%.

Ni siquiera la tan publicitada 揹isminuci髇 de la pobreza y la indigencia�, puede cubrir el manto de una crisis socio杄con髆ica aplastante. Lo describe la propia CEPAL, cuando informa que 損or cada adulto hay tres ni駉s en la pobreza�. Presentando a Uruguay como 搖no de los pa韘es donde el fen髆eno de la pobreza entre los menores de 15 a駉s est� m醩 arraigado con mayor gravedad�. (CEPAL, Panorama Social de Am閞ica Latina 2009). 緼lguien puede pensar que con estas cifras no se siga reproduciendo el 揻lagelo� de los 搄髒enes infractores�?

Se podr韆 seguir dando n鷐eros. Hasta completar una completa tomograf韆 de c髆o la crisis socio杄con髆ica golpea sobre las condiciones de vida de cientos de miles de personas. Empuj醤dolas hacia los barrios de 揷ontexto cr韙ico�, recluy閚dolas en las periferias de la marginaci髇. Bastar韆 con mencionar el 鷏timo relevamiento sobre 揳sentamientos irregulares�: el n鷐ero de personas que viven en esta situaci髇 lleg� a 255.958, 搇o que es una se馻l de la consolidaci髇 de la pobreza�. (Ong 揢n Techo para mi pa韘�, julio 2010).

eis a駉s despu閟! Todo un balance de gesti髇. Tanto del gobierno, como de aquellos que se dicen 搑epresentantes� de los intereses y las necesidades de la clase trabajadora. Las condiciones de vida de la mayor韆 de esa clase trabajadora prueban � m醩 all� de las piruetas estad韘ticas � que la gesti髇 gubernamental de neo杄stalinistas, socialdem骳ratas, y ex guerrilleros (hoy reciclados como funcionarios de Estado), no ha hecho otra cosa que garantizar la acumulaci髇 de capital en detrimento del ingreso de los asalariados y asalariadas. Dicho de otra manera: que el 搈odelo progresista� nada tiene de distributivo.

Plataforma de lucha

El bloque mayoritario del Secretariado del PIT朇NT no ha descartado la realizaci髇 del Paro General de 24 horas. Medir� costos y ganancias. La presi髇 de una parte de su base social, ser� puesta en uno de los platillos de la balanza. Sus intereses espec韋icos (pol韙icos y materiales) como capa social, en el otro platillo. En 鷏tima instancia, el c髆o se hace el Paro General, que se proclama y que se demanda, es parte de la negociaci髇. Por lo pronto, las 揹iscretas presiones� de los operadores de Mujica surtieron efecto, igual que las promesas por debajo de la mesa. La mayor韆 del Secretariado del PIT朇NT asegura una cuesti髇 clave: que los paros y movilizaciones, sea cual fuere la modalidad con que realicen, no ser醤 揷ontra el gobierno�.

Algunos dirigentes de COFE y ADEOM, impulsores entre otros sindicatos de la resoluci髇 del Paro General de 24 horas, parecen adaptarse a esta l骻ica: 搉o es contra el gobierno sino por la plataforma�, han dicho. Una plataforma que, hasta el momento, no est� definida, fuera de las demandas sectoriales, especialmente de los p鷅licos. Si finalmente, la consigna del Paro General se reduce a la inocua 搑edistribuci髇 de la riqueza�, el brazo sindical del gobierno se habr� anotado un punto a favor. Adem醩 de pasar a controlar la realizaci髇 de la medida y de garantizar con sus 搈閠odos�, las movilizaciones programadas.

El desaf韔 para el sindicalismo de clase, combativo, va mucho m醩 que un discurso 搑adical� o una diferenciaci髇 搈etodol骻ica. Es necesaria una delimitaci髇 estrat間ica y, por consiguiente, program醫ica. Lo que quiere decir construir una verdadera alternativa de direcci髇 clasista en el triple sentido del t閞mino: antiburocr醫ica, antigubernamental y anticapitalista. En eso consiste, finalmente, la independencia pol韙ica y de clase.

Para ello, dos cuestiones deber韆n estar claras. 1) Ninguna ilusi髇 en el 揻rente 鷑ico� con fuerzas que se colocan, como el Partido Comunista, en el campo del 揼obierno en disputa� (algo as� como que existir韆 una 揷ontradicci髇� entre las pol韙icas sociales 損rotectoras� y las pol韙icas macro杄con髆icas 揷onservadoras�). Estas fuerzas 揷riticas�, defienden, al igual que la 揹erecha� del Frente Amplio, el programa y la estrategia de 揼obernabilidad� del orden capitalista; 2) Que no se trata de 揹emocratizar� una estructura burocratizada, como la del PIT朇NT, 揼anando espacios� en el marco de la 搖nidad� de una central que, en los hechos, act鷄 como una corporaci髇 m醩 de las relaciones institucionales del Estado.

En tal sentido, coincidimos con el compa馿ro Fernando Charamello de la Tendencia Clasista y Combativa y militante de la lista 3 del Sindicato de Artes Gr醘icas cuando afirma que la 搖nidad� que existe en el movimiento sindical uruguayo es una 揻icci髇�; que 揾ay un ruptura pol韙ica entre las corrientes clasistas y la mayor韆 del PIT朇NT, por el abandono de estos, de la lucha por una sociedad sin explotaci髇�. En este cuadro, 揺sta ruptura en lo pol韙ico pone objetivamente en tela de juicio la actual 憉nidad� org醤ica ya que con tales diferencias no hay estructura que aguante y eso trasciende cualquier intenci髇 憆upturista� o 憉nitaria`�. (Documento 揕a unidad. Una herramienta para potenciar la lucha, o un fetiche para aplastarla�).

Las conclusiones parecen desprenderse 搇骻icamente�. Levantar agrupaciones clasistas, construir coordinaciones permanentes, tomar iniciativas comunes y organizar campa馻s comunes. Avanzar, en definitiva, en un proceso de disputa de las relaciones de fuerzas en el movimiento sindical, para trascender el eterno (y paralizante) dilema de estar 揳fuera� o 揳dentro� de las estructuras actuales.

Estas 搕areas�, obligan a desarrollar una pr醕tica de absoluta autonom韆 respecto a la agenda y a las decisiones que emanan del bloque mayoritario del PIT朇NT.

Un primer paso, ser韆 acordar una plataforma de lucha com鷑 para intervenir en este Paro General que se programa, cualquiera sea su modalidad. Discutirla y hacerla visible en los centros de trabajo. Proponiendo una plataforma de demandas en relaci髇 a las necesidades sociales b醩icas y que, realmente, apunten a la 搑edistribuci髇 de la riqueza�. Obviamente, se trata de una plataforma 揷ontra el gobierno� y su programa econ髆ico certificado por el FMI y el Banco Mundial. Una plataforma, en fin, que vaya esbozando un Plan de Lucha de mayor alcance.

Por ejemplo: Aumentos de salarios superiores al alza del costo de vida; Congelamiento de precios, alquileres y tarifas p鷅licas; Salario m韓imo nacional de 18.000 pesos (equivalente a media canasta familiar); Prohibici髇 de despidos y env韔s al seguro de paro; Eliminaci髇 del IVA para los productos de la canasta familiar, alquileres y tarifas p鷅licas; Eliminaci髇 del IRPF, en contra del impuesto a los salarios y jubilaciones; Aumento del presupuesto de la ense馻nza al 6% del PBI; Un impuesto a las ganancias empresariales y las transferencias financieras para destinarlo a la salud p鷅lica y a la construcci髇 de viviendas populares; Exigir la Anulaci髇 de la Deuda Externa P鷅lica y, mientras tanto, suspender el pago de los intereses y amortizaciones a los 揳creedores�, utilizando ese monto colosal de dinero para subvencionar obras de infraestructura y proyectos sociales y culturales.